LA CUESTION HOMÓFOBA
Por Javier Sáez
www.hartza.com
Hace unos días me invitaron a
participar en una mesa redonda en la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis de
Madrid, para debatir sobre la tradición homófoba del psicoanálisis
institucional y sobre la posible colaboración del psicoanálisis lacaniano con
la teoría queer. La carta de la invitación, aunque llena de buena voluntad,
planteaba el encuentro en unos términos que me dieron que pensar. Se volvía a
mencionar la “cuestión homosexual”. Se me dispararon las alertas
inmediatamente. ¿Qué es eso de la “cuestión” homosexual? Una vez más me sentía
como una rata de laboratorio, dentro del mismo dispositivo de sexualidad que
denunció Foucault en su obra clásica Historia
de la sexualidad: vamos a hablar de los homosexuales, del origen de la
homosexualidad, de su “forma” de vida, arrancar la verdad de ‘su’ sexualidad.
Es un discurso que muchos
consideramos no sólo agotado y aburrido, sino peligroso. Aceptar ponerse bajo
los focos de esos poderes, como objeto de estudio, es una trampa mortal (a
veces, literalmente). Desde el foco amarillo de la televisión con sus programas
de gays domesticados hasta el foco de la ciencia con sus cerebros y sus genes,
pasando por el foco genocida de la religión o de la psiquiatría, lo que está en
juego es la construcción social de un estereotipo y la aceptación de que ser
gay es algo anormal y misterioso que merece un estudio específico, tiene un
secreto que hay que desentrañar, guarda una verdad esencial.
Hay que cambiar de paradigma,
rechazar esa objetivación absurda que muchos gays llegan a asimilar en la adolescencia (soy un bicho, qué me pasa,
cual es la razón de mi extraña forma de desear). El nuevo paradigma que se debe
plantear es el siguiente: el problema
es la homofobia. Hablar de lo gay o de los homosexuales no tiene ningún
interés. Lo único interesante hoy en día, lo único urgente, y lo único que no
se ha explicado suficientemente es el origen de la homofobia. De modo que, por
favor, enfoquen para otro lado. A partir de ahora, si aceptamos ir a un
programa en la televisión, o responder a una encuesta, o escribir un artículo,
no será para mostrarnos y confesarnos con la mirada puesta en nosotros mismos.
Será únicamente para denunciar la homofobia en los medio de comunicación (los
chistes de mariquitas), la ejecución de personas por su orientación sexual
(enero 2002: Arabia Saudí: 5 ejecuciones; Egipto: 54 juicios), las agresiones
neonazis o policiales (decenas de transexuales asesinados en América Latina el
año pasado: http://www.a-i.es/camps/cat/docs/gbtreport2.PDF
), las declaraciones discriminatorias de los políticos (Ana Botella y su
rechazo público al derecho a la adopción para gays y lesbianas), los libros
‘educativos’ (manuales universitarios consideran la homosexualidad una
enfermedad), las campañas de la Iglesia Católica, etc.
Tenemos que devolver la
pregunta, y desvelar de dónde procede. Ya no hay una cuestión homosexual; lo
que hay es una cuestión homófoba compleja y asentada en las sociedades y en las
mentes, en los discursos y en las prácticas, un entramado que promueve el odio
y la discriminación, y que debe ser estudiado, analizado. Sin embargo, sobre
ese objeto de estudio no hay discurso. Usando un término muy lacaniano: ¿no es
un síntoma muy sospechoso ese silencio?

Psiquiatra mirando los secretos del
"mundo homosexual"