GENET QUEER.

"Será la herida misma la que le fuerce a vivir"

Nietzche

En el año 2.000 se cumplen noventa años del nacimiento de uno de los autores mas controvertidos, mitificados y transgresores de la literatura de este siglo que acaba: Jean Genet. También uno de los peor conocidos. Ríos de tinta se han vertido sobre su vida y su obra: su condición de huérfano, ladrón y chapero, su paso por la cárcel de la que saldrá gracias a Sartre y otros intelectuales franceses, su paso por la España republicana, sus primeros éxitos teatrales con obras de gran simbolismo social, su compromiso político, su homosexualidad expresada con contundencia en sus novelas y poemas, su reivindicación de la estética del mal y la traición, su obsesión por estar al margen... A pesar de todas estas apreciaciones son muchas las zonas de la vida y la obra de Genet que siguen siendo un enigma. La teoría queer ha arrojado algo de luz nueva sobre su concepción del mundo y su potencial subversivo. Este artículo pretende acercarse a la obra literaria de su autor (en particular a algunas de sus novelas) escarbando en su peculiar concepción del género y la disidencia sexual, incidiendo, además, en su implacable y sorprendente modernidad.

 

La masculinidad es uno de los temas centrales de la obra de Jean Genet, aunque su concepción de las tensiones en el universo masculino no ha sido siempre bien comprendida. De hecho se considera, un tanto superficialmente, a algunos escritores gays como herederos de Genet por situar sus obras en ambientes de crimen, robos y prostitución con ciertas dosis de violencia aunque su concepción estética, sus posicionamientos éticos y sus obsesiones temáticas sean distintas e incluso opuestas. Al situar sus novelas en un universo eminentemente masculino donde lo femenino funciona como alteridad y elemento desestabilizador se le ha acusado de misógino y hasta de interiorizar la homofobia social y mostrarla en sus escritos. Ninguna de estas dos acusaciones es del todo falsa pero sí enormemente simplificadoras. Genet ha presentado tipos masculinos muy diferentes. Su concepción de la masculinidad no es en absoluto unitaria y se permite numerosas burlas y juegos irónicos con la identidad de esos personajes a través de los cuales nos presenta las relaciones homosociales. La cárcel, espacio privilegiado, si se quiere, de una masculinidad violenta y un sublimado homoerotismo no es sino un reflejo en pequeña escala de las relaciones entre hombres que se desarrollan en el mundo exterior, de la homosexualidad reprimida que está detrás de las relaciones de poder, amistad y rivalidad entre varones.

 

"Os hablaré de Divina a merced de mi humor, mezclando el masculino con el femenino y, si acontece, durante la narración, que tenga que nombrar a una mujer, me las arreglaré, ya encontraré un sesgo, una triquiñuela, para que no haya confusión"

Santa María de las flores.

 

 

Los tipos masculinos de las novelas de Genet oscilan desde el recluso más rudo y violento, hierático y capaz de grandes explosiones de violencia hasta la aparentemente frágil mariquita, cuyo más emblemático ejemplo sería la Divina de "Santa María de las Flores", su primera novela (escrita en la cárcel), una de sus creaciones más bellas y un punto clave para entender el choque entre lo masculino y lo femenino en la obra del autor. Divina es un personaje fronterizo, que sufre las burlas de los machos y los gays en el armario, que se ceban en su palpable diferencia y en su género ambiguo. Divina nos sitúa en un terreno de imprecisión, juega con el género y se sabe objeto tanto de burlas y ataques como de una secreta fascinación por parte de los que dicen despreciarla. Su carácter autoparódico nos revela una gran inteligencia. Según el escritor estadounidense Edmund White, autor de una interesante y documentada biografía de Genet, Divina es "la primera "drag-queen" de la literatura francesa" y pone de relieve, con su performatividad de género, lo teatral de la ostentosa virilidad de los rudos machos a los que se aproxima.

 

"Podría creerse que, retornando así espontáneamente a su verdadera naturaleza, Divina era un macho maquillado, desmelenado por gestos postizos; pero no se trata de ese fenómeno de la lengua materna a la que se recurre en las horas graves. Para pensar con precisión, Divina jamás debía formular en voz alta, para sí misma, sus pensamientos. Sin duda en alguna ocasión ya se había dicho en voz alta "Soy una pobre chica", pero, al haberlo sentido, ya no lo sentía, y, al decirlo, no lo pensaba ya. En presencia de "Mimosa", por ejemplo, lograba pensar como "mujer" sobre cosas graves, pero nunca esenciales. Su feminidad no era sólo una mascarada. Pero para pensar plenamente como "mujer" le estorbaban sus órganos. Pensar es realizar un acto. Para actuar hay que deshacerse de la frivolidad y posar la idea sobre un pedestal sólido. Actúa entonces en su ayuda, la idea de solidez que asociada a la idea de virilidad, y en la gramática es donde la hallaba a su alcance. Pues si, para definir un estado que experimentaba, Divina osaba emplear el femenino, le era imposible para definir una acción que llevaba a cabo. Y todos los juicios de que era portadora como "mujer" eran, en realidad, conclusiones poéticas. Así, sólo entonces era Divina auténtica".

Santa María de las flores.

 

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La masculinidad en la obra de Genet es observada de manera poco convencional. Parece surgir del dolor y la experiencia pero a la vez crea sufrimiento y dolor a sus personajes. La masculinidad ostentosa y a veces hasta ridícula y la homosexualidad reprimida crean un interesante contraste en sus tipos humanos pero a la vez los hace portadores de una gran inseguridad que tratan de disimular inútilmente a través de una impenetrable violencia. Muchos de ellos no reconocen su homosexualidad y la viven de forma traumática y agresiva. En universos cerrados (como la cárcel), donde la masculinidad es una cualidad muy apreciada, integrar esa identidad con una sexualidad gay resulta sumamente conflictivo.

En su interesante capítulo dedicado a Genet dentro de "Sexual Politics" la autora feminista Kate Millet hace una defensa de la concepción genetiana de lo femenino oponiéndola al machismo y el heterosexismo de otros autores como Henry Miller o Normal Mailer, donde lo femenino es visto como un peligro que debe ser domesticado por el hombre.. Para Millet lo femenino en la obra de Genet es un elemento de potencial revolucionario, precisamente porque ocupa el lugar más desvalorizado en la escala de lo social. En la pirámide jerárquica de la prisión el lugar más importante lo ocupan los criminales cuya virilidad les hace merecedores del temor del resto, les sigue los "macs" o chulos, después van los topistas (criminales que actúan con ganzúa) les siguen las reinas y mariquitas, expuestas al chantaje, la venta y la violencia de los machos y en el último lugar se encuentran "las julas", cuya única función en el universo carcelario es el de ser violentadas. Sin embargo son precisamente las mariquitas las que muestran una mayor lucidez y se vengan de la violencia masculina a través de una astuta parodia de la virilidad llena de irrisión. Las mujeres valientes y decididas de "Los biombos" (cuya consciencia de la opresión de género va unida a la consciencia de la opresión colonial) o la propia Divina de "Santa María de las Flores" así lo atestiguan. Frente a la perenne adolescencia y la inseguridad violenta de sus tipos masculinos y de los universos cerrados y viriles que nos presenta, lo femenino se nos muestra como una opción liberadora, mucho más inteligente, lúcida y transformadora. Millet ve en la obra de Genet una subversión perversa e inteligente de los modelos masculinos al uso. Sorprende que en este excelente capítulo dedicado a Genet Millet rechaze de un brochazo uno de los libros más perturbadores del escritor francés, "Pompas fúnebres". Se trata, sin duda, una de sus obras más depuradas, herméticas y controvertidas. Despojada del armazón narrativo de "Santa María de las Flores", donde algunos episodios nos remiten a Dickens o a la novela criminal "Pompas fúnebres" es una obra de una asombrosa modernidad. El autor se vale del cuerpo masculino para hacer un complejo juego con las identidades y las diferencias, la ambigüedad ideológica y la transgresión moral. Millet, como otros críticos menos perspicaces, le acusan de abordar con ambigua ligereza y morbo gratuito el tema del nazismo y la resistencia. Pero una lectura atenta del libro nos revela que Genet va más allá al abordar el tema del amor como herramienta de subversión del orden y al cantar, en una elegía romántica al soldado muerto, al poder revolucionario del deseo gay más allá de las diferencias políticas y de la comedia del amor convencional. El joven Jean busca en el hermano y en el asesino y amante de la madre de su amado un lazo de unión con el recuerdo y funde todos los personajes en un perturbador juego de espejos e identidades superpuestas. Tras la crudeza de sus imágenes y la violencia contenida que satura las relaciones entre los personajes descubrimos una tierna reivindicación de la diferencia y una desesperada búsqueda del otro más allá de la muerte y las fronteras sociales. El protagonista es el propio Genet que busca a su amado muerto en la belleza de los verdugos que acabaron con su vida. De nuevo el autor juega con la paradoja y con el engaño, con el dualismo y la inversión de la moral al uso, sólo que aquí, más que nunca, la historia se disuelve en la fuerza reveladora del lenguaje poético. La máxima wildeana de que "matamos lo que amamos" está muy presente en ese juego obsesivo y recurrente que es en definitiva el espíritu su novela.

"Mi desesperación ante la muerte de Jean es un niño cruel. Es Paulo. Que nadie se asombre si, al hablar de él, el poeta llega a decir que su carne era negra, o verde, del verde de la noche. La presencia de Paulo tenía el color de un líquido peligroso. Los músculos de los brazos y las piernas eran largos y lisos. Se le suponían unas articulaciones perfectamente flexibles. Tal flexibilidad, la longitud de los músculos y su tersura eran el signo de su perversidad. Cuando digo signo, quiero decir que entre su perversidad y estos caracteres visibles existía una relación. Sus músculos eran elegantes, finos. Su perversidad también lo era. Tenía una cabeza muy pequeña sobre un cuello macizo. Los ojos, cuya mirada fija parecía aún peor que la de Erick, eran los de un juez implacable, los de un soldado, los de un oficial estúpido hasta lo sublime. Jamás sonreía su rostro. Tenía el pelo liso, pero se le montaban los mechones. Puede decirse que daba la impresión de que no se peinaba nunca y sólo se atusaba el pelo con las manos mojadas. De todos los tipejos que me gusta sacar a relucir es el más perverso. Abandonado encima de mi cama será, desnudo, terso, un instrumento de tortura, unas tenazas, un cris a punto de funcionar, que funciona por su sola presencia, que era perversa y surgirá pálido y con los dientes apretados, de mi desesperación. Me permitió escribir este libro, igual que me dio fuerzas para asistir a todas las ceremonias del recuerdo"

Pompas fúnebres.

Gran parte de la fuerza de la prosa de Genet en "Pompas fúnebres" surge de su ausencia de miedo al ridículo. En otro autor párrafos como este hubieran causado malestar y consternación pero Genet es muy consciente de su universo poético y se permite ser tierno hasta lo ingenuo y brutal hasta el sadismo en un mismo párrafo, en una misma frase, incluso. Reflexiona sobre le origen de su fascinación por la belleza masculina, por el "mal" como oposición a los valores burgueses. Como dice Bersani es difícil encontrar un programa político gay en Genet sino es el de oponerse a las estructuras de la sociedad convencional, en particular a sus estructuras morales, dándoles otro valor y otro significado. Su prosa, exquisita y a la vez en estado bruto, es la prosa de un esteta de los márgenes. Definido por algunos autores como un "dandy de los abismos" el estilo de Genet es (como dijo algún crítico del cine de Alfred Hitchcock) el estilo de "un sofisticado bárbaro".

En "Pompas fúnebres" se arriesga a introducir la figura de Hitler con un significado ambivalente, una referencia a la invasión, al mal, a la soledad y una especie de símbolo de lo que el amor radicalizado puede llegar a trans-figurar. La introduce entre los personajes principales como un reflejo que aparece súbitamente en esa búsqueda destructiva del otro, en una circunstancia histórica determinada re-definida por la pasión contra la norma.

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"¿Qué es un marica?. Un hombre, que por su naturaleza, se opone a la marcha del mundo, se niega a entrar en el sistema según el cual está organizado el mundo. El marica se niega a esto, niega eso, lo socava, quiera o no. Para él el sentimiento es sólo tontería y engaño, sólo existe el placer. Vivir de sorpresas, de cambios, aceptar los riesgos, exponerse a las afrentas, es lo contrario de la coacción social, de la comedia social"

 

En esta definición de Genet podemos ya atisbar algunos de los rasgos sobre los que décadas después se asentaría la concepción política de lo "queer" como opuesto al asimilacionismo y el conformismo integrador presente en un amplio sector del movimiento gay. Lo "queer" reivindica la diferencia, la reinvención de la identidad homosexual y se opone a entrar en las instituciones de la sociedad heterosexista.

En la definición de Genet no se contempla el lado deconstructivista, su carácter de performatividad de género, pero incide en uno de sus componentes más importantes: la rebeldía frente a un orden social desde la diferencia sexual.

La homosexualidad en el universo de Genet adquiere tres dimensiones básicas. La dimensión corporal o física (el homoerotismo, la fascinación sexual por el cuerpo del hombre), la dimensión cultural (concepciones diversas de la masculinidad, variaciones sobre el género, romanticismo e individualismo como posicionamientos vitales) y la dimensión social (aislamiento, ruptura de normas y convencionalismos, transgresión de la moral al uso, exaltación de lo que está fuera de la ley).

Aunque nunca se llegó a identificar de modo directo con el movimiento gay su concepción filosófica del "ser marica" como opuesto a los convencionalismos que rigen las relaciones sociales y su visión irónica y caricaturesca de lo masculino han influido notablemente sobre numerosos escritores y teóricos gays posteriores.

Genet se alió en la lucha de otros movimientos sociales y políticos como la Liberación Negra y la Liberación del pueblo palestino. A pesar de todo, y coherente con su posición transgresora Genet afirmó en una ocasión que no se hubiera unido a ellos " de no ser tan bellos muchachos". Los Panteras Negras estadounidenses le aceptaron como uno más de ellos. Vieron en él a otro paria del modelo social y político. Genet logró además que algunos de ellos expresaran públicamente su apoyo a la causa de los gays radicales. El fundador de los "Black Panthers" y buen amigo de Genet Huey P. Newton, llegó a manifestar: "Rechazo el prejuicio que lleva a decir "hasta un homosexual puede ser revolucionario". Todo lo contrario "un homosexual puede ser el más revolucionario".

Otro de los temas cruciales del universo de Genet, y que acabaría enlazando con esta toma de postura política de más amplio alcance, es la soledad. La soledad del niño huérfano frente a los otros niños, del joven ladrón y chapero frente a la juventud burguesa, del recluso frente a las instituciones y las leyes francesas, del marica frente a la condena y la hipocresía de la sociedad heterosexual. Soledad que se deriva de la alteridad con respecto a "la norma" y del enfrentamiento radical del individuo con las costumbres de la mayoría. Sólo en esa soledad puede encontrar Genet el verdadero amor, que nunca se logra por los caminos convencionales. Camina así hacia la destrucción del "ser humano", entendido como "entidad totalizadora" y portadora de unos valores que se presuponen universales en detrimento de la existencia y los valores de "los otros", los excluidos. Cuando su compatriota, el filósofo Michel Foucault, denuncia la gran falacia del humanismo tradicional en la filosofía, las ciencias o la política y anuncia "La muerte del hombre" no anda muy lejos de Genet en su perenne búsqueda de la otredad.

 

Eduardo Nabal Aragón.