Cada vez que decimos una imagen con las palabras, incluso la más habitual, incluso cuando decimos nubes, o botella, o corbata, hacemos un pequeño rayo de luz, en torno al cual se crea simultáneamente su cono de sombra. En esa sombra, creo, en esa zona invisible que emerge juntamente y en el acto mismo del hacer visible, es donde suceden las cosas más importantes de una narración; y de la misma forma que es necesaria una gran precisión al hacer luz, es también necesario tener un enorme cuidado con esa sombra (aunque estemos obsesionados con nuestras imágenes y quisiéramos dominarlas quemándolo todo), porque esa sombra custodia y renueva el misterio, y nos permite todavía y nos permitirá siempre arrancar algún ribete a lo invisible, dejándolo volver a crecer en la misma baza de una frase.

Daniele Del Giudice

Ferrara, febrero 1991

La memoria que ahora expongo formula las hipótesis sobre el procedimiento de mi trabajo hasta ahora. Y aunque esto sea tan complejo como reflexionar sobre mi metabolismo y la forma en que actúa lo que como, me parece interesante intentarlo.

Se podría decir que mi actividad artística surge como un proceso personal de apreciación del mundo, con la sospechosa situación del elemento humano dentro de él. Mi trabajo y su forma de realización reflejan este proceso personal, conduciéndose por una vía de reflexión, de interiorización, donde todos los momentos hablan, donde intervienen y se consideran aspectos que alcanzan hasta la propia piel cuidadosamente maquillada de la obra, la evocación del propio material: ¿de dónde vienen las imágenes, y cómo las hacemos venir o nos vienen?

La idea básica responde a un interés cada vez mayor por un sentimiento de conflicto en el paisaje humano, por la configuración social interna del individuo, por la imposibilidad de una reconciliación en ese individuo que sólo confía y se guía por el conocimiento, que no acepta el misterio ni sus fantasías, que aspira a la visibilidad absoluta. Esta idea básica y su gran relación con el proceso de actividad artística me parece inquietante y reveladora, precisamente porque este proceso artístico también se rebela contra esa ansiedad humana de la plena visibilidad.

Mis recurrencias en el empleo de ese icono humano, en ocasiones expresado en todo su perímetro abstracto y desmaterializado, que sólo conserva su filo, otras optando por ese torso también sin atributos, sin apéndices, ni sexo, ni cerebro, sólo preservado el lugar del corazón, sólo existencia, son una constante pauta de acción inicial sobre la obra. Estas formas que a veces busco, otras veces las trae el propio desarrollo de la obra y casi siempre me vienen ellas solas, y sin pertenecerme me poseen, en ocasiones resultan tan extrañas que esto mismo va dotando de sentido a la propia imaginación. Con esas imágenes ajenas, autistas casi, adquiere más sentido aún la idea de no-reconciliación, de la "forma rebelde", no ya revelada.

Ya sólo tomando ese elemento formal con connotaciones humanas se establece pues una alta correlación entre lo que se desea exponer y cómo se va posibilitando: lógicamente esto es sólo parte del proceso del propio artista durante la realización de sus obras, pero es lo que va dotando de sentido mi trabajo en soledad, aquello que nadie ve; sólo cuando te preguntan sobre qué seguirías trabajando dos años más es cuando toma sentido recurrir a la memoria, al inconsciente, a lo personal: no olvidemos que este proyecto se denomina "Memoria".

A través del espacio del cuadro se produce el encuentro con el "vacío", con lo intangible, pura sensación que por lo general evitamos, y a través de la especulación y elección de nos y otros materiales se van estableciendo otros encuentros, nuevas diferentes evocaciones: atmósferas unas veces planas, opacas, quietas; otras transparentes, fluctuantes. Todos espacios que se entregan a la imaginación, a la sensación, a la hipótesis, indiferentes siempre a medidas y geometrías. Se lanzan redes para la caza donde el propio cazador es cazado, a veces confundido en su (su)posición.

Conceptos y sensaciones abstractas como Realidad, Vacío, Espacio, Intimidad, Movimiento, Alma o Tiempo intentan tomar cuerpo en configuraciones concretas y nos invitan a su apreciación casi física, maquillada, embellecida: nos evocan nuevas claves de sentido y el efecto de "hipótesis o suposición individual" permite niveles de comunicación diferentes con las obras y con uno mismo, incluído el propio autor, por supuesto.

A través de las relaciones de identidad, de extrañeza, de contraposición o de fragmentación que se van estableciendo y con aquellas formas más reconocibles, voy estableciendo conexiones, nombrando posibles significados, al mismo tiempo que inevitablemente voy proyectando sus sombras, ausencias de sentido y significado, puesto que "no todo se puede decir" y menos aún en una sola obra. El hecho de tener que elegir hipótesis de trabajo constantemente entre opciones diversas, sustituyendo unas por otras cada vez que se inicia una obra, hace que mi trabajo, como creo que el de todo artista, adquiera más sentido en el conjunto del proceso y propicia que la actividad se convierta en interminable. El artista, como en la vida, insiste y se repite, pero el deseo es siempre distinto: el deseo de expresar la próxima vez, en la próxima obra, un aspecto apartado, no elegido, otra relación posible que fue devorada por la sombra en la obra anterior, la sospecha de dar un nuevo significado a la acción.

Posteriormente, en los montajes de exposiciones, donde unas obras se vinculan con otras en un espacio común, vuelvo a redefinir otros tipos de relaciones o consonancias -tengo que volver a elegir- como creando un relato global descrito en un espacio concreto. No puedo denominar "instalaciones" a este segundo estadio de actuación con las obras, porque creo que no son concebidas así, pero para mí es evidente que las relaciones de unas obras con otras y su distribución espacial son un aspecto posterior de gran interés reflexivo; se relativiza el sentido individual de cada obra y se pasa a establecer de nuevo un análisis global de una situación y una propuesta artística concreta: hacer visible construyendo una nueva invisibilidad.

Por todo ello encuentro una innegable relación entre el proceder artístico y el proceso del vivir, lo que lógicamente me lleva a sospechar que no estoy trabajando solamente de un modo inteligente con formas, colores y objetos en un espacio plano de simulación, sino que sobre todo se está produciendo una energía y un continuo misterio que mantienen vivos -atentos- no ya sólo a la obra, sino también al autor que la realiza -que se cuestiona sobre ella-, y al observador interesado.

Quizá todo esto pueda parecer peregrino al hablar de un futuro proyecto de actividad artística, pero mis claves más interesantes están basadas en estos principios vitales de reflexión, en la pasión de estar con los demás en complicidad. Me considero con la suficiente inquietud y solidaridad intelectual y técnica con el arte como para ir solucionando el "cómo" de las obras en función del discurrir de estos intereses y reflexiones. Mi proyecto por tanto está sujeto sin miedo a mis fantasías, y digo sin miedo porque es curioso observar que la fantasía es la aptitud para segregar fantasmas, o sea, imágenes perturbadoras sin explicación aparente, pero imágenes activas que nos permiten también abandonarnos a su contenido visible y al sentimiento que llevan consigo.

Concha Sáez