LOS CHICOS NO LLORAN

"Los chicos no lloran" es un interesante estudio sobre la construcción-socialización de la masculinidad en la escuela, los conceptos sexistas que aunque preferentemente inciden sobre la opresión de la mujer también limitan y determinan la conducta de los varones, a partir de un experimento realizado por dos profesoras feministas en diferentes institutos londinenses. Es una aproximación aún tímida (casi no incide en la homofobia y en como esta determina la socialización de los chicos gays) pero supone un avance en los estudios sobre el sexismo con la novedad de mostrar como este afecta a los principales agentes del mismo y como los valores patriarcales se aplican de forma implacable sobre los propios varones, especialemte aquellos que no se ajustan a todos los modelos y patrones de conductas que se espera socialmente de "los chicos".

El libro también aborda la problemática de las profesoras –mujeres en centros donde predomina el machismo y la competitividad y donde son objeto de agresiones sexistas por parte de los propios alumnos que ven en ellas una "mala versión" de lo que debe ser un profesor.

La masculinidad es algo que se construye a través de presiones sociales, condicionamientos culturales y referentes educativos y la escuela es un espacio privilegiado de estos rituales, muchas veces crueles y excluyentes, de reafirmación y consolidación de la masculinidad heterosexual. El chico diferente es ya objeto de todo tipo de burlas y ataques y comparte con las mujeres el espacio de lo irrisorio, lo poco útil socialmente, lo digno de ser agredido o denostado. La escuela ya determina los comportamientos sexuales y los rituales de cortejo a partir de una separación y delimitación mucho más marcada de lo que parece a simple vista de los espacios correspondientes a lo masculino (el patio, las bromas, el grupo, la competitividad, los deportes) y lo femenino (lo sensible, lo discreto, lo pasivo).

Las edades de la pubertad son las edades de la reafirmación de los roles (hetero)sexuales que suele ir acompañada de una violenta expresión del sexismo, una marcada homofobia y un odio feroz a cualquier tipo de disidencia o ambigüedad que cuestione aquellos roles que se imponen como modelos y que los varones interiorizan de una manera mucho más forzada y violenta que las mujeres. En su libro "La identidad masculina" Elizabeth Badminter explica como frente a la naturalidad con que se produce la femineidad la masculinidad es algo que debe ser continuamente construido, reconstruido y demostrado. La homofobia contra los varones adopta así tintes de mayor crueldad y estigma social, el odio al lesbianismo pasa por su simple y pura invisibilidad y negación e inexistencia.

La escuela sería así una preparación para otras instituciones (como el ejército) donde la masculinidad es reforzada y puesta a prueba y un reflejo de estas.

LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA MASCULINIDAD. RITOS DE INICIACIÓN.

En su libro Elizabeth Badminter nos explica como la masculinidad es puesta a prueba de manera reiterada y se accede a ella a través de dolor, renuncia y sufrimiento, físico o psíquico.

Los ejemplos extremados de los sangrientos rituales de iniciación de determinadas tribus tienen su réplica "civilizada" en las antiguas escuelas públicas inglesas y en los modernos ejércitos (particularmente en los famosos "marines" estadounidenses y en las legiones o ejércitos de mercenarios de todo el mundo). La humillación cruel se asocia a la eliminación de cualquier rasgo de femineidad y a la separación brutal del mundo maternal de la sensibilidad y los afectos. Las novatadas forman parte todavía muchas veces tolerada de estos ritos de iniciación y socialización donde toda diferencia o singularidad es reprimida o castigada. Hace poco hemos podido contemplar por televisión las crueles imágenes de la iniciación de algunos novatos en el ejército profesional de EEUU a través de sangrientos ritos de clavar medallas de un golpe sobre su carne desnuda.

Encontramos muchas conexiones entre los espacios y ritos viriles de la pandilla, la escuela, el ejército y la cárcel, espacios de resocialización del macho, de purga de cualquier sentimiento o valor femenino.

La homofobia es también característica de estos espacios hipervirilizados, donde el homoerotismo sublimado y la crueldad hacia el "marica"( queer, distinto, singular) conviven con sospechosa armonía.

En los equipos de fútbol, como en los ejércitos o en las escuelas masculinas el insulto por excelencia es "maricón" pero al mismo tiempo encontramos situaciones y rituales de innegable contenido gay como las palmadas en el trasero en los campos de futbol, las duchas comunitarias o la camaradería masculina y los ritos iniaciaticos de los internados religiosos, donde no faltan las experiencias sexuales clandestinas.

Los deportes violentos son un espacio privilegiado de mantenimiento de estos rituales, sin parangón en cualquier otro espacio si exceptuamos el ejército y los internados para hombres. Aún hoy los adolescentes que no disfrutan jugando al fútbol o muestran escasa disposición o talento para ello son tachados de afeminados, raritos...En la obra de teatro de Robert Anderson "Te y simpatia" (Tea and simpathy) estrenada en EEUU en 1956, un joven internado por su padre en un colegio de chicos sufría las sospechas de sus compañeros y toda clase de bromas crueles por preferir la música y la lectura a el deporte y la camaradería viril. Así mismo su torpeza al abordar a la prostituta del lugar (símbolo de la iniciación heterosexual de los novatos) le llevaba al borde del suicidio. La amabilidad y el te con pastas de una insatisfecha esposa del homofóbico profesor de gimnasia le salvará del ambiente represivo y acusador y le conducirá por la senda de una heterosexualidad "sana y madura". Aunque el mensaje final de la obra era muy conservador planteaba algo que ha marcado la vida de varias generaciones de estadounidenses, la necesidad de demostrar y reafirmar su virilidad en contextos donde están marcadas las preferencias y hasta las actitudes de los chicos como opuestas a lo femenino y lo sensible. Así en un momento particularmente irónico uno de los compañeros trata de enseñar a Tom a caminar como un hombre para evitar las burlas de los mayores. Como andar, como vestirse, como y a que jugar, donde socializarse y que lenguaje utilizar forman parte de ese bestial aprendizaje de la masculinidad heterosexual.

Los vestuarios, espacio ineludible en toda actividad deportiva, son el ejemplo extremado de la construcción social de la heterosexualidad como modelo hegemónico e incuestionable. Los hombres se desnudan con despreocupada naturalidad porque no concibe la existencia de una mirada deseante. Estamos ante un acto social que niega cualquier consideración erótica hacia el cuerpo del propio sexo. Los maricas no existimos en este espacio. Resulta curioso como se ha asumido este modelo de socialización hasta el extremo de que en los conocidos "Gay sports" los chicos homosexuales siguen el mismo esquema aunque, claro esta, siendo conscientes de que su desnudez puede ser objeto de procaces miradas. Aquí la desnudez tiene algo de gozosa exhibición.

La importancia social y política de los deportes ha sido infravalorada y aún hoy es una asignatura pendiente de muchos revolucionarios el cuestionarse lo que promueve y reproducen espectáculos deportivos como el fútbol (declarado recientemente por la derecha en el poder como "de interés nacional") o instituciones herederas de las hermandades religiosas o del machismo más rancio como las peñas, tunas y cofradías de estudiantes.

El fútbol es ya en el Estado español algo más que un juego, un deporte o un espectáculo multimillonario. El uso que la dictadura franquista hizo del "deporte rey" no puede llamarnos a engaño. Populismo, borreguismo, machismo, despolitización y manipulación de la masa a través de un chauvinismo deportivista y competitivo. No en vano los grupos neonazis se han agrupado o incluso han resurgido en torno a grupos de hinchas y fanáticos de determinados equipos de fútbol. Y junto a ellos la mística masculina de la agresión, el juego patriarcal e irracionalista, la agresividad y la cultura del triunfo.

"La verdad del instituto se encuentra en el cuartel y la verdad del cuartel la encontramos en la cárcel"(Jaques Donzelot "Espacios de poder")

No resulta muy difícil demostrar porque instituciones como las tunas universitarias tienen un claro contenido misógino y denigran a la mujer, sin embargo, si dijéramos que son instituciones profundamente homofóbicas nos encontraríamos con más de una actitud de escepticismo.

Los maricas compartimos con las mujeres el espacio pasivo y el interior del hogar. Nuestra socialización siempre se hace en función de algo o alguien mientras que la del macho heterosexual es hegemónica y no necesita justificación. Las mujeres y los mariquitas salen a ligar, son objeto de piropos e insultos, y conviven con el peligro sexual y a la vez constituyen seres muy sexualizados. El caso de las lesbianas sería completamente diferente.

Los tunos son agrupaciones de jóvenes varones universitarios que hacen gala de una masculinidad desbordada y una heterosexualidad incuestionable. Su función es la de perseguir a la mujer a la que se teme e idealiza, se denigra y a la vez se venera. El piropo, la canción al pie del balcón, la serenata amorosa son algunas de sus aproximaciones a ese mundo femenino que conciben como antagónico, peligroso y, en algunos aspectos, claramente inferior.

Si un amplio sector del movimiento gay se ha decantado por el asimilacionismo no han faltado las voces de mayor hondura política e intelectual que han puesto en cuestión lo deseable de nuestra entrada en instituciones que promueven una serie de valores profundamente machistas y homofóbicos. Decir que entrar en el ejército es una avance cuando el ejército es una de las instituciones que contribuye a afianzar los modelos sexistas tradicionales, hace una mística violenta de la masculinidad heterosexual y deplora cualquier tipo de diferencia nos dice más sobre el vacío ideológico y la falta de profundidad del discurso mayoritario reformista que de sus buenas y sumisas intenciones de ser asimilados o tolerados como un paso más en el avance social. Si el ejército a nivel interno es escenario de novatadas, bromas crueles y sangrientas, vejaciones homofóbicas y prima la hombría y la dureza frente a otros valores como la sensibilidad, la empatía o la solidaridad a nivel social contribuye a crear modelos con pretensiones "universalistas" de "como debe ser un hombre", "como uno se hace hombre" y como se comporta social y culturalmente "el hombre".

Sin pretender que el simple hecho de ser gay te proporcione ya de por si un inherente potencial revolucionario yo creo que si debemos potenciar aquellos aspectos de nuestra identidad marica que nos permiten desarrollar una subjetividad crítica y transformadora.

BIBLIOGRAFÍA SOBRE EL TEMA

-"Los chicos no lloran"

-"La identidad masculina" De Elizabeth Badminter

-"Sapos, culebras y cuentos feministas"

-"A favor de las niñas"

-"Levanten nalgas" de Jose de Cadiz (artículo)

-We dont want to march straight

-Tea and simpathy(Te y simpatía)

-Jim en el espejo

-Las tribulaciones del joven estudiante Torless

-Confesiones de una máscara

-Maurice

-Las amistades particulares

-Historia de la sexualidad

-Elementos de crítica homosexual

-Guerreros, chamanes y travestis