EL FARO DE FORMENTERA

( Tierra, Agua, Aire, Fuego y... MÚSICA )

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S.M. la Reina (q.D.g.) se ha servido disponer que el día 30 del mes de Noviembre próximo se ilumine ese faro.

En su virtud y sin esperar nuevas órdenes el expresado día y a la hora marcada por el Reglamento encenderá V. el mismo, continuando así en lo sucesivo. =D que a V. m. a. = Palma 13 de Setiembre* de 1861

El Ingeniero Jefe. Emilio Pou

Al Torrero Principal del Faro de Formentera.

De esa manera, y por orden de S.M. la Reina Isabel II, D. Rafael Urrutia, Torrero Principal del Faro de Formentera, dio origen a una nueva estrella costera para orientación de los navegantes, y que salvo en dos ocasiones (la guerra en Filipinas y la Guerra Civil) no ha dejado de brillar hasta nuestros días en las noches mediterráneas.

En pocos lugares puede uno sentir la presencia simultanea de los cuatro elementos de una manera tan evidente y provocadora como en los faros. Aquí la Tierra sirve de punto de apoyo de una torre en cuya cima será prendido un Fuego, para así poder navegar por unas Aguas siempre enigmáticas pero prometedoras, ayudados por el Aire que el caprichoso Eolo decide enviar unas veces en una dirección y otras en la contraria.

Pero en mi caso particular tengo que añadir a todo ello la música.

Recalé en este faro un 25 de noviembre de 1989, aunque ya pertenecía al cuerpo de Técnicos Mecánicos de Señales Marítimas desde 1987.

Nací en Burgos y allí comencé mis estudios musicales hasta que llegó un punto en el cual tuve que enfrentarme a una realidad ineludible:

vivir de la composición no era muy esperanzador y, además, mi desencanto con la manera de enseñar el Contrapunto, la Fuga y la Composición en los conservatorios crecía de forma alarmante.

Por todo ello decidí abandonar los estudios oficiales de composición para elegir como medio de aprendizaje la vía directa compositor-alumno y así, gracias al buen hacer de compositores como Alejandro Yagüe, Pedro Mª de la Iglesia, Xavier Carbonell o Albert Sardá pude bucear y aprender en las partituras de los grandes maestros. Bach, Beethoven, Stravinsky u Olivier Messiaen supusieron para mí fuentes inagotables de conocimiento.

Esa decisión implicaba elegir un trabajo como "modus vivendi" y así fue como decidí convertirme en farero. El mundo de las señales marítimas ha ido penetrando en mi vida de tal manera que ahora música y faros son para mí una misma cosa llegando a utilizar en la mayoría de mis partituras los ritmos de los destellos, es decir, la característica de los faros.

Primero fui destinado al faro de Adra (Almería) y después me encargué del balizamiento de los puertos de La Línea, Algeciras y Tarifa para finalmente ocuparme del faro de La Mola.

En este faro, además de las labores normales como Técnico de Señales Marítimas, me he preocupado de clasificar y analizar toda su documentación antigua apareciendo ante mis ojos una historia fascinante.

Este faro, como muchos otros del territorio español, comenzó utilizando el aceite de oliva como combustible. Para ello se empleaban unas lámparas moderadoras de aceite. El modelo más utilizado de esta maquinaria consistía en un recipiente o depósito de combustible en el que por la acción de un émbolo de cuero, montado sobre una armadura de hierro fundido, se ejercía la presión necesaria sobre la superficie del líquido para que este pasase a un tubo por el que ascendía hasta el mechero.

Las mechas estaban constituidas por un tejido especial de algodón, de trama ancha, por el que el combustible ascendía por capilaridad. El mechero, por su parte, y como su nombre indica, era la parte donde se alojaban las mechas produciéndose la inflamación del combustible y por lo tanto la luz. Estos mecheros podían dar cabida a distinto número de mechas dando lugar a mecheros de hasta 4 ó 5 mechas. Estas mechas se colocaban de manera concéntrica y con mayor altura según se acercaban al centro.

Existía un pliego de condiciones para el abastecimiento de aceite de oliva, pero como me extendería demasiado hablando sobre sus curiosidades, tan sólo haré referencia a que los torreros debían probar y oler el mencionado aceite para comprobar su buena calidad.

Posteriormente, en 1883, se procedió en las islas Baleares, a cambiar el tipo de combustible a emplear en los faros y se pasó del aceite de oliva a la parafina de Escocia, que se traía desde Glasgow.

Ya en Francia se empezaron a hacer pruebas con el aceite mineral para sustituir al de colza que allí utilizaban. Como consecuencia del éxito obtenido desde 1857 se empezaron a encender en Francia algunas luces de puerto con aceite mineral. En España se comenzó a aplicar hacia 1877 en la provincia de Santander, hasta que, como he mencionado, fue en 1883 cuando llega el aceite mineral o parafina de Escocia al faro de Formentera, concretamente un 10 de octubre. La parafina utilizada en todos los faros de España procedía de una fábrica de Glasgow llamada Joumg´s Paraffin Light and Mineral Oil. C. O. Limited.

Uno de los ingenios que aportó el uso de la parafina fue la utilización del mechero Dotty, nombre que recibe del capitán americano M. Dotty, y que aportó una solución a la mala combustión que se producía utilizando el aceite mineral con los antiguos mecheros, aumentando la intensidad de la luz y eliminando el exceso de humos.

Pero la vida en el faro de Formentera sigue transcurriendo entre temporales y calma chichas sin que los torreros vean alteradas sus labores cotidianas salvo en algunas raras ocasiones como fue por ejemplo el 12 de mayo de 1898, cuando se ordenó por medio del Comandante de Marina de las Baleares a los empleados del faro de la Mola, que ejercieran una mayor vigilancia en las costas y dieran conocimiento de cualquier barco de guerra que avistasen... y el 19 de julio se ordena apagar el faro.

Hay que recordar que en el mes de abril, los EE.UU. de América habían declarado la guerra a España y que el 1º de mayo tomaron Manila.

Muchas son las anécdotas que se pueden contar de esta época,como las desavenencias entre las tres familias que el faro residían, o algunos naufragios que ocurrieron en las cercanías y hasta la aparición de un ataúd flotando en las inmediaciones del faro conteniendo su correspondiente cadáver.

El año de 1901 conlleva una renovación importante en la tecnología del faro pues el petróleo aborda a los torreros sin darles opción para amotinarse y así los nuevos ingenios comienzan a gobernar la vida de estas gentes que sin darse cuenta y a pesar de encontrarse en un punto tan aislado del resto de la sociedad, son el espejo donde se reflejan muchos de los cambios socio políticos de un mundo que les olvidaba.

El 20 de mayo de 1901 se realizaron las primeras pruebas con petróleo en el faro de Formentera con motivo de lo cual escribía el torrero principal lo siguiente: Para que la luz tenga el mismo desarrollo que con la parafina es preciso tener las mechas un milímetro más altas, las chimeneas también y el registro más cerrado, todas las observaciones hacen ver que no tiene el mismo grado de fuerza que la parafina, sin que por eso no deja hacer la luz blanca y pura(sic), pero siempre un poco más baja.

Al principio nada parecía que fuese a cambiar y de hecho la situación se mantuvo así durante 27 años, pero poco a poco en las costas españolas comenzaron a verse más y más luces procedentes de viviendas o bien de embarcaciones que surcaban cada vez en mayor número nuestros mares, por lo que se podía dar lugar a una confusión entre las luces mencionadas y la de los faros con característica de luz fija sin destellos, por ello se fueron eliminando progresivamente las apariencias de luz fija en los faros, y se pasó a implantar la de destellos rítmicos.

Este cambio de apariencia implicaba la incorporación de nuevos ingenios al mundo de las señales marítimas aunque por otra parte, en muchos otros faros las ópticas con sistema de rotación ya funcionaban desde hacía bastante tiempo, pero a La Mola este cambio no llegó hasta el año 1928 que fue cuando se sustituyó la antigua óptica fija por otra de la casa parisina Henry Lepault con basamento de mercurio, 12 paneles con lentes centrales y otros 12 paneles catadióptricos y sistema de rotación, que consistía en un mecanismo de relojería con remonte de pesos, fabricado por La Maquinista Valenciana.

En el diario de servicio del día 1 de noviembre de 1928 podemos leer: Con motivo de haberse terminado el montaje del nuevo aparato óptico e instalado el alumbrado de incandescencia por vapor de petróleo sistema "Chance", un capillo autoforma de 85m/m en el día de hoy se encendió e inauguró en este faro con carácter oficial la nueva apariencia de destellos blancos equidistantes invirtiendo 5 segundos en cada fase repitiéndose doce veces esta misma fase a cada revolución completa del aparato óptico, invirtiendo por lo tanto un minuto en cada vuelta. El servicio funcionó durante el turno sin novedad..

Brevemente comentaré que la luz se obtenía por la combustión de petróleo vaporizado a presión, y previamente caliente, con el oxígeno. El combustible almacenado en un depósito ascendía por una tubería hasta un vaporizador gracias a la presión que le comunicaba otro depósito de aire. En el vaporizador se calentaba el petróleo y se convertía en vapor, que salía por un inyector para quemarse con el aire dando lugar a la incandescencia del capillo, que no era otra cosa que una camisa parecida a las utilizadas actualmente en los "camping gas"

Hasta 1971 no llegaría la electricidad a este faro, manteniéndose durante todo ese tiempo el mismo sistema de alumbrado de 1928, incluso la óptica actual sigue siendo la traída desde París en aquella fecha.

Hoy en día el faro de Formentera es singular por varias razones y es que por ejemplo posee una óptica que es única en España, conserva la linterna original de 1861 siendo la última de estas características que se mantiene en servicio en las Baleares, y además está ubicado en unos acantilados donde anida una de las mayores colonias de la Pardela Pichoneta en su variante mediterránea (Puffinus yelkouan muretánicus) y de la Pardela Cenicienta (Calonecrtrix diomedea diomedea), las cuales proporcionan un espectáculo sonoro que junto con la visión de los doce haces del faro girando incesantemente, producen en el afortunado espectador unas sensaciones difíciles de expresar con palabras. Las fronteras de la realidad se rompen y uno cree estar de repente en un mundo de dimensiones desconocidas. Sólo la música puede explicar lo que allí sucede y por eso el faro de Formentera está siempre presente, de una u otra forma, en todas las partituras que, de la mejor manera que sé, escribo en esta torre centenaria, consciente de ser uno de los últimos fareros que quedan en este país.

Formentera, 2 de agosto de 1998.

Javier Pérez de Arévalo López.