EL ESTADO Y EL CAPITAL

 

La manifestación del 28 J de este año en Madrid marca un punto de inflexión (y de genuflexión) en la historia del movimiento de liberación de gays, lesbianas y transexuales. Para los organizadores, esta manifestación supuso un éxito sin precedentes, por el número de asistentes y por la presencia de representantes de los sindicatos y de algunos partidos políticos. Asimismo fue positivamente valorado que la fiesta post-mani no se celebrara en pleno centro de Madrid, en Chueca, sino en un recinto cerrado, en las afueras (en la Casa de Campo) tras pagar una entrada de 10 euros.

 

En mi opinión, estos datos tan aclamados no son ningún motivo de alegría. Supongo que hay muchas formas de liberación, depende de lo que uno quiera liberarse: de las canas, del polvo, de las letras del chalet, de los padres, del paro, de la homofobia, del Estado... Por eso hay que reconocer que los motivos y las esperanzas de los asistentes a esa mani son muy diversos, y no reflejan (afortunadamente) un clamor unánime ni una demanda homogénea.

 

La presencia de los líderes sindicales y de algunos líderes del PSOE y de Izquierda Unida, y el exilio de los gays a una fiesta de prepago en las afueras, son dos hechos que merecen ser analizados con desconfianza, cuando no con ira. Los sindicatos españoles UGT y Comisiones Obreras son un elemento fundamental del sistema de control social que vivimos en este país. Su dependencia absoluta de las subvenciones estatales y su servilismo escandaloso a las exigencias del poder hacen de estos sindicatos piezas fundamentales del triángulo de las Bermudas Democráticas: Gobierno-Patronal-Sindicatos. Su presencia en la manifestación no obedece a una toma de conciencia del “mundo obrero“ sobre los derechos de los gays, las lesbianas y los transexuales, sino a una operación de imagen para recuperar algo de credibilidad y apoyo social (dado que sus cuotas de afiliación son de las más bajas de Europa). Algo parecido ocurre con los líderes políticos. Esperar de los representantes del Estado un apoyo a la diversidad de las prácticas sexuales o un proyecto de cambio social real es como esperar peras del olmo. Y lo que es peor, dirigirse al Estado como garante de “nuestro” futuro es una forma de legitimar el sistema en que vivimos, llamado ingenuamente democrático. Aunque quizá el problema reside en que ese “nuestro” no sólo no es homogénero, sino a veces contradictorio (el futuro que yo deseo como marica no es el mismo que el de los maricas votantes del PP o del PSOE). Por eso no lamento en absoluto que Rodríquez Zapatero no estuviera en la manifestación (sobre todo después de que tuviera la (des)fachatez de contestar a ZERO que lo de la adopción dependerá de un (h)etéreo consenso social). Es más, es que el día que aparezca un 28 J, yo dejo de asistir a la mani.

 

Esto en lo que se refiere al Estado y sus aparatos.

 

Vayamos ahora al capital. La mani acabó de forma desastrosa (aunque nadie lo mencione) porque tuvimos que esperar más de una hora en la Puerta del Sol a que pasaran las veintitantas carrozas publicitarias de las empresas de turno, citadas en megafonía una por una por “nuestro presidente” Zerolo desde el estrado, hecho que demoró la lectura del manifiesto tanto tiempo que mucha gente abandonó la plaza cansada de esperar. Gracias a este homenaje carrozil, la lectura del manifiesto - el acto más político de la mani - tuvo poca repercusión, lo que provocó el malestar de gran parte de los asistentes. Para colmo “nuestro presidente” aprovechó la ocasión para recordarnos que nos esperaba una estupenda marifiesta en la Casa de Campo, lugar que ya ocupamos los maricas como lugar de ligue gratuito desde hace 20 años, y que ahora es ocupado por el capital con una hermosa valla y una entrada de 10 euros (más otros pagos dentro para ver actuaciones o tomar copas).

 

De modo que el balance es penoso desde muchos puntos de vista. Es lamentable que el entusiasmo y el valor de medio millón de personas se aproveche para que sindicatos y partidos hagan campaña, y para que empresas privadas hagan su agosto con publicidad gratuita (sin que sus carrozas se comprometan con posibles reivindicaciones, algo que no les costaría tanto). Lo que se olvida es que quienes han constituido siempre nuestras subjetividades son precisamente el Estado y el Capital. Quizá algunos no quieren morder la mano que les da de comer, pero otros podemos querer comernos la mano que tantas veces nos ha mordido.

 

 

Javier Sáez

Hartza

www.hartza.com