Ensayo homosexual, gay, queer.

Por Javier Sáez. Revista LEER, septiembre 2003.

 

Escribir sobre el ensayo que aborda realidades gays y lésbicas en España supone referirse a un periodo de tiempo relativamente breve, apenas un cuarto de siglo. Tras la muerte del dictador Franco comienzan a aparecer los primeros movimientos gays, y estas nuevas formas de organización van a ir dando visibilidad poco a poco a los maricas y bolleras que habíamos vivido aterrorizados bajo la losa homófoba del franquismo.

 

Me refiero a los movimientos sociales porque de algún modo el ensayo refleja siempre las diversas realidades sociales que se están produciendo en cada época, y también las ideologías dominantes. Por ejemplo, hasta finales de los años 70, las únicas referencias ensayísticas a gays o lesbianas se hacían en términos de “homosexualidad”, con un discurso patologizante que parecía coger con una pinza de tres metros esa realidad invertida y enfermiza para ponerla debajo de un microscopio y aplicarle una mirada indudablemente heterosexual, ordenada, sana.

 

No nos referiremos aquí a esa tradición del sodomita, el perverso, el invertido, el homosexual, y otras lindezas con que las ciencias humanas (no tan humanas finalmente, en la medida en que siempre legitimaron el exterminio) o las ciencias duras (tan duras como el bisturí que con que lobotomizaban) ‘trataban’ a los gays. Vamos a referirnos a un momento especial en la historia de España en el que por primera vez los colectivos que han sido perseguidos y criminalizados toman la palabra, se organizan, y luchan contra la opresión en que han vivido durante décadas. En este momento, a finales de los 70 y comienzos de los 80, aparecen los primeros estudios pioneros sobre “homosexualidad” desde una perspectiva reivindicativa (Armand de Fluvià, Aspectos jurídico-legales de la homosexualidad, Héctor Anabitarte y Ricardo Lorenzo, Homosexualidad, el asunto está caliente). Pero es sobre todo en la década de los 90 cuando aparecer los primeros ensayistas gays que toman la palabra desde diferentes perspectivas.

 

Desde mediados de los años 80 la pandemia del sida comienza a causar estragos entre la población española. Esta crisis sanitaria es utilizada por los medios de comunicación y los grupos conservadores para lanzar una serie de campañas criminalizadoras y estigmatizadoras de la homosexualidad que crean una identificación completa entre homosexualidad y sida. Como respuesta a esta manipulación homofóbica, Ricardo Llamas publica Construyendo sidentidades, una excelente compilación de artículos que combate desde distintos ángulos la identidad sida=gay y que desmantela los prejuicios que se esconden tras presuntos argumentos científicos o de seguridad ciudadana. La novedad de esta compilación es que los autores no son ya “expertos” o “sociólogos” que dan cuenta de “la realidad del sida”, sino escritores o colectivos gays que toman la palabra desde sus experiencias directas y que transmiten sus reivindicaciones y denuncias.

 

En los años 90 ya existen en España numerosos colectivos gays y una bulliciosa vida social y comercial en determinados barrios de las grandes ciudades. Esta realidad va a tener diversas lecturas: desde los medios heterocentrados se lanzan discursos histéricos sobre “la mafia rosa”, “el lobby gay” o el “gueto”, en un intento de volver a armarizar a los gays y las lesbianas, creando una imagen amenazadora de este nuevo superpoder social. Por otra parte, esta nueva realidad va a ser analizada y comentada por diversos autores gays, lo cual supone una novedad fundamental en la historia del ensayismo español. Ya no será una mirada externa o heterocentrada la que dará cuenta de estas realidades; diversos investigadores gays deciden estudiar estas realidades. Desde una perspectiva sociológica extremadamente tópica escribe Oscar Guasch su ensayo La sociedad rosa (1995). Su intento de describir las formas de relación de gays y lesbianas termina siendo un catálogo taxonómico de estereotipos, una especie de zoológico donde la mirada heterosexual puede pasearse viendo a cada especie en su jaula. Juan Vicente Aliaga y José Miguel G. Cortés publican en 1997 otro ensayo que analiza estas realidades gays y lesbianas, Identidad y diferencia: sobre la cultura gay en España, donde dan la palabra a algunos protagonistas de los movimientos asociativos y culturales gays del momento (Fefa Vila, Pedro Zerolo, Eduardo Mendicutti, Ricardo Llamas, etc). Alberto Mira publica en 1999 Para entendernos: diccionario de cultura homosexual, gay y lésbica, una obra interesante que asume el punto de vista gay en los contenidos y en los destinatarios de la obra.

 

A finales de los 90 aparecer las primeras historiografías del movimiento asociativo gay-lesbiano: el La sociedad gay Juan Antonio Herrero Brasas analiza con detalle la evolución de los colectivos y de las diferentes estrategias de liberación en los últimos 30 años en España, así como las diferentes teorías que pretenden “explicar” la homosexualidad; el propio autor defiende en ocasiones posiciones un tanto esencialistas sobre la cuestión. Ricardo Llamas y Fefa Vila ya habían iniciado este tipo de estudio en su artículo “Spain: Passion for life. Una historia del movimiento de lesbianas y gays en el Estado español” (en el libro ConCiencia de un singular deseo, Xosé M. Buxán, comp.).

 

Es interesante analizar cómo el ensayo gay ha ido reflejando las distintas realidades de la sociedad y la política españolas: la manipulación mediática (Miss Media, de Ricardo Llamas), el fenómeno de las salidas del armario que se da en los últimos años (Outing en España, de Bruquetas de Castro, quien plagia literalmente textos de Paco Vidarte y Eduardo Nabal), los debates actuales que se dan en la universidad sobre el feminismo, el género y las culturas gays (ConCiencia de un singular deseo, Xosé M. Buxán, comp.), la crítica literaria (¿Alguien se atreve a decir su nombre?: enunciación homosexual y estructura del armario en el texto dramático, de Alberto Mira), la lucha por los derechos civiles (Fundamentos para el reconocimiento jurídico de las uniones homosexuales, de Pedro Talavera), la homofobia (Homofobia, de Daniel Borrillo) o la producción artística (Transgenéricos: representaciones y experiencias sobre los géneros, la sociedad y la sexualidad en el arte español contemporáneo, de Juan Vicente Aliaga).

 

En cuanto a la realidad lesbiana, la misma invisibilidad que se da alrededor del lesbianismo en la sociedad y en los medios de comunicación se da también en el campo del ensayo. No hay hasta el momento una producción sobre las realidades lesbianas hecha desde una perspectiva lesbiana. Contamos con un curioso experimento paternalista de apropiación del espacio lesbiano en la obra de Olga Viñuales Identidades lésbicas. Con un planteamiento deudor de la más tradicional antropología académica, Viñuales “estudia” la curiosa tribu de las lesbianas para concluir dándoles una palmadita en la espalda porque “han evolucionado bastante en los últimos años”.

 

Pero lo más interesante del ensayo español va a venir desde posiciones nómadas que se plantean una resistencia a los intentos de normalización de las variadas realidades gays y lésbicas. En 1998 Ricardo Llamas inaugura el ensayo queer en España con su impresionante obra Teoría torcida, un trabajo que combina el rigor investigador con una crítica minuciosa de la construcción del prejuicio contra gays y lesbianas. Entre 2000 y 2001 Paco Vidarte y Llamas publican dos libros fundamentales: Homografías y Extravíos. En ellos realizan una demoledora y lúcida crítica de diferentes espacios, discursos y realidades que se dan alrededor de la cultura gay: las estrategias para salir del armario –sin patetismos-, la homofobia del psicoanálisis, el discurso criptogay en el cine, la invención del niño mariquita, las contradicciones del capitalismo gay, los afanes taxonómicos de la sociología, el marica como especie protegida... Dos excelentes ejemplos de que es posible hacer un ensayo radical, divertido, inteligente y heterodoxo.

 

En 2002 la filósofa y activista queer Beatriz Preciado irrumpe en el mundo del ensayo español con una obra brillante y subversiva, el Manifiesto contra-sexual, donde a partir de la genealogía del dildo desarrolla un cuidadoso análisis de los sistemas de sexo y género, con el fin de desnaturalizar al sexo y desvelar el carácter protésico del mismo. En ese mismo año Rafael Mérida Jiménez recopila diversos textos clave de autoras queer en la obra Sexualidades transgresoras, una antología de estudios queer. Además, desde hace unos años disfrutamos por fin de traducciones al castellano de algunas obras clásicas de la teoría queer (Cuerpos que importan y El género en disputa de Butler, Epistemología del armario de Sedgwick, o Diferencias de T. de Lauretis).

 

Los ensayos queer mencionados dan cuenta de otras realidades que existen en España pero que no se suelen ver reflejadas en los discursos dominantes sobre la cultura gay. Los estudios queer realizan una crítica al sistema heterocentrado de sexo y género articulada con criterios como la raza, la clase social, o la discapacidad. Interrogan el lugar de producción de sexualidades y de normalidades, incluyendo en su crítica el discurso “progresista” de la antropología y de la sociología (quizá eso explica las rabietas anti-queer que podemos leer en la reciente compilación hecha por Olga Viñuales y Oscar Guasch Sexualidades. Diversidad y control social, o el intento de Viñuales de impedir la participación de Beatriz Preciado en el interesante congreso sobre Masculinidades celebrado en Barcelona entre el 14 y 16 de marzo de este año).

 

Las multitudes y los textos queer cuestionan una cultura “gay” (blanca, masculina, de clase media, española, en pareja, apolítica) que busca simplemente la integración normalizada en el orden social. El criterio de reflexión ya no es simplemente la orientación sexual. La prostitución, la pornografía, la insumisión, la lucha de clases, la inmigración, la discapacidad, o subculturas como el sadomasoquismo, los drag-kings o el movimiento oso, son realidades que atraviesan el cuerpo social, que influyen en las diferentes realidades del género y del cuerpo, y que deben ser entendidas desde sus propias prácticas y discursos, y desde su potencial político. Se trata precisamente de crear espacios de resistencia que cuestionen tanto el discurso heterocentrado como esta especie de “nuevo orden homosexual” que,  tanto desde la academia como desde el mercado capitalista, se está imponiendo poco a poco en España. Si el poder es múltiple y difuso, la resistencia al poder debe adoptar la misma forma, y eso afecta también al pensamiento y la escritura.

 

 

 

Manifiesto contra-sexual

Beatriz Preciado

Ópera Prima, Madrid, 2002

 

Una de las aportaciones más innovadoras a la teoría queer de los últimos años la encontramos en el libro de Beatriz Preciado Manifiesto contra-sexual. Para Preciado el género no es simplemente performativo, no es sólo un efecto de las prácticas culturales lingüístico-discursivas, como propone Butler. El género es protésico, es decir, se da en la materialidad de los cuerpos. Y lo que es más importante, Preciado propone a través de esta análisis cuestionar las falsas dicotomías metafísicas entre el cuerpo y el alma, la forma y la materia.  

 

Con este planteamiento radical Preciado lleva aún más lejos los análisis y cuestionamientos de la teoría queer. El sistema sexo/género dominante se ve minado por lo que ella denomina prácticas contra-sexuales: el empleo de dildos, la erotización del ano, los contratos sadomasoquistas, son algunos ejemplos de esa mutación del sexo. Preciado va a dinamitar el pensamiento binario genital (pene/vagina) centrándose en el potencial subversivo del ano, un lugar que va más allá de los límites de la diferencia sexual (todo el mundo tiene ano), un lugar que está fuera del circuito convencional de producción de placer, y un espacio de posibilidad de reelaborar el cuerpo.

 

La sociedad contra-sexual que nos descubre Preciado desmantela todos los dispositivos de normalización y de asignación de roles sexuales y de género, por medio de una serie de propuestas subversivas: eliminar el género del DNI, nombres propios sin marcas de género, abolición del contrato matrimonial, universalizar las prácticas abyectas, resexualizar el ano, parodiar los efectos asociados al orgasmo, acceso libre a las hormonas sexuales, abolición de la familia nuclear...

 

Preciado realiza una apasionante investigación genealógica sobre los antecedentes tecnológicos y políticos del dildo (estudiando archivos médicos, psicológicos, tecnológicos e industriales desde el siglo XVII al siglo XX), y muestra que el dildo, en contra de lo que se suele pensar, no está emparentado con el pene (como sustituto, o como fetiche), sino, por una parte, con la mano masturbadora que se empieza a reprimir a partir del siglo XVIII, y por otra, con las máquinas vibradoras que se empleaban para producir la crisis histérica (así llamaban al orgasmo) en las mujeres en el siglo XIX.

 

Este análisis es importante para mostrar el carácter paródico de la sexualidad; en la medida en que no hay un ‘original’ de lo masculino ni de lo femenino, resulta imposible dotar de significación al sexo, como suele intentar el poder. El trabajo de Preciado funciona como una especie de interferencia en la máquina de producción de subjetividades, una piedrita lanzada a los engranajes del dispositivo de sexo/género que desencaja la maquinaria y produce nuevas líneas de fuga y de resistencia.

 

 

Teoría Torcida. Prejuicios y discursos en torno a “la homosexualidad”

Ricardo Llamas

Siglo XXI, Madrid, 1998

 

La aparición de Teoría torcida supuso un hito en la historia de los estudios gays y lesbianos en nuestro país. Ricardo Llamas, doctor en sociología, militante queer y colaborador en diversos medios de comunicación, ya nos había sorprendido gratamente con dos libros anteriores, una importante recopilación de estudios sobre el sida (Construyendo sidentidades), y un divertido y agudo análisis de la imagen de los gays en los medios de comunicación (Miss Media). Pero en Teoría torcida Llamas hace un esfuerzo investigador sin precedentes en dos sentidos: por la abundante bibliografía con que documenta sus argumentos, y por el enfoque que adopta en el ensayo.

 

En efecto, en lugar de asumir sin más la existencia de la homosexualidad y proceder a una especie de análisis o explicación de la misma, Llamas entrecomilla esta palabra (“la homosexualidad”) e inicia un cuidadoso análisis de los discursos que han configurado dicho concepto. Este trabajo genealógico, en la mejor tradición de otros ensayistas como Foucault, Butler o Sedgwick, supone un giro copernicano de gran alcance subversivo. Llamas muestra en realidad la construcción social, discursiva, de “la homosexualidad” a partir de diversas formas del prejuicio, y muestra que esta construcción es compleja e histórica. Para ello hace un recorrido fascinante por diversos espacios de producción de saber: la ciencia médica del XIX, el psicoanálisis, la psiquiatría, la antropología, la política, la religión, la sociología, y los movimientos de liberación sexual.

 

Se puede decir que este ensayo inaugura en España los estudios queer. El propio Llamas titula su libro Teoría torcida refiriéndose a este término inglés, queer (del latin torquere, torcer). Y en efecto, en lugar de apuntalar una esencia gay u homosexual, el autor pone en cuestión la matriz heterosexual que ordena el sistema de sexo y género, se pasea por todos los argumentos de las distintas tradiciones homófobas y los  subvierte mostrando sus contradicciones. Necesitamos más de esta sociología torcida, que no anda por el camino recto (straight), que nos lleva a espacios nómadas desde los que resistir y combatir al prejuicio homofóbico.