LA CIUDAD DEL DESEO: SU ANATOMÍA Y DESTINO (1)

Por Pat Califia

(de su libro "Public Sex: the culture of radical sex", Ed. CLEIS Press)

La ciudad es un mapa de la jerarquía del deseo, desde el valorado hasta el estigmatizado. Está dividido en zonas dictadas por el modo en que sus ciudadanos valoran o denigran sus necesidades. Separar la ciudad en áreas de especialización hace posible satisfacer algunas necesidades más eficientemente y es asimismo un intento de reducir el conflicto entre configuraciones opuestas de los deseos y los papeles que adopta la gente para intentar satisfacer esos deseos.

En la ciudad hay zonas comerciales, de tránsito, de residencia. Pero algunas zonas de la ciudad no pueden ser tan transparentes respecto a la función que desempeñan. Se trata de las zonas de sexo – llamados barrios de putas, zonas de combate, y guettos gays. A pesar de que el código legal de la ciudad puede especificar donde estarán estas áreas, los líderes de la comunidad raramente admitirán que existe algo deliberado en la creación de estas áreas. En lugar de esto, dirán que estos lugares no existen en realidad. En estos momentos no hay ciudad en el mundo que no los tenga. En parte debido a estas áreas, la ciudad se ha convertido en un signo de deseo: promiscuidad, perversión, prostitución, sexo entre distintas edades, géneros, clases y razas.

La zona de sexo no tiene una existencia independiente; ningún área de la ciudad está dedicada solamente a ese uso. Normalmente se solapa con otra área: un vecindario deteriorado donde la gente pobre, especialmente aquell@s que han llegado recientemente a la ciudad, deben vivir; un área que tiene muy pocos residentes porque está diseñada para elaboración o transporte de mercancías; o una de esas ofertas para la conciencia ecológica, un parque de ciudad. El aviso "no entrar en el parque tras el anochecer", que ha alcanzado el status de folklore, es más que una simple advertencia de un potencial daño físico. Es también un reconocimiento de un cambio en la función del parque – que tiene lugar cuando cae el sol- de un lugar donde los amantes de la naturaleza toman el almuerzo y l@s niñ@s alimentan a las ardillas, a un lugar donde un@ puede comprar droga o chupar una polla.

La zona de sexo es sólo un ejemplo de los muchos tipos de mercado urbano que venden bienes y servicios a los residentes urbanos. Pero la zona de sexo es un mercado negro y sus mercancías no se limitan a los placeres sexuales. Muchos tipos de contrabando considerados en el límite inferior del mercado (drogas, bienes robados, falsificación y productos del mercado negro) están disponibles en la zona de sexo. En cierto modo, esta situación de mercado negro es una ventaja para aquellos que operan y se benefician de ella. Muchas de las mercancías ofrecidas aquí no serían solicitadas en una economía del placer "de superficie", por sus contenidos adulterados o los peligros de disfrutarlos.

Por ejemplo, una vez que se produce una pieza de pornografía, nunca pierde completamente su valor en el mercado negro. Durante las persecuciones a la obscenidad, los vendedores de pornografía pueden almacenar las existencias hasta que los ataque se relajan, y entonces venderlas con un alto beneficio, aunque la ropa que vistan los modelos no esté ya de moda, o las revistas estén mohosas y dañadas por el agua. Se hacen fortunas en la zona del sexo por medio de la venta de drogas de pega o adulteradas que podrían producirse de un modo muy barato y en una forma más pura y potente en los laboratorios de las compañías farmacéuticas.

Pero la mayoría de la gente no admitiría que los placeres legitimados disponibles fuera de la zona del sexo "gratis" (un concepto que necesita una supervisión crítica) pueden ser menos apreciadas o agradables que las delicias ilícitas que los consumidores esperan obtener cuando entran en este mercado negro. Tal vez esto sea porque se supone que todos los miembros de la sociedad poseen automáticamente el placer legitimado, el cual a su vez se supone que es suficiente para mantener feliz a cualquier persona "decente, sana". Es embarazoso admitir que este supuesto derecho de nacimiento se ha demostrado esquivo e insatisfactorio. Es como admitir que no se es un ser humano, o al menos, no uno bueno.

En otras palabras, a pesar del hecho de que la gente está dispuesta a pagar precios excesivos por productos de la zona del sexo, incluso sus más compulsivos clientes fingen que todo lo que se vende allí es trivial, sin valor e innecesario. Fingen, de hecho, que este mercado no existe en realidad. De modo que una zona de sexo debe adquirir por lo menos una invisibilidad simbólica para evitar amenazar a sus clientes y a las autoridades. Esto significa que si uno/a visita una zona del sexo a la hora equivocada, ésta puede ser irreconocible. Este tipo de mercado es tolerado normalmente sólo entre la puesta y la salida del sol.

Un mercado oculto permite a sus clientes permanecer ocultos. Esto proporciona a todos los demás barrios de la ciudad un doble significado, una semiótica oculta, dado que su relación con la zona del sexo permanece inexplorada. La ilustración más obvia de esta relación no reconocida es que los enclaves residenciales ostensiblemente sanos designados a la cría de niños, al matrimonio monógamo, están asimismo repletos de puteros ávidos del placer prohibido. A la zona del sexo nunca se le permite florecer en el interior o incluso en las proximidades del lugar donde vive la mayoría de sus clientes. Un cine o una librería de adultos situada donde no debe, aunque sea legal, verá su presencia fuertemente atacada –a menudo por personas que son dueños de negocios similares en el corazón de la zona del sexo.

De modo que los puteros deben hacer un esfuerzo para viajar hasta el corazón del mercado negro del sexo, y el riesgo de robo o asalto que afrontan normalmente a lo largo del camino es una amenaza que la mayoría de ellos aceptan sin protestar. Los aspectos punitivos de la zona del sexo, son algunas de sus más irracionales- pero también mas fieramente defendidas- características.

El mapa de la ciudad opone la responsabilidad frente a la holgazanería. Dentro de la zona del sexo, los privilegiados son inocentes; los pobres son culpables. De aquellos que tienen mucho, se espera menos. Sólo aquellos que tienen muy poco deben pagar sus deudas.

La zona del sexo es un área de resistencia y consentimiento respecto a la polarización entre géneros y al dominio masculino. Frecuentemente los clientes y los chaperos ven el significado de sus intercambios de formas muy diferentes. Por ejemplo, un cliente puede asumir que un chapero está realizando un papel pasivo, tradicionalmente femenino. El travesti prostituido puede sentir que ha sobornado la privilegiada identidad heterosexual de otro hombre y le ha embaucado haciéndole pagar por ser humillado o al menos ser engañado. Puede sentirse de esta manera incluso si su verdadero género no es descubierto. El engaño simplemente refuerza la creencia del prostituido de que el putero es estúpido, una víctima nata.

Las ropas que visten las mujeres que se prostituyen para hacerse identificables como prostitutas y para incrementar la cantidad de dinero que pueden pedir por sus servicios son frecuentemente versiones exageradas de la moda femenina en accesorios y lencería. No obstante, esta exageración no crea simplemente una forma de ultra-feminidad, sino también algo que está relacionado con ella y a la vez se opone a ella. Las prostitutas y las que trabajan en una oficina no llevan el mismo tipo de tacones altos, medias, faldas, corseterías, pelucas o maquillaje, y estos objetos no significan tampoco las mismas cosas. Los dos sistemas de signos similares no indican que uno pueda esperar un comportamiento equivalente de cada tipo de mujer. En realidad su verdadera intención es indicar justamente lo contrario. La confusión proviene en parte del hecho de que tanto el desempeño de tareas de servidumbre como la realización de sexo por dinero están vinculadas al género en nuestra cultura.

Pero la trabajadora de una oficina puede ser pagada para hacer cualquier cosa excepto practicar el sexo y, proponérselo, es "acoso sexual". Por su manera de vestir, la prostituta se marca a sí misma como una fuera de la ley. Puede ser pagada sólo por sexo y no tiene apenas comunicación acerca de otra cosa con sus clientes. Es interesante destacar que la queja mas se suele oír cuando se pide un endurecimiento de las leyes contra la prostitución callejera es que las prostitutas son descaras, agresivas y persistentes. El mismos comportamiento "inapropiado" de género que es una parte necesaria de su negocio se usa también para argumentar a favor de la supresión de ese negocio.

Los guettos gays operan de una forma diferente a otros tipos de zonas de sexo. Tienden más a ser distritos residenciales para hombres gays y al mismo tiempo lugares de entretenimiento. Aunque los puteros continúan entrando en los guettos gays en busca de actividades placenteras de las que no disponen en sus familias nucleares, les va mejor si se camuflan como residentes en el área.

Los hombres gays constituyen la única minoría sexual que ha establecido su propio enclave en la ciudad moderna. La comunidad lesbiana se encuentra todavía en un punto temprano de desarrollo aunque se podría decir que barrios como Park Slope en Brooklyn y Valencia Street en San Francisco son incipientes "guettos de lesbianas". El hecho de que la sexualidad masculina sea reconocida como principio organizativo válido y fuerte en las vidas de los hombres contribuye a la capacidad de los hombres gays para estructurar sus propios guettos. Esto ocurre también por ganar más dinero, tener libertad para viajar, y capacidad de vivir lejos de sus progenitores- condiciones que disfrutan mayor número de hombres en comparación con las mujeres.

Otras minorías sexuales – lesbianas, travestidos, transexuales, sadomasoquistas etc.- tienden a hacer un uso paralelo de cualquier espacio social gay masculino que tolere su presencia. Históricamente, estas minorías sexuales han "seguido" a los hombres gays fuera de los distritos de prostitución hasta los guettos gays . Antes de que hubiera bares gays, había bares de prostitutas y clubes de espectáculos que toleraban la presencia de homosexuales. Algunos espacios sociales que podían ser utilizados por hombres gays (por ejemplo, los clubes de travestis que ofrecían principalmente servicios para turistas héteros) continúan existiendo en los barrios de putas y otras minorías sexuales mantienen lazos incluso más estrechos con ellos.

En el mercado negro del sexo, las minorías sexuales son como los países del Tercer Mundo: sitios baratos para producir objetos en condiciones precarias, los cuales no tienen o tienen muy poca relación con las necesidades de la gente que los compra; focos de trabajo barato, y lugares para elites que quieren visitar los barrios bajos o tomarse unas vacaciones exóticas.

Continúa en el próximo número.