LA KAMPEADORA. Nº 12. MARZO – ABRIL 2000

 

Queerzine del Kolectivo de Gais y Lesbianas de Burgos.

 

 

Escenarios de falsos oropeles. Las mentiras del Edén gay

 

Es realmente impresionante la cantidad de pastel de fresa que aún queda por repartir. Como si de una locomotora sin freno se tratara, los proyectos empresariales dirigidos a un público gay se han lanzado al unísono a la conquista de parajes de consumo inexplorados. Todo el mundo de la empresa (tentado estoy de escribir "emp-rosa") parece saber bien dónde está ese nuevo mundo, y es por eso que más que una aventura de carabelas a la deriva, estamos ante un proyecto de apertura de una única vía férrea con un destino preciso. Un ferrocarril que se está tendiendo a la misma velocidad que lleva la máquina que lo recorre. O se colocan más rieles a todo correr, o esa locomotora se va al cuerno.

 

Estamos aprendiendo a marchas forzadas que la lógica del mercado y el beneficio no es en absoluto incompatible con una lógica rainbow. Es más, la bandera del arco iris, que nació para representar la diversidad de gays y lesbianas, ha perdido todo contenido político y se asocia hoy a un reclamo publicitario. Todos esos colores, al centrifugarse a la velocidad de vértigo de la lógica empresarial, no dan ya otro resultado que el resplandor del dinero. De aquella gama cromática amplia hemos pasado a un brillo cegador que enmascara todas las diferencias.

 

Hasta ahora, pocas voces se han alzado en contra de esta carrera de progreso. Ello se debe a esa especie de "liberación" que parece llevar implícito este proceso. Esa visibilidad, esa salida colectiva de los armarios de la clandestinidad, el secreto y la vergüenza, son difícilmente criticables. Parece que hemos de felicitarnos porque ahora podemos mostrarnos ante el mundo con un barniz de respetabilidad y unos aires de incuestionable triunfo. Diríase que existimos socialmente por vez primera, aunque solo sea en la medida de nuestra rentabilidad.

 

La única contestación que me ha parecido atisbar frente al proyecto de explotación de esas nuevas posibilidades no cuestiona la premisa del estatuto desértico y baldío de los márgenes donde no va a llegar el tren rosa. Y resulta que, si nos paramos a pensar un poco, al final esos márgenes están más densamente poblados de lo que nadie quiere admitir. ¿Quienes estamos en esos parajes yermos donde el comercio rosa no quiere meter sus inversiones? Permítaseme la licencia de meterme en pellejo en ocasiones bien ajeno, y de hacer mías esas voces que nadie quiere escuchar.

 

Parece obvio que por allí andamos casi todas las lesbianas, por pobres o poco gastonas, que tanto da. Y los viejos, que ya no hay quien nos venda unos modelitos imposibles, ni quien nos mantenga dando brincos desde primeras horas de la noche hasta media tarde del día siguiente. Los menores de dieciocho seguiremos, claro, haciendo la calle o salvando el pellejo como podamos, porque enseguida os acusan de cosas terribles. Y además ciegos, sordas o paralíticos; maricas y bolleras de pueblos y ciudades pequeñas, con VIH o SIDA, extranjeros exóticos o ilegales, gordas, peludos, s/m’s, promiscuos, solteras…

 

Lo grave del caso no es que la iniciativa rosa haya creído descubrir un edén limpio y rentable, a costa de ignorar y sumir en la abyección todo lo que ha considerado estéticamente estridente o políticamente no presentable. Lo peor de este asunto es esa mansedumbre con que una mayoría de lesbianas y gays parece haberse acostumbrado a acudir desde sus dominios a la reluciente estación rosa para intentar coger un tren que sólo promete como destino una orgía de gastos. Y que siembra a su paso humillación, uniformidad, displicencia y soberbia.

 

Lo deprimente, en suma, es que nadie diga que ese Edén no existe; que se lo han inventado. Que nos están vendiendo un decorado falso que, encima, tenemos que subvencionar, construir y poblar para que, sin dejar de ser ficticio, sea mínimamente creíble. Y para que pueda atraer a otras incautas hacia ese escenario de falsos oropeles y letreros luminosos. Todas y todos estamos en los márgenes, por una u otra razón, antes o después. Incluso quienes se empeñan en salir sonrientes ante las cámaras aparentando pulcritud estética o inocuidad ideológica.

 

 

Ricardo Llamas

Doctor en sociología y coautor del libro "Homografías”

 

**********************************************

La Homofobia no es una enfermedad.

 

En ocasiones escuchamos en medios de comunicación o en manuales pedagógicos contra la homofobia el argumento de que ésta es una enfermedad que consiste en “padecer un miedo irracional a los homosexuales”. Este enfoque encierra una trampa muy peligrosa, que se ha puesto de manifiesto en algunos juicios en Estados Unidos contra personas que habían asesinado a homosexuales (los llamados “crímenes de odio”, caso Mathew Shepard). La consideración de la homofobia como “enfermedad” supone, paradójicamente, una especie de eximente o atenuante a la hora de juzgar el asesinato de un gay, y lo que es peor, el término “irracional” impide abundar en el análisis de las verdaderas causas de la homofobia, que son mucho más complejas que el simple recurso  la enfermedad o a algo tan vago como “lo irracional”

 

Esta definición ha conducida a una situación inaudita en la historia del derecho penal: que la causa o motivación de un  crimen se convierte en un argumento a favor del homicida. Nos encontramos así conque algunos jueces de EEUU han absuelto argumentando que tiene una enfermedad según la cual no tiene más remedio que asesinar a un gay cuando lo ve, como un “estado de necesidad”, o como diríamos aquí, “le dio un repente”. Según esta lógica, si inventáramos una enfermedad que se llama antisemitismo, los pobres nazis deberían ser exculpados de todos sus crímenes, porque se movían por necesidad, atacados por la enfermedad, que pasa así a ser depositaria de toda la responsabilidad sobre el exterminio. El discurso médico, y especialmente el médico-psiquiátrico, juega por tanto un papel fundamental en la legitimación del racismo  (y no es la primera vez en su historia) o de la agresión. Por eso es importante llamar la atención a los colectivos que desarrollan campañas antihomofobia sobre el peligro del argumento de la enfermedad.

 

            La homofobia no es una enfermedad, es una actitud de odio al otro de la cual se es responsable, una actitud que puede cambiar, como tantas otras.  No tiene nada que ver con extraños procesos inconscientes (homosexualidad reprimida, trauma infantil, arrebato inevitable), sino que es una decisión deliberada y consciente, un posicionamiento social e ideológico avalado por los discursos colectivos (los chistes de maricas, el machismo, la educación, la ciencia, la impunidad, el régimen social de la heterosexualidad obligatoria). Es importante por ello desmantelar ese discurso, de manera que incluso desde el punto de vista legal o jurídico nadie pueda utilizarlo como coartada de lo que es simplemente un acto de brutalidad planificado y alevoso.

 

            Contra consecuencia irónica de esta idea es que devuelve al agredido la responsabilidad de la agresión. Es decir, ser gay implicaría una esencia, una cualidad intrínseca que produce miedo en el otro. Ya no se analiza al asesino, sino que la mirada recae sobre el asesinado. ¿Qué habrá hecho, cómo es para que dé miedo?. Estos jueces y médicos no se plantean por qué tiene miedo el acusado, simplemente asumen que tiene miedo, pero al asumirlo se reconoce que algo hay ahí que “da miedo”, una razón de ser. Esto nos remite una vez más a las tradiciones criminalizadoras y patologizantes que han configurado que han configurado el concepto de homosexualidad en los últimos dos siglos. Es una tradición que pervive en nuestra cultura (y en muchas otras: la aldea global tiene esas cosas, que expande la mierda globalmente) el homosexual como enfermo, desviado, anormal, peligroso, y por tanto, temible. Restos de este proceso secular de estigmatización es escribir la palabra gay entre comillas, como hace la prensa, o negarse a reconocer la palabra homofobia, como hace la Real Academia. El asesino tiene miedo, claro, porque sabe que “eso” es algo raro, por algo lo escribe con comillas, el gay es una excepción gramatical y social, un mutante, un bicho. La gramática es una forma de ortopedia y un distribuidor de espacios: por supuesto, estamos fuera.

 

            Asistimos a un juego de espejos enfrentados: primero el que era un enfermo era el homosexual (hasta los años 80 estaba en la lista de las enfermedades oficiales), ahora el que es un enfermo es el homofóbico. Pero al primero se le encerró y torturó por ello, y al segundo se le absuelve. O sea, que la enfermedad es un comodín sin sentido, que reproduce los valores de una cultura. Hay enfermos malos (los gays, los locos) y buenos (los pobres homófobos). Se desvela entones la verdadera naturaleza de la justicia, es decir, ser una función que traduce los valores de un poder, es más, ser un elemento que produce valores y poder. Este poder nos dice entonces: mi odio es bueno, el tuyo no.

 

            Esto nos sitúa en otra situación paradójica: ¿debemos apelar a las instituciones, a la

Justicia, a la ley, para defendernos de la homofobia? ¿Qué posición tomar respecto al discurso médico? ¿En qué medida podemos confiar en un Estado, en cualquier Estado? Esta red de poderes no nos liberará de las agresiones directas.

 

            Así las cosas, me planteo mi posición como marica agredido en otros términos. No quiero ya leyes, ni Estado. Me rebelo radicalmente. Debo configurar un poder nuevo y autónomo. Ya no puedo ni debo apelar a la razón. La razón juega a favor de la dominación.

                                                                                   

Javier Sáez.  http://www.geocities.com/hartza

 

****************************************************

¿SEXUALIDAD NORMALIZADA?

 

 

            Hay veces en las que a una le ponen etiquetas de la manera mas injusta y cobarde, nada más nacer, ya que la sociedad tiene unos cánones para asignar a cada cual y ya que cada uno está aquí, se supone, para desempeñar su papel.

 

            Cuando nuestras “sociedades desarrolladas” están tan desarrolladamente atrasadas, el progreso tecnológico no hace sino poner aun más de relieve que estamos en el neolítico y que mas que desarrollarnos estamos siendo manipulados/as.

 

            ¿Que papel se le otorga a la persona discapacitada?

 

Partiendo de la discapacidad crónica (Desde que naces hasta que te mueres):

Todo es tabú, ya que desde un principio no se nos otorgan las mismas oportunidades que a cualquier persona “no discapacitada” (también llamada errónea y significativamente “normal”), ya que siempre hemos sido guetizados/as por la sociedad, y esta ha sido apoyada por el Estado y la Administración, ya que es mas cómodo dar apoyo y “ayudas” a las asociaciones que colaboran y participan activamente con su maquinaria, que encargarse ellos de “normalizarnos” la vida.

 

Pues desde pequeñitos/as, todo nuestro destino estaba marcado por unos cánones como discapacitados, una pequeña gran diferencia con el resto de las personas. 

Nosotros/as no somos considerados dueños y dueñas de nuestras vidas ni, por supuesto, de los aspectos que de ellas se derivan, ya que no importa la edad ni tus posibilidades ya que por el hecho de depender de alguien ese alguien se sitúa en un plano de superioridad y a esa persona no se le cuestiona nunca su capacidad, por que no es una persona precedida del prefijo DIS- y se la considera, por tanto, “normal”.

 

En nuestros primeros años de penosa escolarización no reglada te encuentras con niños/as, que podrían ir de los 6 a los 17 años, y aquello se convierte en una batalla campal de muchachos y adolescentes a por las chicas. Cuando eso ocurría (hasta que llegaba el profesor/a) se nos separaba, se lo comunicaban a nuestros tutores (estos le decían al niño en cuestión que nos dejase en paz) y los niños deducían que les causaría menos problemas  si se perseguían “entre ellos”.

 

En ese grupo de niños y niñas existían, y existen todavía, dos metas fundamentales:

 

Conseguir salir Chico-Chica, Chica-Chico (según las pautas de la heterosexualidad obligatoria). En esta situación, “entre nosotros”, se nos ponen muchas trabas. Les cuenta aceptar que puedas tener deseos sexuales sin enrojecerse. ¿Y si la chica se queda embarazada? ¿Quién se hará cargo del bebé? (Como si no existieran medios para prevenir o  interrumpir el embarazo). Se ha llegado al extremo, en algunas asociaciones paternalistas, de pedir un permiso firmado por los/as tutores/as, para dejarte compartir una habitación con tu pareja (aunque seas mayor de edad).

 

Conseguir salir Chico- Chica (no discapacitada), Chica-Chico(no discapacitado)

Era y sigue siendo “mas imposible, pero menos preocupante”. Al comentar esto con una persona discapacitada la respuesta suele ser: “Tu estas loco, no te va a hacer ni caso”. Si no era un/a discapacitado/a te respondía mofándose: “pobre ilusa ¿Quién va a fijarse en ti con lo mal hecha que estas?” o ¿Quién va a cargar con semejante mueble?”. “¿Para que te pintas o te arreglas si vas a estar igual de torcida?... “¡Deja a tu hermana, que ha quedado, no le molestes!”

 

            Pues bien, con semejante panorama, una de las posibles salidas para satisfacer en todo, o en parte, tu deseo sexual era y es la masturbación, acompañada en muchos casos, para mayor eficacia, de una fantasía sexual, libre de los cánones impuestos.

 

            Un chico llegó a salir con una chica (no discapacitada) y se convirtió así en la envidia del grupo de discapacitados, en la curiosidad de los no discapacitados y en la alegría para los tutores del chico. Pues bien, este chico me gustaba desde pequeñita. era el chico que mejor estaba de aquellos a los que se nos dejaba optar y cuando empezó a salir con aquella chica pense ¿que tendrá este chico para estar saliendo con ella?. Al cabo de algún tiempo él me pidió salir (yo no se lo había pedido, ya que nunca imaginaba que fuese a dejar a ella por mí). Estuvimos saliendo cuatro años juntos, aunque a mi me imponía un poco el tener relaciones, porque no era fácil y por lo mitificada que tienen los chicos “la penetración”. A sus tutores les costó mucho entender y aceptar que saliera conmigo en lugar que con la otra chica.

 

         Cuando llevábamos cuatro años y teníamos el correspondiente permiso de nuestros tutores (exigido por la asociación para poder mantener relaciones sexuales), tuve que pasar por el trago de ir al ginécologo y tomarme la píldora ya que los miembros de la asociación no me dejaban usar el condón por que “se me podía quedar dentro”.

 

            Conocí después a una chica no discapacitada, de la que me enamoré nada más verla. Desde ese momento no pude mantener el tipo de relaciones que me concedía el permiso. Se lo conté al chico y alguna amiga y no me creyeron del todo. Pensaron que “ya se me pasaría”.

 

            Pasó el tiempo y no se me pasaba, es más estaba empezando a obsesionarme (se lo dije a la chica, ya que nos escribíamos), ella me dijo que era heterosexual (lo que no tenía nada que ver con el hecho de que yo fuese una chica discapacitada) y no volvimos a sacar el tema. Yo estuve en una ocasión en su casa, conocí a su compañero y fue la experiencia mas agridulce de mi vida.

 

            Lo que más me duele es que ahora que el chico y yo  ya no salimos juntos la gente empieza a asimilar que podemos hacerlo. Y en cuanto les decimos que no, siempre hay gente que nos da ánimos para intentarlo. Y la gente que conoce la historia o no te toma muy en serio o te trata como si tuvieras un retraso mental (“el deja a una chica “normal” por ti y tu no quieres salir con él”)

 

Ahora mi vida (en este sentido) transcurre por Internet ya que creo que todo esto me ha afectado mas de lo que esperaba, el peso del  papel que me colgaron nada más nacer

 

                                                                                    Vanessa Alonso Antón (La Loca)

 

******************************************************

LA SEXUALIDAD DE LOS HOMBRES HETEROSEXUALES

 

La sexualidad de los hombres heterosexuales se ve implicada en una variedad de presionantes problemas sociales, incluyendo la transmisión del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH, causante del SIDA) y otras enfermedades de transmisión sexual (ETS), los embarazos no deseados, la violencia sexual, la homofobia y las relaciones deficientes.

Este artículo ofrece una descripción de la construcción de la sexualidad de los hombres heterosexuales, y examina asuntos tales como la masculinidad, la identidad, la intimidad, el consentimiento y el placer. Aboga por una positiva reconstrucción de esta sexualidad, ofreciendo la epidemia del VIH/SIDA como un posible sitio para tal proyecto.

 

La sexualidad de los hombres ha sido colocada bajo la luz pública en las últimas tres décadas en Australia, como resultado de varios cambios sociales importantes. El más significativo es el feminismo, con su crítica de las injustas relaciones de género y del papel de la sexualidad masculina en éstas. Muy brevemente, otros cambios importantes incluyen el surgimiento de la liberación homosexual, la llamada revolución sexual y la creación de movimientos de autoayuda y crecimiento personal. Aunque estos desarrollos han tenido consecuencias disparejas y contradictorias, colectivamente han significado que la sexualidad masculina sea hoy en día objeto de crítica política y comentarios sociales.

Cualquier consideración de la sexualidad de los hombres debe reconocer

su contexto social y político. Puedo ver dos aspectos profundamente interrelacionados en esto: las relaciones de género y las

relaciones sexuales. En primer lugar, la sociedad australiana está estructurada en una variedad de formas que favorecen a los hombres y desfavorecen a las muJeres, y las relaciones heterosexuales, por ejemplo, están estructuradas y restringidas por relaciones sociales más amplias entre hombres y mujeres y entre los sectores femenino y masculino. Un solo ejemplo de ello es que las mujeres continúan sobrellevando la abrumadora responsabilidad del trabajo doméstico y de la crianza de hijos e hijas, y el mercado de trabajo remunerado se caracteriza aún por una segmentación por género tanto horizontal como vertical. Estos patrones tienen un efecto material muy real en las posibilidades para las relaciones igualitarias entre parejas heterosexuales.

 

En segundo lugar, las relaciones sexuales en Australia están estructuradas por el dominio heterosexual. La heterosexualidad es percibida como socialmente legítima, "natural" y "normal", mientras que otras sexualidades son vigiladas y construidas como innaturales y pervertidas.

A fin de comprender la sexualidad masculina, debemos también entender la construcción de la masculinidad -- la producción social de lo que significa "ser un hombre". El sociólogo australiano Bob Connell argumenta que en cualquier sociedad existen múltiples masculinidades y feminidades, pero una versión de la masculinidad es dominante o "hegemónica": la más honrada e influyente representación cultural de la masculinidad. Brevemente diré que las cualidades claves requeridas para "ser un hombre" son que los hombres sean fuertes, no emocionales, heterosexuales, en control y agresivos. La masculinidad hegemónica está basada en la subordinación de las mujeres y también en jerarquías entre los mismos hombres.

Connell destaca que las masculinidades practicadas de la mayoría de los hombres no corresponden con este ideal, pero que la masculinidad hegemónica es apoyada por grandes cantidades de hombres. La razón principal "es que la mayoría de hombres se benefician de la subordinación de las mujeres, y la masculinidad hegemónica es la expresión cultural de esta ascendencia" [Connell: 185].

Una de las más importantes características de la masculinidad hegemónica contemporánea es que es heterosexual [Connell: 186]. La homofobia -- el temor y el odio hacia las personas homosexuales y hacia los hombres homosexuales en particular -- es crucial para los patrones de relaciones entre hombres [Kinsman]. La homofobia funciona, por decirlo así, como el dragón a las puertas de una masculinidad alternativa: vigila los límites de la masculinidad convencional. Por otro lado, la homosexualidad es percibida como una traición de género. Más aún, el que un hombre se aparte de la masculinidad dominante hace que se le perciba como homosexual.

Los significados dados a la masculinidad son estructurados por otras relaciones sociales, de raza y etnicidad, clase, edad y sexualidad, de modo que el "contenido" de la masculinidad hegemónica variará en localidades sociales diferentes y entre diferentes grupos de mujeres y hombres. La masculinidad hegemónica no determina totalmente las experiencias y desempeños de masculinidad de los hombres. Sin embargo, todos los hombres viven bajo su sombra.

 

Sexualidad e identidad

 

Quizás lo más importante que debe saberse acerca de la sexualidad masculina es que está íntimamente vinculada a la identidad de género masculina. El desempeño físico exitoso de la sexualidad masculina es esencial para la confirmación de la masculinidad de los hombres.

Podemos encontrar evidencia de ello en los relatos de los hombres heterosexuales acerca de su experiencia de sexo con las mujeres, y en el significado que para los hombres tiene el no poder tener un desempeño sexual apropiadamente masculino. En relación con lo anterior, las encuestas de Hite (1981) revelan la experiencia del coito pene-vagina como una verificación de la identidad masculina. Cualquier falla en el desempeño masculino (pérdida de la erección o, en particular, ausencia de erección) es experimentada por los hombres, en términos profundamente genérico, plantea la amenaza de la pérdida de su hombría, y provoca, en muchos, humillación y desesperación [Tiefer: 168].

Una de las cualidades del discurso dominante sobre la sexualidad masculina también está implícita en esto; la sexualidad masculina está basada en desempeño y potencia. El tener una buena "técnica sexual" -- definida como una serie abstracta de habilidades -- y poder "dar" muchos orgasmos a la mujer, son los elementos que definen la hombría. De acuerdo con Leonore Tiefer, el desempeño sexual masculino tiene tanto que ver con la confirmación de la masculinidad y la posición entre los hombres como con el placer o la intimidad [Tiefer: 167].

Los mitos sexuales que son base del modelo dominante de la sexualidad masculina son eficientemente resumidos por Fanning y McKay, de la siguiente manera. Los hombres siempre deben desear las relaciones sexuales y estar preparados para ellas. Un "verdadero hombre" nunca pierde la erección. El pene debe ser grande. El hombre siempre debe llevar a su pareja al orgasmo o, preferiblemente, a múltiples orgasmos. El sexo sólo involucra penetración seguida del orgasmo. El hombre siempre debe saber qué hacer en el sexo. El hombre siempre debe ser agresivo. Todo contacto físico debe conducir al sexo. El sexo debe ser natural y espontáneo. No comentaré sobre cada uno de estos mitos y lo que los hombres pueden hacer para evitarlos, pues esto ya fue hecho en una excelente manera, por ejemplo, por Zilbergeld en La nueva sexualidad masculina (The new male sexuality).

Ahora exploremos tres temas relacionados con la sexualidad de los hombres heterosexuales: (1) intimidad; (2) coacción y consentimiento; y (3) negociación y reconstrucción. Los patrones que describo representan enormes obstáculos a la sexualidad y la forma de relación que a mí me parece ideal. En este ideal, la relación sexual se basa en consentimiento y respeto y se caracteriza por igualdad y mutualidad.

 

Intimidad

 

Existen varias imágenes comunes de la relación de los hombres heterosexuales con la intimidad y las emociones: los hombres somos vistos como "emocionalmente incompetentes" y "emocionalmente estreñidos" [Doyle: 158]. Intentamos satisfacer todas nuestras necesidades emocionales a través de una mujer, sin hacer lo mismo por ella. Así se da una división emocional del trabajo, en la cual la esposa o compañera provee todos los servicios, tanto emocionales como sexuales. Este patrón se entrelaza con la forma en que los hombres comúnmente descuidan sus amistades, las cuales raras veces son fuente de un profundo compartir y apoyo [Strikwerda y May].

Muchos hombres confunden el amor con el sexo; las relaciones íntimas y amorosas sólo pueden ser obtenidas por medio del sexo. Para la mayoría de hombres heterosexuales adultos, las relaciones sexuales son el único espacio donde reciben abrazos y sustento emocional, y en el que son tratados con afecto y amor [Kaufman: 241].

Las relaciones íntimas de los hombres tanto con hombres como con mujeres son fundamentalmente estructuradas por la homofobia y la misoginia. La masculinidad se define por lo que no es -- no femenina -- y las cualidades femeninas estereotípicas son denigradas. Las relaciones íntimas entre hombres son tratadas con miedo y odio intensos, y todo acercamiento es visto con suspicacia.

Hite y Colleran describen el desigual contrato emocional que es común en las relaciones heterosexuales: el hombre se reserva una apertura emocional igual a la de la mujer, trivializa a su pareja y no la escucha, y luego le pide amor, afecto y comprensión [30]. También describen una serie de patrones que me son familiares -- confusión y ambivalencia emocionales, descalificación de las mujeres, desvalorización de los sentimientos de las mujeres, y también el creer que su percepción de la realidad es correcta, mientras que las percepciones de la mujer son locas, neuróticas o simplemente incorrectas.

Existe una amplia gama de complicados asuntos emocionales que enfrentamos en las relaciones. No creo tener una profunda comprensión de todos éstos, pero sí tengo un claro sentido de las formas apropiadas en que debo comportarme en una relación sexual. Trato de ser honesto y de actuar con integridad; me responsabilizo por mis actos, sentimientos y reacciones; respeto a mi pareja -- lo cual incluye reconocer su voluntad, sus deseos y sentimientos --; afirmo mi propia voluntad, mis deseos y sentimientos; y construyo y mantengo redes y comunidades de buenas amistades como fuentes de apoyo y energía.

 

Coerción y consentimiento

 

Al examinar la sexualidad de los hombres heterosexuales y el carácter de sus relaciones sexuales con las mujeres, debemos reconocer la presencia de la violencia de los hombres contra las mujeres. Empezaré esta sección describiendo la singular contribución de las mujeres feministas a nuestra comprensión de la violencia masculina.

En primer lugar, las feministas han documentado la experiencia de las mujeres acerca de una gama de formas de violencia, incluyendo violencia sexual, golpes, abuso y acoso hacia niños y niñas, y el generalizado temor de tal violencia que las mujeres experimentan. La violencia de los hombres contra las mujeres está muy diseminada y es socialmente legitimada. En segundo lugar, las feministas han criticado las explicaciones que patologizan e individualizan la violencia de los hombres, argumentando, por el contrario, que la violencia es la expresión normativa de una masculinidad construida como agresiva, coercitiva y misógina. En tercer lugar, esta crítica, a su vez, ha problematizado un número de distinciones comunes en los discursos dominantes sobre la violencia: entre la conducta "típica" y "aberrante" de los hombres; entre "víctimas" y no víctimas; y entre "ofensores" y otros hombres. Finalmente, las feministas han aportado la reflexión de que la violencia de los hombres es un elemento importante en la organización y mantenimiento de la desigualdad de género.

A finales de los años setenta y ochenta hubo un cambio importante: la sexualidad masculina y la heterosexualidad fueron vistas cada vez más como fundamentalmente implicadas en esta violencia [Edwards]. Escritoras tales como Adrienne Rich, Kathleen Barry, Andrea Dworkin y Catherine MacKinnon argumentan que, bajo el patriarcado, la subordinación de las mujeres es erotizada y la violencia se ha hecho "sexualmente atractiva". Para estas autoras, la sexualidad es vista como el sitio central de la supremacía masculina y fundada en un régimen de heterosexualidad obligatoria. Este régimen involucra la invasión, colonización y destrucción de los cuerpos de las mujeres, de los espíritus de las mujeres y de las mujeres mismas. Más aún, la sexualidad masculina está fundamentalmente implicada en la violencia de los hombres y en la perpetuación de la supremacía masculina. La sexualidad de hombres (tanto heterosexuales como homosexuales) es vista como depredadora, agresiva y fundada en el deseo de ejercer poder y control sobre las mujeres.

 

Una de las más importantes reflexiones en esto es que a los hombres se nos enseña una sexualidad violadora: se nos enseña a ser sexualmente violentos. Se nos enseña a comportarnos en formas agresivas y coercitivas, y se nos enseña a creer que está bien ser así. "No" aparentemente significa "sí", y podemos evadir nuestra responsabilidad a través del discurso del incontrolable impulso sexual masculino.

Otros elementos contribuyen al potencial coercitivo de los hombres en las relaciones sexuales con las mujeres. Está, por un lado nuestra socializada sordera hacia ellas. Está nuestra tendencia a interpretar la conversación y las caricias en formas más sexuales de lo que lo hacen las mujeres. Están, a menudo, nuestros intensos deseos de intimidad, que pensamos que sólo puede ser alcanzada a través del sexo. Y está también el hecho de que todo esto tiene lugar en una cultura en la cual existen imágenes que erotizan el sexo forzado.

Creo que es vital el reconocimiento de estos hechos. Al mismo tiempo, debemos tratar de evitar lo que veo como los tres problemas potenciales en estas áreas.

 

(1) En primer lugar, no veamos la sexualidad masculina y la masculinidad en formas esencialistas, ahistóricas o totalizantes. Ni la violencia ni la masculinidad son fenómenos aislados. Lynne Segal escribe en Cámara Lenta: Cambiando a los hombres, cambiando las masculinidades (Slow motion: changing men, changing masculinities) que, "en términos de desarrollar una política sexual contra la violación y la violencia masculina, no ayudará en absoluto el rehusarnos a distinguir entre hombres que violan y hombres que no violan" [Segal, 240]. Segal argumenta que las relaciones de raza y de clase estructuran diferentes formas de masculinidad y a la vez producen diferentes probabilidades para la violencia

(2) En segundo lugar, al describir las razones por las que los hombres actúan como lo hacen, tengamos cuidado de no confundir el efecto de la violencia con su intención [Liddle, 764]. Las acciones de los hombres son a veces presentadas en una manera unidimensional e instrumentalista: los hombres somos violentos u opresores porque ello sirve a nuestros intereses políticos, y la violencia es el "arma" del control masculino. Ciertamente concuerdo en que la violencia de los hombres tienen el efecto de ejercer control social sobre las mujeres y perpetuar los privilegios masculinos, pero ello no necesariamente significa que ésta sea su intención.

(3) Finalmente, quiero argumentar que este sistema de opresión, este patrón del poder de los hombres, no es total y no es absolutamente dominante. Por ejemplo, no estoy de acuerdo con el argumento de que las relaciones sexuales heterosexuales son siempre opresivas. Creo que hay espacio para la resistencia a las relaciones de poder y para la negociación de éstas. Y no quiero definir como inexistentes las acciones de las mujeres y su placer en las relaciones tanto heterosexuales como heterosociales.

Si analizamos la experiencia vivida de los hombres en la práctica sexual y las relaciones sexuales, encontramos que éstas no se reducen a dominio masculino. Claramente, hay formas en las que el despliegue de sexualidad masculina da a los hombres poder y control sobre las mujeres. Por otro lado, tal como Lynne Segal afirma, "para muchos hombres, es precisamente en las relaciones sexuales donde experimentan su mayor incertidumbre, dependencia y deferencia con relación a las mujeres -- en marcado contraste, muy a menudo, con sus experiencias de autoridad e independencia en el ámbito público". [212]

Estos problemas, sin embargo, no le restan nada a la importancia fundamental de esta crítica y sus dos cruciales reflexiones, que son el hecho de que la violencia y otras formas de coerción están presentes en las relaciones heterosexuales cotidianas, y que la heterosexualidad no es simplemente una relación libremente escogida entre individuos, sino que está arraigada en las relaciones institucionalizadas de poder.

 

Los hombres debemos analizar críticamente nuestra práctica sexual. Debemos hacer que el consentimiento sea la base fundamental de nuestras prácticas sexuales y nuestras relaciones. Más aún, ello requiere de una negociación verbal explícita. Requiere de preguntar/decir: "¿Te gusta esto?", "¿Cómo te sientes?", "¿Puedo entrar en ti?", "Me gustaría hacer (esto o aquello). ¿Quieres hacerlo tú también?". Y tenemos que aceptar que "no" significa "no".

Creo que todo esto conduce a tener una mejor relación sexual. Al hablar y compartir construimos confianza, lo que a su vez construye pasión. El sentirnos seguros y en control de nuestras opciones puede ser algo muy excitante [Weinberg and Biernbaum: 32]. Y esto construye intimidad y mutualidad sexuales.

 

Negociación y reconstrucción

La epidemia de VIH/SIDA ofrece el potencial para una reconstrucción radical de la sexualidad de los hombres heterosexuales. Antes de entrar en cómo esto podría ocurrir, describiré la investigación que es el contexto para esta reconstrucción potencial.

Existen dos proyectos de particular interés para mis propósitos: por un lado, el Proyecto de SIDA y Heterosexualidad en la Universidad de Macquarie y, por otro, el Proyecto de Mujeres, Riesgos y SIDA (WRAP) y de Hombres, Riesgos y SIDA (MRAP) en Inglaterra. Ambos han investigado la negociación de las mujeres en las relaciones heterosexuales, en el contexto de relaciones desiguales de poder y discursos problemáticos de la sexualidad de género.

Janet Holland y sus colegas muestran que la solicitud/exigencia del uso del condón en las mujeres está estructurada por discursos que colocan a los hombres como actores sexuales expertos y que privilegian la experiencia sexual masculina. Los encuentros sexuales son espacios de lucha entre estos discursos, modos más directos de poder masculino y de ambivalencia y resistencia en las mujeres [Holland et.al, 1991]. Sue Kippax y sus colegas argumentan que la negociación en sí resulta incomprensible en algunos discursos contemporáneos sobre la sexualidad, tales como el "discurso del impulso sexual masculino", en el cual la sexualidad de las mujeres es representada como pasiva y receptiva [Kippax et.al, 1990]. Argumentan que la negociación sólo es comprensible "cuando hombres y mujeres reconocen el deseo sexual de ellas y a las mujeres se les empodera para verbalizar ese deseo" [541].

 

Tanto en la investigación australiana como en la británica, un trabajo más reciente se ha centrado en el papel de los hombres en la negociación sexual. Waldby, Kippax y Crawford describen los puntos de resistencia de los hombres a una sexualidad negociada: una percepción del coito pene-vagina como el acto natural que define a la relación sexual; coito sin protección, que significa intimidad; disgusto hacia la "conversación sexual"; preferencia por posiciones sexualmente activas e iniciatorias; y una percepción de sí mismos como poseedores de una "buena técnica" [Waldby et.al, 1993a: 254-55]. Waldby, Kippax y Crawford han investigado los mapas personales de las relaciones seguras e infecciosas en el discurso del VIH/SIDA entre hombres jóvenes [Waldby et.al, 1993b], y han descubierto que éste radica en una diferenciación entre mujeres "limpias" y "sucias", basada, en particular, en el grado al cual los cuerpos de estas mujeres han sido compartidos con otros hombres. Los cuerpos de las mujeres son vistos como conductos, como sitios de encuentros potencialmente amenazantes con otros cuerpos masculinos.

Según Tamsin Wilton y Peter Aggleton, "las ideologías de la masculinidad heterosexual representan un potente contrapeso a la promoción del sexo más seguro. Una sistemática desconstrucción de la masculinidad es central, y no sólo tangencial, a un discurso radical sobre el VIH/SIDA". [155]

También se pueden encontrar barreras a la adopción de prácticas sexuales más seguras en la cultura heterosexual en general: la desigualdad de género; el estatus hegemónico de la heterosexualidad como natural y normal, con espontaneidad instintiva como el punto central del deseo heterosexual [Wilton and Aggleton, 1991: 152-153]; el posicionamiento ideológico del VIH/SIDA como homosexual; la erotofobia (o lo que Gayle Rubin (1984) denomina "sexonegativismo"); un pesado discurso moralista acerca de la práctica sexual; el silencio comparativo sobre la heterosexualidad (es decir, existen menos recursos discursivos que en las culturas lésbica y homosexual para promover el sexo más seguro); y la ausencia de una comunidad heterosexual.

Hasta ahora, la mayor parte de la educación contemporánea sobre el VIH/SIDA dirigida a la llamada población general le resta responsabilidad a los hombres por su práctica sexual, concentrándola en las mujeres, y toma como hecho la centralidad del coito pene-vagina. Sin embargo, la promoción del sexo más seguro podría incluir una reducción del énfasis sobre el coito como el acto sexual clave, y motivar a los hombres a asumir responsabilidad por su conducta sexual.

 

Entre las comunidades homosexuales organizadas, ha sido el enfoque pro-sexo lo que ha resultado más exitoso -- formas de representación que erotizan el sexo más seguro y que rescatan y reconstituyen el lenguaje sexual de la cultura homosexual. Tales enfoques también deberían ser adoptados en el área de las relaciones sexuales heterosexuales, pero en esto, la educación sobre el sexo más seguro también debe desafiar aquellos discursos que despojen de poder a las mujeres y reproduzcan relaciones de poder patriarcales y homofóbicas.

Espero ser parte de una reconstrucción radical de la heterosexualidad masculina que transforme las relaciones sexuales de los hombres con las mujeres, así como las relaciones entre hombres y mujeres de diferentes identidades sexuales y comunidades. Veo esto como parte de un proyecto más amplia: la creación de una cultura sexual y de género pluralista y equitativa.

 

Autor: Michael Flood.

Traducción: Laura E: Asturias.

 

Bibliografía

 

Connell, R.W. Gender and power: society, the person and sexual politics. Sydney: Allen & Unwin. 1987.

Doyle, James A. The male experience (2a. edición). Iowa: W.M.C. Brown. 1989.

Edwards, Anne. "Male violence in feminist theory: an analysis of the changing conception of sex/gender violence and male dominance", in Hanmer, Jalna and Maynard, Mary (eds). Women, violence and social control. Hampshire & London: Macmillan. 1987.

Fanning, Patrick & Matthew McKay. Being a man: a guide to the new masculinity. Oakland, CA: New Harbinger Publications. 1993.

Hite, Shere. The Hite report on male sexuality. New York: Alfred A. Knopf. 1981.

Hite, Shere & Colleran, Kate. Good guys, bad guys, and other lovers. London: Pandora. 1989.

Holland, Janet, Ramazanoglu, Caroline, Scott, Sue, Sharpe, Sue & Thomson, Rachel. "Between embarrassment and trust: young women and the diversity of condom use", in Aggleton, Peter, Hart, Graham and Davies, Peter (eds). AIDS: responses, interventions and care. London: Falmer Press. 1991.

Kaufman, Michael. Cracking the armour: power, pain and the lives of men. Toronto, Ontario: Penguin. 1993.

Kinsman, Gary. "Men loving men: the challenge of gay liberation", in Kaufman, Michael (ed). Beyond patriarchy: Essays by men on pleasure, power and change. New York: Oxford University Press. 1987.

Kippax, Susan, Crawford, June, Waldby, Cathy & Benton, Pam. "Women negotiating heterosex: implications for AIDS prevention". Women's Studies International Forum, 13(6). 1990.

Liddle, A. Mark. "Feminist contributions to an understanding of violence against women - three steps forward, two steps back". Canadian Review of Sociology and Anthropology, 26(5). 1989.

Rubin, Gayle. "Thinking sex: notes for a radical theory of the politics of sexuality", in Vance, Carole S. (ed). Pleasure and danger: exploring female sexuality. Boston, London, Melbourne & Henley: Routledge & Kegan Paul. 1984.

Segal, Lynne. Slow motion: changing masculinities, changing men. London: Virago. 1990.

Strikwerda, Robert & Larry May. "Male friendship and intimacy", in May, Larry & Robert Strikwerda (eds). Rethinking masculinity: philosophical explorations in light of feminism. Maryland: Rowman & Littlefield. 1992.

Tiefer, Leonore. "In pursuit of the perfect penis: the medicalisation of male sexuality", in Kimmel, Michael (ed). Changing men: new directions in research on men and masculinity. New York: Sage. 1987.

Waldby, Cathy, Kippax, Susan & Crawford, June. "Research note: heterosexual men and 'safe sex' practice". Sociology of Health & Illness, 15(2). March, 1993.

Waldby, Cathy, Kippax, Susan and Crawford, June. "Cordon sanitaire: "clean" and "unclean" women in the AIDS discourse of young heterosexual men", in Aggleton, Peter, Davies, Peter and Hart, Graham (eds). AIDS: facing the second decade. London: Falmer Press. 1993.

Weinberg, Joseph & Biernbaum, Michael. "The conversations of consent: sexual intimacy without sexual assault". Changing Men, No. 25. Winter/Spring. 1992.

Wilton, Tamsin & Aggleton, Peter. "Condoms, coercion and control: heterosexuality and the limits to HIV/AIDS education", in Aggleton, Peter, Hart, Graham & Davies, Peter (eds). AIDS: responses, interventions and care. London: Falmer Press. 1991.

Zilbergeld, Bernie. The new male sexuality: the truth about men, sex, and pleasure. New York: Bantam Books. 1992.

 

***************************************************************

 

Va de libros...

 

 

            HOMOGRAFÍAS

            Autores: Ricardo Llamas y Francisco Javier Vidarte.

            Espasa Calpe. 2000.

           

 

            “Homografías”, uno de los últimos títulos publicados por la editorial Espasa Calpe en su colección de ensayos sobre temas contemporáneos “Espasa hoy” es un libro excepcional por numerosas razones. Sus autores, que dominan a la perfección el difícil ejercicio de la escritura a cuatro mano, son Ricardo Llamas y Paco Vidarte, dos pioneros de la llamada “teoría queer” en un país, el nuestro, donde los estudios gays y lesbianos y las publicaciones sobre la homosexualidad siguen siendo un lujo escasísimo (incluso en lo que a traducciones de obras extranjeras se refiere). Procedentes ambos del campo académico y con una trayectoria que ha combinado el ensayo con el activismo y la colaboración en diversas publicaciones periódicas  españolas y extranjeras, Llamas y Vidarte han conseguido la que es hasta ahora la mas lúcida, incisiva y provocadora de las obras de debate y reflexión sobre la homosexualidad publicadas por autores españoles. Ricardo Llamas es sociólogo, redactor jefe de la revista “Zero”  y autor de otros dos importantes y pioneros ensayos sobre la realidad gay-lésbica como son  “Miss-Media”, donde se aproximaba a la imagen que los medios de comunicación dan de gays y lesbianas, y “Teoría torcida”, uno de los más completos estudios  sobre los discursos que acerca la homosexualidad se han articulado a lo largo de la historia. Paco Vidarte es filósofo, experto en teoría psicoanalítica y teoría de la desconstrucción. Ha traducido del francés parte importante de la obra del filosofo Jaques Derrida y escrito numerosos articulos sobre filosofía y teoría queer tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Ambos son deudores de las corrientes de pensamiento sobre el género y las minorías sexuales que en Francia, Inglaterra y Estados Unidos han logrado un gran desarrollo, impartiéndose incluso en departamentos universitarios especializados.

 

            Su procedencia del ámbito académico y el rigor de sus reflexiones no impide que “Homografías” sea un libro de lectura agradable, intensa e incluso por momentos muy divertida, lúdica y refrescante. En sus quince capítulos, de desigual alcance y extensión, incide en algunos, bastantes, de los debates abiertos en el seno de la todavía frágil comunidad homosexual española. Debates que pueden interesar tanto a los que pertenecen a ella como a los que quieren acercarse a las cuestiones de gays y lesbianas en la actualidad desde una perspectiva libérrima, incisiva, desprejuiciada  e inteligente.

 

            Desde el tema del culto al cuerpo hasta la constitución de los primeros barrios gays, desde la política de exterminio articulada por muchas instancias contra los adolescentes mariquitas, hasta un análisis de las polémicas sobre el constructivismo, el esencialismo o las identidades sexuales “Homografías”, con su escritura llena de fuerza e ironía, carece del tono solemne y algo acartonado con el que suelen abordarse estos temas desde el terreno ensayístico  sin perder un ápice de rigor y valentía intelectual.

 

            Particularmente vitriólico y revelador es el capítulo dedicado a la homofobia en el Diccionario de la Real Academia Española lo que nos hace ver con precisión lo mucho que queda por hacer, andar y renovar en muchas de las instituciones actuales en lo que se refiere al reconocimiento y el respeto de los derechos y demandas de gays y lesbianas, colectivos con una cada vez mayor presencia pública. Dando un repaso al psicoanálisis y su tópicos, a las modernas teorías sobre el género y la diferencia erótica y revelando con acerado sentido crítico el estado actual de “La cuestión” por  estos  lares, “Homografías” es un libro perturbador que va a dar mucho que hablar, dentro y fuera de la comunidad gay y lesbiana española.

 

 

CELESTINO ANTES DEL ALBA

            Reinaldo Arenas

            Tusquets, 2000.

 

 

            Gracias al éxito de ventas de su autobiografía “Antes que anochezca” la editorial Tusquets parece decidida a publicar una parte importante de la obra del escritor cubano Reinaldo Arenas, una de las voces mas desgarradas y significativas de la literatura latinoamericana de este siglo. Si exceptuamos su libro de memorias, una suerte de ajuste de cuentas con todos y todo lo que le llevó al exilio huyendo de la persecución homofóbica del régimen castrista, la obra literaria de Reinaldo Arenas es la de uno de los más personales  exponentes de lo que un tanto a la ligera se ha dado en llamar “realismo mágico” de la literatura cubana. Frente al simbolismo algo críptico o melancólico de Severo Sarduy y Virgilio Piñera (otros dos importantes narradores y poetas que como Arenas fueron represaliados por el machismo castrista) en la prosa poética y lírica de Arenas hay una furia incontenible e incontenida que le convierten en él más sincero e  intenso de los autores cubanos de su generación.

 

            Los que degustaron las peripecias y el tono agrio y escabroso de su “Antes que anochezca” se sorprenderán por la delicadeza de sus primeras novelas y cuentos, su universo a la vez mágico y humorístico y su capacidad para la fabulación.

            “Celestino antes del alba” es una de sus primeras obras, y la novela que le daría a conocer en su país a mediados de los años sesenta. Pero ya esta obra, que transcurre entre el cuento fantástico y las memorias de infancia,  sufriría las primeras iras de los sectores más conservadores de la cultura oficial cubana. Fue la única de sus tres obras maestras de la narrativa (Celestino antes del alba,  Arturo, la estrella más brillante y Un mundo alucinante) que pudo ser publicada en la Isla. La versión que Tusquets nos ofrece es la corregida y ampliada por el propio autor en 1982 cuando ya se encontraba en su exilio norteamericano, una década antes de que el VIH terminara con su vida y su prolífica carrera En esta obra recrea con un aliento mágico, simbólico  e iconoclasta el paso de la infancia a la adolescencia  Encontramos ya en esta novela de aprendizaje  todos los elementos que van a constituir el núcleo de su obra literaria. Una gran capacidad para mezclar lo ingenuo con lo brutal, lo esperpéntico con lo refinado y una gran versatilidad como creador de formas que le permiten pasar de la poesía lírica a la farsa teatral o la novela de aventuras en un mismo capítulo.

 

            “Celestino antes del alba” es un retrato de una familia de campesinos en el corazón de una Cuba empobrecida (la Cuba del dictador Batista) en la que creció el propio Arenas. Un clan patriarcal donde toda disidencia  es perseguida y puesta en evidencia. El contacto sensorial con la tierra y la naturaleza se mezclan con la distorsión de los elementos mágicos y surrealistas que salpican la historia. Una cruda fisicidad preside las relaciones dentro del universo familiar, convertido en una especie de infierno imposible y a la vez en un refugio de un afuera que se adivina hostil. Celestino es una suerte  de amigo invisible del joven narrador, de alter-ego del autor-niño que va descubriendo su gusto por la poesía y la introspección, su diferencia erótica y su rareza con respecto a sus demás familiares presididos por la figura terrible y autoritaria del abuelo. El poeta se desdobla entre el hijo temeroso y obediente y el adolescente rebelde, poeta en ciernes y provocador de las iras de sus familiares y conocidos.  Un medio alienante donde el escribir un verso es el peor de los crímenes y donde la violencia física y psicológica satura las relaciones entre los personajes sin que ello impida brotes de nostalgia, humor y amor. Novela de iniciación, carece de todos los tópicos de los relatos de iniciación en favor de un lenguaje barroco, un enfoque fabulador que incide sin complejos en la belleza de las imágenes y el uso transgresor de las palabras.

 

 

                                                                                                            Eduardo Nabal

 

****************************************************************

LA RESURRECCIÓN DE LA  CAVERNA

 

 

            Quienes crean (y los hay) que los nazis son una entelequia vencida y superada tras la segunda guerra mundial deben de estar alucinando no sólo por el caso de Austria, sino por el hecho de que con qué impunidad se mueven (no hay mas que ver a los cachorros de Ynestrillas), se organizan (todo un pueblo valenciano, Los Pedriches, comprado por fascistas condenados en Italia por el atentado en la estación de Bolonia, con 85 muertos) y cómo atacan ante la pasividad o el beneplácito de la policía, como ha pasado recientemente en El Ejido, ante el estupor de los antifascistas, en directa oposición de la actuación policial contra éstos últimos, cuando se manifiestan.

 

            ¿Que ideología patatera es esa, la que habla de la supuesta superioridad blanca? Muchos de los xenófobos  que agredieron a magrebíes en el Ejido pudieran ser confundidos con indios chiricahuas en el Misisipi mas profundo o en la Alemania más conservadora. ¿Pureza? ¿Limpieza?: que empiecen con su sucia ideología, mano de obra gratuita en forma de sicarios, al servicio de alimañas con mucho poder.

 

            También la homofobia entre en el “discurso” (o ausencia del mismo) del fascismo más cotidiano. Ningún borrego que sigue a la manada bajo el bombardeo mediático se va a pinten las manos de blanco por el hecho de que maten a un maricón, entre otras razones porque para los medios de manipulación-comunicadora, el maricón sólo exite en función de caricaturas generalizadas, como objeto exótico decorativo y para compensar las malas conciencias  de los que antaño fueron progresistas y hoy se han sumado al carro del detergente Centro, el que lava las ideas más blanco. Los vemos actuar a diario; un día en Russafa, otro día en Sants, otro en Lavapiés, bendecidos por quienes ostentan uniformes análogos, en contraposición a la mano férrea con que esos mismos uniformes, que algunos llaman del “orden público”, trata los desalojos de okupas, a los insumisos y a todo aquel que ose rebelarse contra un sistema que de democrático sólo tiene el nombre, porque quienes deciden y manejan los hilos de tanto títere sometido no han sido elegidos en las urnas.

 

            No es de extrañar que ante actitudes así sólo veamos miles de parejas hetero gozando de una “libertad sexual” sin que hayan movido un dedo por esa lucha, a plena día y en cualquier banco público o césped, frente a tantas parejas gays que sólo demuestran su afecto de puertas para adentro, o en cuartos oscuros, como en las cloacas de la Edad Media. Hasta que aparezca el flautista d e Hamelin (Haider) y seamos exterminados como las ratas del cuento.

 

                                                                                                Rampova. To Gay or not to Gay.

 

(Artículo escrito para la revista Infogay del Collectiu Gai de Barcelona)

 

 

HAIDER EN BURGOS

 

            Los recientes sucesos racistas de El Ejido han provocado que la prensa austríaca, con cierta malicia y parte de razón, acuse al gobierno español de ver el Haider en el ojo ajeno y no la xenofobia en el propio.

      Oyendo el otro día en la tertulia del viernes-mediodía del la Cadena Ser al médico y político del PP Vicente Mateos opinar sobre el asunto de la Casa del SIDA hemos tenido la ocasión de comprobar como estos brotes de racismo no son patrimonio de ningún lugar ni de sólo único tema (la inmigración). El Sr. Mateos se despacha con el nuevo Ayuntamiento por algo que los populares no quisieron o no supieron hacer en sus largas décadas de gobierno en Burgos, es decir, habilitar una Casa de Acogida para los Enfermos de SIDA. Y lo hace apoyándose en los mas manidos y rancios argumentos y llegando incluso a hacer un nada velado llamamiento a la discriminación de las personas seropositivas. Para el Sr. Mateos el rechazo de una parte de los vecinos de la zona de Huelgas a que se ubique allí  está justificado ya que este barrio es (junto con los aledaños de la Catedral) una de las zonas históricas más frecuentadas por los visitantes extranjeros. Para el Sr. Mateos parece mucho mas importante que los turistas puedan llevarse una foto pulcra y monumental del Burgos medieval que el que los ciudadanos y ciudadanas afectados/as por la enfermedad y sin posibilidades de ser acogidos y atendidos dignamente tengan un lugar donde vivir (y morir). Así mismo parece ser que el hecho de que el barrio esté cerca de la Universidad es un nuevo motivo para llevarse las manos a la cabeza. Los universitarios para él, en lugar de formarse en la tolerancia y el respeto a la diversidad, deben mantenerse alejados de lo que para él es un mal ejemplo y un peligro para la salud. Ambas cosas reflejan por un lado que el Sr. Mateos, por muy médico que sea, no sabe nada sobre el VIH y sus vías reales de transmisión, y por otro, que parece partidario de resucitar miedos irracionales que las diversas campañas de sensibilización han intentado desterrar (que el SIDA afecta sólo a algunos grupos, que es cosa de gente peligrosa y vengativa etc.etc.etc.,  toda una sarta de prejuicios y mentiras que siempre, demasiado pronto, creíamos empezar a ver desaparecer). En definitiva, que no hace falta irse a Austria ni a El Ejido para encontrarse con actitudes y políticos que predican el odio al diferente, cultivan la ignorancia y predican la marginación de los enfermos.  Una  “moral” neonazi que en aras de una pretendida “paz vecinal” pretende condenar a una vida (y una muerte) indignas a los sectores más desprotegidos de la sociedad.