Ensayos de disidencia.

Algunas publicaciones para construir una biblioteca no hostil a gays y lesbianas

 

Ricardo Llamas

 

Educación y Biblioteca, 9 / 81 (julio-agosto 1997), págs. 47-49

 

Cuando, hace ya casi dos años, presenté la tesis doctoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid comprobé, una vez más, que los libros de la biblioteca que aparecían bajo la etiqueta "homosexualidad" podían contarse con los dedos de las manos. Y todavía sobraban dedos. Y comprobé, sobre todo, que seguían siendo los mismos libros con los que, durante años, se habían justificado actitudes condescendientes cuando no manifiestamente condenatorias hacia quienes no cumplíamos un determinado requisito de "heterosexualidad". Los libros escritos por o para lesbianas y gays seguían estando clamorosamente ausentes. Y ello traducía, hasta cierto punto, una ausencia de publicaciones fruto de la escasa tradición investigadora del ámbito académico español y de la estrecha política de traducción de textos publicados en el extranjero por parte de las editoriales. Pero también mostraba, sobre todo, el desinterés de las instituciones bibliotecarias por mantener un surtido mínimo de aproximaciones a los afectos y los placeres todavía considerados tabú.

 

Quisiera partir de una hipótesis moderadamente especulativa que formulo más a partir de mi experiencia personal y de una pequeña encuesta a mi alrededor que basándome en estadísticas oficiales. Mi hipótesis es la siguiente: las lesbianas y los gays acuden a las bibliotecas con más frecuencia y con más necesidades que las personas cuya construcción del deseo, el afecto y el placer se ve reflejada de manera cotidiana y hasta en sus detalles más precisos tanto en la cultura oficial como en los medios de comunicación de masas. Mi hipótesis plantea, efectivamente, una cuestión espinosa: żestán las bibliotecas preparadas para dar el servicio que las lesbianas y los gays —casi nunca de manera explícita— demandan?

 

En este artículo pretendo revisar algunas de las publicaciones no literarias que sobre "la homosexualidad" han sido editadas en castellano a lo largo de los últimos años y, en particular, aquellas que, a mi entender, pueden resultar de utilidad para un colectivo ávido de referentes en que reflejarse. Las publicaciones sobre lesbianismo, consideradas por Fefa Vila en este mismo número, no serán tratadas aquí más que de manera excepcional. En este breve repaso, seguiré un criterio subjetivo de utilidad de cara a la satisfacción de las necesidades que me parecen más urgentes. Se trata, en general, de libros que constituyen, en el contexto de un orden moral excluyente, ensayos de disidencia; es decir, reflexiones para sobrevivir a una realidad con frecuencia hostil y, si es posible, para combatir esa exclusión. Pero también (como este mismo artículo) son intentos por lograr que esas reflexiones lleguen a quien pueda necesitarlas; para que, al hacerse accesibles, puedan contribuir a un debate más fructífero sobre los porqués de la exclusión y el prejuicio y favorecer una acción más eficaz en la defensa de una libertad que aún está lejos de lograrse.

 

Quisiera comenzar por los libros que hablan de un pasado muy lejano, unos "antecedentes" si se quiere, que sólo recientemente han comenzado a ser estudiados. La obra de John Boswell Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad (Barcelona, Muchnik, 1992) parte de una tesis bien sencilla: el prejuicio en contra de gays y lesbianas no nace de la tradición cristiana; se establece a partir del siglo XIV y se articula en discursos y prácticas eclesiásticas ni más ni menos que en el prejuicio popular, las leyes civiles o, siglos más tarde, la medicina. Su segunda gran obra, Las bodas de la semejanza (Barcelona, Muchnik, 1996), cuestiona otra supuesta evidencia histórica: la inexistencia de antecedentes socialmente reconocidos y ceremonialmente consagrados a lo que hoy llamamos "parejas de hecho". Efectivamente, un buen número de parejas gays y algunas de lesbianas, así como los ritos que las establecían, los efectos que tenían y diversas interpretaciones sobre su significado, aparecen repertoriados en su libro. Si el primero fue unánimemente alabado, este último ha creado más polémica al no ser, al parecer, igualmente riguroso. Muy pocas son las aproximaciones históricas a las realidades de la disidencia sexual en España. De entre ellas destaca el estudio de Rafael Carrasco Inquisición y represión sexual en Valencia. Historia de los sodomitas (Barcelona, Laertes, 1985); un enfoque histórico-jurídico que da, no obstante, muchas pistas sobre los modos de vida de los "sodomitas" levantinos del siglo XVII y sobre el arraigo del prejuicio, tanto en la cultura popular como en las prácticas institucionales. Más escasas aún son las historias del lesbianismo. De entre ellas, por su calidad y por plantear interesantes debates sobre la historia de las mujeres y sobre las posibilidades de articulación de una historia de las lesbianas, es fundamental el libro de Judith Brown Afectos vergonzosos. Sor Benedetta: entre santa y lesbiana (Barcelona, Crítica, 1989).

 

Un enfoque histórico más general, pero igualmente apasionante, es el que desarrolla Thomas Laqueur en La construcción del sexo. Cuerpo y género desde los griegos hasta Freud (Madrid, Cátedra, 1994). El estudio de Jeffrey Weeks El malestar de la sexualidad (Madrid, Talasa, 1992), pertenece también a la categoría de las aproximaciones generales fundamentales. Y, por supuesto, absolutamente imprecindibles como fundamento teórico de la mayor parte de los actuales estudios gays y lésbicos son los tres volúmenes regularmente reeditados que Michel Foucault consagró a la Historia de la sexualidad (Madrid, Siglo XXI). Los Fragmentos para una historia del cuerpo humano, una compilación de Michel Feher, Ramona Naddaff y Nadia Tazi (Madrid, Taurus, 1990); la Historia de las mujeres (Madrid, Taurus, 1993-94) y la Historia de la vida privada (Madrid, Taurus, 1987-91) forman también parte de las obras de referencia básicas.

 

Si bien los análisis históricos plantean el complejo contexto en el que el presente encuentra sus raíces, es evidente que con ellos no se esclarecen por completo muchas de las cuestiones que en la actualidad se plantean con más urgencia. Para comprender las formas de operar del prejuicio homofóbico hacen falta, además, bases teóricas (unas éticas y unas políticas contemporáneas) que den contenido a las inquietudes que articulan (y diversifican) al amplio colectivo excluido de la ortodoxia.

 

Una de estas cuestiones candentes es el debate sobre la "diversidad" (tanto en lo que respecta a las diferentes culturas y tradiciones de los pueblos como a la variedad de modos de vida en el seno de una misma comunidad). Esta cuestión puede documentarse con algunas referencias antropológicas. Las "excéntricas" costumbres de una multitud de pueblos "exóticos" están recogidas exhaustiva y detalladamente en un libro de Alberto Cardín, verdadero pionero de los "estudios gays": Guerreros, chamanes y travestis. Indicios de homosexualidad entre los exóticos (Barcelona, Tusquets, 1989). A la luz de sus investigaciones, al menos nadie podrá decir que el sexo es más refinado, elaborado o complejo en Occidente, o que es en nuestra cultura donde más se ha "pervertido", o que la hostilidad es un fenómeno "humano" o "natural" vigente en todos los lugares.

 

Una aproximación antropológica a la realidad cotidiana del presente se puede encontrar en el breve y asequible libro de Oscar Guasch La sociedad rosa (Barcelona, Anagrama, 1991). Y una iniciativa similar, pero bien alejada de la vocación de seriedad y objetividad de este último, y que entra sin tapujos en la autocrítica (a ratos muy divertida) es la que presenta el libro de Leopoldo Alas De la acera de enfrente. Todo lo que se debe saber de los gays y nadie se ha atrevido a contar (Madrid, Temas de Hoy, 1994). Sobre las formas en que los requisitos del género (en este caso el masculino) se relacionan con procesos sociales y criterios estéticos sujetos a evolución (es decir, no "inmutables"), es intersante el estudio de Estrella de Diego, El andrógino sexuado. Eternos ideales, nuevas estrategias de género (Madrid, Visor, 1992).

 

Pero los modos de vida gay están también condicionados por los efectos de la pandemia de sida. Boswell, Foucault y Cardín (por no mencionar más que a algunos autores que ya han aparecido aquí) han muerto de sida. Su vidas y sus talentos han sido desperdiciados por un orden de exclusión que aún no sabe valorar la riqueza y la diversidad humanas y que, durante años, no consideró el sida como un problema de salud pública, sino como una incidencia en sectores marginales. Hacer accesibles libros sobre sida que vayan más allá de las higiénicas consignas de la prevención y de los tecnicismos de la terapéutica equivale a reconocer a la gente que (directa o indirectamente) vive los efectos de la pandemia el derecho a buscar explicación a un absurdo cruel o a un cúmulo de desidias, ineficacias, desigualdades y opresiones del que no son responsables quienes sufren sus consecuencias.

 

Alexander García Düttmann, en La discordia del sida. Cómo se piensa y se habla acerca de un virus, (Madrid, Anaya & Muchnik, 1995) hace una reflexión fundamentalmente filosófica, mientras que Susan Sontag presenta en El sida y sus metáforas, (Barcelona, Muchnik, 1989) sus puntos de vista sobre cómo la enfermedad actúa como un poderoso mecanismo de exclusión. Este texto breve es un remake del clásico La enfermedad y sus metáforas, donde la escritora afrontaba los sobrentendidos vigentes en torno al cáncer. Lástima que, como dice Sarah Schulman, no se haya atrevido a decir que es lesbiana y que (quizás por ello) no aborde en su reflexión cuestiones relativas a cómo el prejuicio anti-gay ha alentado la extensión de la pandemia.

 

Juan Vicente Aliaga y José Miguel Cortés, en el libro De amor y rabia. Acerca del arte y el sida, (Valencia, Universidad Politécnica de Valencia, 1993), analizan algunas de las aproximaciones artísticas y asociativas a la crisis socio-sanitaria. Visiones actuales desde el mundo académico y activista de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia de autores como Leo Bersani, Simon Watney, Judith Butler, Philippe Mangeot o Jeffrey Weeks aparecen recogidas por mí en la compilación titulada Construyendo Sidentidades. Estudios desde el corazón de una pandemia, (Madrid, Siglo XXI, 1995). Ambos libros constituyen guías políticas para luchar y sobrevivir en medio de una pandemia, con abundantes referencias a la lucha contra el sida en España.

 

El sida es, como estos libros demuestran, además de una realidad médica, una construcción simbólica que forma parte del imaginario colectivo. Las formas en que se representa (o se deja de representar) la diferencia afectiva y sexual adquieren, en este sentido, una importancia crucial. Así, dentro del espectro de escritos sobre las formas de representación y la cultura, destaca la compilación de artículos realizada por George Steiner y Robert Boyers Homosexualidad, literatura y política (Madrid, Alianza, 1985). Parte de un número especial de la revista Salgamundi (del que, por cierto, no se publicaron los artículos de "política", salvo una entrevista con Michel Foucault aún rabiosamente actual). También aparecen aquí el primer texto traducido de Boswell y aproximaciones a Wittgenstein, Whitman, Genet, Proust… Sólo el artículo de Chauncey (sobre el discurso médico elaborado el siglo XIX) entra en cuestiones lésbicas. La misma diversidad temática aparece en el libro del autor francés Dominique Fernandez El rapto de Ganimedes (Madrid, Tecnos, 1992). Es una colección de ensayos sobre los mitos de siempre (y otros más recientes) de la cultura gay: San Sebastián, Wilde, Kavafis o Mishima. Deudor de los románticos supuestos del "malditismo de la homosexualidad" como germen de excelencia, su conservadurismo se adorna, no obstante, con interesantes y bien documentadas reflexiones.

 

En lo que se refiere al mundo del cine, destacan las Conversaciones secretas de Boze Hadleigh (Barcelona, Ultramar, 1988). La periodista norteamericana decide hablar claro sobre "homosexualidad" con las gentes del mundo del celuloide. Interesantes revelaciones en primera persona de Visconti, Hudson, Fassbinder, Cukor y Mineo, entre otros, que permiten construir el ocultamiento no (sólo) como negación de sí, sino, sobre todo, como imposición de la "industria" del cine y como imperativo social. Alberto Mira, en żAlguien se atreve a decir su nombre? Enunciación homosexual y la estructura del armario en el texto dramático, (Valencia, Universitat de València, 1994), dedica especial atención al estudio del teatro británico, aunque articula reflexiones perfectamente válidas para cualquier análisis de la cultura y del papel que la diferencia sexual juega en su seno.

 

Sobre las referencias literarias, destaca la obra de Angel Sahuquillo Federico García Lorca y la cultura de la homosexualidad masculina (Alicante, Instituto de Cultura Juan Gil Albert, 1991). De nuevo, una reconstrucción de esa historia negada y de esa cultura aniquilada; en el caso de Lorca de modo especialmente literal. La "Generación del 27", por una vez (y tras décadas de disimulo), no se nos presenta desexualizada. Otro libro del que soy autor, Miss Media. Una lectura perversa de la comunicación de masas, (Barcelona, Ediciones de la Tempestad, 1997) constituye un repaso a las formas en que "la homosexualidad" es retratada (y, de este modo, re-creada) en los medios de comunicación españoles y, en particular, en la cultura popular. Cine, prensa, publicidad, televisión y teatro son los medios donde se lleva a cabo esa caracterización que, hoy por hoy, aún responde a los estereotipos propios de un proyecto moral excluyente.

 

En lo que se refiere a cuestiones relativas a los derechos humanos y las libertades, se puede citar el cuadernillo de Amnistía Internacional Rompamos el silencio. Violaciones de derechos humanos basadas en la orientación sexual (Madrid, EDAI, 1994), resultado del reciente compromiso por parte de AI de considerar que los derechos de lesbianas y gays también son "derechos humanos". Panorama (trágicamente incompleto) de los sistemas de horror que aún existen en muchos rincones del planeta; mucho más cerca de lo que a menudo se piensa. Para quienes se preocupan por la dimensión legal de la discriminación y, en particular, para quienes buscan argumentos jurídicos a favor de la "ley de parejas de hecho", es básico el libro de Nicolás Pérez Cánovas, Homosexualidad, homosexuales y uniones homosexuales en el Derecho español (Granada, Comares, 1996).

 

Dentro de los análisis político-ideológicos, destaca la compilación de Richard Cleminson Anarquismo y homosexualidad (Madrid, Huerga y Fierro, 1995). La teoría anarquista en torno a la sexualidad que estaba en boga durante los años 20 y 30 coincidía en muchos aspectos con las tesis higienistas de la eugenesia (aislar, poner a salvo a la juventud; no castigar, pero sí curar…) Es ésta una recopilación de artículos aparecidos en las revistas ácratas españolas de la época, comentados por el investigador británico.

 

Fundamentales para comprender las raíces históricas, el desarrollo y los retos actuales del movimiento de gays y lesbianas son los libros de John Lauritsen y David Thorstad Los primeros movimientos en favor de los derechos de los homosexuales (1864-1935), (Barcelona, Tusquets, 1977) y el del italiano Mario Mieli Elementos de crítica homosexual (Barcelona, Anagrama, 1979); un libro ya clásico sobre la militancia radical de los años setenta. Ambos constituyen una imprescindible introducción a lo que ha sido y aún es el movimiento social y político gay y lésbico. De entre los estudios que se están realizando en el presente, destaca la compilación de Xosé Buxán, (con)Ciencia de un deseo singular. Estudios gays y lesbianos en el Estado español, (Barcelona, Laertes, 1997), con varias aproximaciones académicas a "la homosexualidad" impensables hace sólo unos pocos años, y el libro de Juan Vicente Aliaga y José Miguel Cortés Identidad y diferencia. Sobre la cultura gay en España (Madrid, Egales, 1997), donde se afronta el universo simbólico comunitario constituido a lo largo de los últimos años.

 

Todos estos libros (y muchos otros del catálogo de la editorial Laertes, única dedicada a promover el establecimiento de una cultura gay), así como algunos otros cuya publicación es inminente (La epistemología del armario de Eve Kosofsky Sedgwick o La leyes del deseo de Paul Julian Smith, ambos en las Ediciones de la Tempestad), constituyen un corpus aún muy débil de estética, metodología y política con el que empieza a ser posible mitigar el aislamiento forzado que la cultura oficial y los medios de comunicación imponen a lesbianas y gays. Sientan también las bases desde las que afrontar los programas de exclusión, discriminación y violencia que niegan los derechos de toda la ciudadanía y dañan la convivencia. Y son también, además, buenos indicadores del compromiso social de una biblioteca con su función de servicio público y, más generalmente, con los valores de la libertad.