La destrucción de una cultura queer en España.
Por Javier Sáez.
Recientemente se ha publicado el libro Primera
Plana: La construcción de una cultura queer en España
(Compilador: J. A. Herrero Brasas, Egales). Según
el compilador, se trata una colección de breves autobiografías que trazan la
realidad y la diversidad de las militancias queer en
este país en los últimos 30 años. Se supone que el libro se basa en la
heterogeneidad: “la heterogeneidad, que pretende ser
heterodoxia, es totalmente deliberada. Se quiso hacer un libro
heterodoxo porque el movimiento gay es ante todo heterodoxo. Los gays y las lesbianas son los auténticos heteros, heterodoxos, de la sexualidad y del amor. Y se
pretende que el libro refleje esa ruptura de cánones”. Mi sorpresa al ver
el contenido del libro fue total: de las cuarenta personas que escriben en él,
ninguna se dedica a las militancias, ni al activismo, ni a la cultura ni a la
teoría queer (Buxán y
Aliaga han escrito sobre arte y culturas queer, pero
ellos no se definen como militantes o activistas queer;
el resto no tienen relación alguna con lo queer, o
son personas abiertamente antiqueer).
El propósito del libro me parece evidente: reescribir la historia y borrar
de un plumazo los diversos activismos queer que ha
habido y que hay actualmente en el Estado español, y de paso apropiarse de esa
tradición para enterrarla bajo el paraguas de la militancia gay-lesbiana, una
tradición que tiene su sentido y su propia historia, pero que no tiene nada que
ver con lo queer. El proyecto político de este libro
es el revisionismo. Se acaban de cumplir 30 años de la primera manifestación
por los derechos de gays y lesbianas en España, y ya tenemos una historiografía
que silencia y excluye toda una gran parte de esos activismos maricas, bolleros y trans alternativos
que llamamos queer, que borra del mapa toda una
tradición disidente que ha sido crítica con la cultura gay dominante.
El segundo error del libro es plantear que las culturas o las políticas se
construyen desde el nombre propio: de nuevo se reduce el esfuerzo de miles de
personas, redes, proyectos y grupos a un listado de nombres; de nuevo la
historia la hacen los hombres individuales… unas pocas mujeres y un trans. Como en la vieja tradición liberal de la historia,
según la cual los protagonistas de la misma eran los reyes y las reinas. Sobre
todo las reinas.
Ante tal agresión a nuestra memoria colectiva, creo conveniente trazar un
breve panorama de lo que ha sido y está siendo la militancia y la cultura queer, desde otro prisma que no se basa en los nombres
propios, sino en los proyectos políticos colectivos, asociativos y culturales.
Para empezar… ¿qué es eso de lo queer? Queer en inglés es el insulto homófobo:
es maricón, bollera, rarito, es todo aquello que se sale de lo normal y pone en
cuestión lo establecido. Un grupo de militantes bolleras, negras, chicanas, de trans, de maricas seropositivos, pobres, migrantes,
parados, van a autodenominarse queer para tomar
distancia del término “gay”, que a finales de los 80 representaba solamente una
realidad de varones homosexuales, blancos, de clase media o alta, con un
proyecto político de integración normalizada en el sistema social y de consumo,
y que excluía toda esa diversidad de sexualidades minoritarias articuladas con
posiciones de raza, clase, edad, enfermedad, migración, pobreza, etc. Lo queer es un proyecto emanado de un feminismo radical,
lesbiano, que estalla en un momento de rabia y de impotencia ante la pandemia
del sida, ante la inacción de los gobiernos, y la subsiguiente estigmatización homófoba
de los cuerpos y las prácticas sexuales disidentes. En España ocurre lo mismo a
comienzos de los años 90: ciertos grupos como Lesbianas Sin Duda –LSD- o
Esta tradición no ha dejado de trabajar y proliferar en el Estado español:
publicaciones como De un Plumazo, Non Grata,
También en el ámbito del arte ha habido una amplia producción cultural
feminista y queer desde los años 80, que continúa en
la actualidad: numerosas exposiciones y seminarios sobre artistas y culturas queer se han organizado en el Espai d'Art Contemporani de Castelló
(EACC),
http://www.arteleku.net/desacuerdos/index.jsp?PAR=p&SECCION=15&ID=1392
).
Lo mismo ocurre en el ámbito de la universidad; desde hace unos años
existen en diversas universidades españolas seminarios, cursos de posgrado, tesis doctorales y conferencias sobre las
culturas queer.
Paralelamente desde finales de los 90 se vienen publicando en España libros
sobre prácticas, militancias y teorías queer (ver
bibliografía adjunta), traducciones, así como numerosos blogs,
webs, y foros, que agilizan las convocatorias entre
grupos, el intercambio de información y la creación de proyectos comunes.
Toda esta riqueza política, militante, feminista, y creativa, de la que
sólo he citado algunos ejemplos, constituye la realidad queer
actual en el Estado español. Una realidad que está aquí, ahora, creando
alianzas con otros grupos políticos y culturales. Una realidad que, aunque no quiere
escribirse con el nombre propio, tampoco se va a dejar exterminar tan fácilmente.