¡LA FAMILIA NUCLEAR ES RADIACTIVA!. Por Javier Sáez.

 

Este mes se celebra el primer aniversario de la aprobación en España de la modificación del código civil que permite el derecho al matrimonio a gays y lesbianas. A pesar del discurso apocalíptico y homofóbico del Partido Popular y de la Iglesia Católica sobre el fin de la familia y la degradación de las costumbres que esta norma iba a producir, la sociedad ha reaccionado con absoluta normalidad ante las numerosas bodas que se están celebrando. En realidad, este hecho histórico ha tenido un efecto contrario a lo que se temían la iglesia y sus secuaces: ha supuesto una consolidación de la idea de “familia” y de la propia institución del matrimonio. Pero a pesar del indudable avance político que significó esta modificación del código civil, la comunidad LGTB no tiene una única opinión sobre la institución del matrimonio. Algunas voces críticas han señalado la contradicción que supone abrazar una institución conservadora y heterocentrada como el matrimonio, con los valores que implica: fidelidad, vida en pareja, registro ante el Estado, etc.

 

Si echamos una ojeada a la historia de la institución del matrimonio descubrimos que en sus orígenes, tanto en cultura romana como en la edad media, se trataba de un contrato utilizado por la nobleza para la administración o mejora de las propiedades y del patrimonio, y para el control de las mujeres, es decir, era una alianza con fines económicos, sin relación alguna con el amor. Sólo siglos más tarde, con la cultura del amor renacentista derivada de autores como Petrarca o Erasmo, aparecen el amor como un elemento vinculados al matrimonio (por supuesto, siempre un amor heterosexual). El matrimonio no es declarado sacramento hasta 1545, en el Concilio de Trento. Y finalmente a partir del siglo XVIII, con la aparición de la biopolítica, es decir, de la administración de la vida por el Estado, el matrimonio se convierte en una forma de regulación del afecto y de la sexualidad, una forma sofisticada de promoción de cuerpos heteros, de modo que sólo las relaciones amparadas bajo el matrimonio van a tener respetabilidad y reconocimiento social.

 

El matrimonio, en todo caso, sigue siendo un mero contrato civil. La pregunta que nos podemos hacer desde una perspectiva crítica es la siguiente: ¿qué necesidad tenemos los gays y las lesbianas de adoptar esa institución heterocentrada? Gays y lesbianas tenemos otras formas de vida, de afecto, de solidaridad, de amistad y de sexualidad mucho más creativas y variadas que el simple modelo de la pareja hetero. Por otra parte, sería deseable que todas las personas tuvieran acceso a determinados servicios básicos (derechos de ciudadanía si se es inmigrante, por ejemplo), sin necesidad de pasar por el contrato matrimonial. Da la impresión de que en realidad el Estado “premia” a las personas que pasan por ese trámite, concediéndoles determinados privilegios.

 

El feminismo fue el primer movimiento político que inició la crítica del matrimonio, en la medida en que suponía una forma de controlar y regular a las mujeres en la esfera social y familiar, supeditándolas al control patriarcal y destinándolas a ser madres (de ahí la raíz latina de matrimonio, derivado de 'madre'). En los años 80 algunas militantes del feminismo lesbiano van a profundizar en esta crítica al matrimonio, denunciando la reproducción de valores heterosexuales (por ejemplo Monique Wittig, en su ensayo clásico El pensamiento heterosexual). La crítica más radical la encontramos en la obra de Beatriz Preciado, que en su libro Manifiesto contrasexual llega a proponer la prohibición del matrimonio. En Cataluña el Grup de Lesbianes Feministes editó hace tiempo el documento “Más allá del matrimonio”, donde se cuestionaba en profundidad el matrimonio (http://www.lesbifem.org/textos/matrimoni/matrimoni.html) y se abogaba por su desaparición. Pero parece que estas críticas no ha tenido un impacto importante en la sociedad: la mayoría de las personas siguen casándose (y divorciándose, no lo olvidemos), y repitiendo esa letanía de las películas americanas y de la iglesia, según la cual el matrimonio es “la consagración definitiva del amor”.

 

Pero ¿qué necesidad de firmar un contrato civil tienen dos personas enamoradas? ¿No estaremos repitiendo mecánicamente el rito hetero por excelencia, en búsqueda de una especie de reconocimiento por parte de esa misma comunidad homófoba que nos ha despreciado y excluido durante siglos? ¿Tiene sentido suplicar la entrada en ese club de la normalidad? Es más, podríamos plantearnos si el amor mismo no es un invento heterosexual, con una genealogía, unos valores y una retórica que sólo tienen sentido en un contexto concreto. Para algun@s de nosotr@s es más interesante crear nuevas formas de convivencia y de amistad, y reforzar los valores comunitarios, reivindicando que los derechos fundamentales se reconozcan a todas las personas, sin necesidad de firmar ningún contrato ante el Estado ni de reducirlos al ámbito de lo privado.  Para el poder resulta amenazador e inquietante que determinadas subculturas hagan proliferar formas de solidaridad y de complicidad fuera de su control, sin un registro, sin la necesidad de domesticar vidas y afectos. Las minorías sexuales hemos creado esas redes a lo largo de nuestra historia, sería una pena perderlas ahora para caer en el pobre modelo liberal de la familia. Algun@s preferimos vivir de otra manera, recordando el lema que coreaban las militantes del Grupo de Trabajo Queer: “¡la familia nuclear es radiactiva!”.

 

Javier Sáez es autor del libro Teoría queer y psicoanálisis (Síntesis), y coautor con Paco Vidarte y David Córdoba del libro Teoría queer: políticas bolleras, maricas, trans, mestizas (Egales).

 

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¿QUE OPINAS DEL DERECHO AL MATRIMONIO PARA LESBIANAS Y GAYS? ¿TU TE CASARIAS?

 

Si algo me ha llamado la atención del movimiento gay en los últimos años es que el matrimonio se haya convertido públicamente en la reivindicación por excelencia, incuestionable, en detrimento por ejemplo –por citar un tema también legal– de los derechos de filiación, todavía no resueltos para las parejas de lesbianas que deciden tener un hijo o hija por inseminación. El matrimonio para lesbianas y gays pone fin a una discriminación, pero también nos integra en la heteronormatividad en la medida en que la relación matrimonial se nos presenta como la única legitimada legal y socialmente, y las otras relaciones sexuales y de cuidado que hemos ido construyendo al largo de los años quedan en el espacio de lo innombrable, lo irreconocible.

 

En lo que respecta al matrimonio en general, se suele destacar los derechos que conlleva (pensiones, herencias, seguridad social, nacionalidad para la pareja, etc.), pero no se cuestiona que estos derechos sean binomiales, por el hecho de tener pareja. ¿Por qué no plantearse la abolición del matrimonio y la reivindicación de unos derechos sociales universales, para tod*s independientemente del estado civil, que incluyan las relaciones de cuidado, afectivas y de dependencia, que son las que socialmente deberíamos proteger?

 

En el ámbito personal, tengo pareja de hace tiempo y tenemos una hija en común. Hemos optado por no casarnos y, en el terreno de lo legal, proteger la relación con nuestra hija, que, por su edad, nueve meses, depende para todo de nosotras.

 

Marta Estella

Grup de Lesbianes Feministes

 

 

Decir que estás contra el matrimonio como institución no es estar en contra que la gente que quiera casarse pueda hacerlo. Desde luego que uno ha de tener ese derecho y las ventajas jurídicas que conlleva. Pero si algo ha ofrecido el movimiento gay a la sociedad es su crítica a la pareja y la familia en el sentido tradicional. La subyugación del uno sobre el otro, la pérdida de libertad e independencia y el convertirnos en máquinas procreativas, creadoras de futura mano de obra precaria para mantener el Estado con sus impuestos, no es algo necesario para realizarnos como personas. Los GLT hemos sido capaces de desarrollar un sistema de relación personal más abierta y plural que podemos ofrecer como avance social. El matrimonio en sí es retrógrado. Además, creemos que no decimos nada nuevo: el considerar que para validar un sentimiento no es preciso un papel ya lo decían los hippys en los sesenta. Nosotros estamos a favor de los derechos y libertades individuales y no entendemos porque esa prisa de este gobierno por desarrollar los binomiales. Es más importante acabar de una vez por todas contra las discriminaciones y agresiones, y poner los mecanismos jurídicos para que nuestra libertad sea total con una ley contra la homofobia. Además, que alguien se pueda casar sin conseguir que haga algo tan sencillo como salir del armario no vale de nada. ¿Para qué casarse si tu vecino del rellano de la escalera no sabe que eres gay? Creemos, desde el Col·lectiu Gai de Barcelona, que Zapatero con esta ley ha querido cubrir su cupo de progresía por lo que respecta a los GLT, y que con ella consigue presentarse como moderno con una ley que no le significa coste alguno. No hará casas de acogida gratuitas para los adolescentes GLT maltratados por sus padres. Tampoco 50.000 viviendas de protección oficial para marikas. Ni geriátricos rosas subvencionados por el Estado. Con la reforma del Código Civil para incluir los matrimonios de parejas del mismo sexo (¿y para cuando los tríos?) sabe que en vez de gasto lo que genera son ingresos. O eso cree: que todos nos casaremos y haremos listas de boda, y viajes de novios, e hipotecas para nuevos pisos, y que invertiremos nuestros sueldos en pañales y chupetes. Por nuestra parte lo tiene claro.

 

 

Ferran Pereda

Militante del Col·lectiu Gai de Barcelona

 

 

 

 

La institución del matrimonio en nuestra sociedad es uno de los pilares básicos donde se sustenta toda la ideología heterosexista, patriarcal y clasista. El FAGC desde sus inicios en 1975 ha cuestionado el matrimonio por representar una de las máximas expresiones de los modelos afectivo-sexual que rechazamos. Creemos que no se puede dotar al estado del poder de regular nuestros sentimientos, sexualidad y vida afectiva y firmar un contrato que controle nuestras relaciones interpersonales. El matrimonio como sustento de la familia patriarcal es muchas veces un contrato mercantil que asegure el mantenimiento de un sistema basado en las desigualdades de género y por ende económicas, relegando a la mujer a un papel de cuidadora, entregada a las tareas del hogar. No creemos tampoco que la única formula posible de relación sea la pareja pues, pueden existir otras combinaciones.

 

 

En cuanto al matrimonio para gais y lesbianas siempre hemos defendido la plena equiparación de derechos legales y sociales, y desde esta reivindicación general la ley del matrimonio recientemente aprobada daría paso a corregir una situación de desigualdad. Dicho esto ,nunca hemos considerado que fuera ninguna prioridad para gais y lesbianas y mucho menos ninguna solución a la creciente homofobia que seguimos padeciendo gais y lesbianas.

Gais y lesbianas a lo largo de la historia hemos sabido desconstruir el modelo heteronormativo y crear nuevas expresiones de relación interpersonal afectivo-sexual basadas en nuestras necesidades y sin necesidad de ninguna regulación. A nivel económico apostamos por que cada persona a de tener una renta básica que le asegure su independencia y emancipación personal.

Yo no me casare, nunca he creído necesario la intervención del estado en mi "cama" ni me he resultado interesante el modelo e ideología que conlleva el matrimonio, creo en la libertad de inventar nuevos modelos  basados en la solidaridad entre las personas y la libre expresión de la sexualidad y/o afectividad.

 

Eugeni Rodríguez, miembro del FAGC  FRONT D’ALLIBERAMENT GAI DE CATALUNYA

 

 

 

Es de destacar la ausencia de análisis o critica que se da en el mundo heterocentrado. Su constitución como natural, lógico o universal le blinda a cualquier cuestionamiento sobre sus usos y leyes. De ahí que los únicos cuestionamientos al matrimonio se hayan producido desde la tradición libertina y el feminismo, campos estos,  en clara contradicción con la norma.  La posibilidad de acceder al matrimonio para gays y lesbianas puede entenderse como un acercamiento o remedo de los usos y costumbres heterosexuales o  como un acceso a  formulas establecidas, y bendecidas, de un sistema preocupado por intervenir, a su claro favor. Es obvio que hay instituciones privilegiadas legal y socialmente, pero el acceso a ellas no puede interpretarse simplemente como un camino a la igualdad,   sino más bien, como un fortalecimiento de estructuras fortalecedoras y base de un sistema injusto.

 

La intervención en el ámbito privado para perpetuar sistemas de dominio y/o represión, es una práctica antigua, la intervención en los cuerpos y en la vida, aun siendo mas moderna, cumple la misma función. El matrimonio perpetua modelos altamente reglamentados de las relaciones humanas adultas, soslayando el imperativo de resolver las necesidades de todas las personas individualmente. Y es que la igualdad, cuando se entiende como acceso acrítico a las estructuras sociales no hace sino perpetuar mecanismos de exclusión.

 

El uso del amor, seguramente el concepto con menos rigor y mas altamente trillado, para justificar la institución matrimonial, no es sino un mero calco de unos patrones de conducta claramente heterocentrados y, por supuesto, nada ajenos a un régimen económico, el capitalismo, basado en la explotación.  La adquisición de estos modelos por parte de la comunidad GLT deviene en un gran déficit de su potencial subversivo, por que como cualquier grupo minorizado su esencia esta en desnudar los mecanismos de exclusión y no en perpetuar estructuras que los reproduzcan e implementen. No se trata de ser héroes, sino de no perder la posibilidad de seguir cuestionando la forma en que nos relacionamos.

 

Pero, hecha la ley hecha la trampa, el acceso al matrimonio puede servirnos para acercar derechos a quienes los ven negados. Mientras nuestras administraciones en los foros internacionales siguen obviando la triste, cruel y sufrida vida que padece el colectivo GLT en muchos países, en algunos se castiga hasta con la pena de muerte, las bollos y los maricas de los países ricos podemos mitigar ese dolor haciendo uso de la institución matrimonial, casándonos con aquellas personas que, por haber nacido en lugares donde las practicas homosexuales están prohibidas,  ven en el matrimonio y en poder migrar la única escapatoria a una muerte civil o física. Eso si, estos matrimonios de conveniencia, serán siempre mas vigilados que los de los heterosexuales. Yo para eso sí me caso.

 

Sejo Carrascosa. Trabajador de SIDALAVA, Comisión Ciudadana Antisida de Álava.