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Este mes se celebra el primer aniversario
de la aprobación en España de la modificación del código civil que permite el
derecho al matrimonio a gays y lesbianas. A pesar del discurso apocalíptico y homofóbico del Partido Popular y de
Si echamos una ojeada a la historia de la institución del matrimonio descubrimos que en sus orígenes, tanto en cultura romana como en la edad media, se trataba de un contrato utilizado por la nobleza para la administración o mejora de las propiedades y del patrimonio, y para el control de las mujeres, es decir, era una alianza con fines económicos, sin relación alguna con el amor. Sólo siglos más tarde, con la cultura del amor renacentista derivada de autores como Petrarca o Erasmo, aparecen el amor como un elemento vinculados al matrimonio (por supuesto, siempre un amor heterosexual). El matrimonio no es declarado sacramento hasta 1545, en el Concilio de Trento. Y finalmente a partir del siglo XVIII, con la aparición de la biopolítica, es decir, de la administración de la vida por el Estado, el matrimonio se convierte en una forma de regulación del afecto y de la sexualidad, una forma sofisticada de promoción de cuerpos heteros, de modo que sólo las relaciones amparadas bajo el matrimonio van a tener respetabilidad y reconocimiento social.
El matrimonio, en todo caso, sigue siendo
un mero contrato civil. La pregunta que nos podemos hacer desde una perspectiva
crítica es la siguiente: ¿qué necesidad tenemos los gays y las lesbianas de
adoptar esa institución heterocentrada? Gays y
lesbianas tenemos otras formas de vida, de afecto, de solidaridad, de amistad y
de sexualidad mucho más creativas y variadas que el simple modelo de la pareja hetero. Por otra parte, sería deseable que todas las
personas tuvieran acceso a determinados servicios básicos (derechos de
ciudadanía si se es inmigrante, por ejemplo), sin necesidad de pasar por el
contrato matrimonial. Da la impresión de que en realidad el Estado “premia” a
las personas que pasan por ese trámite, concediéndoles determinados
privilegios.
El feminismo fue el primer movimiento
político que inició la crítica del matrimonio, en la medida en que suponía una
forma de controlar y regular a las mujeres en la esfera social y familiar,
supeditándolas al control patriarcal y destinándolas a ser madres (de ahí la
raíz latina de matrimonio, derivado de 'madre'). En los años 80 algunas
militantes del feminismo lesbiano van a profundizar en esta crítica al
matrimonio, denunciando la reproducción de valores heterosexuales (por ejemplo Monique Wittig, en su ensayo
clásico El pensamiento heterosexual). La crítica más radical la
encontramos en la obra de Beatriz Preciado, que en su libro Manifiesto contrasexual llega a proponer la prohibición del
matrimonio. En Cataluña el Grup de Lesbianes Feministes editó hace
tiempo el documento “Más allá del matrimonio”, donde se cuestionaba en
profundidad el matrimonio (http://www.lesbifem.org/textos/matrimoni/matrimoni.html)
y se abogaba por su desaparición. Pero parece que estas críticas no ha tenido
un impacto importante en la sociedad: la mayoría de las personas siguen
casándose (y divorciándose, no lo olvidemos), y repitiendo esa letanía de las
películas americanas y de la iglesia, según la cual el matrimonio es “la
consagración definitiva del amor”.
Pero ¿qué necesidad de firmar un contrato
civil tienen dos personas enamoradas? ¿No estaremos repitiendo mecánicamente el
rito hetero por excelencia, en búsqueda de una
especie de reconocimiento por parte de esa misma comunidad homófoba que nos ha
despreciado y excluido durante siglos? ¿Tiene sentido suplicar la entrada en
ese club de la normalidad? Es más, podríamos plantearnos si el amor mismo no es
un invento heterosexual, con una genealogía, unos valores y una retórica que
sólo tienen sentido en un contexto concreto. Para algun@s
de nosotr@s es más interesante crear nuevas formas de
convivencia y de amistad, y reforzar los valores comunitarios, reivindicando
que los derechos fundamentales se reconozcan a todas las personas, sin
necesidad de firmar ningún contrato ante el Estado ni de reducirlos al ámbito
de lo privado. Para el poder resulta
amenazador e inquietante que determinadas subculturas
hagan proliferar formas de solidaridad y de complicidad fuera de su control,
sin un registro, sin la necesidad de domesticar vidas y afectos. Las minorías
sexuales hemos creado esas redes a lo largo de nuestra historia, sería una pena
perderlas ahora para caer en el pobre modelo liberal de la familia. Algun@s preferimos vivir de otra manera, recordando el lema
que coreaban las militantes del Grupo de Trabajo Queer: “¡la familia nuclear es
radiactiva!”.
Javier Sáez es autor del libro Teoría queer y
psicoanálisis (Síntesis), y coautor con Paco Vidarte
y David Córdoba del libro Teoría queer: políticas bolleras, maricas, trans, mestizas (Egales).
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¿QUE OPINAS DEL DERECHO AL
MATRIMONIO PARA LESBIANAS Y GAYS? ¿TU TE CASARIAS?
Si algo me ha llamado
la atención del movimiento gay en los últimos años es que el matrimonio se haya convertido públicamente en la reivindicación
por excelencia, incuestionable,
en detrimento por ejemplo
–por citar un tema también legal– de los derechos de filiación, todavía no resueltos para las parejas de lesbianas que deciden tener un hijo o hija por inseminación. El matrimonio para lesbianas y gays pone fin a una discriminación, pero también nos integra en la heteronormatividad en la medida
en que la relación matrimonial se nos presenta como
la única legitimada legal y socialmente, y las otras relaciones sexuales y de cuidado que hemos ido construyendo al largo de los años
quedan en el espacio de lo
innombrable, lo irreconocible.
En lo que respecta al matrimonio en general, se suele
destacar los derechos que conlleva
(pensiones, herencias, seguridad
social, nacionalidad para la pareja,
etc.), pero no se cuestiona
que estos derechos sean binomiales, por el hecho de tener pareja. ¿Por qué no plantearse la abolición del matrimonio y la reivindicación de unos derechos sociales universales, para tod*s independientemente del estado
civil, que incluyan las relaciones de cuidado, afectivas y de dependencia, que son las que socialmente
deberíamos proteger?
En el ámbito
personal, tengo pareja de hace tiempo y tenemos
una hija en común. Hemos optado por no casarnos y, en el terreno de lo legal, proteger la relación con nuestra hija, que, por su edad, nueve meses, depende para todo de nosotras.
Marta Estella
Grup de Lesbianes
Feministes
Decir que estás contra el
matrimonio como institución no es estar en contra que la gente que quiera
casarse pueda hacerlo. Desde luego que uno ha de tener ese derecho y las
ventajas jurídicas que conlleva. Pero si algo ha ofrecido el movimiento gay a
la sociedad es su crítica a la pareja y la familia en el sentido tradicional.
La subyugación del uno sobre el otro, la pérdida de libertad e independencia y
el convertirnos en máquinas procreativas, creadoras
de futura mano de obra precaria para mantener el Estado con sus impuestos, no
es algo necesario para realizarnos como personas. Los GLT hemos sido capaces de
desarrollar un sistema de relación personal más abierta y plural que podemos
ofrecer como avance social. El matrimonio en sí es retrógrado. Además, creemos
que no decimos nada nuevo: el considerar que para validar un sentimiento no es
preciso un papel ya lo decían los hippys en los
sesenta. Nosotros estamos a favor de los derechos y libertades individuales y
no entendemos porque esa prisa de este gobierno por desarrollar los binomiales. Es más importante acabar de una vez por todas
contra las discriminaciones y agresiones, y poner los mecanismos jurídicos para
que nuestra libertad sea total con una ley contra la homofobia. Además, que
alguien se pueda casar sin conseguir que haga algo tan sencillo como salir del
armario no vale de nada. ¿Para qué casarse si tu vecino del rellano de la
escalera no sabe que eres gay? Creemos, desde el Col·lectiu
Gai de Barcelona, que Zapatero con esta ley ha
querido cubrir su cupo de progresía por lo que respecta a los GLT, y que con
ella consigue presentarse como moderno con una ley que no le significa coste
alguno. No hará casas de acogida gratuitas para los adolescentes GLT
maltratados por sus padres. Tampoco 50.000 viviendas de protección oficial para
marikas. Ni geriátricos rosas subvencionados por el
Estado. Con la reforma del Código Civil para incluir los matrimonios de parejas
del mismo sexo (¿y para cuando los tríos?) sabe que en vez de gasto lo que
genera son ingresos. O eso cree: que todos nos casaremos y haremos listas de
boda, y viajes de novios, e hipotecas para nuevos pisos, y que invertiremos
nuestros sueldos en pañales y chupetes. Por nuestra parte lo tiene claro.
Ferran Pereda
Militante del Col·lectiu
Gai de Barcelona
La institución del matrimonio en nuestra
sociedad es uno de los pilares básicos donde se sustenta toda la ideología heterosexista, patriarcal y clasista. El FAGC desde sus
inicios en
En cuanto al matrimonio para gais y lesbianas siempre hemos defendido la plena
equiparación de derechos legales y sociales, y desde esta reivindicación
general la ley del matrimonio recientemente aprobada daría paso a corregir una
situación de desigualdad. Dicho esto ,nunca hemos
considerado que fuera ninguna prioridad para gais y
lesbianas y mucho menos ninguna solución a la creciente homofobia que seguimos
padeciendo gais y lesbianas.
Gais
y lesbianas a lo largo de la historia hemos sabido desconstruir
el modelo heteronormativo y crear nuevas expresiones
de relación interpersonal afectivo-sexual basadas en nuestras necesidades y sin
necesidad de ninguna regulación. A nivel económico apostamos por que cada
persona a de tener una renta básica que le asegure su independencia y
emancipación personal.
Yo no me casare, nunca he creído
necesario la intervención del estado en mi "cama" ni me he resultado
interesante el modelo e ideología que conlleva el matrimonio, creo en la
libertad de inventar nuevos modelos
basados en la solidaridad entre las personas y la libre expresión de la
sexualidad y/o afectividad.
Eugeni Rodríguez, miembro
del FAGC FRONT D’ALLIBERAMENT GAI DE
CATALUNYA
Es de destacar la ausencia de análisis o critica que se da en el mundo
heterocentrado. Su constitución como natural, lógico
o universal le blinda a cualquier cuestionamiento sobre sus usos y leyes. De
ahí que los únicos cuestionamientos al matrimonio se hayan producido desde la
tradición libertina y el feminismo, campos estos, en clara contradicción con la norma. La posibilidad de acceder al matrimonio para
gays y lesbianas puede entenderse como un acercamiento o remedo de los usos y
costumbres heterosexuales o como un
acceso a formulas establecidas, y
bendecidas, de un sistema preocupado por intervenir, a su claro favor. Es obvio
que hay instituciones privilegiadas legal y socialmente, pero el acceso a ellas
no puede interpretarse simplemente como un camino a la igualdad, sino más bien, como un fortalecimiento de
estructuras fortalecedoras y base de un sistema injusto.
La intervención en el ámbito privado para perpetuar sistemas de
dominio y/o represión, es una práctica antigua, la intervención en los cuerpos
y en la vida, aun siendo mas moderna, cumple la misma
función. El matrimonio perpetua modelos altamente reglamentados de las
relaciones humanas adultas, soslayando el imperativo de resolver las
necesidades de todas las personas individualmente. Y es que la igualdad, cuando
se entiende como acceso acrítico a las estructuras
sociales no hace sino perpetuar mecanismos de exclusión.
El uso del amor, seguramente el concepto con menos rigor y mas
altamente trillado, para justificar la institución matrimonial, no es sino un
mero calco de unos patrones de conducta claramente heterocentrados
y, por supuesto, nada ajenos a un régimen económico, el capitalismo, basado en
la explotación. La adquisición de estos
modelos por parte de la comunidad GLT deviene en un gran déficit de su
potencial subversivo, por que como cualquier grupo minorizado su esencia esta
en desnudar los mecanismos de exclusión y no en perpetuar estructuras que los
reproduzcan e implementen. No se trata de ser héroes, sino de no perder la
posibilidad de seguir cuestionando la forma en que nos relacionamos.
Pero, hecha la ley hecha la trampa, el acceso al matrimonio puede
servirnos para acercar derechos a quienes los ven negados. Mientras nuestras
administraciones en los foros internacionales siguen obviando la triste, cruel
y sufrida vida que padece el colectivo GLT en muchos países, en algunos se
castiga hasta con la pena de muerte, las bollos y los maricas
de los países ricos podemos mitigar ese dolor haciendo uso de la institución
matrimonial, casándonos con aquellas personas que, por haber nacido en lugares
donde las practicas homosexuales están prohibidas, ven en el matrimonio y en poder migrar la
única escapatoria a una muerte civil o física. Eso si, estos matrimonios de
conveniencia, serán siempre mas vigilados que los de los heterosexuales. Yo
para eso sí me caso.
Sejo Carrascosa. Trabajador de SIDALAVA, Comisión Ciudadana Antisida de Álava.