LA KAMPEADORA Nº 10

Octubre - Noviembre 1999

EL NUEVO ORDEN HOMOSEXUAL

El modelo de identidad sexual dominante en nuestras sociedades sigue siendo el heterosexual. Desde los procesos iniciales de socialización de los niños (la escuela, la familia, la televisión), los referentes de identidad sexual se articulan en torno a la relación hombre/mujer, constituyéndose así un espacio de normalidad que se percibe como natural. De este modo, la heterosexualidad será el destino para todo sujeto, quedando al margen del discurso y de las representaciones cualquier otro tipo de sexualidad.

En el llamado mundo occidental, y no desde hace mucho tiempo, se emplaza a los individuos para que construyan su identidad consciente reconociéndose sujetos de una sexualidad, como si nuestro cuerpo sexuado nos entregara a una interpretación de nosotros mismos y de las formas de relacionarnos con los demás. Desde el principio, un hombre debe reconocerse en los atributos de lo masculino (fortaleza, inteligencia, vitalidad, potencia, iniciativa...), esperar un placer derivado del sexo con las mujeres y tener unas expectativas de pareja y paternidad para el futuro. También existen prototipos de cómo ser "toda una mujer": cariñosa, sensible, pasiva, maternal, hogareña y, por supuesto, con el deseo orientado hacia los hombres.

Lo expuesto hasta ahora es bien conocido, forma parte de nuestra cultura y ha sido analizado y criticado en numerosas ocasiones: la identidad sexual y de género como dispositivo de verdad de uno mismo, como forma de reconocer y construir una subjetividad. Gracias a este análisis es fácil comprender la existencia de un régimen de

heterosexualidad. Pero, ¿y si en la actualidad estuvieran emergiendo otros regímenes? ¿Y si estas tecnologías de la

sexualidad estuvieran desplegando nuevos discursos, nuevas identidades sexuales a las que adherirse?

Tal es el caso de la llamada "cultura homosexual". Hagamos un poco de historia: hace tres décadas se empiezan a conocer en EEUU los primeros movimientos de liberación de gays y lesbianas, a partir de la famosa revuelta de Stonewall. Travestis, gais, transexuales, lesbianas, bisexuales comienzan a organizarse y denunciar la homofobia, un régimen de opresión y violencia que existe sobre determinadas prácticas sexuales desde hace siglos. Poco a poco estos grupos empiezan a tener una cierta presencia pública y, aunque sus revindicaciones tienen aún poco alcance, en muchos países del ámbito occidental se van creando movimientos similares.

Paralelamente el mundo comercial empieza a atender a las demandas de ocio de gays y lesbianas (y a promoverlas). Aunque antes de esta época ya había lugares de ambiente en muchas ciudades europeas, a partir de mediados de los setenta empiezan a proliferar tanto en EEUU como en Europa numerosos bares, discotecas y saunas dirigidos a un público gay. El mundo de la moda también produce mercancías para este público, generando una estética que va a ser cada vez mas fácilmente reconocible como gay. El mercado de la pornografía se lanza a una producción masiva de revistas y vídeos saturados de muchachos superdotados, musculosos y bronceados.

El resultado de este movimiento, que inicialmente era de liberación, es la aparición de unos lugares donde se tolera la presencia de gays y lesbianas, los llamados guetos: el Castro en San Francisco, el Village neoyorquino, Chueca en Madrid.

Un análisis detallado del ambiente gay en la actualidad revela la existencia de una normativización cada vez mayor de esos espacios. La estética comienza a hacerse homogénea (calzoncillos Calvin-Klein, camisetas Versace,Moskino...), la música insiste en las mismas canciones (Village People, Pet Shops Boys, Madona...), los cuerpos se cultivan en una misma

dirección (cuerpos danone, musculados, piel bronceada, ausencia de barbas o pelos largos), el ideal masculino (en vídeos, revistas, películas) supone un cuerpo joven, sin vello, atlético.

El mercado y la publicidad proporcionan todos los fetiches para una identidad sin riesgo, una forma de "ser" gay o lesbiana, es decir, un nuevo dispositivo de sujeción, que reproduce en parte los estereotipos del mundo heterosexual. Los discursos y las formas de representación que conforman este gay o lesbiana ideales, además de los tópicos estéticos señalados, suponen también unas cualidades morales: que tenga pareja (señal de felicidad y, sobre todo, de amor), que no sea del ambiente (promiscuo), que sea moderado (nada de salir del armario o de luchas políticas, hay que ser presentable, liberal), que sea limpio, que sea normal (nada de practicas raras como el sadomasoquismo o la pedofilia).

A su vez, por medio de este dispositivo de homosexualidad se consolidan tópicos acerca de los roles y las prácticas sexuales: la plumera/loca instalada siempre en una posición femenina y alegre, el lederón/oso aferrado desesperadamente a un papel hipermasculino, así como roles estables y excluyentes (ser activo o ser pasivo). En vez de "comprender que el género es una performance y que el artificio de la pluma es el mimos que el de la masculinidad", se transforman en dos identidades reales.

Este presunto "universo homosexual" o "cultura gay-lésbica", se fundamenta en buscar una verdad homosexual, en demandarnos confesiones sobre nuestras prácticas (Hablemos de sexo), en ofrecer continuamente estereotipos, identidades cerradas que clausuran la reinvención cotidiana del uso de los cuerpos, la subversión (o reversión) que encierra el romper los papeles asignados y el poder disfrutar de todo tipo de prácticas, como propone el movimiento queer. Para resistir a este nuevo dispositivo de sujección es imprescindible un cuestionamiento radical de nuestras formas de placer y de las formas de consumo ¿Por qué no presentarnos de drag-queen en una fiesta leather, o ir de sadomaso a las ruedas de prensa, o reivindicar los tríos y los cuartetos?- ¿Por qué no hacer los carteles de las fiestas gays con imágenes de cuerpos gordos o culos peludos?

En el nomadismo está la supervivencia contra este nuevo orden homosexual, en cuestionar las representaciones tópicas que encierra, en se capaces de producir nuevas formas de vivir y de disfrutar, negándonos a extraer una verdad sobre los sexos.

Javier Sáez.

Jugando a ser... mujer en el tercer milenio

Susanna Rance1

"Podríamos decir que los cuerpos generizados son como actores/as en una obra de teatro sin guión, tratando desesperadamente de imitar una vida que nadie jamás haya llevado."2

El otro día con el grupo de trabajo sobre masculinidades hicimos una dinámica: "Jugando a ser... Entrevista a un/a heterosexual". Volcamos hacia la supuesta normalidad de lo hétero la interrogación que suele dirigirse a "l@s otr@s", transgresores/as del sexo oficial. L@s participantes formaron tríos – una persona que quería jugar a ser heterosexual, un/a entrevistador/a y un/a observador/a - para el ejercicio que incluyó preguntas como: "¿Cuándo descubriste que eras heterosexual? ¿Te costó aceptar tu heterosexualidad?".

Esta experiencia me llevó a soñar despierta y dormida sobre las identidades dinámicas, los géneros elásticos y cuerpos moldeados que van transformando la cultura sexual del fin de milenio. Se me pidió escribir un artículo sobre "salud de la mujer" y me invadió la duda: ¿quiénes seremos las mujeres? Pensé en los géneros múltiples que protagonizaron el reciente congreso nacional de comunidades gay, lésbicas, bisexuales, travestíes, transexuales y transgénero, y el concurso Miss Transformista La Paz. Recordé el relato de una estudiante sobre sus prácticas de observación en un sindicato de transporte urbano donde hay choferes mujeres "jugando a ser" hombres – opción/estrategia que subvierte simultáneamente la exclusión laboral y la normatividad genérica.

Llegué a sentir algo que había asumido teóricamente hace algún tiempo: que la pertenencia a la categoría "mujer", lejos de ser un atributo natural, puede ser reivindicada, negociada o rechazada por seres en movimiento. La transformación de sexualidades y géneros ocurre paso a paso con cada cuestionamiento, acto transgresor y creación de nuevos movimientos culturales.

Me puse a recordar algunos instantes de mi vida en los que aprendí a ser mujer. Con cinco años, parada encima de un muro al lado de mi mejor amigo, mojando mis piernas en el intento de dirigir un chorro de orina al jardín del vecino. Con siete, tiritando en la tela áspera de un vestido rosado con enormes volados, sintiéndome más payaso que ángel. Con doce, acercándome a un grupo de chicas y huyendo avergonzada cuando la más grande me interpeló: "Entonces, ¿qué es la menstruación?". Con 16 años, llorando la pérdida de mi virginidad porque ya no era una niña. Al trazar la construcción de mi femineidad me encuentro con la conciencia amarga de no haber encarnado los ideales genéricos de cada momento y contexto.

Esta reflexión me hace concluir que ser mujer en el nuevo milenio será un juego, pero ningún chiste porque conlleva la defensa corporal de identidades en constante proceso de recreación. Seguiré siendo cómplice de momentos subversivos y preguntas incómodas que deconstruyen los modelos rígidos de sexo/género. Participaré con ganas en este teatro con sus escenarios fluidos, guiones inacabados y actores y actrices en transformación.

(Este artículo ha aparecido publicado en la revista boliviana "Cuarto Propio". Año 1. Nº 20, p.7. Oct.99).

La pluma hétero

La pluma es un código complejo de comportamientos y actitudes físicas y psicológicas que tradicionalmente se ha asociado a los hombres gays como una de sus señas de identidad. La pluma es criticada desde gran parte del mundo heterosexual como un exceso de afectación desplegado por los gays para molestar a los hombres de verdad. En realidad, como en tantas otras cosas, lo mayoritario, la norma, pasa desapercibida. Y lo mayoritario es la pluma hétero, "un código complejo de comportamientos y actitudes que tradicionalmente se ha asociado a los hombres heterosexuales como una de sus señas de identidad". La pluma hétero es más ridícula que la pluma gay, ya que mientras que esta última es soltada como una forma de juego irónico con la representación y la identidad masculina, la pluma hétero está firmemente arraigada en la conducta de todo macho que se precie como algo serio, incuestionable, "con lo que no se juega", algo tan instalado en el "ser un hombre" que ni siquiera de ve. Y no hay nada más ridículo que tomarse en serio una identidad.

Si se mira con cierta distancia, la pluma hétero es bastante cómica, sobre todo comparada con la seriedad que muestran sus practicantes. Si se mira de cerca, es algo horrible, es el código completo de los ritos de iniciación heterosexual que sufren los niños desde su nacimiento, durante la escuela y en la vida adulta.

He aquí una lista (no exhaustiva) de cómo suelta pluma un hétero:

 

La pluma hetero es completamente alienante, porque la mayoría de sus practicantes no se dan cuenta que se trata de papeles o representaciones que no remiten a ninguna "esencia" masculina o viril; y lo que es peor, muchos heterosexuales se han construido una identidad inmutable en torno a esa pluma, repitiendo un código de disciplina corporal y afectiva que garantiza la integración social, pero que impide cualquier posibilidad de reconocimiento del propio deseo y del propio cuerpo, en toda su diversidad.

La pluma hétero no es un algo que pertenezca a los hombres que son heterosexuales. Muchos gays en el armario sueltan pluma hétero como descosidos para que no se sospeche que son maricas. Otros gays sueltan pluma hétero porque piensan que así son más atractivos, más masculinos, más deseables para otros gays (algunos leather, osos, moteros…). Por otra parte, algunos héteros no tienen nada de pluma (hétero), y entonces se piensa de ellos que son maricas. Y finalmente, algunas lesbianas sueltan pluma hétero porque les gusta romper con el papel femenino que se les asigna por el hecho de ser mujeres. La mujer que suelta pluma hétero está realizando un acto revolucionario, en el sentido matemático de la palabra, de girar un plano para volver al punto de partida (la geometría los llama "cuerpos generados por revolución", ¡todo un modelo a seguir!), en realidad se conserva la separación masculino/femenino, sólo que ellas le dan la vuelta a la tortilla (dicho sea con todo el respeto). Pero es un acto también subversivo en la medida que conmueve los cimientos de la asignación de roles, del "ser toda una mujer". En realidad, como decía Lacan, la mujer nunca es "toda", y quizá eso le permite tener una necesidad menor de reafirmar la identidad, o al menos tener una capacidad mayor de jugar con ella y con su propio cuerpo.

La pluma es un derecho, no un deber. Ningún proyecto de liberación puede basarse en consolidar una identidad. Quizá con esta reflexión se consiga la liberación más difícil, aquella de cuya necesidad no se tiene conciencia, y por tanto la más radical: la liberación heterosexual.

 

Frente de Liberación Heterosexual

http:// www.geocities.com/WestHollywood/6742

 

 

 

 

Este texto tiene ya cinco años y, debido al tema que aborda (la discriminación y la pandemia del SIDA) a muchos puede parecerles algo desfasado. Muchas son las ocasiones, aquí y ahora, en que podemos comprobar su sangrante y renovada vigencia. El reciente proyecto municipal de instalar una Casa de Acogida para Enfermos de SIDA va a realizarse en el más absoluto secretismo y no sin cortapisas y componendas. El Ministerio de Sanidad aún no ha abandonado del todo la idea de crear un registro nominal de seropositivos. La transmisión consciente sigue penalizada en nuestra legislación. Se ha exigido recientemente la prueba de detección de anticuerpos a un inmigrante para permitirle trabajar en este Estado y los presos burgaleses siguen muriendo en la cárcel o en el trayecto hacia el hospital. Etc., etc., etc. El desarrollo de la enfermedad y su incidencia siguen ligados a procesos de exclusión social que se articularon al comienzo y que siguen hoy plenamente vigentes.

El artículo está inserto en unas coordenadas espacio-temporales determinadas pero es perfectamente estrapolable a otros momentos y otros lugares. Forma parte del valiente libro de ACT-UP París "Le SIDA" publicado en 1994 (Ed. Dagorno) y donde se recoge el espíritu, las reflexiones y algunas de las acciones de esta organización que ha impulsado y revitalizado el activismo contra el SIDA en todo el mundo.

Dar visibilidad al SIDA, dar visibilidad a los seropositivos y a los enfermos, ha sido el primer objetivo político de ACT-UP (Aids Coalition to Unleash Power) desde su creación, tanto en Nueva York como en París: porque era gracias una conspiración de silencio por lo que el virus continuaba expandiéndose y aquellos a los que afectaba eran y son abandonados a la muerte, una muerte pretendidamente vergonzosa. El silencio y la indiferencia mostradas por los poderes públicos y asumidos por la mayoría biempensante y rozagante no han sido posibles mas que con la trágica complicidad de los seropositivos y los enfermos al dejarse reducir al silencio. Hacer visible el SIDA es ya atacar una de las causas esenciales de la enfermedad. Hacer visibles a los seropositivos y a los enfermos es, sin duda, nuestra mejor arma.

 

El desafío era, ante todo, en el seno de la comunidad marica, romper la tautología de la exclusión de los sidosos

por la homosexualidad y de la exclusión de los homosexuales por el SIDA. El discurso público dominante, que se había instalado desde la aparición de la enfermedad, era atacar la homosexualidad a través de la enfermedad: temible dialéctica de la vergüenza que, por un lado, sugería a los seropositivos y a los enfermos que el SIDA era la fatal y merecida sanción de un modo de vida perverso y, por otro, empleaba el SIDA para renovar la condena de la homosexualidad allí donde los viejos argumentos habían perdido su fuerza.

Esta percepción homofóbica del SIDA no podía mas que intimidar, instando a los seropositivos y a los sidosos, gays o no, a ocultarse con el fin de librarse de una publica denuncia como maricones. Y esto no podía más que confundir a los propios maricas. Para algunos gays el impacto de ser portadores o el desarrollo de una enfermedad todavía misteriosa y sinónimo de condena a muerte no hacía mas que revelar todas las culpabilidades, mejor o peor superadas, que se suponían referidas a su sexualidad. Esto les ha conducido a encerrarse en sí mismos a la espera solitaria de una muerte tan vergonzosa como asumida.

Para la comunidad gay en segundo término, para los gays que vivan bien su homosexualidad, para los que, en cualquier caso, la vivan de una manera mas abierta, incluso de modo militante, la primera reacción frente a la utilización homofóbica del SIDA ha sido una mezcla de incredulidad, miedo y desafío frente al peligro de la pandemia. Faltos de toda información seria sobre la nueva enfermedad - los poderes públicos no han hecho su tarea de informar específicamente a los gays- y temiendo contribuir al discurso estigmatizador del SIDA como enfermedad de los gays, son muchos los que se negaron, en un primer momento, a sentirse concernidos tanto individualmente como en una dimensión comunitaria. El peligro era ahora doble. En primer lugar que la comunidad no tomara conciencia suficientemente pronto de la importancia de la prevención y en segundo lugar que, golpeada de lleno por el desastre, se replegara sobre si misma, que intentara dar la menor oportunidad posible a los ataques exteriores, y apoyada en las redes de solidaridad internas para sobrellevar su pena se convirtiera en un guetto donde reventar a escondidas.

Esconder una seropositividad o un SIDA manifiesto para no ser denunciado públicamente como maricón viene a reconocer, de un modo tácito, la tesis según la cual ser maricón es algo deshonroso. Es aceptar avergonzarse de tener SIDA, aceptarlo

cómo un destino privado y solitario. Igualmente para la comunidad gay intentar escapar a la estigmatización del SIDA volviendo un poco más a la clandestinidad supone renunciar a luchar públicamente, cuando lo esencial era impedir que una hecatombe de maricones pudiera ser tenida por social y políticamente despreciable, e incluso deseable.

Echarse atrás ante esta lucha es aceptar como una fatalidad social que un marica sidoso no sea tratado como un enfermo en peligro de muerte sino como un despreciable marica. Es condescender, por inacción, con la lógica homofóbica que justifica el abandono de los gays a la muerte sosteniendo que la enfermedad es algo inherente a su perversión. Es, en definitiva, hacerse cómplice de una eliminación física pasiva de los gays. El mismo razonamiento es válido en el caso de los toxicómanos.

La lógica del silencio es siempre doble. Una mayoría sana y rozagante no puede despreciar la existencia de los seropositivos y los enfermos más que con la paradójica complicidad de los seropositivos y los enfermos a los que un poderoso chantaje ha reducido al silencio. El único arma era romper este chantaje a la vergüenza y el secreto tomando públicamente la palabra, afrontando el escándalo de esta publicidad para desmontar el mecanismo de la vergüenza: negarse a esconder por más tiempo un SIDA para ocultar una homosexualidad, reivindicar de una vez la homosexualidad para pedir cuentas sobre el SIDA.

Los primeros activistas contra el SIDA en Nueva York, eran al mismo tiempo activistas gays, que han debido decir una y otra vez a la comunidad: es precisamente gracias a vuestra clandestinidad, a vuestra invisibilidad social por lo que se os puede olvidar. Es porque aceptáis permanecer invisibles, porque permanecéis al abrigo del guetto y no osáis salir de él, por lo que pueden hacer como si no existierais, como si ya estuvierais muertos: no cedáis a esta amenaza del escándalo, haced vosotros mismos un escándalo de vuestra existencia, mostrad lo que es ser maricón y sidoso.

Hacer frente al olvido era necesariamente para los seropositivos y los enfermos rechazar el no existir mas que en un lugar apartado y abstracto. La jugada consistía en mover a los que permanecían indiferentes, a los que siempre eligen mirar hacia otro lado, para no ver que estamos sanos y queremos vivir. Era hacer de nuestras vidas un escándalo allí donde algunos esperaban la eliminación, por medio de un virus dotado de una gran inteligencia, de una manera discreta y cómoda, de ciertas minorías.

Pero es sabida la dificultad concreta de salir del armario para un seropositivo o un enfermo aislado. Individualmente los obstáculos son, a menudo, insuperables. Para muchos confesar una seropositividad o un SIDA es estar expuesto a discriminaciones: uno calla o se oculta porque existe el riesgo de perder el trabajo o la vivienda, porque no puede enfrentarse a ser expulsado de casa de unos padres que no sabrían que hacer con un hijo maricón. Uno se oculta para no ser abandonado por un marido o una mujer a los que podría exponer a un hipotético riesgo de contagio. Se calla para no ser puesto en evidencia en la

comunidad religiosa o, incluso, para no añadir más a eso que se siente ya de forma cotidiana cuando eres gitano o negro, cuando eres toxicómano, cuando estás en el talego o a punto de salir.

Un sidoso o un seropositivo no puede encarar una salida del armario serológico de consecuencias personales lamentables si sabe que se va a encontrar solo para afrontarlas y defenderse.

En este sentido, la solución para una comunidad del SIDA pasa por la movilización, cuando existan, de las estructuras comunitarias de las minorías mas afectadas. Hace falta, para encarar una lucha contra el SIDA, denunciar políticamente el abandono de los enfermos por los poderes públicos y la sociedad civil, que la comunidad haga del movimiento homosexual un movimiento de lucha contra el SIDA y de la lucha contra el SIDA una lucha por los gays. Para combatir el SIDA hace falta también luchar para que esas miles de locas avergonzadas que viven mal su sexualidad y se protegen poco o mal hagan su salida del armario como maricones.

Desde el punto de vista de la comunidad gay, salir del guetto, salir a la calle a presentarse maricón para luchar contra el SIDA es un imperativo de supervivencia, no sólo porque el SIDA diezma a sus miembros sino porque el SIDA es también una amenaza para la sexualidad gay. Consiste, igualmente, en inventar nuevas formas de sexo con menos riesgo y luchar por una sexualidad gay contra el SIDA.

De entrada el SIDA ha sido expuesto como el final ineludible de toda sexualidad que no conduce a la familia y la reproducción, como un precio a pagar por el placer: el SIDA sirve para orquestar una gran ofensiva represiva, no solamente contra la homosexualidad, sino contra la sexualidad misma. Esta vuelta a la represión beata contra todo lo que toca al cuerpo y al placer es uno de los factores más poderosos de la extensión de la pandemia, en particular en el seno de la población heterosexual.

Luchar contra el SIDA implica abrir ampliamente la cuestión de la sexualidad. El discurso dominante consiste en emplear el SIDA para culpabilizar, volver vergonzoso el placer y condenar sus invenciones y variantes. Sólo prescribir una norma de comportamiento sexual reducido al mínimo funcional estricto y proscribir todo aquello que se define como desviación. Acentuar las presiones normativas que pesan ya demasiado sobre la vida sexual es un obstáculo radical para el desarrollo de una prevención responsable. Es dramático que, frente al SIDA, una mayoría razone en términos de normalidad propósito de su vida sexual y la de su pareja o en términos de pertenencia o no a un "grupo de riesgo" - noción tan absurda como reveladora- y no en términos de los riesgos ligados a determinadas practicas sexuales sin protección. Lo importante aquí es mostrar que el SIDA no se expande aprovechándose de la gran tolerancia sexual, sino que, por el contrario, el virus se aprovecha de la rigidez de las sexualidades aprisionadas en la estrechez de los modelos que autorizan ciertas prácticas homologadas ("lo que se debe hacer", con o sin placer). Todas las demás posibles, que podemos desear, son implícitamente condenadas, ya sea a no ser practicadas (porque "eso no se hace"), ya sea a ser practicadas en una tácita clandestinidad, con su cortejo de preguntas nunca expresadas, de culpabilidades reprimidas, de miedos cuidadosamente silenciados (se hace, pero no se habla de ello).

No es la sexualidad lo que es un factor del SIDA, son sus represiones las que son factores de comportamientos de riesgo. Demasiada gente vive mal su sexualidad porque la vive en la ignorancia, en la culpabilidad del placer o, al contrario, en la ausencia de placer, en la represión de sus deseos por el miedo al juicio y a la reacción de su compañero/a.

Las sexualidades mal vividas representan mas riesgos por el hecho de que las prácticas sexuales son mas sufridas que positivamente afirmadas, se imponen sin contexto y en consecuencia no son controladas, - maricas ocultos en un matrimonio hetero infeliz que no viven su homosexualidad mas que en función de encuentros clandestinos, vividos en la vergüenza y el odio de sí mismos; adolescentes de ambos sexos a los que se les ha inculcado tan ferozmente que hacer el amor equivale a practicar el coito, que la penetración, desde los primeros escarceos, es un deber imperativo, mas imperativo incluso que el hecho de protegerse. Y hay muchos más ejemplos posibles.

Hacer visible las sexualidades gay y lésbica es, en cuanto al SIDA, un imperativo de prevención de cara a los y las homosexuales que aceptaran el SIDA como una fatal consecuencia de su sexualidad. Pero en lo que respecta a la comunidad gay y a través de ella - pues ella sola, fundada en la afirmación de una sexualidad, ha sido capaz de emprender la lucha en este terreno- es exponer públicamente la necesidad, de cara al SIDA, de abordar la sexualidad y toda prevención en términos de deseo y placer y no de conformidad con las normas.

Nos gustaría aplicar este razonamiento igualmente en lo que respecta a la salida del armario de los toxicómanos como tales. Del mismo modo que la salida del armario gay, debería ser una etapa necesaria e incluso imprescindible de la lucha contra el SIDA que afecta a los usuarios de drogas. Hay una diferencia considerable: decir públicamente que uno se chuta, afrontar el escándalo que esto no puede por menos que desencadenar, supone, antes que nada, el enfrentarse a ley, exponerse a la política represiva que, en este ámbito, se practica por todos los gobiernos europeos. No hay, por tanto, una salida del armario posible sino es apoyada por una comunidad, aunque sea frágil; por el contrario, una comunidad es tanto más fuerte y más eficaz en la movilización de sus miembros contra el SIDA si sus miembros salen del armario.

Por esta razón la única salida del armario posible es la de los toxicómanos más protegidos: aquellos que están integrados en una estructura comunitaria, como es el caso de los toxicómanos que forman parte de ACT-UP; pero también incluso antes, los famosos que toman drogas. Esperamos siempre que estos últimos asuman la responsabilidad de salir del armario. Porque ellos pueden, mas fácilmente que otros (tienen menos que temer) contribuir a federar a los primeros elementos de una comunidad.

La lucha contra el SIDA no puede, en efecto, organizarse más que hablando de minorías, de las comunidades más afectadas - históricamente, en Occidente, "la comunidad gay".

Si, en un sentido, sólo las solidaridades comunitarias permiten a muchos franquear el paso hacia una salida del armario serológico, es la inclusión de estas salidas del armario individuales en una lucha emprendida como comunidad lo que da un sentido político a la visibilidad del SIDA. Hacer una salida del armario en términos estrictamente personales, sólo en referencia a uno mismo, no presenta un gran interés político. Esta salida del armario se queda en un acto individual, no hace mas que exponer el destino del seropositivo o el enfermo al oprobio y la compasión del mundo. Su enfermedad y su muerte no aparecen más que en una dimensión biográfica, como un drama privado que no compromete a nada ni a nadie mas que a él mismo. Poco o nada se dice del escándalo publico que constituye esta muerte: es la ambigüedad, por ejemplo, de los pasos dados por Hervé Guibert, que se aproxima de tal manera a su SIDA que no habla nunca del SIDA sino siempre de Hervé Guibert. Piénsese por el contrario en el alcance político, para y en el seno de la comunidad negra, de la espectacular salida del armario de Magic Johnson: las salidas del armario muy publicitadas de personalidades publicas son un acto político de mayores dimensiones, no en el sentido en el que el SIDA visibiliza a la persona sino en el de que la persona visibiliza la crisis del SIDA- aquí el SIDA como crisis en el seno de la comunidad negra estadounidense.

Hacer visible el SIDA es pues necesariamente visibilizar las especificidades de las minorías a las que afecta selectivamente, sabiendo bien - y la extensión constante de la pandemia en nuevas poblaciones, antes pretendidamente protegidas, lo verifica - que la famosa mayoría dominante no es realmente más que la represión de lo minoritario dentro de cada uno y que la noción de población en general y su colorario de grupos de riesgo carecen de sentido.

El SIDA es algo revelador: cada vez que afecta a una persona nueva apunta las condiciones que han hecho que esta persona no haya podido o no haya querido prevenir un contagio evitable, y las condiciones en las cuales es o no es debidamente atendida. Visibiliza las minorías que a veces se ignoran o amplifica exclusiones ya patentes de por sí. La lucha contra el SIDA nos muestra las dificultades, al tiempo que nos muestra la urgencia de la salida del armario de las mujeres, los toxicómanos, las minorías étnicas, los inmigrantes...

Visibilizar el SIDA es precisamente abandonar la abstracción que lo sitúa siempre en un ámbito que nos es ajeno o aquella, no menos peligrosa, que consiste en decir que nos afecta a todos/as por igual: se trata, al hacer visible el SIDA, es decir, a los seropositivos y los enfermos, de mostrar precisamente a quién afecta y en qué no lo hace de un modo indiferente.

 

Traducción del francés por Eduardo Nabal.

 

 

 

 

 

 

VA DE LIBROS:

 

LOS CHICOS NO LLORAN

de Sue Askew Y Elizabeth Ross

Editorial Paidós. Educador.

 

"Los chicos no lloran" de Sue Askew y Elizabeth Ross es un interesante estudio sobre la construcción y socialización de la masculinidad en la escuela, los conceptos sexistas que, aunque preferentemente inciden sobre la opresión de las mujeres, también limitan y determinan la conducta de los varones en relación consigo mismos, con el grupo y con el otro género. El libro nos muestra las conclusiones obtenidas por estas dos profesoras feministas a través de experiencias desarrolladas en diversos institutos londinenses. Estamos ante una aproximación aún tímida (apenas incide en la homofobia y en como esta determina la socialización de los chicos gays) pero supone un avance en los estudios sobre el sexismo al revelar como éste afecta a los principales agentes del mismo y como esos valores patriarcales, denunciados por el moderno feminismo, se aplican también de modo implacable sobre los propios varones, determinando como debe y no debe ser "un chico".

El libro también nos acerca a la problemática de las profesoras - mujeres infravaloradas en centros donde la masculinidad competitiva se traslada de profesores a alumnos casi sin distinción- y donde son objeto de agresiones sexistas por parte de los propios alumnos que ven en ellas una "versión fallida" de lo que debe ser "un profesor".

La masculinidad es algo que se construye a través de presiones sociales, condicionamientos culturales y referentes educativos y la escuela es un espacio privilegiado de estos rituales, muchas veces crueles y excluyentes, de reafirmación y consolidación del prototipo masculino, viril y heterosexual. El chico "diferente" comienza muy pronto a ser objeto de todo tipo de burlas, estigmas y ataques (mas o menos velados, mas o menos sangrantes) y comparte con las niñas el espacio social de lo desvalorizado, lo irrisorio, lo poco útil y lo digno de ser relegado a un segundo plano.

La escuela determina ya los comportamientos de cara a la sexualidad adolescente y establece una delimitación extremadamente rígida de lo correspondiente al universo masculino (el patio, los juegos violentos, los deportes competitivos, las pandillas, las bromas en el grupo, las relaciones agresivas) y al universo femenino (lo delicado, lo discreto, lo verbal, lo pasivo).

Las edades correspondientes a lo que convencionalmente se denomina "pubertad" son edades de reafirmación muy clara de los roles sexuales en el sentido de una heterosexualidad hegemónica e impregnada de homofobia. Esto implica una marcada expresión del sexismo y un odio feroz y aprendido a todo tipo de disidencia o ambigüedad en los comportamientos de género. En su también interesante libro "La identidad masculina" la doctora Elizabeth Badminter explica como frente a la naturalidad con la que se desarrolla la femineidad, lo masculino debe ser continuamente afianzado, reconstruido y demostrado y puede estar sujeto a un permanente "cuestionamiento" desde el exterior.

La escuela pasa a ser así una preparación y una antesala de otras instituciones (como la fábrica o el ejército) donde el modelo productivo es el modelo masculino y se suceden los refuerzos a esta y los castigos a lo que se sale de esa norma.

 

LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA MASCULINIDAD. Ritos de iniciación.

En el libro de Badminter se nos explica como en diferentes culturas la masculinidad es puesta a prueba de manera reiterada pero particularmente en las edades de la adolescencia y en el paso tradicional de la niñez a la llamada "madurez sexual"

Los ejemplos extremados de esto son los sangrientos rituales de iniciación de determinadas tribus que tienen su réplica "civilizada" en las antiguas escuelas públicas inglesas o en los modernos ejércitos profesionales (todavía están en la memoria de todos/as esas imágenes de los marines estadounidenses sometiendo a los novatos a crueles vejaciones que van desde hacer flexiones desnudos hasta clavarles medallas sobre el pecho en carne viva). La humillación cruel se asocia con la eliminación de cualquier rasgo de femineidad y se considera necesaria para la separación del mundo maternal de la sensibilidad y los afectos. Las novatadas en los ejércitos de todo el mundo forman parte muchas veces "tolerada" de estos ritos de inciación y socialización.

Encontramos muchas conexiones entre los espacios y ritos viriles de la pandilla, la escuela, el ejército y la prisión como instituciones de socialización del macho en torno a una serie de valores y conductas violentas que se le suponen inherentes y de purga de los valores y sentimientos considerados femeninos o afeminados.

La homofobia es, claro está, parte integrante de este proceso de virilización donde el homoerotismo sublimado y la crueldad hacia el "maricón" pueden ir perfectamente emparejados. En los equipos de fútbol como en los ejércitos o en los internados masculinos el insulto por excelencia sigue siendo "maricón" pero al mismo tiempo podemos encontrar muestra de afecto y rituales entre varones que se considerarían sospechosos fuera de esos ambientes. Los deportes más violentos son rituales privilegiados de mantenimiento de los roles de género y así se refleja en algunos ambientes donde son casi considerados como una prueba ineludible de masculinidad y heterosexualidad (por absurdo que pueda parecernos tal postulado). En una obra de teatro de Robert Anderson estrenada en 1956 "Tea and simpathy", emblemática de la cultura juvenil de los cincuenta y llevada al cine por Vincent Minelli, un joven estudiante es internado por su padre en un colegio de chicos sufre las sospechas de sus compañeros y profesores por preferir la poesía o la música a los deportes o los juegos violentos. Su torpeza al abordar a la prostituta del lugar y su preferencia por la conversación intelectual y los sentimientos que por el juego en pandilla y la camaradería parecen indicativos indiscutibles de una latente homosexualidad. La desviación sexual se asimila así al espíritu anticomunitario y a una "especial sensibilidad" que lo separa de la uniformidad del resto. Señalado por el grupo el alumno "diferente" deberá finalmente probar su heterosexualidad ante el resto de la escuela para quedar libre de "toda acusación". En un momento particularmente cómico de la obra uno de los amigos del protagonista trata de enseñarle a "caminar como un hombre" como forma de acercarle al modelo mas aceptado del macho. La heterosexualidad se relaciona así con los signos externos de una masculinidad al uso. La competitividad, la agresividad viril, y el trato convencional con el otro género son indicativos culturales de lo que debe ser "un hombre".

Los maricas pasamos a compartir con las mujeres el espacio social de lo íntimo, lo pasivo y lo interior. Diversas instituciones se nos muestran al servicio de la homofobia y hasta como una consecuencia y un motor de la homofobia social. No debe sorprendernos la reciente protesta de los militares británicos por tener un Ministro de Defensa declaradamente gay si analizamos el tipo de conducta, los valores y los comportamientos que se privilegian en la vida castrense. En el continuum de la carrera del hombre heterosexual hacia su consolidación como adulto viril, padre de familia y sujeto productivo instituciones como la escuela o el ejército juegan un papel muy relevante que nos desvela hasta que punto están al servicio del mantenimiento un modelo social y un "status quo" de valores.

 

ALMAS GEMELAS

Rita Mae Brown. Editorial Egalés. Colección "Salir del armario". Madrid, 1999.

"Almas gemelas" es la segunda novela de la escritora y activista estadounidense Rita Mae Brown que se traduce al castellano. La primera "Frutos de rubí. Crónica de mi vida lesbiana" (el libro que la dio a conocer en todo el mundo) fue uno de los primeros títulos publicados por la colección "La llave la tengo yo" de la editorial madrileña "Horas y horas". Sin llegar al extremo de "Frutos de rubí", una autobiografía apenas disfrazada, encontramos en "Almas gemelas" numerosas referencias a la experiencia vital de la autora y al mundo del que proviene. En un tono más ligero que su anterior libro, "Almas gemelas" nos cuenta también una historia de amistad y amor entre mujeres en un tono entre tierno y humorístico. Su novela se centra en el espacio de las mujeres, que se apoyan entre sí, que resisten a los prejuicios sociales y la violencia del orden patriarcal. Casi un siglo de historia americana a través de la experiencia de varias generaciones de mujeres hasta llegar a la joven y e independiente Nicole, alter ego de la escritora. Sólo aparentemente ligera y escrita con envidiable soltura y sentido del diálogo "Almas gemelas" es un regalo para los amantes de la narrativa ágil y sensible.

 

 

Eduardo Nabal Aragón.

 

Entrevista a Nastasia Rampova realizada por la revista Infogay del Colectiu Gai de Barcelona.

 

¿Qué te consideras: homosexual, transexual, o transgenérica?

Como ninguna de esas tres etiquetas las he elegido yo, haciéndolo en mi lugar la Nueva Inquisición representada por la psiquiatría internacional, difícilmente me puedo considerar así, prefiriendo el término gay, que implica una toma de postura de amplio significado, distanciándonos del mariconerío cavernícola nazi y del homosexualismo pre-armarizado de las "chicas" del PP. ¿Transgenérica? Más bien aspiro a la poligenitalidad, no como alguien que es biológicamente varón y se siente mujer o viceversa, sino que sin renunciar a ser varón, ser al mismo tiempo mujer, lo que implica un hermafroditismo, superando la bisexualidad para llegar a la tridimensionalidad erótica: gay-hetero-lésbico, al mismo tiempo. Qué harta estoy de la rutina, de la normalidad impuesta, soy masculino y femenina y quien conmigo se acuesta que disfrute de mi pene y mi vagina. Soy activa, pasiva, expansiva y radiactiva como una bomba neutrohormonal.

 

 

¿Piensas si existe una identidad gay? En caso afirmativo ¿no crees que puede ser peligroso?

La única identidad visible es la del consumo. ¡Dime cómo vistes y te diré con quien te acuestas! Jamás se había visto una uniformidad estética tan unidireccional si exceptuamos la China de Mao. Algo muy lógico, porque a un pensamiento único le suele acompañar una estética única y una "reivindicación" única: equipararnos al molde familiar hetero. Es peligroso porque se ve venir que cuando se consiga esto último nos van a vender la burra rosa de que el movimiento gay ya no tiene lugar de ser. Irónicamente, la mayoría saldrá del armario para entrar en el Museo de Antropología. Resumiendo, prefiero la diversidad a la " identidad", porque la primera es polimorfa y la segunda uniformadora.

 

¿Crees que está vigente aún el pensamiento queer?

A mí lo que me preocupa es la inexistencia de pensamiento. Lo Queer no ha perdido un ápice de su vigencia ni la perderá (en todo caso cambiará de nombre) en tanto no se transforme la sociedad entera, incluido ese diez por ciento del que tanto se habla y tan poco se ve, excepto en las catacumbas del petardeo. Otra cosa es que este pensamiento esté implantado en nosotros. ¿Lo ésta? Lo único que está implantado en nuestras cabezas es la vacuidad más absoluta, de la que se empieza por no tener ideales y se acaba por no tener ideas.

 

¿Es la pluma revolucionaria? ¿Por qué?

Sólo por el hecho de desafiar los dogmas rígidamente inculcados de que la masculinidad es al hombre lo que la femineidad es a la mujer ya se está subvirtiendo el orden. ¿Ha habido o hay alguna "loca" o algún "camionero" al frente de algún partido político, sindicato, gobierno, O.T.A.N., Fondo Monetario Internacional, O.N.U., etcétera? ¿La hay siquiera presentando telediarios en la caja tonta? Categóricamente, no puedo decir si la pluma es revolucionaria, pero la otra cara de la moneda, la anti-pluma, está llena de ejemplos involucionistas y nada revolucionarios: Mussolini, Hitler, Pinochet, Margaret Thatcher, Violeta Chamorro y toda la basura televisiva, donde una "muy moña" como Mariñas, en Tómbola, en lugar de plumas suelta ladrillos. Hay plumas (como Raphael o Rappel, etcétera), que en conjunto forman un abanico que sirve para ventilar estoicamente las vergüenzas del poder y otras, como yo, que son revolucionarias en tanto que de tan venenosas, en lugar de cargarse con tinta lo hacen con ácido sulfúrico muy corrosivo para el conservadurismo rosa y azul que nos invade.

¿Qué opinas de la peseta rosa?

Que es una buena "inversión" para los invertidos (que no gays), que nunca reinvierten en Arte Rosa. ¿Hay aquí un equivalente a Tom Robinson Band, Pansy Division, K.D. Lang o Derek Jarman? En su lugar tenemos a Alaska, que cada 28-J, en Madrid va en una carroza con sus "boys" ¿Tanto esfuerzo le costaría ir con sus "girls?" O Mónica Naranjo, o Mecano, o Alejandro Sanz, que a lo sumo que llegan es a cantar, en tercera persona, deslices "homo". La peseta rosa lo único que va a conseguir es un gran guetto, con el Parlamento Rosa, el sindicato de mariconchis, el defensor del pueblo gay, la Junta Central Fallera de bolleras sin peineta, la Iglesia Católica, Travestónica, Lesbiana y Romana, con obispos leather, cardenales travestis y una Papisa lesbiana. Y presidiendo la nación rosa quién sabe sí Camilo Sesto o Mari Trini.

 

¿Crees que es válida una estrategia centrada sólo en lo gay, o debe relacionarse con otras formas de lucha social?

Difícilmente podemos hacer trascender nuestra lucha sin relacionarnos con otros movimientos sociales. ¿De qué sirve un discurso dirigido únicamente a los convencidos? Tan sólo para valorar el monólogo, el histrionismo y las dotes actorales del orador de turno, que por otra parte suelen ser inferiores a las de cualquier cómico de segunda. Por supuesto que hay que relacionarse, para empaparnos, liberarnos, vampirizarnos, seducirnos, ideologizarnos y, si llega el caso, fornicarnos mutuamente. Okupando, desobedeciendo, mariconeando, desenmascarando, trasvestizando. Luces de neón en los cuartos oscuros, que no estamos en la edad media. Sin olvidar de que hay que penetrar al pensamiento único dulcemente, sin dañar sus anos conservadores (aunque mal conservados), como suaves supositorios de morfina, para desvelar toda la mediocridad reinante y toda la farsa y pantomima, que estarían muy bien si no fuera porque el lugar de los farsantes y de la pantomima es el teatro, al que se va libremente sin que interfiera y se ingiera en tu vida cotidiana. Porque para liberar nuestros deseos hay que dar grandes dosis de adormidera a quienes vigilan nuestros sueños, a quienes nunca entendieron nada. Y besos negros para C.G.B., Gailes, F.A.G.C. los E.H.G.A.M. y Herakles-Safo.

 

 

 

 

 

1 DE DICIEMBRE:

Este mes de Diciembre va a estar rodeado de cosas interesantes (y otras preocupantes) en la ciudad de Burgos. El 23 de Octubre tendremos la ocasión de contar con Regino y Julien dos miembros de ACT-UP BRUSELAS que residen actualmente en Madrid y que nos van a contar otra versión sobre la lucha y el activismo contra el SIDA en el mundo dentro de las Jornadas por la Liberación de Espacios que organiza el centro social autogestionado "Gacela". La charla será a las 19.00 horas en la Casa de la Cultura de Gamonal. Entre las notas negras podemos contar que en este mismo mes de Diciembre será in-vestido doctor "honoris causa" por la opusiana Universidad de Burgos el siniestro cardenal Roco Varela, expresidente de la Conferencia Episcopal y uno de los máximos representantes de la política genocida que en materia de SIDA practica la Iglesia Católica (también) en este estado, condenando sin descanso el uso del preservativo.

El 1 de Diciembre "Día Mundial contra el SIDA" va a ser una ocasión espléndida para reflexionar sobre los derroteros que ha ido tomando esta conmemoración y esta lucha. Del pánico y el silencio se ha pasado a un absurdo triunfalismo. "El SIDA va bien" dice el Sr. Parras, director del Plan nacional contra el SIDA. Del ostracismo se ha pasado a la caridad y las palabras altisonantes. Este año ha muerto otro enfermo de SIDA en la prisión burgalesa y el Comité ciudadano antisida no ha dicho ni mú. En Burgos sigue sin haber un sitio público, anónimo y gratuito donde hacerse la prueba de detección de anticuerpos. Se oculta el lugar donde se ubicará (de ubicarse) la Casa de Acogida de Enfermos de SIDA por miedo al rechazo vecinal. De nuevo tendremos este día 1 lazos rojos y lemas cristianoides. Por ti y por mí. Las campañas estatales nos hablan de resposabilidad pero no hacen suya esa responsabilidad sobre proteger la salud pública, ni la de llegar a todos los sectores de población atendiendo a sus necesidades específicas. Los toxicómanos siguen drogándose en condiciones infrahumanas y las prostitutas no ven reconocida su situación laboral. El PP da marcha atrás en los pocos y tímidos avances que se habían ido realizando. Las putas y los putos son desalojados de las calles de Madrid y los neonazis que apalean inmigrantes o transexuales son los discípulos aventajados de nuestros políticos y nuestras leyes.

LUGARES DE DISTRIBUCIÓN

En Burgos:

- Bar Patadón (C/San Francisco)

- Sidería "La traviesa" (C/San Lorenzo)

- Bar Zurich (C/Petrolina Casado)

- Café Mármedi (C/La Puebla)

- Distribuidora "Contracorriente" (Local "Gacela")

En Madrid:

- Bar "El Mosquito" (C/Torrecilla del Leal)

- Librería Berkana (Pza. Chueca)

En Valencia:

- Librería "El Cobertizo" (Pza. Vicente Iborra).

En Salamanca:

- Bar Utopía (junto Pza. Corrillo.)

- Asamblea de mujeres de Salamanca. Apdo. 2011. 37080.

Si deseas suscribirte a nuestro queerzine "La Kampeadora" por un año (seis números) puedes hacerlo al precio de 1.000 ptas. (gastos de envío incluidos). Escríbenos al Kolectivo de Gais y Lesbianas de Burgos. (K.G.L.B.) Local "Gacela". B/Inmaculada J. 2-3. Bajo. 09007 BURGOS. Si quieres recibir algún número atrasado de la revista basta con sufragar gastos de envío.

También puedes encontrar "La Kampeadora" en la página social de Hartza.

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