Querida Celia:

 

Te envío el proyecto finalmente acabado. Como verás, para hacerlo me he inspirado en la historia de tu cuerpo y en la historia de tu deseo (de lo poco que sé de él). No se nace con un cuerpo, sino con órganos; el cuerpo es simplemente una construcción imaginaria (es decir, basada en la imagen) a partir del otro. Por otra parte, el deseo es siempre insatisfecho (esto explicará la parte destinada a tu museo de figuritas de cristal).

 

He querido representar topológicamente los tres ámbitos que creo que te caracterizan, y esta arquitectura tiene que ver con la estructuración espacial de los tres. Disculpa que te explique discursivamente lo que ya está proyectado arquitectónicamente: del mismo modo que las prácticas no discursivas (la arquitectura en este caso) dicen, también las prácticas discursivas hacen.

 

- El primer registro lo llamaremos real, pero no debes confundirlo con la realidad. Es el bloque grande y rígido que ves en lo alto del terreno; pretende ser una metáfora de la madre, en el sentido de que es el lugar inicial del que naciste, la matriz (en sentido literal y figurado) que abandonas para conquistar el espacio de la subjetividad (el terreno en pendiente donde se construirán los otros bloques).

Sobre el espacio vacío inicial aparecen tu cuerpo (por el nacimiento) y tu deseo (por lo simbólico), que se irán desplegando a lo largo de tu historia. Te mando algunas fotos del terreno donde se ubicará el proyecto, el espacio de la batalla antes de la misma.

 

El tema del tiempo también está presente, porque sé que te preocupa. He intentado representar los dos tiempos posibles, el reversible y el irreversible:

 

El reversible tiene que ver con los ciclos idénticos a sí mismos: este tiempo no existe en realidad, es una ficción, puesto que recomienza siempre (por ejemplo, si miras tu reloj, las manecillas dan una vuelta completa y llegan al lugar inicial). Aquí todo es predecible, mecánico, determinista.

 

El irreversible asigna un sentido sin retorno; es el tiempo termodinámico de la entropía, de la pendiente hacia la desagregación y la muerte, del aumento del desorden (siguiendo el ejemplo del reloj, si lo observas en su materialidad, verás que con los años se deteriora, su mecanismo se estropea, se para y muere). Nacer, hablar y comer son procesos de este tipo: el niño no retornará ya al seno materno (el edificio del que estamos hablando); el que entra en el orden simbólico de la lengua no lo abandonará jamás (este proceso le separa precisamente de lo real; lo simbólico nos excluye de lo real); la presa devorada no volverá a la vida.

 

Las fotos del reloj de sol intentan conciliar en un solo objeto estos dos tipos de tiempo: el reversible por las marcas sobre la piedra, donde volverá a posarse cada día la sombra que marca las horas en los ciclos regulares del sol. El irreversible por la materialidad del reloj, que se va gastando erosionado por el viento y corrompido por la naturaleza. Los edificios son como pequeños relojes de sol, sus sombras marcarán sobre el terreno tiempos circulares, y sus materiales se irán deteriorando con los años.

 

Como el paso del tiempo no se puede dividir en segmentos distinguibles porque es algo continuo (cada instante sería infinitamente pequeño), no he podido fotografiarlo. He usado el modelo de las figuras generadas por revolución para expresar esta imposibilidad: un día completo equivale a un triángulo girando 360 sobre un eje; el volumen que produce (un cono) es el tiempo, pero no puedo registrarlo paso a paso, así que represento todo el proceso completo, del mismo modo que estos edificios lo harán con sus sombras.

 

El terreno inclinado donde se asienta esta arquitectura que te propongo me ha sugerido este segundo tiempo, el de la pendiente (el irreversible): tú te separaste de tu madre como los bloques que ruedan por el terreno; no volverás a ese sitio estable y rígido, ése es el precio que pagas por acceder a la subjetividad, a tu propio espacio: conquistas el territorio poco a poco. Este proceso de conquista nos abre el paso al segundo registro, el imaginario.

 

- El registro imaginario se refiere al acceso a la imagen de uno mismo en función de las imágenes que recibe de los demás, es un proceso basado en la mirada y en el reflejo (el ojo y el espejo), en el otro.

La fórmula de Rimbaud "yo es un otro" resume bastante bien lo que te quiero explicar, pero la relación con tu hermano te hará comprenderlo mucho mejor. Recuerdas cómo tu hermano era tu referencia infantil, era ese otro donde te reflejabas y que luego te has encontrado tantas veces. Lo terrible de esta alienación en el otro es que produce una agresividad dirigida contra él: si yo soy el otro, he de matarle para acceder a ser yo mismo. Esa pulsión de muerte te ha marcado, eso se nota en el amor tan profundo que sientes por tu hermano (una vez reprimida inconscientemente, por insoportable, dicha pulsión e invertida de signo). Recordarás que yo te pregunté hace tiempo qué hacíais tu hermano y tú en los ratos libres; me contestaste que "en nuestros ratos de odio...", en vez de "ocio". Eso me dio la clave de vuestra amistad.

 

Este espacio de objetos mirándose, odiándose y amándose es el espacio imaginario, donde los bloques se diseminan. Verás en el proyecto algunas fotos de una cámara; es una metáfora de tu mirada en este sentido, de cómo te miras a ti misma en un proceso de reflexión, de interiorización. Una vez desplegada la vista sobre el terreno y conquistado éste, te vuelves hacia dentro (los planos de sección ilustran también esta idea de introspección).

 

- El tercer registro es el de lo simbólico. Aquí son las metáforas, los nombres, el sentido, los valores, el deseo los que tienen el protagonismo. El deseo es siempre insatisfecho, porque es incompleto; se basa en una carencia fundamental que se produce en el sujeto por entrar dentro de un orden de símbolos (el lenguaje, donde se aliena), y quedar sujetado a él. A partir de esa carencia radical de un objeto inicial (esa madre que dejaste atrás, el bloque de arriba) imposible de poseer, se inicia una búsqueda inacabable. Unos la llevan a cabo por medio de amantes; otros, como tú, por medio de objetos que coleccionas (supongo que los pretendientes que te busca tu madre son mucho más aburridos que esas hermosas esculturas de vidrio). La idea de llenar una serie, de completarla, tiene que ver, en mi opinión, con el deseo insatisfecho que aspira siempre a colmarse y siempre fracasa, salvo con la muerte. Este sería el caso del hombre que coleccionaba tipos de hijos: legítimos, naturales, adoptivos, probeta, consanguíneos, ilegales..., hasta que un amigo le comentó que le faltaba uno, el hijo póstumo; entonces el hombre preñó a su mujer y se suicidó. Para evitarte esta plenitud prefiero que sigas coleccionando.

 

El espacio reservado para tu museo del cristal es el de abajo, al final de la pendiente. Es un terreno más estable, como el acceso a la subjetividad, donde se expone tu colección como síntoma. Eres como una cadena infinita, donde cada eslabón remite a otro (cada figura de cristal a otra), donde el sentido aparece en la serie, no en cada elemento. Desearía que apreciaras mi proyecto de esta manera, como un conjunto o una estructura, no cada edificio aisladamente.

  Yo no sé de dónde procede tu fijación por el cristal, pero en todo caso sirve muy bien como modelo: el cristal anula la vieja y falsa dicotomía de dentro/fuera (invisible/visible, íntimo/exterior, privado/público,etc). Tus figuras de cristal son como nosotros, transparentes: ya no hay dentro ni fuera, y al mismo tiempo muestran el vacío que nos define (la carencia de que te hablaba antes). Esa forma de ser (mejor dicho, de no ser) tiene la ventaja de que se puede esconder fácilmente: dentro del agua el cristal no se ve (y sin embargo está a la vista). Por ello he reservado una piscina donde puedes ocultar tu colección, del mismo modo que tú te ocultas a menudo entre los otros.

  Como ves, del espacio virtual donde me comentaste que deseabas construir tu casa, he producido un espacio real, del mismo modo que tu historia personal, que encerraba potencialmente muchas posibilidades, fue decantándose por tus decisiones y por casualidades hasta generar un camino concreto. La forma de la bifurcación describe bastante bien este proceso: en ella se presentan varias opciones (esto equivale a la potencia, la virtualidad, el espacio no trazado, liso), y al elegir una de ellas colapsa y se hace real (acción, espacio con caminos, estriado). Así como tu historia es una acumulación de decisiones o caminos, he trazado varios de éstos entre los diversos edificios.

Elegir viene de "legere", leer: se puede leer semánticamente (dando un sentido = lectura) o pragmáticamente (realizando una acción = elección). Este proyecto ha intentado las dos cosas: hacer una lectura del espacio por la realización práctica de una arquitectura.

Espero que seas sincera y me digas lo que piensas del proyecto, sobre todo en aquellos aspectos que no te hayan gustado. Ya sabes que prefiero el disenso al consenso. El estiércol abona, y siempre lo podemos usar para tu jardín.

Besos.

Javier Sáez.