La tradición del documental
no tiene mucho predicamento en el cine español actual a pesar de que en los
últimos años se han producido algunos documentales (Asaltar los cielos, El sol
del membrillo) que han resultado estar
entre lo mas aplaudido de nuestra historia cinematográfica.
“Monos como Becky” es algo más que un
documental y también algo más que un filme de denuncia. Firmada por Joaquim
Jordá y Nuria Villazán es un testimonio sincero e implacable sobre lo que se
sigue cociendo en el interior de los hospitales psiquiátricos. El director y
los protagonistas del filme han vivido en sus propias carnes la experiencia de
la locura y la experiencia de ser internados e intervenidos, de tener que
reinventarse a sí mismos y al mundo que
les rodea, y los propios autores se incorporan finalmente al mecanismo mismo de
la representación cinematográfica.
El
filme parte como una aproximación biográfica caleidoscópica a una figura
psiquiátrica polémica: Egas Moniz, el psiquiatra portugués (premio Nobel) que
introdujo la psicocirugía ( con técnicas como la lobotomia en el lóbulo
frontal) como forma de “solucionar” los problemas de los pacientes
esquizofrénicos con crisis agudas y violentas. El resultado de la lobotomía, es
bien sabido, no es sólo dar la paz al paciente y los que le rodean, sino despojarle a la vez de una parte
importante de sus sentimientos y capacidades convirtiéndolos en seres sumisos y
sin personalidad propia. La lobotomía y el atentado de un enfermo mental contra
Moniz son elegidas como símbolo de la psiquiatría tradicional y de la revuelta
desesperada de sus víctimas. Como contrapartida el director de “Monos como
Becky” propone a los enfermos de una Comunidad Terapéutica de Martutene la
realización de una función sobre la vida de Moniz y la filmación de un
documental sobre la preparación de la función. El resultado es una experiencia
enriquecedora que sirve a los pacientes y a los propios creadores (que se sitúan
del lado, siempre arbitrario, de la locura) para exorcizar algunos de sus
fantasmas más íntimos y para lanzar una
arenga lírica y desgarrada a la sociedad sobre la necesidad de la terapia y la
atención individualizadas y el diálogo con los enfermos. Un discurso que, en
estos tiempos de involucionismo en cuestiones sociales y cuando la psiquiatría
tradicional parece haberse impuesto definitivamente sobre las interesantes
propuestas de la antipsiquiatría, resulta, cuando menos, revulsivo. “Monos como
Becky” mezcla las imágenes documentales en blanco y negro de los testimonios de
familiares y conocidos de Moniz con las opiniones de psiquiatras, sociólogos y
filósofos y con la preparación de la función por parte de los internos que se
introducen en el interior de los personajes que rodearon al prestigioso psiquiatra
en sus años de mayor celebridad.. El doctor Moniz experimentó su primera
lobotomía en una orangutana llamada Becky
y su éxito le decidió a experimentar en pacientes humanos siendo imitado por
otros médicos y premiado por su “descubrimiento” y su “aportación a la ciencia”.
Pero los resultados fueron muy pronto
cuestionados por los que veían en la lobotomía, y por extensión en la mayor
parte de las prácticas psiquiátricas (consistentes, aún hoy, sobre todo, en
psicofármacos, terapias agresivas y ningún diálogo con los enfermos) una forma
de reeducación sociopolítica y una técnica para reducir al silencio a aquellos,
que desde su delirio, se atrevían a cuestionar con su lenguaje y su diferentes
forma de vida , las normas sociales y morales de su época.