ISLAS DE AUTOGESTIÓN EN UN MAR DE CONTRADICCIONES.

CUATRO MOVIMIENTOS SOCIALES ALTERNATIVOS EN

EL ESTADO ESPAÑOL (1978-1998).

Miguel Martínez. Sociólogo.

Universidade de Santiago de Compostela.

Septiembre, 1998. E-mail: cpmigmar@usc.es

1. Introducción: pobres en recursos, ricos en autonomía.

Las teorías sociológicas sobre movimientos sociales (MS) han experimentado un notable crecimiento en las últimas décadas, a la par que las nuevas prácticas de los propios MS. En castellano están disponibles numerosos estudios (originales o traducidos) y debates que ayudan bastante a obtener una concepción profunda y pluridimensional del tema (entre los más generales pueden subrayarse: Dalton y Kuechler, 1990; Offe, 1992; Pérez Ledesma, 1994; Riechmann, 1995; Villasante, 1996). No está de más, por lo tanto, plantearse en estos momentos dos retos para la investigación: 1/ la realización de algunas síntesis que nos orienten en el pluralismo teórico tanto como en la distinción empírica de las diferentes manifestaciones de los MS; 2/ el estudio de casos significativos de MS que se destaquen por su "utopismo social" puesto en práctica de forma cotidiana, por su aportación de los rasgos más radicales a los proyectos de emancipación social que defienden los MS y, en particular, los nuevos MS desde los años sesenta.

Con unos breves apuntes sobre el primer punto y prestando una atención más central al segundo, en este escrito voy a intentar ofrecer algunas propuestas de análisis desde el contexto sociopolítico del Estado español en las dos últimas décadas: 1978, en concreto -diez años después de la significativa fecha de 1968-, marca el año de aprobación de la Constitución española, pero también la desactivación de gran parte del activo movimiento popular enfrentado a la Dictadura, aunque no totalmente (Castells, 1986; Villasante et al., 1989; Ortí, 1995). Los cuatro movimientos en los que me voy a centrar poseen unos rasgos generales, por una parte, y unas expresiones particulares (a veces, sólo en forma de "campañas"), por la otra, que muestran caras complementarias de reconstrucción social desde el seno de una sociedad opulenta y en crisis a la vez. Son los siguientes:

1/ el movimiento de contrainformación o de comunicación alternativa, con atención específica a su manifestación a través de las Radios Libres -que incidiría en la dimensión social de la ‘comunicación’-;

2/ el movimiento antimilitarista, fijándonos en la exitosa campaña de objeción de conciencia en forma de Insumisión al Servicio Militar Obligatorio -incidiría directamente en el ejercicio social del ‘poder’-;

3/ el movimiento que he denominado de "ecología política urbana" (también reconocible a menudo como movimiento alternativo urbano) y en el que merece un análisis propio el caso de la okupación de viviendas y Centros Sociales Autogestionados -incidiendo en los procesos de apropiación social del ‘espacio’-; y, por último,

4/ el movimiento cooperativista, reduciendo el amplio espectro del mismo a las recientes iniciativas de Economía Solidaria y Ecológica, también conocidas como economía alternativa o cooperativismo ético y ecológico -incidiendo en los ciclos prductivos-reproductivos de gestión de ‘recursos’.

Los cuatro movimientos son "nuevos" en el sentido espacio-temporal del término y también en el sentido conceptual con el que se ha pretendido diferenciar sus contenidos y formas de organización de movimientos sociales más tradicionales como el obrero o el feminismo clásico. Aunque no será el núcleo central de mi exposición, argumentaré que no es difícil encontrar hilos de conexión con movimientos semejantes o afines en otros contextos, como el europeo, e incluso con la transformación de novedades movilizadoras que ocurrieron en el contexto español del tardofranquismo y de los años de Transición (tales como el movimiento vecinal o el sindicalismo autónomo), cuando no una explícita regresión de referencias a la Revolución de las Colectividades anarquistas en 1936; de hecho, hay numerosos investigadores que destacan la influencia y presencia del pensamiento anarquista en la orientación ideológica de los nuevos MS, matizando los nuevos temas y realidades que ahora preocupan a los MS: Casquette, 1996.

Los nuevos MS desde los años setenta -ecologismo, pacifismo y feminismo- tienen también viejas raíces, pero su nuevo talante para transformar la sociedad y la política se encuentra de forma central en los cuatro movimientos que he seleccionado. Lo cual, por ejemplo, no siempre es tan evidente en otros MS del mismo contexto o bien su radicalismo se inclina sólo hacia aspectos muy parciales de esas reivindicaciones (puede ser el caso del nacionalismo, el movimiento estudiantil o el de control del consumo). De cualquier modo, me ocuparé aquí de analizar el alcance de las prácticas transformadoras que nuestros cuatro movimientos han tenido, subordinando las limitaciones de sus recursos organizacionales (derivados principalmente, en estos casos, de una amplia composición juvenil entre sus miembros) a las consecuencias que han tenido sus movilizaciones para dibujar nuevos contextos de oportunidades para la participación política popular. Es decir, para contar la historia de estos movimientos y comprender el sentido social de su acción, me dedicaré menos a evaluar lo que tienen y más lo que han conseguido. Las principales corrientes de investigación le dan, sin embargo, preferencia a definir con más precisión quiénes son quienes componen los MS y qué hacen con lo que tienen. Pero son innumerables las dificultades empíricas que existen para conocer los rasgos más significativos de esa identidad (especialmente en gente joven cuyos orígenes de clase social, por ejemplo, pueden conducirla a situaciones muy inestables y "desclasadas" durante un largo período de tiempo, precisamente durante el tiempo que están en los MS) y también para conocer las estrategias más eficaces de uso de los recursos en comparación con todas las intentadas (sobre todo cuando, con frecuencia, esa eficacia depende de condiciones contextuales ajenas al MS, de las capacidades de inventiva del MS contando con sus escasos medios disponibles o simplemente de su persistencia con acciones y mensajes idénticos). Por eso propongo una senda poco explorada teóricamente hasta el momento. Consiste en explicar el proceso por el que algunos nuevos MS alternativos contribuyen a cambiar modos sociales de vida, de pensamiento y de actuación política. El análisis de estas "consecuencias" no se alinea con un empirismo vulgar que sólo atienda a efectos visibles, sino que se hace desde un determinado punto de vista: en este caso se abordará centrando el análisis en discernir los modelos de autogestión que guían a los MS y que difunden ejemplarmente en su sociedad, causando a menudo efectos sorprendentes e inesperados.

Como señala Riechmann, explicando un aspecto de la definición de Raschke (1985): "Los MS necesariamente son movilizadores. Por movilización se entiende la activación de recursos para alcanzar los fines del movimiento. En general, los MS son pobres en recursos (activistas, dinero, legitimidad, prestigio, información, poder político, etc.) en comparación con las autoridades a las que se enfrentan. El recurso más importante para ellos son los activistas del movimiento y su trabajo voluntario. (...) Al menos en su fase inicial los MS suelen estar impulsados por grupos de individuos socioestructuralmente definidos, aunque siempre intentan movilizar a círculos sociales más amplios (los afectados real o potencialmente por el problema que tematiza el movimiento, como mínimo)." (Riechmann, 1995: 48-50).

En estas dos últimas décadas también hemos asistido, en nuestro ámbito, a la aparición de otros movimientos que no se carecterizaban tanto por esa precariedad de recursos, pero que tampoco han demostrado capacidades correspondientes de movilización (es el caso de gran parte del institucionalizado movimiento obrero, juvenil, vecinal e incluso del feminismo), ni una continua incidencia política transformadora con la misma (el movimiento anti-OTAN en torno a 1986, por ejemplo, que casi en su totalidad se disolvió posteriormente), aún manteniendo a veces similares dosis de pluralismo que las de los otros nuevos MS. Con respecto a otros MS más extendidos -como el ecologismo o la solidaridad internacional con sus diversas tendencias-, o más latentes -como las variadas luchas de liberación institucional (infantil, homosexual, médica, psiquiátrica y carcelaria) o de alternativas educativas, alimentarias y de relación con los animales-, no puedo asegurar que sus consecuencias movilizadoras sean tan significativas cultural y políticamente, desde el punto de vista de construir cotidinamente modelos de autogestión social (concepto, este último, sobre el que volveremos después). Para conocer en qué medidas son "ricos en autonomía" precisaría, por lo menos, el mismo tipo de inmersión y de participación que he experimentado con los cuatro MS que analizo ahora.

Nuestros cuatro MS heredan una referencia común e intensa al Movimiento Alternativo posterior a 1968 que se puede definir por "su énfasis en la praxis, en la positividad del mundo que se quiere construir, en la revolución contínua y multidimensional, en la autonomía de cada movimiento, en la transformación desde ya de la vida cotidiana, en el enfrentamiento radical con el sistema en todos sus frentes, en la afirmación de la subjetividad y singularidad de sus diferentes sujetos", etc. (Fernández Durán, 1993: 361), multiplicando el abanico de la izquierda libertaria y antiautoritaria e incluso fusionando corrientes a veces separadas del socialismo, como el comunismo y el anarquismo. Pero las diferencias pueden llegar a ser muy significativas. Dependen, en gran medida, de qué aspectos del "continente" de opresiones se definan como ejes impulsores de las prácticas del MS. No será lo mismo, pues, enfrentarse directamente a todos los efectos de "individualización" que se han ido inventando invisiblemente en el capitalismo a través de instituciones como la escuela, la familia, la medicina, etc. (Foucault, 1986; Negri y Guattari, 1996), que hacerlo con los procesos productivistas, militaristas y estatalistas que impiden tanto la "emancipación" social como la "supervivencia" con una satisfactoria "calidad de vida" en el planeta (Offe, 1992; Riechmann, 1995).

En todo caso, un MS forma una "isla" de autogestión sólo en el sentido de que irrumpe en el escenario político añadiendo una nueva dimensión al mismo, en cuanto que refuerza la autoorganización de la sociedad civil y de ella depende la estabilidad y continuidad del sistema político institucional. Saliendo de su marginalidad "aislante" (incluso, a veces, buscada) los MS alternativos son peligrosos para el orden político institucional sin ser competitivos dentro de él (al menos en el mismo nivel en el que juegan los partidos políticos); pero sobre todo son tenidos en consideración central por ese sistema (pudiendo llegar a ser caracterizados por las Autoridades como "cuestión de Estado": Sampedro, 1996) sin que ello les reporte mayores beneficios, mientras continúen afirmándose en sus vías no institucionales de intervención. Retomando la imagen del título: las islas están en mares (estas islas, por lo menos, yo no las situaría en "océanos", por las connotaciones de desconexión que conlleva esa metáfora), pero los mares siempre están rodeados por continentes; es decir, los MS se reapropian de ciertos espacios de vida, pero siguen formando conjunto con la sociedad en la que se han generado. Siguen conectados y también construyendo y ensanchando el espacio común entre movimientos, formando archipiélago.

2. Archipiélago de dependencias y puentes entre identidades.

Los conceptos de autogestión y autonomía necesitan ser aclarados un poco más y para ello aprovecharé este punto introductorio de síntesis teórica. En primer lugar, no obstante, insistiré en que el primer objetivo de este trabajo es sacar a la luz (interpretándolos) algunos aspectos sociológicos de los efectos políticos obtenidos por los cuatro MS que nos ocupan. La "creación de contextos de autogestión" es, en mi opinión, uno de esos aspectos más relevantes. Explicar esta noción nos conduce a cuestionar otras atribuciones generales que se le han hecho a los MS, basadas en la centralidad de su organización en forma de "red" o en el carácter "cíclico" de su existencia temporal. El segundo propósito del trabajo es comparar las dimensiones sociales complementarias de estos cuatro MS entre sí en base a categorías comunes que superen algunas de las deficiencias identificadoras que tienen las teorías contemporáneas (por ejemplo, su énfasis en los rasgos "monotemáticos" o de "coordinación"). La tercera expectativa a satisfacer es conseguir un análisis, desde dentro de los MS, de sus dinámicas más contradictorias. Bien por el sentido que obtienen de "oponerse" a la "crisis de civilización", política o económica; bien por sus incapacidades para eliminar de su interior la reproducción de contradicciones sociales externas. Y el hacerlo "desde dentro" no significa caer en autolegitimaciones acríticas o en escuchar únciamente la voz de las minorías activistas con más "recursos de identidad" del MS, sino que, más bien, consiste en abordar programas de investigación reflexivos en los que, en general, el MS controle el valor de uso del conocimiento a generar y gran parte del proceso de su generación (Martínez, 1995).

El siguiente cuadro puede sintetizar el conjunto de aproximaciones teóricas de las que me he valido para elaborar mi propia categorización en orden a poder comparar varios MS concretos.

Preguntas Teóricas sobre los nuevos MS

Principales dimensiones explicativas

Principales categorías de análisis

Categorías de análisis complementarias

¿Por qué surgen?

Contradicciones macrosociales...

Presenteismo y negatividad...

Creatividad y proyectos alternativos...

¿Quién los compone?

Composición de clase socioeconómica...

"Radicalismo" de clases medias...

Identidades e identifi-caciones plurales...

¿Cómo se organizan?

Estrategias eficaces de uso de recursos...

Ciclos de oportunidad política y redes de organización interna...

Contextos de moviliza-ción, autoorganización y conocimiento...

¿Para qué actúan?

Oposición política y legitimidad de la democracia directa...

Cambios legales y creación de identidades culturales...

Difusión de modelos de autogestión y desobediencia civil...

Cuadro 1. Dimensiones y categorías de los distintos enfoques teóricos sobre los nuevos MS (Elaboración propia)

1. Creación de contextos de autogestión. ¿Qué hacen los MS? En primer lugar crear, definir la realidad social. Incluso sin discursos explícitamente consensuados ni unívocos. Tanto las "tensiones estructurales" a las que se oponen, como sus propios proyectos alternativos, son resultado de su poder generativo de realidad social. Además, podemos apreciar que los discursos y prácticas son nuevas, sobre todo, porque son creadas en un nuevo contexto, aunque en sus contenidos se puedan rastrear viejas esperanzas. Destacar el "presenteísmo" y la "negatividad" de los MS (Dalton y Kuechler, 1990: 374-382), pues, es infravalorar esa generatividad. Las teorías más estructuralistas (Offe, 1992; Alonso, 1992) siguen caracterizando a los MS como "reacción" a la crisis del Estado de Bienestar y del modelo de producción fordista, aunque acaban por reconocer que producen formas no convencionales de acción política, creando un nuevo espacio de participación y politizando asuntos que antes eran considerados privados, morales o del ámbito de la reproducción. Pero se les olvida que también crean sus propios medios de comunicación, sus contrainformes científicos, etc. Ese "nuevo espacio" es lo que podemos sincretizar con la noción de ‘contexto’.

Otro problema teórico común ha sido el de restringir esa creatividad sólo a la construcción de nuevas identidades colectivas, aunque a esos valores se les atribuya un papel central en el cambio social (Melucci, 1994; Rucht, 1990). Sin embargo, podemos pensar que los MS, al crear prácticas y discursos nuevos lo que hacen es crear unos contextos abiertos de intervención social. Es decir, actúan políticamente porque ese conjunto de acciones establecen una jerarquización estratégica entre contextos sociales de acción, y ordenar prioridades es una tarea propia de la política, de la organización social de las acciones. Más exactamente, con ello los MS puntúan los niveles del "sistema" y de sus organizaciones en los que actuar, distinguen unos niveles o contextos de otros. Se caracterizan también por estar necesariamente abiertos ya que precisan abrirse a la participación igualitaria de más gente en ellos, por lo que indican evidentes semejanzas con los llamados ‘sistemas abiertos’ y ‘autopoiéticos’ que conciben las teorías de la complejidad (Noya, 1991; Martínez, 1998). Aceptar que los MS crean "contextos" es evitar la opción por su orientación hacia el poder o hacia la identidad, o por tipificarlos en puntos intermedios combinatorios. La acción creativa de contextos, la distinción de niveles y la ordenación de prioridades son siempre cualidades propias del ejercicio de poder, en sus sentido más básico. Poner el énfasis en los contextos es señalar que hay distintos niveles, escalas y "entornos" o "ecosistemas" en los que actuar, y que al puntuar el propio que limita a cada MS (variablemente en cada caso), lo que se crean son relaciones nuevas entre contextos. A veces a este fenómeno se le ha denominado "creación de redes" (Riechmann, 1995), pero así sólo nos quedaríamos en la relación y no en lo que es relacionado. Es cierto, además, que los MS deben extender sus redes para obtener visibilidad y reconocimiento, es decir, legitimidad social. También que su organización descentralizada se asemeja a una red con nudos dispersos. Pero esos procesos son sólo subyacentes a una estrategia política global de cambio social: establecer fines es el acto más básico de cualquier estrategia, lo más político.

Por último, esa estrategia debe ofrecer algo a la sociedad. En muchos casos se queda en su "ejemplaridad", basada en la satisfacción obtenida por la mera participación en la experiencia del MS (Hirschmann, 1986). Pero, si seguimos considerándolos en la perspectiva sistémica, los MS pueden especificar más los contenidos de su oferta: mostrarán modelos de autogestión social que incluyen formas de autoorganización y autorreferencia e invitarán a su reproducción. Esto significa, brevemente, que la autonomía individual y de los grupos que componen el MS no es sólo condición de su ideología libertaria, sino un producto de la organización flexible que reune a grupos diversos en torno a "atractores" comunes y los dispone para responder descentralizada pero coordinadamente a las novedades o agresiones. Las teorías de la "estructura de oportunidad política" (Kriesi, 1992) y de la "temporalidad cíclica" (Brand, 1990), sin embargo, acentúan el juego de "ping-pong" que el MS establece con el sistema político institucional durante su período de auge, más que el tipo de experimentación realizada por cada MS en relación a autoorganizarse internamente, autoconocerse reflexivamente y crear socialmente nuevos espacios de relación en libertad, expandiendo su virus aunque el MS languidezca. Por lo tanto, desde la perspectiva que defiendo, resultará decisivo conocer las particularidades de cada modelo y experiencia de autogestión que los MS le comunican a la sociedad. Se trata, en definitiva, de comprender los MS enfocando qué posos dejan en la sociedad (sobre todo políticos), "para qué" hacen lo que hacen, y no quedarnos atrapados en las parciales interpretaciones de "por qué" surgen o "cómo" se organizan. Hasta ahora, sólo el constructivismo de las identidades colectivas había prestado una atención parcial a valorar la importancia de los MS según sus "consecuencias", por lo que mi propuesta intenta completar el cuadro teórico disponible. En particular, el ejemplo de la 'desobediencia civil' a leyes injustas y con métodos noviolentos, al que acuden constantemente los nuevos MS, podrá ayudarnos a perfilar cómo se van creando en la sociedad civil espacios de mayor legitimidad para su participación soberana que, sin embargo, con el incremento de la racionalización de los aparatos estatales, cada vez va sufriendo progresivas clausuras.

2. Focos de oposición y proyectos alternativos. En estas categorías y las siguientes identificaremos algunas especificaciones del proceso principal, en mi opinión, descrito en la noción anterior (‘creación de contextos de autogestión’).

Por una parte creo que es necesario delimitar analíticamente los contenidos de cada MS atendiendo a la dialéctica existente entre los 'focos de oposición' y los 'proyectos de proposición’ dentro del contexto en el que se mueven. Lo que ocurre en realidad es que esa delimitación no es sencilla. Un MS puede dedicarse casi todo su tiempo a atacar directamente una institución concreta en un contexto y a hacerlo indirectamente hacia aspectos problemáticos de otros niveles sociales, o apoyándose constantemente en ellos para justificar su acción hacia el foco prioritario. Los MS, pues, no se ocupan de multiplicar infinitamente sus 'focos de resistencia' a todas las relaciones de dominación extendidas de forma tenue por todas las instituciones sociales (Foucault, 1976; Lourau, 1980). Pero, en el otro extremo, tampoco se trata de una dedicación exclusiva o "monotemática" (Offe, 1992), olvidándose de todo lo demás. Más bien, los MS se ven obligados a trabajar selectivamente un rango limitado de temas en un primer plano y a relacionarlos con otro rango limitado de temas en un nivel superior, más global, que le da sentido a sus estrategias proactivas y constructivas (Martínez Alier, 1994: 313). Por lo tanto, la teoría de sistemas clásica que establece con tanta nitidez la diferenciación entre subsistemas sociales (cultural, político, económico, etc.), debería dejar paso a percibir la relación estratégica entre los focos directos e indirectos de oposición, sus conexiones, hibridaciones y 'códigos generalizados' de comunicación (Luhmann, 1975).

Por otra parte, el mismo problema se extiende a la definición de los proyectos utópicos de reconstrucción social o, como también se les puede reconocer, 'proyectos de proposición'. No deberíamos identificar éstos sin más, atendiendo tan sólo a los discursos explícitos o más generales emitidos de forma "oficial" por las minorías intelectuales del MS y sin referirnos a documentos internos, discusiones y pluralidad de objetivos entre los distintos colectivos que componen el MS (Villasante, 1996). Una estrategia es siempre la definición de los fines generales para todos los contextos de relación social y natural en los que estamos (Wilden, 1987). Por lo tanto, desde las identidades e ideologías definidas para los niveles superiores de relación, comprenderemos los proyectos "utópicos" de cada MS si descendemos a sus niveles tácticos de ir poniendo en práctica algunos de esos elementos deseados, de esos nuevos modos de relación. De cualquier modo, la explicación de esas identidades ("ser") e ideologías ("deber ser") que sustentan la selección de fines, conviene realizarse desde planteamientos materialistas, es decir, que las distingan por sus contextos de producción y de recepción, por la forma de sus interacciones, por las distintas relaciones entre dichos y hechos, y por las prácticas de consumo cultural efectivamente desarrolladas (Verón, 1987; Therborn, 1980; Ibáñez, 1985; Bourdieu, 1979; Martínez, 1997a).

3. Formas de autoorganización y de identificación. Muchas de las teorías sistémicas se ocupan de saber "cómo" se organizan los MS, como manejan sus recursos y cómo se relacionan para conseguir afectar al sistema político como lo hacen, en los momentos oportunos en que lo hacen. Por su parte, muchas de las teorías estructuralistas se preguntan "por qué" consiguen aprovechar esas oportunidades los MS, buscando respuestas en los cambios macroeconómicos, culturales y políticos, y en la medida en que afectan a sectores sociales distintos, que también de forma selectiva van a ser reclutados por los MS. A mi juicio, ambas aproximaciones desembocan principalmente en la identificación de las "redes" de relación existentes en los MS y en las adscripciones de "clase social" de sus miembros. Pero son explicaciones objetivistas, desde fuera, que no acaban de explicar la tensión entre lo que hacen y son los MS, y los modelos de cambio que van creando y dejando sembrados en su sociedad. Las redes no sólo conectan individuos o grupos determinados (por su clase social, en sentido productivo o según otros criterios), sino contextos de relación, instancias, niveles de acción política, con frecuencia desconectados entre sí políticamente. Los rasgos socioeconómicos de los colectivos integrantes de los MS sólo nos permiten apreciar a las minorías más activas y, a menudo, en la faceta de su vida en la que más incómodas se sienten. Por lo tanto, será preciso distinguir a qué grupos sociales quieren movilizar esas minorías, quiénes forman los sectores menos activos pero también movilizados o simpatizando, y con qué otros rasgos vitales se identifican (ideológicos, culturales, etc.).

En efecto, parecería que los análisis de redes y de composición social serían las áreas más centrales de la investigación sociológica de los MS. Y esta vía no está muy desencaminada. Lo que ocurre es que dentro de esos enfoques es posible quedarse en relatos muy descriptivistas sin profundizar en los aspectos creativos de las redes o en las heterogéneas combinaciones de rasgos objetivos y subjetivos que pueden identificar a quienes integran los MS. Por esta razón, debemos rechazar las exigencias exageradas, en mi opinión, de sólo considerar MS a aquellos que constituyen "coordinadoras de ámbito estatal" y tienen por objeto la "movilización de masas" (García, 1989), ya que el caso de los cuatro MS que analizaremos después no cumplen necesariamente esas condiciones y sí las de entrelazar grupos dispersos y diversos, superando umbrales de participación política que están habitualmente vedados e incluso llegar a formar parte de la agenda política de las autoridades. Tampoco serán criterios suficientes para "construir su identidad" las caracterizaciones exclusivamente productivistas: los MS ya no están compuestos por "grupos socioeconómicos actuando como grupos de interés del grupo e involucrados en conflictos de distribución" sino por "grupos socioeconómicos no actuando como tales, sino en nombre de colectividades atribuidas" (Offe, 1992); pero este último aserto no es del todo exacto, ya que hay dimensiones de edad, hábitat o estilos de consumo que pueden actuar de forma más definitiva, explicativamente, en identificar pluralmente al MS que el relativo "interclasismo acomodado" que sí ha definido algunas manifestaciones clásicas de los nuevos MS, pero que topa con la fragmentación reciente de la base de las clases sociales (la cual también debería pasar a ser objeto de estudio en tanto que las distintas formas de esa fragmentación y de relación entre segmentos de clase pasa a ser central, relegando la propia pertenencia a una amplia y mayoritaria clase social proletaria).

4. Relaciones estratégicas entre el control institucional y la resistencia instituyente. Por último, no se puede derivar de las anteriores afirmaciones que el juego de "ping-pong" con el sistema institucional no sea importante en la caracterización política de los MS. Al contrario, si la gente participa en actividades que benefician a una colectividad, con autonomía, sin delegación y fuera de los cauces institucionales y organizaciones formales, es porque está planteando un reto al sistema político institucional. Le está diciendo que hay cosas que debería hacer en busca del "interés general", pero que no hace, ni puede ni quiere hacer. En unos casos el reto es frontal y le exige al sistema institucional respuestas inmediatas. En otros casos se van tejiendo unos discursos y unas formas de intervención al margen del sistema institucional, aunque en algún momento de su evolución puede llegar a converger con el mismo. Lo importante, pues, es que la provocación ejercida por el sistema institucional, sus reacciones a la protesta del MS o su omisión prolongada del ámbito público (aunque se trate de temas tradicionalmente privados) en el que se está movilizando la gente de un MS, son todas ellas muestras de que un MS se caracteriza por el sentido político de los cambios sociales que propicia (Raschke, 1985).

Las teorías más cercanas a esta interpretación tienen un sesgo común: identificar el "éxito" del MS según los mecanismos activados por el mismo para tener accesibilidad al sistema político, para incluirse en la agenda política parlamentaria y para conseguir modificaciones sustanciales de ciertas leyes, políticas o decisiones en relación a las demandas del MS. Sin embargo, "no basta con decir que esas oposiciones son luchas contra la autoridad, hay que intentar definir con más precisión lo que tienen en común. (...) Más que analizar el poder desde su racionalidad interna se trataría de analizar las relaciones de poder a través del enfrentamiento de estrategias" (Foucault, 1986). Es decir, las formas de participación, autogestión y resistencia que ejercen los MS, inventan su propio espacio de poder (entre otras cosas, para poder comunicarse entre sí). Ese proceso va percibiendo puntos críticos en el sistema legal o político frente a los que, en momentos coyunturales, puede adoptar un enfrentamiento directo. De todos modos, cada MS actúa estratégicamente no sólo en relación a sus enemigos, sino también en relación a sus "amigos" y, más aún, en relación a las novedades, perturbaciones o conflictos dentro del ámbito social en el que actúan. Por lo tanto, las relaciones con el sistema político pueden verse como un paralelismo de estrategias que se cruzan en momentos de fricción, pero que no siempre se tienen en cuenta mutuamente, ya que lo fundamental del MS es su poder instituyente, su poder de transformar, desbordar, disolver o hacer desaparecer formas sociales preexistentes desde las propias contradicciones del MS (Lourau, 1980: 73). Y entre ellas el cambio en las regulaciones legales pueden quedar en un segundo plano ante la espectacularidad de las acciones de desobediencia o de creación de circuitos autónomos de relación, que atraen a más gente a la movilización. De las fuerzas de esta participación depende más el MS para sobrevivir que del intercambio de estrategias ofensivas y defensivas con el sistema político, aunque en ocasiones estas relaciones configuran el código común de comunicación más evidente en la vida del MS.

En el cuadro sinóptico podrá observarse la diversidad de elementos clave que pueden ayudar a describir el proceso creativo y político por el que inciden socialmente los cuatro MS analizados. Pero por debajo de esa esquematización debemos tener en cuenta que el "archipiélago de dependencias" que tienen los MS no es sólo con relación a sus integrantes o a las estrategias de control estatal, sino también con relación a los otros MS. Mi caso de participación en los cuatro puede ser sólo un síntoma de situaciones personales que se repiten (simultaneando activismos o tomando los aprendizajes en unos para continuar la participación en otros). Por otra parte, la diversidad interna de los MS puede observarse atendiendo tanto a los "puentes entre identidades" que pueden definir a quienes componen el MS, como a los otros objetos, relaciones y símbolos que intervienen en su período vital. De hecho, los cuatro MS escogidos muestran unas curvas crecientes de participación social en estos 20 años, si bien este ciclo histórico no es una plantilla exacta que valga para todos, ya que algunas crisis o amenazas de decrecimiento son apreciables en algunos casos.

 

 

Cuadro 2. Diferencias comparativas entre cuatro nuevos MS alternativos en el Estado español.

 

 

 

INSUMISION

OKUPACION

RADIOS LIBRES

COOPERATIVISMO E.S.

Focos de Oposición

(Directos e

Indirectos)

D.: Servicio Militar Obligatorio

I.: Militarismo, guerras, jerarquías, comercio de armas, conscripción estatal...

D.: Carencia viviendas y locales para jóvenes

I.: Especulación inmobiliaria,

derecho a vivienda...

D.:Comunicación vertical y pasiva

I.: Monopolios información, carencia información local y de MS...

D.:Economía autoritaria y capitalista

I.: Alienación laboral, trabajo asalariado, explotación Norte-Sur...

Proyecto Alternativo

Igualitarismo soc. y ec., democracia directa y desapari-ción ejércitos...

Autogestión espacios colectivos

Cambio doméstico, reutilización ecológ.

Comunicación horizontal, Información crítica y marginada

Economía democrática, Trabajo y Solidaridad, mercados alternativos...

Estrategias de Control Institucional

Ley de Objeción ('89), PSS, cárcel (unos 1000), Cód. Penal (inhabilitación)

Renovación urbana, Desalojos, policial-judicial...

Ley de Telecom. ('89), Cierres y amenazas, negativas de licencias...

Ley de Coop. ('87) a favor, explotación por mercado y banca...

Estrategias de Resistencia

Desobediencia civil (más de 10.000), alianzas, ins. en los cuarteles

Desobediencia civil casas y pueblos abandonados

Emisiones ilegales o semi-legales, uso de eventos (huelgas)

Empresas legales, Intercooperación, autoempleo...

Redes de Auto-organización

Grupos autónomos,

Redes informales

extensas, una Coor-dinadora. principal...

Grupos autónomos,

Redes informales intensas, escasas Coordinadoras

Grupos autónomos, Redes formales asociativas e infor., Coordinadoras eventuales...

Empresas indepen-

dientes, Redes formales e informales, pocas Coordinadoras pero estables

Composición social e identidades

Género (masculino), edad (16-30) y residencia urbana

Edad (16-30), residencia urbana, clases medias-bajas

Afiliaciones políticas y asociativas, interclasismo, pro- y contra-legalización...

Edad (+30), redes familiares, amistad y cualificación

Curvas de Participación

1971-79: inicios

1986: 1º amnistía y Referéndum OTAN

89: LOC e insumisión

91: Guerra Golfo y aumento obj. E ins.

95-96: C.Penal, Ejér- cito Profes. próximo

97-98: ins. en cuart.

1982: inicios

1982-88: expansión grandes ciudades.

89-95: expansión a otras ciu. y pueblos

96-98: C.Penal y salto a los media

1979: inicios

1983: Manif. Ideológ.

85-89: expansión

91-93: Crisis, Guerra y Huelgas Generales

94-95: Resurgimiento

1972: continuidad con mov. Cooperativista

1987: Ley Coop. y apoyos institucionales

89-94:Comercio Justo y Economía Solidaria

96-98: publicaciones, inserción, reciclaje...

 

 

 

 

 

3. Las Radios Libres: músicas, huelgas y metacomunicación.

"Radio Alice es para aquellos que son coherentes y piden lo imposible. Radio Alice es una radio del movimiento, es de quien se mueve para cambiar las cosas y a sí mismo (...) tiene la manía de retransmitir en directo las luchas, las acciones del movimiento. El movimiento se caracteriza por el rechazo de toda delegación, de todo poder (...) Estas posiciones teóricas llevan a retransmitir en directo los encuentros entre la Policía y los estudiantes el 12 de marzo de 1977 (...) Radio Alice es asaltada por la Policía el mismo día 12." (Prado, 1983: 59)

"Radio Piratona se define como una emisora libre y libertaria. No tiene ánimo de lucro y entre sus principios básicos destaca la autogestión: el mantenimiento del equipo, alquiler del local y demás gastos derivados de su actividad se sufragan a través de cuotas, aportaciones voluntarias y los beneficios que consiguen en conciertos y fiestas. La independencia les exige renunciar a subvenciones y anuncios publicitarios. Su organización interna rechaza las jerarquías. Las propuestas, el debate y la organización del trabajo pasan por la asamblea, su órgano rector, en el que todas las decisiones se toman por consenso. Sindicatos, asociaciones vecinales, culturales, de mujeres, de objetores de conciencia o personas a título individual pueden participar en ella. Sólo se exige responsabilidad y respeto, dejar de lado las actitudes autoritarias." (Leis, 1997).

 

Estas dos citas muestran dos puntos significativos del recorrido histórico de las Radios Libres en tanto que movimiento social alternativo. Las experiencias italianas de los años '70 son una de las principales referencias para las emisoras autogestionadas que permanecen en el Estado español en nuestros días. Con el tiempo se han borrado muchas de esas huellas de nuestra conciencia, pero no es difícil encontrar fuertes semejanzas entre ambos tipos de proyectos sociales y políticos. Radio Alice fue, además, una de las radios libres que marcaron un camino original en la orientación de izquierda extraparlamentaria para la comunicación alternativa: "se trataba de una emisora ligada a los autónomos. Había adoptado un lenguaje irreverente, creativo, poético" (Prado, 1983: 57; Colectivo, 1981; Eco, 1977). Radio Piratona, de Vigo, es junto a Radio Kalimero, de Santiago de Compostela, la emisora en la que he participado personalmente los últimos años, revelándome que incluso en ciudades relativamente periféricas, el movimiento de radios libres encuentra motivos comunes para seguir latiendo con igual radicalidad que sus predecesoras y semejantes en las grandes metrópolis.

La radiodifusión es un invento reciente, teniendo lugar las primeras transmisiones en la primera década de este siglo (Faus, 1981). Frente a la prensa y a la televisión, las radios se destacan por su mayor accesibilidad a los medios tecnológicos, por la cobertura inmediata de noticias o sucesos en directo y por las mayores posibilidades de interacción entre quien emite y quien recibe. Ya en los años '30, Bertolt Brecht consideraba que "la radio sería el más fabuloso aparato de comunicación imaginable de la vida pública si supiera no solamente transmitir, sino también recibir, no solamente hacer oír al radioescucha, sino también hacerle hablar y no aislarle" (cit. en Prado, 1983: 20). Incluso en la República de Weimar, en la Alemania de los años '20, la participación popular en la radio y su concepción como servicio público de comunicación empezaron a hacerse un hueco en los programas socialistas (Colectivo, 1981). Más tarde también continuará este tipo de uso en las guerras de liberación de Argelia, Nicaragua o Salvador (Radio Venceremos, cuyo nombre lo decía todo), tratándose, en todo caso, de programaciones orgánicas ligadas a una línea partidista o a un frente guerrillero, más que de plurales y radicales movimientos sociales. Es en Italia en donde empieza a constituirse un movimiento diverso desde 1970, fecha en la que por un solo día emitió Radio Sicilia Libera. A ella le seguirá en 1974 Radio Bologna per l'acceso publico (Prado, 1983), inaugurando el movimiento de radios libres italiano que en 1979 contará con más de 2500 centros de emisión al margen de la ley, pero no siempre contra ella, ya que en algunos casos se trataba de experiencias exclusivamente comerciales. También en Francia surgirán como setas las emisoras libres en los años setenta, vinculadas al movimiento ecologista, antinuclear, estudiantil o al sindicalismo radical (Radio Active, Radio Verte, etc.). En 1980 había 176 emisoras libres en Francia e inmediatamente se crea una Federación Nacional que agrupa a la mayoría de ellas (para un análisis más reciente: Tievant et al., 1986). En ambos países ocurrirán progresivamente procesos de legalización que, en parte, frenarán su poder de confrontación, mas por otro lado estabilizarán las organizaciones creadas en principio al margen de las instituciones y en las que los nuevos movimientos sociales podrán explayarse ampliamente.

 

De las semillas europeas a la coordinación ideológica en el Estado

En 1979 empieza a funcionar regularmente Onda Lliure en Barcelona, "impulsada por un colectivo compuesto por ecologistas, autónomos, gays, feministas, antimilitaristas, grupos de apoyo a presos, estudiantes y profesionales de la información" (AA.VV., 1983). En su primer manifiesto se proponen "dar la palabra a la GENTE. GENTE con mayúsculas. Consideramos que el término GENTE engloba a todos aquellos sectores no afiliados a siglas concretas (políticas o sindicales) que se denominan genéricamente como Movimiento y que se sitúan dentro del marco de cambio social total y lucha dentro de la vida cotidiana" (ibid.). Se desvinculaban así de algunas de sus antepasadas europeas que destacron por ser "órganos" o "portavoz" de sindicatos y/o partidos políticos: "Ello no quiere decir que cerremos el micrófono a partidos políticos o centrales sindicales. Sólo significa que no queremos ser portavoz de nadie para así poder dar, con toda independencia y autonomía, la palabra a todos" (ibid.). A ella le seguirán, desde principios de la década de los 80, numerosas experiencias más en Cataluña (Radio Pica, Radio Libertina, etc.), Euskadi (Satorra Irratia, Radio Paraiso, etc.) y Valencia (Radio Puça, RadioCalifat, etc.). En esta primera época las clausuras son constantes, pero también el crecimiento del movimiento, cuyo auge se puede ubicar entre 1985 y 1988, época en la que podrían llegar al centenar el número de emisoras activas (con una oscilación de sus componentes entre la veintena y la centena de miembros realizando programas: Zallo -1988- cifra una media de 53 y registra un caso máximo con 150). Actualmente, sin existir ese clima de efervescencia pasado, el número de emisoras puede mantenerse en torno a ese centenar y las perspectivas futuras no son, por lo tanto, de que de vaya a decaer el movimiento. Destaca, además, el hecho de que sea uno de los pocos nuevos MS alternativos que tiene grupos numerosos de personas "trabajando" en cada colectivo.

Sin embargo, no todas las radios libres se relacionan mutuamente de forma directa. Existirán encuentros estatales, coordinadoras locales y publicaciones que facilitarán las mutuas referencias, pero sólo unas 30 radios mantendrán su mayor publicidad dentro del movimiento e incluso, a veces, la mayor estabilidad. Comparando esa cifra un listado de 1983 y otro de 1995 (AA.VV, 1983; Corduras, 1995) se comprueban sólo tres casos de repetición (Eguzki Irratia en Pamplona, Radio Qukaracha en Oviedo y Radio Klara en Valencia; aunque por lo menos otras cinco no citadas en la última relación también continúan su actividad actualmente, como Antena Vicálvaro de Madrid y Onda Verde también de Madrid, aunque ésta se ha ido transformando cada vez más en una "radio comunitaria" con cierta jerarquía interna y conexiones partidistas: Villasante et al., 1990) y numerosas ausencias en cuanto al inventario de todas las emisoras libres existentes. Esto nos sugiere la conclusión de que en los MS no todos los colectivos que se mueven al unísonso tienen igual visibilidad dentro del MS y que tampoco es esencial un autoconocimiento exacto de todos los grupos que lo integran. La afirmación es más cierta cuanto más efímera es la existencia de los colectivos, pero resulta más llamativo que ni siquiera las emisoras con casi 15 años de autoorganización promuevan esas necesidades de interrelación (como excepción, hace un año hubo un encuentro de mujeres que hacían radio libre, organizado por Radio Klara).

Los precedentes a esta situación, en el caso concreto de las radios libres, pueden encontrarse en los intentos de coordinación que se dieron en el pasado, con poco éxito en sus reivindicaciones más políticas y con consecuencias de divisiones y disensos internos en el movimiento. En 1983 se elabora el Manifiesto de Villaverde (Madrid) en el que se definen ideológicamente las radios libres por: 1/ su carácter no profesional ni lucrativo; 2/ su funcionamiento autogestionario con toma directa de decisiones; 3/ su autonomía frente a grupos políticos, económicos y publicitarios; 4/ su participación al servicio de la comunidad local; 5/ su lucha contra el monopolio y centralización de la comunicación. "Este intento respondía a la necesidad de diferenciación con las llamadas radios piratas que comenzaban a surgir, y que sin licencia administrativa empezaban a emitir ante la permisividad de la Administración, y que en realidad eran proyectos encubiertos de radios municipales o comerciales" (Ceferino, 1989). A partir de 1985 (Encuentros estatales de Albacete) se demuestra la imposibilidad de coordinar la acción conjunta de un movimiento tan heterogéneo. Sin embargo, la fracasada campaña anti-OTAN de 1986 y la Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones (LOT) que se aprobará en 1989, supondrán dos factores fundamentales de multiplicación de las radios libres y de nuevos intentos de coordinación en su vertiente "reactiva" (en su vertiente "proactiva" es evidente que permanece el mismo espíritu de crear alternativas populares a la comunciación de masas: Vidal Beneyto, 1979).

 

 

 

Pluralidad de posicionamientos y el uso estratégico de grandes eventos

Conviene subrayar, no obstante, que la heterogeneidad del movimiento de radios libres se debe no sólo a las distintas orientaciones políticas predominantes entre las minorías más activas de cada radio, sino también a: 1/ la variedad de orientaciones ideológicas y culturales del resto de integrantes menos activistas en cada radio (que son mayoría numérica y que mayoritariamente no se acercan a hacer radio motivadas por una clara conciencia política de oposición radical); 2/ los posicionamientos pro- y anti-legalización de las radios libres; 3/ los posicionamientos pro- y anti-coordinación de tipo local o estatal (bien con otras radios libres, bien con otros colectivos sociales); 4/ las grandes diferencias entre aquellas emisoras autogestionadas que han conseguido perdurar durante más de una década, incluso manteniendo a algunas personas "liberadas" con salarios y llegando a competir con las audiencias de las emisoras oficiales (públicas y comerciales) -es el caso de Radio Klara de Valencia o de Radio 86 de Lanzarote: Piñeiro, 1995- y las que, sin perder autonomía, se mantienen en una precariedad de recursos; 5/ también destacan aquellas emisoras con gran predominio de gente joven y aquellas otras en las que hay mucha más gente "veterana", que pasa fácilmente de los 30 años de edad y que encuentra en las radios libres un espacio para continuar actividades políticas y sociales llevadas antes en otros colectivos.

Los meses previos al Referéndum de 1986 acerca de la integración española en la OTAN fueron el primer banco de pruebas relevante en el que el conjunto de radios libres sirvieron para crear debate y animar la campaña anti-OTAN ofreciendo una amplia contrainformación o información alternativa a la oficial. Por primera vez, según he constatado a través de entrevistas y documentos (por ejemplo, el de constitución de Radio Cero de Madrid), se valora que sólo las radios libres pueden cubrir "en caliente" la más rabiosa actualidad, contribuyendo a generar bloques sociales amplios de oposición a las políticas oficiales. Durante la Guerra del Golfo (1991), el Foro Alternativo a la reunión en Madrid del FMI (Fondo Monetario Internacional) en 1994 y las Huelgas Generales de 1988 (14-Diciembre) y 1994 (27-Enero) se volvió a demostrar, y con más intensidad emotiva, el papel de "atractores" (Martínez, 1998) o "analizadores" (Lourau, 1980) que estos eventos pueden tener para la contrainformación, dinamizando las actividades comunicativas habituales y expandiendo el interés social por la contrainformación radiofónica (también puede verificarse esta percepción en Guerra, 1995; Lapeña, 1994; Baños, 1994; Declaración Fundacional de Radio Cero,1989).

"Había que aprovechar ese tipo de eventos, porque son un poco el contexto ideal para unir más a las emisoras (...) puede ser un incentivo para que la gente se sienta más comprometida (...) Eso te motiva. A mi, por ejemplo, me motiva suficiente como para llegar al día de la Huelga General que estuve aquí por la noche, estuve aquí por la mañana y estuve aquí a todas horas" (entrevista de 1993 en Radio Carcoma, Madrid, a persona ex-liberada, estudiante de Periodismo y con origen de clase social baja).

"En la Huelga General se vio claramente hacia dónde se decantaban los grandes medios de comunicación. Y los únicos que dimos caña... Dimos caña las radios libres. Incluso interconectamos entre nosotros para intercambiarnos y hacer un seguimiento. Jugó un papel fundamental la programación que hicimos esos días, sirvió para ampliar nuestro espectro de audiencia. Había gente que pasó de las emisoras comerciales para escucharnos a nosotros y para saber puntualmente la historia que estaba sucediendo" (grupo de discusión en 1994 en Madrid con miembros de varias radios libres: Radio Utopía, Onda Sur, etc.).

"Eran ciento cincuenta personas -o si se prefiere, profesionales por un día y a ratos- los que formaron el equipo que el pasado 27 de enero generó una experiencia singular. Trabajaron con otras diez radios libres de España durante 36 horas para ofrecer una información sobre la huelga general alternativa a la servida por los grandes medios de comunicación. (...) Emisoras como "Molotov Irratia" en Hernani o "Eguzki Irratia" de Pamplona, entre otras radios libres del País Vasco, establecieron contacto con Contrabanda para comentar el desarrollo de la huelga en sus ciudades. A las vascas se sumaron Onda Latina y Radio Carcoma desde Madrid, Radio Klara de Valencia y cuatro emisoras zaragozanas unificadas en la Coordinadora de Radios Libres de Zaragoza. La mayor parte de la información de que se nutrió Radio Contrabanda la proporcionó su audiencia. La participación de los oyentes desbordó las previsiones..." (Baños, 1994).

 

Alianzas, coordinaciones ante la Ley y la estrategia de la amenaza

Nos encontramos con una relación estratégica singular entre el movimiento y el sistema institucional. En este caso no se trata tanto de una reacción a las agresiones oficiales, como de asumir un papel propio (la comunicación horizontal) dentro de una lucha conjunta de MS y, por lo tanto, en alianza no explícita con ellos. Podríamos denominar a estas relaciones como "oposición indirecta y eventual" mediante "alianzas horizontales y autónomas por abajo". Como contraste y ejemplo de que no existen formas exclusivas de relación con el Estado, debemos explicar el desarrollo de las jugadas desarrolladas por las radios libres ante su exclusión de la LOT. Por una parte, se había creado ya una Federación Europea de Radios Libres (FERL: ver en EL País 26.11.86), que incluso tuvo el apoyo del mismo Parlamento Europeo el 26 de mayo de 1989, contando con el precedente de la legalización en varios países europeos. En Francia, por ejemplo, desde 1982 las radios libres de carácter asociativo y no lucrativo eran reconocidas legalmente y desde 1984 fueron subvencionadas por el Estado (Zallo, 1988: 140). También se incrementan los vínculos con las interesantes experiencias latinoamericanas, en gran parte articuladas en torno a la AMARC (Asamblea Mundial de Radios Comunitarias: López Vigil, 1993). En el Estado español existía una Coordinadora estatal que poco a poco fue fragmentándose ante la inminencia de la Ley que excluía toda posibilidad de despenalizar la existencia de las radios libres respetando sus características (escasos recursos y autogestión sin ánimo de lucro, fundamentalmente). Se crearon a partir de esos años varias coordinadoras locales (que tengamos constancia, por lo menos, la catalana, la madrileña, la aragonesa, la asturiana y la vasca), que, sin embargo, no agrupaban a todas las radios libres de sus zonas y que además se dividieron en su actitud de presentarse a los concursos públicos de licencias, con todas las exigencias económicas y técnicas que éstos marcaban y con la consiguiente ruptura del activismo opositor conjunto a la LOT dentro del movimiento.

Las uniones de los años en torno a 1989 fortalecieron algunos lazos y actividades de las radios libres, pero inmediatamente después a la ordenación legal del espacio radioeléctrico y a la constatación de que sólo en casos puntuales las radios libres habían conseguido el permiso administrativo, el movimiento empezó a perder fuerza y presencia pública. Después de unos años, sobre 1994 resurgen intentos de buscar un nuevo hueco legal a las radios libres por parte de algunas de ellas, ante las nuevas reformas de la LOT que introducen categorías como radios educativa sy culturales con una mínima potencia de emisión. En Castellón y en Santiago de Compostela, por ejemplo, tienen lugar sendos Encuentros, pero sólo parecen mostrar que la represión y cierre selectivo de las emisoras ha sido más bien escaso (destacando el encarcelamiento por varios años de un locutor de Eguzki Irratia por abrir sus micrófonos a que la audiencia opinara críticamente sobre la visita del Rey a Pamplona) y que empieza una época de reforzar cada radio en su localidad, de un modo un tanto descentralizado (aunque en Compostela vuelve al Estado, rompiendo fronteras, el grupo alemán de Interkonnexiones para organizar un trueque de programas con Latinoamérica, más o menos "centralizado"), ya que sigue sin existir unanimidad ante el tema. La reivindicación de una comunicación autogestionada, pues, persiste y vuelve a crecer la actividad de las radios libres:

"En los últimos años estamos asistiendo a un resurgimiento generado por diversas causas: el desencanto y hastío de sectores cada vez más amplios de población hacia la oferta radiotelevisiva dominante; el convencimiento, compartido por muchas personas comprometidas y progresistas, de la imposibilidad de un uso democrático de los media oficiales, dominados por aparatos burocráticos o intereses mercantiles; la aparición y crecimiento de nuevos movimientos y conflictos que exigen un tipo de comunicación menos mediatizado -política y comunicacionalmente- con la audiencia, y, finalmente, la reacción contra modelos de vida individualistas, causa de una acentuada fragmentación social y de la deseestructuración de la red de lugares y rituales de relación que configuraban el tejido de nuestras sociedades. La resurrección del movimiento de radios libres acontece, pues, en un contexto de reapropiación de espacios de socialización: tertulias, ocupaciones, fiestas populares, ateneos, fanzines, revistas, etc. Y dentro de un espíritu de reivindicación del propio ser social y de su protagonismo activo en la configuración de la realidad, en contraposición con el papel de espectador pasivo al cual parecíamos condenados en la época del tele-dominio" (Guerra, 1995).

Tomando un caso concreto, el de Euskal Herría, podemos verificar que la oscilación de las curvas de incidencia social parece repetirse:

"El momento de mayor apogeo se da entre 1986 y 1988. En 1986 emiten simultáneamente unas 50 emisoras, diez de las cuales se hallan en Bilbao. (...) Además, el diario Egin les dedica una página semanalmente. Las radios libres se configuran como referentes y elementos dinamizadores de la actividad social que se desarrolla en pueblos y barrios. (...) A partir de 1988 se produce un desinflamiento casi total y simultáneo (...) Las radios libres no son ajenas a la crisis que afecta a todo el movimiento popular. Esta debilidad hace aún más difícil el mantenimiento de unas estructuras que precisan de una mayor cantidad de gente, dinero y medios que otras actividades. Las deficiencias organizativas y técnicas, la falta de locales, la irregularidad de las emisiones, el eterno problema de los diferentes niveles de implicación en el trabajo colectivo o la baja calidad de los contenidos contribuyen igualmente a una cierta falta de apoyo social y a que cunda el cansancio entre las personas más militantes. El panorama se completa con la promulgación de la LOT y la constante amenaza de represión gubernamental. En 1994 se produce un cambio cualitativo con el nacimiento de TAS TAS Irratia que se plantea como un proyecto comunicativo serio y de calidad, con un local estable y con una economía saneada que se sustenta básicamente en las aportaciones de sus socios. Este proceso de transformación afecta también a otras radios que, como Eguzki o Hala Bedi, no dejan de mejorar en el aspecto técnico y de contenidos. Hoy en día existen casi una veintena de radios libres en todo Euskal Herria" (Egia y Bayón, 1997: 124).

Frente al Gobierno y su LOT, por lo tanto, las radios libres han hecho gala de estrategias de negociación, tanto como de omisión, en mayor medida que de enfrentamiento continuo y, mucho menos, coordinado. Por su parte, el primero ha respondido con concesiones selectivas y condicionadas (como la única y polémica emisora comercial conseguida por la Federación madrileña en un pueblo del extrarradio: Radio Carcoma, 1992; o la más segura y legitimada Radio Klara), además de represiones, sanciones y cierres discriminados. Pero su estrategia principal es la de la "amenaza" de clausura de las estaciones de emisión, lo cual resulta una constante debido a que la LOT en materia radiofónica nunca obtuvo un respaldo social amplio (ver, por ejemplo, las críticas vertidas al Gobierno en aquella época por su periódico más próximo, El País) y las mismas emisoras comerciales y estatales (municipales incluidas) incumplen habitualmente sus limitaciones de potencia, de interferencias, etc. Esa "amenaza", como podemos observar, no está impidiendo, por el momento, la continuidad y agitación en el movimiento. Pero esas relaciones y ese contexto con su espada de Damocles amenazante,, no han logrado tampoco que las radios libres despeguen en catalizar una fuerte oposición y recabar también sus correspondientes adhesiones sociales, tal como lo consiguieron la insumisión y la okupación ante las legislaciones represivas que aumentaban su penalización (el Código Penal que entró en vigor en 1995).

 

Música y contra-comunicación frente a la dominación informativa

Hace unos cinco años, cuando emprendí mis investigaciones sobre las radios libres, mi interés se dirigió a analizar los puntos más contradictorios que el movimiento enfrentaba hacia el exterior (frente a los mass media hegemónicos) y hacia el interior (del propio movimiento de radios libres, de las relaciones entre MS que las radios libres facilitaban y también hacia las tensiones internas a cada radio libre que dificultaban su actividad). Considero, pues, que el análisis de las radios libres en tanto que MS (el "para qué" hacen lo que hacen, qué ejemplos de autogestión ofrecen a la sociedad) es complementario con el análisis de las dinámicas más latentes de funcionamiento y justificación ideológica (el "cómo" y "por qué" hacen lo que hacen). Ni entonces ni hasta ahora se han realizado estudios en este sentido, por lo que podemos seguir concretando el resxto de las conclusiones a las que se puede llegar con este enfoque.

Por una parte, es más útil considerar a las radios libres como la expresión más destacada del movimiento de comunicación alternativa, ya que junto a las publicaciones escritas, las agencias de información independiente (que nacen, precisamente, de la necesidad expresada por varias radios libres en la Coordinadora de Euskadi de 1987) y las distribuidoras de información y música no comerciales, constituyen un conjunto bien diferenciado de otros nuevos MS alternativos (Lapeña, 1994; El Nudo de la Red, nº12, 1991; debate en el Ateneo Libertario de Vigo con el Boletín Molotov, la revista anarquista La Campana y Radio Piratona, 1997; DDT, 1998). La comunicación alternativa se opone a las tendencias monopolistas y transnacionales de la comunicación hegemónica, a su unidireccionalidad en el flujo de los mensajes, a su jerarquía organizativa, a su ánimo de lucro gracias al sometimiento a las agencias publicitarias y multinacionales discográficas, al sensacionalismo y la censura (Collin, 1983; Fontcuberta y Gómez, 1983; Bustamante y Zallo, 1988; AA.VV., 1993). A cambio propone un cambio tanto en el contenido de los mensajes como en la forma de su expresión, un lenguaje que huya de la redundancia y del estereotipo, la indivisión social del trabajo, la propiedad colectiva de los medios de emisión, la horizontalidad comunicativa promoviendo la participación de las personas receptoras, la contrainformación como difusión de iniciativas no consideradas "noticias" por los mass media y la coordinación de las posturas antagonistas de los MS y los "sectores marginales" (Fontcuberta y Gómez, 1983; Lapeña, 1994).

Hay dos elementos que sobresalen de entre los demás: la música y la plataforma comunicativa para otros MS. En un estudio a finales de la década pasada sobre 13 emisoras libres se evidenciaba que sobre el 45% de su programación era musical (frente a un 15% cultural, un 12% de MS, otro 12% de contrainformativos y un 135 indefinible) (Zallo, 1988: 141). En efecto, comparando las tablas de programación de cinco emisoras más (Radio Kalimero en Compostela, Radio Piratona en Vigo, Radio Carcoma en Madrid, Radio Elo y Onda Latina, también en Madrid) y los datos de Radio Contrabanda (18 programas musicales frente a 8 culturales, 8 de MS y 9 informativos: Corduras, 1995) se observan distribuciones similares. Pero lo importante no son tanto esas diferencias cuantitativas, sino lo que hay detrás de la música y de la contrainformación. Ésta, por ejemplo, es una ardua tarea que exige más dedicación que otros tipos de programas, por lo que la mayoría de las emisoras la valoran como un eje fundamental al que dedicar como mínimo media hora diaria, cuando no repetir a menudo esos programas informativos y favorecer su inclusión en el panel de horarios. El carácter esencial de la contrainformación en las radios libres se manifiesta por: 1/ la salida que le dan a la información que circula por las agencias y publicaciones alternativas, así como por Internet y otras radios (en menor medida); 2/ su carácter subversivo que "les permite también llevar la crítica a áreas de la realidad consideradas tabú o sagradas (monarquía, ejército, benemérita), o dar un trato distinto del dispensado por la opinión oficial a temas como la violencia política, o incluso la bondad intrínseca del sistema de democracia delegada con su ritual de voto cuadrienal" (Guerra, 1995); 3/ o la constante presencia en todo tipo de programas (incluidos los musicales y culturales) de las posiciones y actividades de los MS más variados. Pero la presencia abrumadora de la música, también en las horas vacías de emisión en directo, es un síntoma demasiado notable como para no ahondar más en él.

La siguiente conversación recoge una idea básica que orienta a las radios libres en relación a la música: rechazar el concepto de "radiofórmula" en tanto que usa y abusa de la repetición y las "listas de éxitos" para vender discos y reducir la variedad de posibilidades, grupos y estilos musicales; de ahí que se prefieran programas especializados o "de autor" y acogiendo todas aquellas variedades musicales excluidas de las cadenas comerciales.

"-El objetivo primordial que persigue la radio, la radiofórmula, es vender discos. Entonces yo creo que como es el origen y la idea base de un programa de radiofórmula, no tiene cabida en una radio libre.

-Bueno, yo ahí no estoy de acuerdo (...)

-Sin embargo, la radiofórmula responde a una serie de necesidades que tiene la gente de escuchar música nueva, de estar un poco al tanto y de, o de escuchar músicas antiguas y estar un poco al tanto (hummm afirmativos) (...) Yo creo que hay que trabajar en la línea de hacer cosas muy muy variadas y utilizar de todo un poco" (grupo de discusión con miembros de varias radios libres de Madrid, 1994).

El problema es que cuando prima la variedad sobre la selección existe menos autocontrol de la imagen de la radio que se difunde. En muchos casos se identifica a las radios libres como lugares donde únicamente se ponen músicas alternativas y además poco variadas y, a veces, refractarias a nuevas tendencias creativas, aunque ninguna de estas tres cosas sea realmente cierta. Lo que ocurre es que la música se convierte, de un modo muy latente, en la principal imagen y, por lo tanto, el principal código comunicativo de la radio libre, sobre todo hacia el exterior. También se puede llegar a concebir esa primacía musical como un fin principal de las radios, cuando en realidad lo que se pretende habitualmente es proporcionar la máxima libertad de programación musical a quien emite y darle salida a todas aquellas iniciativas de la música independiente, autogestionada y con letras políticamente irreverentes. Un texto de la CNT de Pamplona, recogido por una distribuidora alternativa de información y música, subrayaba este punto:

"Dentro del panorama musical podemos apreciar un movimiento llamado alternativo que busca utilizar la música como un medio de cara a una transformación social. Este movimiento agrupa a diferentes estilos musicales, pero todos los grupos poseen algo en común: utilizar la música como un arma y como un aspecto en la autorrealización cultural, personal y colectiva. Es respetable que existan personas que se dediquen a la música en plan profesional y cuyo objetivo sea el sacar el máximo de dinero posible, pero hemos de tener en cuenta que existen otras personas que se preocupan de buscar una coherencia entre el mensaje de sus canciones y su actitud diaria. Estas personas autogestionan sus productos musicales y buscan precios asequibles, tanto en sus conciertos como en sus cintas, discos, etc.... No es lo mismo un grupo musical alternativo que cobra 500.000 pts. por un concierto y casi 2.000 pts. por un cassette, que otro que cobre lo justo para autogestionarse y venda sus productos musicales a un precio asequible." (DDT, 1998)

 

La hipercomunicación de los MS a través de las radios libres y las divisiones internas

Por su parte, las radios libres actúan también de forma "metacomunicativa": es un MS que se autogestiona su medios de comunicación para comunicar a la sociedad el mensaje básico de que también participe en este tipo de comunicación (pasando a producirla, seleccionarla y discutirla, dejando de consumir la limitada variedad existente y de asumirla sin posibilidades de verificación); pero también es un MS que actúa como plataforma para que se expresen otros MS que pueden autogestionar sus medios y acciones, pero que quizás no llegan a más población con sus medios de comunicación o introduciéndose en los oficiales, ya que esa no es su labor principal. En la mayoría de las declaraciones ideológicas de las radios libres se perciben esta amalgama y esta vocación de plataforma unificadora de los MS. Algunas declaran "sentirse vinculadas" a los movimientos pacifista, obrero, feminista, ecologista, etc. (por este orden en Radio Cero); otras son más directas y se declaran "una radio ecologista, por la liberación sexual, pacifista, anti-racista, a favor de los marginados y de las minorías, a favor de los derechos humanos, etc." (por este orden en Onda Latina). Ya he señalado que esta canalización puede realizarse con programas producidos por los propios grupos de esos MS o por la divulgación constante de sus actividades y propuestas a través de otros programas y, especialmente, a través de los espacios contrainformativos. Pero no es suficiente esta caracterización, ya que no todos los miembros de cada radio sienten de la misma manera ese compromiso.

"-[Hacía] un programa de ecología y medio ambiente (...) empezó siendo de ecologismo y acabó siendo ecologista. Porque, al principio, muchos animales y muchas rutas y tal, y luego te das cuenta pues que no, bueno, no te das cuenta, es que el programa salió así. O sea, poco a poco cada vez nos íbamos adentrando en cosas un pelín más (...) que menos animales y más problemas medioambientales. -¿Más luchas políticas...? -No, luchas políticas no. -¿...de grupos ecologistas frente a políticos...? -Sí eso sí. Bueno, me acuerdo que empezamos haciendo un noticiario (...) y al principio duraba cinco minutos y al final llegó a durar hasta media hora, y el programa era de una hora, eh." (Entrevista en 1994 con mujer estudiante de ingeniería aeronaútica, integrante de Onda Latina, en donde estuvo un año, sin llegar a formar parte de la minoría dinamizadora de la radio, pero socializándose progresivamente -conociendo y participando- en las formas autogestionarias de funcionamiento).

Este fragmento también es muy significativo de la división existente entre la minoría más activista y politizada de cada radio (que yo denomino "sedentaria" por su mayor cantidad de años participando en la radio) y la mayoría de personas más "nómada" que pasa de forma muy móvil por la radio (quizás la media sea uno o dos años), pero que gracias a su dedicación a producir comunicación en relación a los MS acaban siendo transformadas ellas mismas (Martínez, 1994). La vinculación, en el caso de grandes ciudades, además es casi siempre barrial y es ahí en donde se deberán percibir sus efectos: "el sentido que tienen este tipo de emisoras es ser un vínculo de unión entre jóvenes del barrio, entre colectivos muy dispares, o ser algo que aglutine a la gente del barrio" (grupo de discusión). El aprendizaje de la autogestión, la organización asamblearia y la convivencia de un relativamente amplio pluralismo en los proyectos radiofónicos, son efectos muy destacados a nivel de la comunidad local de cada radio.

Los problemas, no obstante, surgen cuando no existe una adecuada forma de acogida de la gente nueva y de integración en la organización de la radio (además de la ayuda en la mejora de calidad en el programa que va a emitir y que será su "obligación" más básica). Por otra parte, no se cuida la publicidad de la radio hacia todos los colectivos del barrio o de la ciudad que se encuentran en situaciones de marginación social y comunicativa. En la zona donde opera Radio Carcoma de Madrid encontré, por ejemplo, que la población anciana ignoraba en gran medida la existencia de la radio funcionando a escasos metros de donde se reunía, al menos en su vertiente comunicativa (ya que sí se conocía su presencia con un chiringuito en las fiestas anuales, que tuvo más resonancia ya que en una ocasión fue prohibido por la Autoridad del Distrito). La propia radio acaba siendo la principal plataforma publicitaria de sí misma (que sirvió de atractivo, en el caso de la última entrevistada, funcionando perfectamente, casi sin tener ninguna persona conocida en la radio con anterioridad a su acercamiento en persona y posterior ingreso) y sólo algunos debates públicos o conciertos puntuales dan a conocer las puertas abiertas de la radio más allá de las redes sociales de quienes la dinamizan (Martínez, 1997b).

Para concluir, en un brillante artículo Jesús Ibáñez (1991: 95) alertaba sobre los riesgos de una sociedad sin conversación: "una sociedad civil en la que está prohibido conversar es una sociedad civil simulada por un Estado. (...) La conversación de verdad sólo es posible en un espacio liso: sin direcciones ni sentidos. De ahí la reivindicación de la transversalidad (comunicación en todas las direcciones y en todos los sentidos). La figura de la conversación no es la horizontal sino la circunferencia. Sólo es posible conversar en el interior de un grupo." Precisamente a eso se dedican las radios libres, a crear conversaciones y grupos en donde sean posibles. No basta con invertir las jerarquías comunicativas, las radios libres precisan crear uniones que comuniquen la fuerza de la unión. Pero esa comunicación se hace más por el modo en que se comunica, por la calidad técnica y argumentativa de la programación y por las formas de relación igualitarias entre quienes hacen radio, que por los contenidos (en la línea de lo que sostienen los teóricos de Palo Alto: Watzlawick, 1989, por ejemplo). Citando a Tarde, glosaba Ibáñez: "entiendo por conversación todo diálogo sin utilidad directa e inmediata, en el que se habla sobre todo por hablar; por placer, por juego", a lo que casi cien años después las radios libres han añadido, sin perder ese sentido afectivo y cotidiano, su reivindicación política por el derecho a la libertad de expresión y, sobre todo, a la libre expresión de todos los MS.

 

 

 

 

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