Después de la presentación de nuestro anterior número, en el que nuestra colaboradora gastronomica Marino Aranda nos contaba sus aventuras eróticas a bordo del pesquero Gloria, la redacción de Planeta Marica ha tenido el placer de pasear con esta insigne autora por la Feria del Libro, donde Marino presentaba sus dos últimos libros "Cocina homosexual para heteros: perviértelos por el estomago" y "Peores cosas te has metido en la boca: una relectura gastronómica del sexo oral", sus dos primeras incursiones en el ensayo que, hemos de decirlo, han constituido un autentico fracaso de crítica y público.

Durante el paseo, una libertaria radical infiltrada consiguió burlar nuestros controles y llegar hasta ella. Planeta Marica advierte que debido a lo violento del encuentro, no contaremos en este número con su habitual sección de recetas. En lugar de la receta del calamar machacado al estilo de Venancio, ofrecemos su "Carta viborísima a una amiga libertaria" que nos ha llegado por cable desde el pesquero congoleño Rosa de Pitiminí, donde nuestra redactora se encuentra enrolada en estos momentos.

 

Querido amigo:

Para empezar he de decirte que me dio una terrible alegría (lo de terrible está justificado) cuando el otro día paseando por la Feria del Libro, en el Retiro, escuché cómo gritaban mi nombre: "Marino, Marino", y al volverme te descubrí. Hacia un montón de tiempo que no paseaba por las calles de Madrid, pues como te dije, desde que me enrolé de cocinero en el pesquero Gloria, paso mas tiempo en alta mar que en tierra firme, pero aproveché el mes de vacaciones para venir a la capital, como decimos en el pueblo.

Fue maravilloso verte tan guapo y tan elegante. Abriste los brazos y me besaste en la cara y como sucede siempre, tus besos se perdieron en el aire ¡Ya sé que estoy estropeado y que tengo la piel destrozada! Pero, hijo, podías hacer un esfuerzo. Me impresionó que te acordaras de mi nombre, con lo atareado que siempre andas. Nos pusimos a charlar amistosamente. Eso sí: tú desde la justificada altanería que has forjado a base de estudios y activismo en los frentes mas radicales, y yo con el descaro y la simpleza que me caracterizan. Ya sabes el trabajo que me costó sacar el graduado y salir adelante. Comencé a contarte mis aventuras en el Gloria y cuando acabé de hablar, noté que estabas un pelín tenso. Incluso te pusiste colorado. Yo sé que a veces me pongo muy pesado y soy demasiado detallista y descriptivo contando los polvos que he echado, pero qué quieres, siempre he sido un exhibicionista.

Lo primero que me espetaste fue que yo no podía hablar así y después no tuviste ningún reparo en llamarme misógino y homófobo. ¿Quisiste decir que con mi actitud no se avanzaba nada en las libertades de los gays? No, no daba crédito a lo que estaba oyendo. Intenté mantener la calma, pero tú ya estabas lanzado y desplegaste toda la artillería. No pude entender nada de lo que me decías. La verdad es que me pareció un discurso exagerado, sin sentido y fuera de tono. Yo siempre he estado al corriente de tus actividades y me chocó que me considerases políticamente incorrecto ¿Por qué te enfadaste tanto si sólo me limite a decirte que en el barco me tiraba a todo perro pichichi? Con muy malas artes, lo reconozco, porque me aprovecho de la soledad de los marineros; ¿pero qué le voy a hacer si el sexo me tira tanto? Te cabreaste aún mas cuando te dije que con los heteros los primeros tanteos son siempre arriesgados, y te juegas algún hostión, pero que una vez que pican el cebo, es pan comido ¿Acaso nunca has dudado de tu éxito cuando te ha interesado un gorila irresistible? ¿O es que los tiarrones nunca te han puesto? A mí, sí. No puedo evitarlo. Seguro que te parecen un mito desproporcionado o una leyenda, pero yo te digo que existen y además tragan. O sea, que no comprendo tu irritación. Qué importa que te desprecien alguna vez si al final terminas consiguiendo tu objetivo. Inténtalo. Merece la pena.

Lo que me dejó atónito fue que me dijeses: "Tú no puedes hablar así". Y yo me pregunto: ¿Tus ideas, un tanto soberbias diría yo, te dan licencia para censurar de manera tan agresiva a los demás? Qué miedo me diste en aquel momento. No conocía esa faceta tuya. Me pareció un discurso preparado para la toma del Palacio de Invierno.

Hablando de eso, seguro que no te gusta Anstasia. A mí me parece una historia preciosa. Ingrid Bergman estaba divina. (Como ves, cuando me quiero dar cuenta ando por los cerros de Ubeda.)

¿Y lo de misógino? Eso sí que me pasmó. Con lo bien que me llevo con las mujeres. Todo porque te comente que desde que trabajo en el Gloria no veo más que hombres a mi alrededor y que estoy encantado. ¿Dónde está la misoginia? ¿Acaso te parece mal que me pase de vez en cuando una temporadita rodeado de marineros con el instinto de caza a la máxima potencia? ¿No será envidia? Si me hubieras llamado guarra lo entendería, pero de lo otro: ¡ni hablar! Y que me dijeses homófobo. Pero cómo se puede tener la desfachatez de llamarle eso a Marino Aranda, con la revolución que hice en el pueblo. Me tenías que haber visto vestido de lagarterana el día que sacaron a pasear a la virgen. Se quedó todo el mundo con la boca abierta, con qué bríos me abanicaba delante de la imagen. Casi pierdo las pestañas que con tanto esmero me había conseguido pegar. Las comadres no paraban de chismorrear y yo, cuanto más subía de volumen el murmullo, más golpes me daba con el abanico en el pecho y más cerca me ponía de la virgen dando empujones. Conseguí abrirme camino a pesar de la resistencia y besé los pies delgados de la imagen. El párroco no se atrevió a decir ni pío. Se limitó a ignorarme. Ni me miraba. A punto estuve de decirle delante de todo el mundo que en el confesionario, algunas tardes de agosto, vi que me miraba y me atendía con escrupolosa caridad. Con condón, quiero decir. Pero nunca he sido partidario de eso que llaman outing, y me controlé. Que cada uno haga lo que quiera o lo que pueda, que si hay mucho armario es por necesidad y por miedo. No veo hipocresía por ningún lado. Lo que sí veo son muchísimos años de silencio y falta de libertad, pero no he perdido la esperanza y, como decía mi abuela, "todo se andará".

Claro, que a lo mejor lo que os pasa a las maricas radicalmente modernas e intelectuales es que os avergonzáis de las que vamos por la vida con el espíritu folclórico y coplero. Quizás os avergonzáis de las que andamos con el alma en blanco y negro de CIFESA, o sea, de las más antiguas. Porque aunque acabo de cumplir cuarenta años, mis mejores amigos, los del pueblo, ya pasan de los sesenta y me contagiaron su estilo de mariconear y su forma de entender. Y digo yo: que todos somos homosexuales, ¿o no?. Sospecho que los que no somos como tú no entramos dentro de tus reivindicaciones y eso me desconcierta. ¿Es que sólo existen los gays a partir de una determinada generación? Así nunca llegaremos a ningún sitio. Un grupo tan pequeño, nos guste o no, no debería dividirse en tantas facciones. Con lo bonita que es la diversidad aunque seamos todos maricones. Espero que no termines podrido de dinero. Porque algunos radicales han acabado integradísimos en la sociedad y metidos hasta los dientes. Y si no, que se lo pregunten a los de mayo de 68. La pela es la pela.

¡En fin, no te enfades! Palabra que no te guardo ningún rencor. Simplemente es que nunca había escuchado nada tan elitista, ni te había visto tan prepotente.

Bueno, yo como siempre le seguiré echando literatura a mi vida. Cuento, quiero decir. Y qué le voy a hacer si para mi la vida nunca fue un ensayo.

Marino Aranda.