Reportaje Jorge Alemán

 

 

Dado que es siempre de su interés pensar una articulación posible entre el psicoanálisis y la situación socio-política, me gustaría saber cómo ve Ud. el destino del psicoanálisis en los tiempos que se avecinan, debido a los últimos acontecimientos que tuvieron en vilo al mundo y que permanecen como una constante amenaza para la estabilidad del planeta?

 

Además de mi propio interés, como usted dice, por lo sociopolítico, que sin duda existe, mi punto de partida fue que en el propio psicoanálisis y su experiencia, se encuentran formulaciones que pueden fecundar de un modo particular al pensamiento “sociopolítico”. Por ejemplo, hace muchos años atrás comencé a indagar las distintas implicaciones presentes en la conjetura que Lacan designa con el nombre de “Discurso del Capitalista”. El antecedente de esta cuestión se encuentra en mi juventud porteña, cuando la primera “cosa del pensamiento” exigía demorarse en la posible homología entre “la determinación en última instancia por parte de la infraestructura económica” y el concepto de “sobredeterminación” freudiano en el trabajo del sueño. Esta homologación entre secuencias teóricas freudianas y marxistas, propia de los años setenta, estaba marcada por el sello de la epistemología althusseriana. En cambio, en Lacan, que nunca fue marxista, sin embargo, se encuentran una serie de observaciones sobre Marx y el capitalismo, que desplazan violentamente la metodología althusseriana que aún estaba impregnada de una subjetividad metafísica. A través de las sugerencias e indicaciones de Lacan y otras que me atreví a incorporar, pude establecer o lo intenté, una articulación entre la pulsión freudiana, la plusvalía marxista, la Técnica heideggeriana y el sujeto lacaniano. Esta articulación se me presenta como una condición para poder pensar lo político de otro modo. En el intento de esta articulación y cruce de distintas tradiciones teóricas, no había solo un anhelo especulativo teorético, más bien se intentaba, por vía de las mismas de dar cuenta, pensar, anticipar incluso, distintas formas del síntoma contemporáneo y sus variaciones clínicas, nuevas modalidades subjetivas y de configuración o colapso del vínculo social, a veces, aún impensadas en el ámbito sociopolítico, nuevas prácticas de goce que no deben ser entendidas apresuradamente como síntomas y finalmente algo determinante para nuestra época; establecer lo más rigurosamente posible en que mundo estamos, como concebimos el lugar en donde intervenimos, y por tanto, cuales son los límites y posibilidades de dicha intervención. Por último, queda por añadir el modo en que la propia localidad determina la situación en la que estamos.

 

Usted, para provocar mi respuesta, lo que le agradezco, habla de la “constante amenaza” para la estabilidad del planeta, bien, lo de la constante amenaza en cierta forma es así, el discurso capitalista que se caracteriza por ser una Voluntad de Goce técnicamente instrumentalizada, dispone como ejercicio soberano de su poder el “Estado de Excepción”. Al menos Uno, que no está regido por  la castración. De allí que algunos europeos, parezcan tan sorprendidos, por lo que los latinoamericanos hace ya tiempo experimentaron, a saber, la intervención de un complejo militar financiero que ningún organismo mundial puede regular, en su voluntad de goce. El estado de excepción, hay que recordarlo, encuentra su materialización más efectiva, en el campo de concentración, donde un poder soberano y sin mediaciones, dispone de la inmediatez de los cuerpos de tal modo que pueda reducirlos a su pura expresión biológica. Lo que de un modo sublimado se encuentra hoy llevado adelante, en distintos “parques temáticos”, lugares donde se reclutan a las masas en espacios donde ya se ha borrado la frontera entre el ocio y el trabajo. En el horizonte de la época del discurso capitalista, el ciudadano como tal, ha dejado de serlo, para volverse un defensor permanentemente en guardia, de la precaria burbuja que lo protege de una alteridad indescifrable que comienza a asediarlo por todas partes. Es un deber del psicoanálisis pensar esa alteridad y darle su nombre en la experiencia subjetiva. Lo cierto es que las llamadas “reglas de juego democráticas”, no logran ya metabolizar el miedo. El miedo se vuelve un factor determinante de la política, dicho de otra manera, la gestión, administración y producción del miedo es el arte de la política en el Occidente desarrollado. Pero el miedo, como lo indica Heidegger es una “angustia impropia”. Donde hay miedo hay topografía pero nunca topología. El miedo trenza umbrales, fortalezas, destacamentos, controles, dispositivos, vigilancias, que apuntan hacia el yo y demoran, postergan indefinidamente que se elige para la existencia, incluso en el proyecto político, el que debe recuperar su intención de transformar la impotencia.

 

Entonces, como usted dice, hay amenaza constante, pero no “estabilidad del planeta”. El planeta es un escenario de intervención militar permanente, contra algo que ya no está “fuera de”, donde más que los conflictos entre los estados, o a través de ellos, se lleva a cabo una concentración de fuego y dolor, según las fluctuaciones intimidantes de un poder que se despliega y se repliega intermitentemente. Lo que no hay es estabilidad del planeta, Africa destruido, el mundo árabe colapsado, Asia capturada por la enfermedad, el Este sin solución estructural, Latinoamérica en la incógnita de sus posibilidades. Mi inclinación es considerar a Latinoamérica como estando en Occidente en exclusión interna, dicho de otra manera pienso que Latinoamérica va a ser la novedad política del sujeto en el Siglo XXI.

 

Entonces, no es la estabilidad el paradigma, sino la mundialización incontestable de una moneda, un ejército, una policía, un modo de gozar que vuelve a los legados históricos absolutamente espectrales. ¿Exagero? ¿es esto una huella de catastrofismo milenarista? ¿deberíamos ser más banales? ¿deberíamos recordar que el sujeto, como lo indica Lacan es siempre feliz?. Prefiero mantener siempre la distancia entre el discurso analítico y la razón cínica.

 

El destino del psicoanálisis…se debería hacer como si el destino del psicoanálisis dependiera de los psicoanalistas. Pero primero, es necesaria la salvedad que el propio Lacan introduce; el destino del psicoanálisis depende de lo real y no del psicoanalista. Una vez captada, en la medida de lo que es posible captar, el alcance de esta salvedad, hay que hacer, como si el destino del psicoanálisis solo dependiera de los psicoanalistas, y mantener su existencia, a pesar de los intentos de la civilización por curarse del mismo. No vale refugiarse en lecturas “macro” que mostrarían que el psicoanálisis ya no es. Por el contrario, hay que mostrar decididamente el “futuro anterior” propio de la temporalidad psicoanalítica: “lo que habré sido para lo que estoy llegando a ser”.

 

Si el psicoanálisis es, por sobre todo, una práctica ética, cómo piensa Ud. que debería situarse frente a esta coyuntura? Sería suficiente con hacer una lectura que estuviera a la altura de estos acontecimientos o, más bien, el psicoanálisis debería tomar una posición más activa?

 

Permítame decirle que soy de los que consideran que una lectura oportuna y afinada de lo que ocurre ya es algo muy activo. Especialmente, porque los proyectos políticos herederos de la tradición emancipatoria, deben producir una nueva narrativa, especialmente porque aún no se cuenta con una subjetividad suficientemente operativa. Vean lo que Negri llama la “multitud”, y su definición negativa, no se trata de pueblo, ni de las masas, ni del proletariado. Esa multitud es una ficción que por ahora no se encarna en ninguna operación política, y que de existir, lo debería hacer bajo la forma de aquello que Lacan llama el “No-todo”. ¿Un movimiento político que no estuviera regido por el Uno-Todo?.

 

Luego está el modo en que cada uno interpreta su “ser en el mundo”, en esa posición activa que usted interroga.

 

¿Qué piensa acerca de la posibilidad de que el psicoanálisis tenga una mayor inserción en los medios de comunicación? En otras palabras, no sería esa una vía que permitiría un alcance masivo de lo que el psicoanálisis tiene para decir?

 

Ser lacaniano es mantener siempre una cláusula de reserva por lo que se llama “el alcance masivo”. Ni lo elitista, ni lo masivo, que están gobernados al fin por la misma lógica de la mercancía. En la medida en que los medios de comunicación, no son otra cosa que una estrategia en la producción de consumidores. Es preferible, una presencia discreta y sorpresiva, y decidida en la política de extensión, sin temor por las cosas públicas, que no es lo mismo que lo masivo, esto solo puede ser conducido por alguien que nunca olvida el carácter imposible del psicoanálisis. La hipotética debilidad del psicoanálisis, no se producirá por no participar en los medios de comunicación, su problema es otro, más bien el de aprovechar su fuerza, ahora que ya dispone de las construcciones teóricas, clínicas y conceptuales formuladas en la enseñanza Lacan-Miller. El psicoanálisis debería encontrar una narrativa apropiada al siglo XXI, en sus modos de subjetivación y en sus estilos de lectura. Aún queda una revolución psicoanalítica más por venir. Una propuesta de escritura que tal vez se pueda construir en el puente a trazar entre la experiencia de la cura y el tratamiento filosófico de la subjetividad no metafísico. Esas filosofías con las que no sabemos en que estamos de acuerdo pero si sabemos en que no hay desacuerdo.

 

Si bien es cierto que Lacan desconfiaba de un discurso para la mass media, debido a que el efecto al que se vería sometido es al del achatamiento inevitable para "poder congregar al tumulto", no piensa Ud. que hoy en día la situación ya es otra? Es decir, no se estaría corriendo el riesgo de que el psicoanálisis se vuelva un discurso disecado que sólo podría interesar a la propia parroquia?

 

Con relación a este punto, sin embargo, debo llamar la atención, sobre el hecho de que Lacan empieza a constituirse, ahora como nunca en una referencia determinante de algunos segmentos del pensamiento contemporáneo. Tal vez sea interesante, que los analistas reparen en este hecho que se produce más allá de ellos mismos.

 

Para concluir, cómo piensa que debería situarse el psicoanálisis frente a las ofertas masivas de tratamientos? Debe camuflarse de psicoterapia para, una vez captado el paciente, trabajar puertas adentro con los principios del psicoanálisis tal como pensó Lacan que debía hacerse?

 

En las ofertas masivas de tratamiento, al modo de la autoayuda, o de las políticas de los laboratorios, o de las psicoterapias-mercancia, no creo que haya mucho que hacer. Pero sí en el psicoanálisis aplicado, donde cualesquiera que sean las condiciones institucionales; hospitales, centros de salud, trabajadores sociales, etc., la inspiración psicoanalítica puede siempre colaborar con hacer surgir la dignidad de la existencia. Cualquier ámbito de operación en este aspecto es posible, siempre y cuando que, a su vez y a la par, se mantenga el propósito radical de la Escuela de Psicoanálisis; discutir una y otra vez que es un psicoanalista, volver a problematizar el fin de su experiencia, discutir permanentemente su definición como analista. Si el pragmatismo social se desvincula de la política de la Escuela, entonces si que se perderá la apuesta. Nunca se existe solo por adaptarse al mundo que viene, más bien nuestro futuro, como en la Ética a la que usted hizo alusión, dependerá de la Causa que hemos sostenido siempre.

 

En síntesis, no cree que el psicoanálisis tampoco escaparía a los cambios estructurales que estamos viviendo a nivel social, y que quizá es por eso que por momentos pareciera que oscilara en quedar confundido y absorbido en la vorágine para luego bascular al otro extremo: el del aislamiento, con el riesgo que esto conlleva?

 

Finalmente es así, un discurso es más verdadero, cuando sus riesgos lo acechan con más intensidad, en sus posibilidades de hibridación, de dimisión, o destrucción de su esencia. El psicoanálisis no sería nada, sin esta posibilidad a cada paso, de extraviarse y de arruinarse, o de salir victorioso.