FUNDIDO A BLANCO o LOS OJOS DE BETTE DAVIS

 

"La mayor parte de los discursos sobre la sexualidad lesbiana producidos en este siglo son discursos de indiferencia sexual -de inversión, del complejo masculino, del lesbianismo como una fusión pre-Edípica, psicosis, histeria, bisexualidad, u oscilación entre lo masculino y lo femenino- y todos ellos son inadecuados " . Teresa de Lauretis; The Practice of Love (1994).

 

 

A lo largo de todo un siglo, el cine ha modificado enormemente la fabricación de imágenes. No sólo los cambios tecnológicos han cambiado las condiciones económicas y las posibilidades materiales de producción cinemática, sino que también los cambios culturales han alterado el sistema de representación que estructura los modos de ver y el placer de mirar, hasta llegar a ser hoy en día uno de los más sofisticados sistemas de representación, y que mayoritariamente refleja un orden jerárquico y la ideología dominante .

 

La representación de las mujeres, como objeto necesario para el y como espectáculo, en este orden simbólico tradicionalmente ha encarnando la castración, bien por su ausencia real de pene, bien por su capacidad de parir y criar hij*s. De aquí que las estrellas de la pantalla grande, atrapadas en metros y metros de celuloide, oscilen entre el vacio de un cuerpo -creado para ser mirado, lugar de la sexualidad y objeto de deseo del varón de turno-, y la plenitud maternal a la que acceden tras dejar bien claro que son buenas chicas y que están dispuestas siempre a cumplir con "su deber natural". Y si existiese un lugar para la articulación del deseo de la protagonista principal, éste quedará sujeto a la imagen de un cuerpo femenino con una herida muy profunda que no para de sangrar: las heroínas pagan un precio muy alto por tan osado intento, las heroÍnas heterosexuales sufren mucho, mucho, y si además de listas son guapas al final se las mata; "Rompiendo las olas" y "Thelma y Louise", serían dos ejemplos claros de como la cámara en el último momento condena a la una y a las otras.

 

Mientras el hombre puede vivir sus fantasías y obsesiones, la imagen de la mujer es silenciada al quedar totalmente invalidada como creadora de significados narrativos propios. En definitiva en un siglo de historia de cine, el hombre triunfa sobre la mujer, y por extensión lo blanco sobre lo negro y lo hetero sobre lo homo. Triunfo que termina por consolidarse, bajo una noción igual de engañosa que idealista ; es la que se desarrolla en la idea de que el arte es universal y, por ello , potencialmente andrógino, y en este asunto de cortar a tod*s bajo el mismo patrón (que ya sabemos todas a que medidas responde ) el marxismo ha tenido, también, mucho que ver.

 

Si hay un objetivo común a todas las películas es producir placer: el placer de mirar a otra persona como objeto (escopofilia), el de identificarse o reconocerse a través de un personaje, (narcisismo), proceso que interviene activamente en la modelación de la subjetividad de la espectadora, o el placer de crear una ilusión particular de la realidad que comparten hombres y mujeres. Hay que agradar al público, y cuanto más numeroso sea éste mejor que mejor . Primordialmente se trataría de satisfacer el placer de mirar a través de la puesta en escena de un complejo (y nada inocente) lenguaje del deseo : el deseo de saber, el deseo de ver.

 

Mi objetivo en estas páginas es interpelar a este placer en un momento en que aparentemente han cambiado muchas cosas, si exceptuamos la estafadora "Tomates verdes fritos", al menos las lesbianas en el cine han dejado de ser virtualmente invisibles y "el personaje lesbiana" igual está en las carteleras de Vallecas que se pasea, con el nombre de "Xena", por la televisión a la hora de la cena, y de la misma manera que aspira a la palma de oro o se ilusiona por la concha de plata , flirtea sin ningún escrúpulo con el osito o el oscar de turno . Pero , ¿cómo imagen o cómo portadora de mirada propia?.

 

Tal como se defiende, desde hace más de veinte años, en el ensayo Visual Pleasure and Narrative Cinema escrito por Laura Mulvey, yo comparto el punto de vista de que "la tarea actual del cine de mujeres no es la destrucción del placer narrativo y visual, sino más bien la construcción de otro marco de referencia, uno en donde la medida del deseo no sea ya el sujeto masculino. Porque lo que está en juego no es tanto hacer visible lo invisible, sino cómo crear las condiciones de visibilidad para un sujeto social diferente", llámese éste mujer o lesbiana.

 

DesGarbo

 

Si bien los espacios de representación de la sexualidad lesbiana son todavía excasos, la reciente invención y la circulación de ‘lesbianas’ como ‘secreto-misterioso’, como lo otro de lo otro, ha dado paso a la proyección cinematográfica de un imaginario heteromasculino repleto de ‘mujeres fatales’o ‘mujeres/hombres incomplet*s’: resentidas, vengativas, asesinas, histéricas-agresivas y psicópatas, suelen ser las protagonistas. Son las (nuevas) imágenes capturadas por retinas ávidas de nuevas sensaciones, pero sobretodo, son el resultado de una ideología jerárquica que sistemáticamente reconstruye la tensión dual homo/hetero.

 

Una buena parte de estas películas son made in Hollywood, pero no exclusivamente. "Atracción Fatal" es el preludio de "Instinto Básico" USA (1991), le sigue "Thelma y Louise" USA (1991) o las más recientes "Besos de mariposa" GB (1995), y "Besos Ardientes" USA (1996), y sin contar las que ha producido y ya ha consumido el mercado norteamericano y que todavía no hemos visto por aquí ; "Black widow" ( 1987), "Single white female" , "Lesbians who kill" o "Internal Affairs" (1990). Una mención específica merecen la neozelandesa "Criaturas celestiales" (1994) o la inglesa (de experiencia francesa) "Sister my Sister" (1994), inscritas en un régimen simbólico más heterogéneo y mucho más complejo que las anteriores, pero aún así , todas podrían pertenecer al género lésbico que yo denominaría femmografia-fatal.

 

Algunas de ellas han sido grandes éxitos: distribuidas mundialmente por las grandes multinacionales, aseguran una amplia y rápida difusión, así como la aceptación del llamado gran público, que desde luego incorpora por definición y en exclusiva a un espectador masculino.

 

En estas películas, lo que la máquina obscura y dominante ha articulado para nuestros ratos de ocio, es la, siempre activa, necesidad cultural de producir y exhibir a ese ‘otro’, en aras de preservar toda una serie de privilegios, para ello se redefine y se distingue constantemente lo homo de lo hetero. Lejos de contribuir a hacer visible a las lesbianas, la producción discursiva del ‘deseo-femenino’ a través de la figura ‘mujer-lesbiana-asesina’, confirma el imperativo heterosexual y heterosexista, enraizado en la teoría psicoanalítica: el deseo es inherentemente masculino , y lo masculino es definido tanto por el deseo activo como lo es por el ejercicio de la agresión. La lesbiana es lesbiana , en estas películas, por poseer afán de ser fálica, un falo que, sin embargo, se aleja de la idea de promover un imaginario alternativo al imaginario dominante que constituye la morfología heterosexual. Por lo tanto cabría pensar que esta lesbiana estaría muy lejos de desplazar la hegemonía simbólica (heterosexista) de la diferencia sexual. En este orden simbólico, la lesbiana ocupa una posición ambivalente, inscrita a la vez como "no-mujer" y como ser violento no tiene posibilidad ni de tejer espacios de placer erótico ni de constituirse desde su encarnación específica.

 

AlterAcción

 

Si los códigos narrativos en el cine crean una mirada y un objeto con el fin de producir placer , de crear una ilusión, y la imagen de la mujer es reflejada como pasiva (por oposición al hombre) y la de la lesbiana como fálica (por similaridad al mismo hombre de antes), y ambas son la materia prima para la mirada activa de un tercer hombre (clónico) occidental, en contrapartida el cine lesbiano independiente dirigido en las últimas décadas por mujeres, desde una revisión crítica, se empeñará agudamente en alterar esos códigos dominantes.

 

La tarea de desenfocar un cuerpo monolítico estructurado desde las leyes renacentistas de la representación y enfocar nuevos cuerpos narrativos, ha dado lugar a un buen número de películas, muchas de las cuales sólo hemos podido disfrutar a través de los festivales de cine de mujeres o de gais y lesbianas.

 

Hay una escena en "Una Cuestión de Silencio" de Marlene Gorris (Holanda, 1982), en que la psiquiatra y su clienta están cara a cara, muy , muy cerca en la celda de una prisión. Las dos mujeres no se hablan , ni se tocan, mueven sus manos nerviosamente sobre si mismas, y la escena se interrumpe cuando un hombre entra en la habitación . La posibilidad y la imposibilidad del lesbianismo se acercan; se habla de las relaciones más íntimas y de las barreras , de las conexiones y de los espacios que entre(tejen) las mujeres. Esta película es el producto de una época particular, un momento que posiblemente ya haya pasado pero que todavía no hemos olvidado.

 

Mientras el cine de la década de los setenta desarrolla las relaciones entre mujeres en términos de pasión dual y en escenarios cerrados, en "Una cuestión de silencio" se ofrecen nuevas posibilidades de identificación y de escenarios para las lesbianas y el lesbianismo. Sin representar en ningún momento escenas sexuales entre mujeres , esta película sin duda alguna se inscribe a través de la experiencia de las lesbianas.

 

Estas nuevas posibilidades las explora con ingenio surrealista y etnográfico Ulrike Ottinnger en "Juana de Arco de Mongolia" (Alemania, 1989). Una película de casi tres horas, se convierte en un viaje en Transiberiano -en el que viaja una todavía adolescente Inés Sastre- a través de la sexualidad y el poder , y hacia el encuentro con las amazonas mongoles que habitan en el desierto.

 

Las mujeres occidentales que viajan en este tren son extrañas, excéntricas y exóticas, y las amazonas mongolas están fascinadas de este encuentro con la alteridad. Es un encuentro entre culturas y es un encuentro entre mujeres, pero también es una historia a través del poder que confiere el placer de seducirse las unas a las otras. Es una fantasía subversiva que sin escatimar romance y final feliz, pone patas arriba la mirada romanticona y alienante creada en los estudios más sofisticados de Hollywood .

 

Y rodaje tras rodaje las mujeres empiezan a hacer el amor antes de que la película termine. Probablemente muchas recordemos "Media hora más contigo" (Donna Deitch, 1985), "He oído cantar las sirenas" y "Cuando cae la noche (Patricia Rozema, 1987 y 1995), o la más popular "Go fish" (Rose Troche, 1995), como películas donde una historia de seducción termina en sexo, aunque opino que estas películas, tan entretenidas, resuelven el deseo entre mujeres un poco a la ligera, en una banal noción de preferencia sexual, o en un subapartado de la vida ligeramente frívolo como se manifiesta en la francesa "Felpudo maldito" ( ???, 1995), aunque Victoria haga lo que haga siempre esté divina.

 

Un significado y valor especial tienen para mí dos películas, que aunque no se han comercializado en el Estado español, hemos tenido la oportunidad de ver en el Festival de Cine de Mujeres y en el recién estrenado Festival Internacional de Cine Gay y Lesbiano , en Madrid. Me refiero, por una parte a "Besos de Nitrato" (Barbara Hammer, 1994), y por otra a "Perversiones Femeninas" (Susan Streitfeld, 1996).

 

La primera me interesa porque responde a un estilo lírico muy particular, donde la cámara no sólo construye una mirada, sino que es parte de la acción, logrando crear encuentros entre los cuerpos y un objetivo que más allá de ver desea saber lo que pasa . Evidencia múltiples conexiones corporales que van más allá de las fronteras físicas que encapsulan los sentidos. El sexo es seguro y caliente en sus prácticas, pero también es un laberinto de riesgos que sorprenden a un tacto que sabe de sus recorridos, y escandalizan a la vista, siempre más inmediata. La lesbiana, los cuerpos lesbianos, en este sentido, rompen las barreras establecidas entre la directora y su público , a la vez que cierran la puerta al fetichismo y voyerismo que acostumbra a servirnos como platos principales el cine clásico.

 

"Perversiones femeninas", basada en el estudio feminista que realiza Louise J. Kaplan acerca de la conducta y la sexualidad femenina, y publicado con el mismo título que el de la película, es una de las más "molestas" y "perturbadoras" historias que nos hayan podido contar en muchos años.

 

Eve , la protagonista, es una fantástica abogada que está a punto de ser juez y que aparentemente expresa libremente todas sus capacidades, sean estas sexuales, emocionales o intelectuales. Resulta ser un tipo de mujer con descapotable y traje chaqueta impecable, que se supone que sabe lo que está arriesgando en cada momento y en cada decisión que toma.

 

En cada plano que va pasando frente a nuestros ojos , nos vamos dando cuenta que lo que en definitiva arriesga es el papel que define una feminidad "normal", pero la alternativa que se le presenta continuamente es la "perversión". El título "Perversiones femeninas", no sólo se refiere a las fantasías eróticas y neuróticas que tiene Eve -ser poseída y menospreciada por los hombres, especialmente por su padre-, sino que también es una lucha social que se manifiesta a lo largo de toda la película en la continua tensión de reconciliar su apariencia frágil y su poder como juez con una feminidad "aceptable".

 

Lo que nos sugiere en definitiva a través de irónicos efectos fílmicos, vertebrados a través de los guiños de humor que van desde el ridículo al riesgo , es que la feminidad obligatoria funciona como un poderoso elemento de auto-opresión. Todas las mujeres que aparecen en la película , desde su hermana cleptómana hasta la melodramática e inocente Emma, son mucho más "normales" que Eve, porque Eve está en un continuo conflicto con los papeles de "profesional-ejecutiva" que continuamente tiene que representar, con esas máscaras tan ajustadas de las que no se puede desprender y que a penas sabe como maquillar . Y por si esto le fuera poco, en nigún momento se puede olvidar de marcar bien sus labios con el carmín rojo que está más de moda, detalle que no es un pretexto ingenuo a lo largo de toda la película.

 

Hay momentos claves en esta historia de mujeres: uno, cuando una viejecita pinta sus labios , a la vez que Eve los pinta mientras se mira en el espejo de su coche, y mientras el público tiene la oportunidad también de leer una pintada (trabajo de Barbara Kruger) que dice "en la perversión no hay libertad, solamente conformidad a los estereotipos de género". Otro momento significante y grato , es cuando nos damos cuenta que Renee, la psiquiatra con la que se enrolla Eve, no utiliza nunca carmín, y que las poderosas mujeres mexicanas, que son sujetos de estudio para la tesis de Madelyn sobre el matriarcado, aparecen en el último sueño de Eve desnudas, gordas, inmensas, poderosas. Se puede dar, pues, esquinazo al masoquismo en todas sus apariencias y apariciones.

 

Este artículo no quería enumerar cronológicamente todas las películas de lesbianas y sobre lesbianas que se han realizado en los últimos años, por eso no lo ha hecho. Mi objetivo era insinuar los placeres y los deseos que se estructuran en el cine, una vez que los personajes lesbianas están en las pantallas y también detrás de éstas, contándonos sus historias. Mi táctica ha sido enfatizar el sentido de la mirada, como quizá el sentido principal que articula el placer y el deseo en el cine. He tratado de hablar de ojos azules, marrones, negros, verdes, grises ... que ven y miran desde diferentes ángulos, que iluminan de forma diferente la vida, todos los ojos son iguales pero pero algunos más que... a veces la luz impide ver lo suficientemente claro, creo que me estoy liando; yo lo único que puedo deciros con cierta nitidez -la que me facilitan mis ocho diotrías de miopía ahora que la oftalmología ha evolucionado tanto- es que a mí siempre me han apasionado los ojos hipertiroideos de Bette Davis.