Dirección: Néstor
Almendros, Orlando Jiménez Leal.
Año de producción: 1984
Dirección: Jennie Livingston
Ano de producción: 1991
“I am got I am, my own personal creation”
Gloria
Gaynor
Conducta
impropia es un valiente
documental sobre un tema que hasta su fecha de aparición no había sido tratado
de un modo tan claro y exhaustivo por ningún otro filme, y me atrevería a decir
que por ningún otro medio de comunicación: la persecución de los gays bajo el
régimen cubano de Fidel Castro.
Bajo la forma clásica del documental expositivo el filme
alterna entrevistas con varios protagonistas de la historia que se cuenta con
diferentes imágenes, algunas de archivo en blanco y negro o color, y otras de
la actualidad en las calles de La Habana o de otras ciudades como Nueva York
donde residen los exiliados, acompañadas de una voz en off omnisciente. De este modo se contrapone de un modo eficaz
y contundente “La historia oficial” con la historia que nos narran de los
represaliados.
El filme se abre con imágenes del baile nacional de Cuba
sobre el que se superponen los títulos de crédito. Suponemos que la elección se
debe a que el mundo del baile, como el del teatro o el arte, han sido, espacios
de una relativa tolerancia o vista gorda para
los gays en sociedades homofobicas.
Pronto sabemos por la entrevista posterior que algunos de los bailarines
han decidido pedir asilo político en el extranjero por no estar de acuerdo con
el régimen ni su política cultural y adivinamos que por otros motivos que no se
hacen explícitos.
El filme no busca la imparcialidad sino el testimonio y la denuncia. De hecho sus dos realizadores han padecido circunstancias similares a las que se narran en el filme. Tanto Néstor Almendros como Orlando Jiménez Leal se vieron obligados a abandonar la Isla por sus diferencias con el régimen y por su homosexualidad. El primero es un conocido operador cinematográfico que ha trabajado en diferentes países con directores de la talla de Eric Rohmer, Francois Truffaut o Michael Cimino. Almendros, exiliado de la España de Franco, estudia Filosofía y Letras en Cuba antes de que la represión estatal le obligue a marcharse. Jiménez Leal ha desarrollado una carrera posterior como escritor y realizador siendo la situación de Cuba y la vida en el exilio el eje de su temática.
La película sorprende por la crudeza de su testimonio.
Los filmes de ficción que han abordado el mismo tema no llegan tan lejos en su
análisis de la situación de los gays bajo la dictadura de Castro ni van tan
lejos en su modo de señalar al régimen como un régimen totalitario y cruel sin
paliativos. Tanto Antes que anochezca (sobre la autobiografía de
Reinaldo Arenas, presente en el documental) como, sobre todo, Fresa y
chocolate son bastante menos contundentes, incisivos, rigurosos y
desesperanzados que Conducta impropia. No olvidemos que Alea se ha
mantenido fiel a los ideales de la revolución castrista a pesar de cierta
critica, tamizada, desde dentro presente en algunos de sus filmes y que Conducta
impropia, en cambio, fue tildada en los círculos intelectuales cubanos de
“abiertamente contrarrevolucionaria”.
El propio Gutiérrez Alea considera su filme, en parte, como una replica al excesivo maniqueísmo del
documental de Almendros y Leal llegándolo a calificarlo de exagerado,
tendencioso y de “realismo socialista pero a la contra”. En el caso del filme
de Schnabel Before night falls se trata de una mediocre ilustración de
una autobiografía mucho más virulenta de donde apenas puede rescatarse la
esforzada interpretación de Javier Bardem dando vida al atormentado escritor.
Conducta impropia toma su titulo de una de las
categorías de asociales construidas por el régimen en su política de
“depuración moral”, termino eufemístico para referirse a la represión,
encarcelamiento y en ocasiones tortura sistemáticos de los que se consideraban
disidentes. Junto a homosexuales, prostitutas, disidentes políticos y presos
comunes se instauro una sorprendente categoría imprecisa de gente de “conducta
impropia”. Al elegirlo como titulo se extrapola este sentido a los rasgos que
hacían de cualquier ciudadano que no representara la masculinidad oficial y
beligerante del castrismo sospechosos de homosexualidad. El homosexual era
identificado por su forma fallida de representar el genero masculino: su
indumentaria, sus gestos al andar o hablar, su peinado e incluso su actividad
(los escritores y artistas eran vistos como mucho mas sospechosos que los
miembros de otras profesiones). La homosexualidad es vista asi desde el régimen
y desde la cultura que promueve como una traición intima al corazón de la
revolución ya que la imagen arquetípica del revolucionario, la imagineria
sociosexual en la que se sustenta, es la del varón heterosexual, guerrero,
pater familias, transmisor de valores y actitudes. Varón cuyo cuerpo ha sido
modelado por el trabajo, la militancia, el combate y el esfuerzo revolucionarios.
El genero fallido que representa la homosexualidad es asi un desafio a
la regulación de los cuerpos y las mentes masculinas necesaria para la
supervivencia del régimen y su legitimación sociocultural.
Entre los testimonios el único que desentona con el
resto, a pesar del interes de sus manifestaciones, es el de la socióloga de
origen cubano asentada en EEUU después
de la llegada al poder de Fidel Castro. En su exposición habla de diferentes tipos de homosexualidad,
un afán clasificador típicamente sociológico recogido incluso, en un tono mucho
más literario e irreverente, por Reinaldo Arenas en su libro. La socióloga
explica como la homofobia interiorizada de los gays cubanos por efecto de la
presión social y el machismo cultural les lleva a representar el genero “macho”
y negar su homosexualidad en público.
Si los testimonios no son uniformes y muestran diferentes
tipos humanos y hombres pertenecientes a diferentes profesiones (junto a
escritores como Arenas podemos ver a periodistas, realizadores o estrellas del
music-hall y el cabaret nocturno) tampoco las imágenes de archivo tienen todas
el mismo cariz. Las imágenes de autobombo revolucionario y de los discursos de
Fidel se ven contrarrestadas por imágenes violentas y desgarradas de represión
policial y oprobio ciudadano, intentos fallidos y desesperados de abandonar el
país y secuelas de torturas en los cuerpos de diferentes personas.
Las propias imágenes de Fidel ‘amado por el pueblo” y en
multitudinarios mítines son parodiados por uno de los entrevistados en clave de
genero calificándolo de “marquesa” por su actitud a la vez desdeñosa y
populista.
El documental es de una pasmosa sobriedad pero rico en
sugerencias sobre diferentes momentos de la persecución, el encarcelamiento,
sobre el clima de miedo que se vive y su falta de reflejo en la imagen que el
gobierno da del país de cara al interior y el exterior.
Desde unas coordenadas espacio temporales bien diferentes
Paris is Burning el documental de Jennie Livinstong rodado en 1991
plantea el desafío de otra comunidad, de otra subcultura a la homofobia social
y a los discursos que siguen regulando el genero y la diferencia erótica. La
áspera Cuba castrista se ve aquí sustituida por el colorido de las salas de
baile y la luz de los barrios del Harlem neoyorquino. En ambos casos sorprende
el carácter a la vez localista y universal de los temas que se abordan y la
sinceridad deslumbrante del punto de vista.
¿Cuál
es la relevancia de un documental como Paris is burning en la
representación cultural de gays y lesbianas? La peculiaridad de Paris is
burning en referencia a otros documentales sobre las subculturas y la
historia gay en Estados Unidos es como coloca en un lugar central la cuestión
de la performatividad de genero como
detonante de la homofobia y como desafío abierto a las normas de sociales.
El film nos sitúa en el Harlem neoyorquino y más concretamente en torno a una sala de baile donde se celebran toda suerte de desfiles de moda, performances y danzas en las que diferentes personajes se disfrazan, bailan y juegan con su apariencia desafiando las normas del genero. Latinos, afros y asiaticoamericanos son a su vez travestís, reinas, butchs, raperos-gays, jodegeneros, transexuales, breakdancers... exhiben su diferencia y modifican su apariencia en una suerte de carnaval de los géneros y las razas. A traves de una serie de declaraciones de los más populares de entre los participantes conoceremos algo mas de sus vidas, su camino hacia replantearse su estilo de vida, sus ilusiones, su vida familiar, su alternativa de vida familiar y como la homofobia, el racismo y la transfobia dificultan su autorrealización personal.
Al recrear sus géneros para ser representados en una especie de pasarela ponen el acento en el carácter teatral de su representación. Ese carácter teatral no queda desmentido cuando les vemos, como a Venus Xtravaganza, paseando con la misma indumentaria por las calles de la ciudad.
La teorica queer y autentica guru de los actuales
estudios sobre genero y sexualidad Judith Butler dedica un capitulo entero de
su libro Cuerpos que importan al análisis de cómo en Paris is Burning
se plantea el carácter preformativo del genero, desnaturalizando sus
normas, y se plantean cuestiones sobre
la interrelación entre raza, genero, clase y sexualidad. Para Butler el
personaje, capital en el filme, de Venus Xtravaganza y, en general, todo el
filme plantean como representando el genero podemos desenmascaran su carácter
normativo y por tanto desplazarlo. Para Butler las drags queens como las que
aparecen en el filme no solo están representando un genero, construyendo su
genero, sino que están poniendo al descubierto de que todo genero, y
especialmente aquél sancionado por el poder y la heterosexualidad normativa, es
una representación. Sin duda, las teorías de Butler han sido de una gran
importancia para desenmascarar la homofobia que se oculta tras el esencialismo
de genero pero ella misma ha tenido que reconocer un exceso de optimismo y
algunos malentendidos en sus primeras afirmaciones con respecto a la
posibilidad de deconstruir lo culturalmente establecido. No toda representación
drag es necesariamente subversiva. Cuando Venus Xtravaganza expresa sus sueños
y aspiraciones de futuro están distan mucho de ser iconoclastas. Sus aspiraciones
son, una vez operada, poder casarse de
blanco y por la iglesia con un hombre y tener una casa bonita para asi no tener
miedo. Un miedo nada injustificado si tenemos en cuenta que Venus Xtravaganza
fue asesinada poco después del filme por uno de sus clientes que se vio
defraudado al descubrir sus genitales masculinos.
Al contrario que en Conducta impropia, donde hay
breves contraplanos de los entrevistadores, en Paris is burning la
realizadora lesbiana Jenny Livingston
busca pasar desapercibida y apenas oímos su voz ocasionalmente. El
propósito de Livingston es acercarse a
un mundo que aunque aparentemente no es el suyo, el de los gays negros, las
drags queens y el travestismo en las subculturas del sexo del Harlem, le sirve
para articular un interesante discurso sobre la diferencia en la Norteamérica
contemporánea y en general sobre como la misoginia, el racismo y la homofobia
pueden ser contestados desde ámbitos culturales cuando menos insólitos.
Una diferencia capital entre los personajes de ambos documentales, y las subculturas a las que pertenecen, esta en el sentido de comunidad. En Paris is Burning la filiación de raza, diferencia erótica y el gusto por cruzar los eneros han dado lugar a un sentido de cohesión. Asi aparecen diferentes “houses” que llevan los apellidos de los principales personajes y donde les conocemos mas íntimamente. Un nuevo tipo de familiaridad y comunidad parece estar articulándose. En Conducta impropia el régimen cubano no solo no facilita los lazos de solidaridad entre los oprimidos sino que establece un clima de miedo y delación en el que nadie puede estar seguro de su vecino. Asi los gays en Cuba parecen vivir en una situación de aislamiento ya que en sus ligues ocasionales pueden toparse con fuerzas de la seguridad estatal, como le ocurrió a Reinaldo Arenas, fuerzas de la seguridad estatal, que como la policía que arresto al famoso cantante George Michael, representan la homosexualidad y se acercan a los lugares de ligue con propósitos homofóbicos. Solo al salir de Cuba y al establecerse en ciudades como Miami o Nueva York los exiliados gays parecen encontrarse a gusto unos con otros y crear una especie de comunidad de memoria, lucha y resistencia desde fuera de la Isla.
Al contrario que las imágenes de Conducta impropia
las de Paris is Burning destilan ritmo y musicalidad, muestran una
rutilante fascinación por los escenarios, los personajes y lugares que nos
muestran, lugares donde se dan la mano la alta costura y cosmetica, los
elementos de la cultura popular y las
subculturas más denostadas.
Dos imágenes idénticas sin embargo establecen un puente
entre ambos filmes, la de un hombre maquillándose para representar una mujer en
el escenario y hablando a la cámara de
sí mismo/a en primera persona, una imagen que ni el machismo del régimen cubano ni la homofobia de la cultura
estadounidense dominante pueden, aun hoy, asimilar con facilidad.
Eduardo
Nabal.