EL AMOR QUE NO OSA DECIR SU EDAD

 

Uno de los tópicos que desde perspectivas cuando menos reduccionistas, parciales y en ocasiones altamente homfóbicas, se suele atribuir al ambiente gay junto con su misoginia (para mi bastante menor que la que encontramos en el medio heterosexual masculino) es la del racismo de las edades, es decir ese mito wildeano de "la eterna juventud gay" que iría acompañada por un desprecio visceral hacia los maricas de avanzada edad que jamás podrían arremolinarse en el bucolismo forsteriano de los colegios de chicos ni formar parte de un adolescente corro de "amistades particulares". El ambiente gay sería ya el tema de otro debate merecedor de un enfoque mucho menos simplista del que suele dársele. Aquí me gustaría detenerme en como la presión social atribuye características a los grupos marginados que ella le ha previamente adjudicado, es decir como se manejan zafios tópicos y lugares comunes sin tener en cuenta las sutiles diferencias ni los variados modos de opresión a los que estamos sometidos las minorias sexuales en esta sociedad machista, patriarcal y explotadora.

Dentro de las convenciones con las que se rige el comportamiento sexual humano una de las más fuertes es la de los roles de edad y las barreras infranqueables que las convenciones socio-afectivas trazan entre amantes de edades muy distintas. Así solo se concibe la relación entre un menor y un mayor de edad como una relación explotadora y de poder cuando la realidad es que pueden ser muchos los casos en que ésta sea mutuamente consentida, enriquecedora y claro está, altamente valiente (por surgir en el medio represor en que surge). Grupos como NAMBLA (North American Man and Boy Love Association), asociación nortemaricana de liberación pedófila , nos exponen en sus escritos y reevidicaciones públicas como estas relaciones no sólo no tienen porque ser abusivas sino que pueden llegar a ser mucho más tiernas, interesantes y profundas de lo que se pretende. En esta asociación se otorga la palabra (a través de entrevistas, grabaciones, fotografías y artículos de opinión) no solo a los adultos(pedófilos políticos, altamente conscientes de lo que hacen y como lo hacen) sino también a los más jóvenes que hablan y opinan de sobre ese lado desconocido sus experiencias eróticas, un lado que nunca aparece en los medios de comunicación masivos interesados morbosa y tendenciosamente por aquellos casos en que la relación es violenta o traumática para el menor..

Contra la pedofilia se esgrimen los mismos argumentos que en el pasado se esgrimían contra la homosexualidad, y eso debería hacer que al menos nos detuviéramos un momento a pensar como funcionan los prejuicios y se imponen los tópicos en nuestra sociedad. Perversión, trastornos psicológicos, aberración, crimen, son palabras que se asocian alegremente en las plumas de las mentes biempensantes cuando se refieren a las relaciones intergeneracionales, sin tener nunca en cuenta aquellos casos (la mayoría) en las que son una opción y una posibilidad más, libremente elegida y no sujeta a coacciones o engaños.

Las estrategias de control social sobre los menores de edad son muchas y variadas. Es tal la manipulación a la que se les somete desde diversos frentes (familia, escuela, pandilla, religión, medicina) que resulta difícil concebir que puedan acceder a una relación sexual mutua y satisfactoria con alguien de su misma edad o de edad superior. Ciertamente debemos abogar por la progresiva eliminación de todas las estructuras que reprimen, condicionan y malforman a niños y adolescentes en la vida social pero no podemos hacerlo negándoles hipócritamente el derecho a hacer uso de su cuerpo para el placer y el intercambio amoroso. Si todavía persiste la vigilancia y culpabilización sobre la masturbación, su aura negativa heredada de las concepciones católicas y la medicina a la antigua usanza, digamos que estamos a años luz de que se reconozca la posibilidad de tener experiencias sexuales a los chicos/as que no han cumplido una edad social y legalmente establecida, que funciona como una poderosa convención pero también como un peligroso arma de represión sexual y mantenimiento de un determinado satus-quo de valores.

No podemos engañarnos sobre la verdadera intención del partido en el gobierno al querer criminalizar aún más las relaciones intergeneracionales con su reciente propuesta de ley. No es la protección de la infancia ni acabar con los abusos lo que les interesa (sino habría verdaderas campañas de información y una mejor enseñanza de la sexualidad) sino retomar cruzadas morales que vienen de antiguo y que, al igual que ha hecho la extrema derecha estadounidense, tienen como principal objetivo a las minorías sexuales y sociales más desfavorecidas y con menos posibilidades de defenderse.

El traumatismo que se atribuye a las relaciones entre mayores y menores de edad viene muchas veces como consecuencia de la reacción negativa y culpabilizadora de la familia o el entorno inmediato que le hace ver al adolescente sus experiencias como algo socialmente censurable e interiorizar los sentimientos negativos hacia sus propia sexualidad sin tener nunca en cuenta su punto de vista.

La anunciada reforma del código penal sexual es también una involución en ese código moral no escrito que el PP quiere reinstalar desde diversos frentes, mutilando la todavía incipiente educación sexual en las escuelas y culpabilizado aún mas el despertar a cualquier tipo de diferencia o descubrimiento, vetando así a los adolescentes el sano acceso a experiencias tempranas que sin duda eliminarían la mala asunción de las sexualidades consideradas heterodoxas.