INSUMISION Y DISIPACION

Desde hace varios siglos los filósofos y los historiadores se esfuerzan por encontrar "La Razón" de la historia. Esta hipertrofia del racionalismo ilustrado también afectó a los revolucionarios, que comenzaron a legitimar sus prácticas en función de dicha "Razón"; lo que se hacía estaba bien porque era acorde con ella ("es justo y necesario, es nuestro deber y salvación").

Lo más potente del fenómeno de la insumisión es que está siendo espontáneo, acéfalo, diverso y sin una conciencia muy clara de seguir "La Razón" de nada. Para los Ministerios de Defensa y Justicia, se trata de una estrategia perfectamente planificada, con objetivos claros; según consta en sus informes internos, todo parte de las famosas "consignas del MOC" (Movimiento de Objeción de Conciencia), que "adoctrinan" a jóvenes inocentes y les "incitan" a la deserción ( o sea, la conspiración judeo-masónica ataca de nuevo ).

Michel Foucault mostró en sus viajes por los islotes del despotismo - ese archipiélago de cárceles, manicomios, hospitales, cuarteles, fábricas, correccionales, asilos y comisarías que emerge sobre el mar liso de las sociedades modernas y democráticas - que la concepción clásica del poder era cuestionable: ese poder en singular, con cabeza visible, separado de la sociedad, sabio, uniforme, vertical, esencial, no puede dar cuenta de los fenómenos de control que caracterizan las sociedades actuales.

Lo sorprendente de la insumisión es el isomorfismo que presenta respecto a los poderes del entramado social: no tiene líder, es impredecible y heterogénea, no trasciende hacia una razón histórica, es plural, no tiene objetivos definidos, ni siquiera una organización global (hay muchos grupos que la promueven, pero de formas distintas).

La insumisión no es una respuesta, sino una ausencia de respuesta. Es sabido que los "irresponsables" -los que no responden a los llamados del poder- suelen quedar condenados; todos los fenómenos de "anormalidad" proceden de una exclusión. Las normas de razón, de deseo, de conducta, de belleza, de dieta y de consumo delimitan los campos de respuesta.

Sabemos gracias a la termodinámica que de un medio inestable y caótico puede surgir orden - son las llamadas estructuras disipativas (1) -, y que un medio ordenado tiende a desagregarse poco a poco - segundo principio: la entropía aumenta -. Asistimos en la actualidad a los dos procesos; en Euskadi la inestabilidad social y política produce una actitud mayoritaria contra la mili, una regularidad metaestable; aquí la insumisión comienza a ser la norma, ha sobrepasado el umbral de conflicto necesario para configurarse como estructura (disipativa). En el resto del Estado se da la modalidad entrópica: la respuesta ordenada y regular que había antes hacia la mili empieza a fallar, y aparecen singularidades imprevistas, elementos de desorden: desertores, prófugos, objetores, insumisos, autoinculpados (2).

Del mismo modo que "el Estado no tiene esencia" (3), la insumisión tampoco. Quizá haya que empezar a aceptar que no hay "Una" razón de la rebelión, sino diversas actitudes concretas de no respuesta. La trampa de "La" razón (y de "La" fe y de "La" revolución) es la esperanza: hay un sentido, una verdad, una justicia, un paraíso final, llámense saber objetivo de la ciencia, cielo, o sociedad sin conflictos.

La potencia subversiva de la insumisión no procede de una razón absoluta, sino de la pérdida del miedo. Y también del azar.

NOTAS:

(1) Prigogine, I. : Entre el tiempo y la eternidad, Alianza Universidad, Madrid, 1989.

(2) También se puede describir como un salto catastrófico.

(3) Foucault, en "Archipiélago" nº 4, p.41.

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