Del número 2.2 - Octubre/Noviembre 1995

Los misterios de la sangre: ¿son la práctica de hacer cortes y los deportes de sangre una cosa de mujeres?

por Pat Califia

Este texto es un extracto de un ensayo más largo titulado "Afiladas Cosas Brillantes".

En la comunidad leather de San Francisco, la práctica de hacer cortes está tan identificada con las mujeres que un hombre gay al que sé que le gusta jugar con cuchillas es criticado a veces por otros hombres porque sus fetiches de sangre son "una cosa de lesbianas". Aunque por lo general rechazo las visiones del mundo que dividen las cosas por el género, parece que los objetos afilados y la sangre tienen un significado diferente para los hombres y para las mujeres.

Lo sangriento es algo que tengo en común con otras muchas mujeres. No todas, pero algunas de nosotras compartimos una comprensión instintiva de su significación, y un amor por la sensación de la piel al abrirse, de la sangre al fluir, su olor cuando pones tu cara en ella, y el extraño escozor, la sensación de arrugas cuando se seca en nuestras manos y mejillas. Hablar de esto con hombres me hace estar alerta. No porque vayan a denigrar el poder del ritual – los hombres no tienen la capacidad de desestabilizar la magia que se da entre las mujeres. No, soy reacia a hablar o practicar deportes de sangre con hombres porque no creo que lo comprendan. La sangre no significa lo mismo para un hombre que para mí. Debemos compartir los mismos miedos que todo ser humano tiene a ser herido, a perder el combustible que hace que nuestro corazón siga bombeando. Pero yo además veo la sangre como comida y como una bendición. Porque sangro una vez al mes y no muero, sé que incluso cuando muera eso no será mi fin. Volveré aquí en una forma diferente, o iré a otro lugar a hacer otro tipo de cosas. Y no tengo la misma posición ambigua que tienen los hombres sobre estar sepultado/en el útero. Cuando follo a otra mujer, tengo claro que quiero poner lo máximo de mí en el interior de su cuerpo.

Pero por razones que realmente no comprendo, parece que una parte de mi destino en la vida es hablar con y sobre hombres. He estado en situaciones de intimidad poco corriente con hombres que aman a otros hombres, y he visto en esos encuentros cosas que las mujeres nunca hacen o se dicen entre sí, o al menos no en su momento. Algunos hombres me han pedido consejo o comentarios sobre sus vidas, y a veces escuchaban lo que les decía. Siempre tengo cuidado de no ser utilizada o malinterpretada por los hombres, porque incluso el hombre más humilde del mundo, más sensible, y amante de las mujeres, tiene potencialmente una increíble carga de arrogancia, distancia y perjucio para las mujeres. A pesar de esto, parece que mi vocación espiritual y sexual es ser una bollera que tiene aliados que no son bolleras. Así que he decidido escribir esto a pesar de que estoy intentando describir experiencias para las que no tenemos un vocabulario, a pesar de que no sé si estos descubrimientos serán comprensibles, o tendrán valor aisladamente, para otras personas. Es un material privado que apenas analizo incluso con colegas vampiros. Miramos aquella escena de Dune cuando el Barón Harkonnen pierde su enchufe del corazón, y nos regocijamos, se nos pone carne de gallina como yonkis que acaban de ponerse, pero apenas hablamos de ello. En el campo de la magia, la sangre es el producto más poderoso del cuerpo humano. Es un potente símbolo de la vida y la muerte, de la curación y del dolor. Cuando las personas sangran, se dejan ir, pero la sangre también es una substancia que une, una promesa y una purga. Sella juramentos y liga firmemente a las personas. Lady Macbeth llevaba razón, una vez que has tenido la sangre de alguien en tus manos, ya no puedes limpiarla nunca. La persona que sujeta la cuchilla y corta a alguien es también marcada, incluso quizá más profunda y permanentemente que aquel que sangra. Obviamente, la persona a la que se corta tiene que sentir una enorme confianza en la mano que maneja el cuchillo. Pero el que corta debe también confiar. Tú estás diciendo a la persona a la que decoras: "Confío en tu lealtad. Confío en que me has dicho la verdad, y que esto es algo que realmente deseas, no sólo para el día de hoy, sino para la persona que serás dentro de diez años, veinte, treinta. Confío en que portarás esto con orgullo y afecto, y que nunca empañarás mi memoria con vergüenza o ira, porque fui yo quien te hizo estas cicatrices para que las llevaras". Esto es pedir mucho a alguien, es pedir mucha sinceridad y clarividencia


© 1995, Cuir Underground

http://www.black-rose.com/cuiru.html

Traducción del inglés por Javier Sáez.