EL GOCE DE LA PASIÓN:

 

"La Divina Trinidad, desde el cielo decretó su inmutable voluntad; y a morir con humildad el Dios Hijo se prestó"

Saeta Popular

Quién nos iba a decir a los maricas de finales del siglo XX que podríamos encontrar un compendio de prácticas sexuales periféricas tan completo en una celebración religiosa como la Semana Santa. Y sin embargo es así. A cualquier aficionado al sado-maso no se le escapa el catálogo de representaciones que escenifica Jesucristo: maniatado, flagelado, clavado a una cruz, con una corona de espinas, sangrante, desnudo, asumiendo su papel de esclavo, exhibiéndose en su dolor para el público, que mira desde las aceras de cualquier ciudad castellana o andaluza con la misma avidez y morbo con que se mira en las mejores noches del Eagle.

Es un juego de deseo donde todo está bajo control, en función de una escena: dos verdugos encapuchados, la música, las velas, los disfraces, las heridas del cuerpo de Jesús mostrando el dolor, el lugar de un padre severo que ordena el sacrificio de su hijo, la culpa, el castigo. Esta escena ofrece todos los recursos para la identificación: uno puede querer ser ese hijo al que azotan, ese romano de turno con el látigo de cuero, o el ladrón que ha sido malo y que quiere ser castigado, o el mirón que disfruta desde los márgenes de este ritual de ejecución hasta la penetración final con la lanza en el costado. Un padre y u hijo en el mismo lote, otra fantasía genial del catolicismo, sintetizar en uno sólo amo y esclavo.

No es extraño que el lugar mas cotizado sea el de Jesús; en muchos pueblos españoles hay verdaderas disputas para lograr ocupar ese espacio y dejarse crucificar en pasiones vivientes. En otros casos, la demanda es tan alta, que la gente se martiriza ella solita y salen a la calle con arados y maderos, flagelos, y otros aperos de tortura atados a la espalda. Toda la carga de esclavitud que está en el fundamento del catolicismo (una de las claves de su éxito) se libera en estos días de "pasión" con toda su crudeza: si quieres es más fuerte que cualquier ideología, doctrinal o moral. Y es precisamente un padre que nunca da lo que se le pide el que tiene mas posibilidades de supervivencia. El islamismo, el judaísmo y el cristianismo parten de una misma escena sadomasoquista: un dios que le pide a un padre el sacrificio de su hijo. Y la aceptación gozosa de ese padre para cumplir ese mandato insensato.

El cuerpo sexuado de la Semana Santa revela un exceso y un defecto: el cuerpo de Jesús es todo sexo: carne, pasión, sudor, sangre, tortura. Dios omnipotente, sacrificio redentor. La Virgen, en cambio, es todo menos cuerpo: un pequeño rostro quejumbroso, rodeado de enormes capas y mantos lujosos que ocultan un simple esqueleto de madera que nadie debe ver. Virginidad, castidad, la mujer, una vez más, vaciada de sentido y de deseo. Aunque la Virgen, en todo este tiempo, no se ha estado quieta. Por recursos que nadie conoce, ocupó hace ya mucho tiempo el lugar del Espíritu Santo, la Blanca Paloma, el "Dador" del Rocío, que ahora es la Virgen del Rocío. Por eso la raptan hoy en día, para intentar ver que hay ahí dentro, quién es esa señora que ahora puede "darnos", cuando antes sólo recibía. Sabiduría bollera de una Virgen que guarda muy bien sus secretos:

"Oh, Señor, que la efusión del Espíritu Santo, purifique nuestros corazones y, penetrándolos hasta lo más íntimo con su divino rocío, los haga fecundos". (Oración del Rocío).

Javier Sáez

 

 

 

ENPOWERMENT

 

Los análisis de detección de VIH me dieron positivo hace mas de 11 años. He vivido, y vivo, con VIH flotando en mis fluidos, anidando en mis ganglios, navegando en mi líquido cefalorraquídeo, replicándose en mi. He vivido como enfermo desde que, de manera brutal, me dieron la noticia, en un momento en el que los medios de comunicación se complacían en mostrar crueles, oscuras, malas imágenes del deterioro de los seropositivos que habían descendido a la categoría "SIDA".

En un momento en el que Rafael Nájera anunció en televisión la posibilidad de "internar" a la población seropositiva como medida de control epidemiológico y yo me cagué de miedo. Cuando el AZT sólo se conseguía en EEUU y aquí no había tratamiento. Cuando los médicos se ponían doble guante para palparte en busca de información ganglionar y, a continuación, se lavaban las manos hasta las axilas. Cuando se discutían, negaban, afirmaban, los "grupos de riesgo".

Once años dándome plazos de vida, de muerte, de salud. Anticipando la enfermedad. Viviéndola. Temiendo sus manifestaciones, buscándolas en mi cuerpo. Mirando cada coloración extraña de mi piel como un sarcoma, sintiendo cada dolor de cabeza como un linfoma, explorando mi lengua y mis mucosas en busca de cándida albicans. Chequeando mi pecho en busca de pneumocistitis carinii, de tuberculosis, mi glande en busca de herpes. Sintiendo los citomegalovirus en mis ojos, perdiendo visión. Devorando literatura de síntomas y buscándolos en mí. Leyendo las novedades científicas sobre la actuación del VIH en el sistema inmunológico, sobre los receptores celulares, las "llaves" que el vih usa para entrar en las células y replicarse.

Mi posición ideológica me ponía del lado de los que denunciaban el genocidio que se estaba perpetrando contra los distintos, los pobres, los negros, los gays, los usuarios de drogas. De los que exigían a los médicos, a los laboratorios, que se acortara el tiempo de experimentación de los fármacos antes de su uso. Denunciando el olvido de los muertos, viendo como mis amigos, la gente de mi barrio, los que fueron mis parejas, morían ante la vergüenza de sus familias, ante mi miedo a ser yo el siguiente. Negándome o forzándome dolorosamente a ir a verlos, viéndome a mí enchufado a los goteros, a los respiradores. Tratado con asco y pena por el personal sanitario. Maltratado e indefenso.

Esta ha sido mi vida, a grandes rasgos, durante casi 11 años. Una vida dedicada a observar la irremediable destrucción de mi sistema inmunológico, la subida de los niveles de vih en la sangre desde que se cuenta con los tests cuantificadores. Aceptando los marcadores de salud de la medicina institucional, la clasificación del estadio C3, el mas bajo en la escala de progresión a SIDA.

He vivido estos años sintiendo como Alien me invadía y se multiplicaba sin caer en la cuenta de que Alien también muere. Sintiéndome rendido, indefenso por mí mismo mí mismo ante él, yo mortal, él eterno.

Retrepado en la dimensión política del SIDA. En la visión de la utilización del SIDA por parte del poder como elemento de purificación social, de limpieza de sangre.

Efectivamente, el SIDA tiene una dimensión política. El juego de víctima y verdugo lo juegan dos partes. Sin víctima no hay verdugo. Sin verdugo, la víctima no existe o se transforma en suicida.

Cuando cedo a otros el poder de evaluar, restaurar, mantener mi salud; cuando renuncio en definitiva a mi percepción de mí, delegándola en otros; cuando renuncio al poder que sobre mí tengo; cuando no intento explorar, conocer y poner funcionamiento todo lo que puedo hacer por mí, juego a que soy una víctima y nombro y me pongo en manos del verdugo.

Cuando situamos en otros las cosas importantes de nuestra vida (nuestro valor como personas, la legitimidad de nuestra afectividad, nuestra salud, nuestra libertad) nos exponemos a que no nos las concedan. Autentificamos al verdugo en su papel, perpetuamos el macabro juego.

Nadie puede darnos la capacidad de actuar como queramos porque la libertad es incompatible con el permiso para ejercitarla. Somos libres sólo cuando nosotros decidimos serlo y asumimos la responsabilidad de nuestra vida, sin el fácil recurso de exclamar ¿ Veis como no me dejáis ser libre? tan pronto como nuestros actos de libertad acarrean consecuencias que no nos gustan. Porque en ese momento estamos renunciando a ser libres.

Mi percepción de salud es mía. No la tiene mi médico, ni su test, ni sus instrumentos de medición. Quien enferma soy yo y yo también quien sana. En mi cuerpo no ocurre nada que yo no permita.

 

Mi médico está nervioso porque mis linfocitos T4 han bajado a 88. El hecho es que la carga viral también haya bajado de más de 1.000.000 de copias/ml. A 300.00 copias/ml. Para él no supone nada, pues mide el ascenso o el descenso en progresiones o regresiones logarítmicas. Yo no.

A la vieja idea "el virus entra en mis células y se replica "añado yo ahora" 85 y también muere, y con mis 88 linfocitos T4 me defiendo como un tigre que decide vivir y me cargo todos los vih que puedo".

Porque mis linfocitos t4 no son unos bichitos que yo "tenga" y que me defiendan cuando pueden. Mis linfocitos son tan "yo" como mi cerebro o mi pierna o mi voz. Soy YO quien lucha cuando ellos luchan, soy YO quien se rinde cuando ellos se rinden.

La dimensión política del SIDA, según mi lógica, está en la autentificación por parte del poder, de la victimización a la que nosotros mismos nos sometemos. Que nos sigamos percibiendo como víctimas. Que no nos demos cuenta del poder que tenemos sobre nosotros, de la libertad, la salud, el valor humano, descansan sobre nosotros y sobre nadie más. Cuando le pedimos valor, libertad, salud a otro, estamos pidiendo un imposible, porque las cosas que sólo nosotros nos podemos permitir o negar.

El asqueroso juego político del SIDA está en animar a las víctimas a que lo sigan siendo, creando asistencia insuficiente, haciendo difícilmente asequible el conocimiento científico, ratificando que la sanación está en las empresas farmacológicas y no en nosotros, no desarrollando la profundización, difusión, ni el estudio de técnicas y verificación de utilidad de filosofías y prácticas médicas tradicionales o disidentes de la medicina oficial.

El juego político también lo jugamos los "gobernados" autentificando su poder, el de ellos, y negando por lo tanto el nuestro, aceptando que no podemos hacer nada por nosotros mismos. No participando en nuestro tratamiento, no participando por tanto en la transformación del sistema sanitario asentado en el concepto médico/paciente (activo/pasivo, conocedor/ignorante poderoso/débil, sano/enfermo). No sintiéndonos ni actuando como copropietarios y cogestores de los recursos de que el sistema en el que vivimos dispone, ni impulsando los que podría crear en el futuro. Abandonándonos a la pataleta histérica del "no me dejáis ser libre, no me curáis, no me dejáis acostarme con quien quiero" y no entrar en la consciencia de que nadie puede darnos permiso para nada de esto aparte de nosotros mismos.

Puedes cantar con Molotov "Gimmy tha power" o bailar alegre y seguro "I've got the power", tu eliges.

En la vida aprendemos a casi todo. De la experiencia que arrastramos hemos aprendido a ser como somos, a comportarnos como nos comportamos. Si nos recriminaron, o quizás nos pegaron, cuando en el pasado pedimos algo necesario o importante para nosotros, esto nos hizo pensar que era mejor no pedir y renunciar a tener lo necesario. Quizá decidimos que lo mejor era robarlo o buscar quizá algo que lo sustituyera. Cuando un niño no tiene la caricia necesaria que pide y de quien la pide, se la pide a otro o se la hace a sí mismo, se mece a sí mismo. Si no encuentra caricia positiva busca una caricia negativa, golpe, grito, 85. Estas posibilidades nos permiten vivir en casi cualquier situación negociando y encontrando soluciones más o menos satisfactorias a nuestras necesidades.

La cultura, además de las delicias gastronómicas y las danzas populares, regula y rige todas las áreas de al vida de una persona. En el corpus cultural se normativiza cuándo y cuánto necesita alguien algo, cuánto y hasta cuando debe doler cuando algo se pierde o no se tiene. Cuándo y cuanto se debe llorar, estar triste, reírse, enfadarse, gritar. Estas normas, en continuo proceso de transformación y evolución, tienen como función la supervivencia del grupo. A través de estas normas aprendimos que éramos buenos o que éramos malos, que éramos listos o tontos, normales o raros, cariñosos o mohínos. Vimos cómo les iba a nuestros padres y a nuestro entorno afectivo en relación con las normas y con el poder y de todo este cóctel hicimos la elección de nuestra manera de vivir. Así actuamos como actuamos. Si aprendimos a huir, huimos. Si aprendimos a marginarnos, nos marginamos. Si aprendimos a dar de hostias ante el menor asomo de peligro, seguimos haciéndolo. Si aprendimos que el mundo es amenazante, nos defendemos ante todo. Si aprendimos a estar enfermos, los estamos.

Pero todo esto es sólo lo que aprendimos, no lo que somos. Pensar que somos como actuamos es como pensar que somos los ríos de España o los reyes godos, o las preposiciones o el inicio del Quijote. No somos lo que hemos aprendido a ser. Lo único que somos, la maravilla que somos, es la impresionante capacidad de aprender. De aprender a aprender. De desaprender y reaprender. No estamos presos en lo que somos porque no somos nada más que capacidad, nada menos que un inagotable manantial de capacidad. Manantial al que podemos llegar recorriendo el camino o a al inversa. Detectando las heridas ante las que decidimos "ser" de una u otra forma, las carencias ante las que nos adaptamos, los ánimos que nos dieron para que fuéramos de una manera u otra. Volver a conectar con lo que necesitamos y volver a pedirlo, intentar conseguirlo, desde la capacidad y el poder que hoy como adultos tenemos. Desafiar el miedo que nos produce enfrentarnos a la codificación de la norma cultural, social, familiar. Saber que lo que necesitamos ayer, lo que necesitamos hoy, es legítimo, real, necesario para nosotros. Pedir, porque sólo pidiendo podemos tener alguna seguridad de que vamos a recibir exactamente lo que queremos. Saber que, además de lo que nosotros podemos dar, también los otros tienen cosas para darnos, cosas importantes, imprescindibles para sobrevivir.

Tomar el poder de pedir, el poder de sentirse interrelacionado, atendido, respetado.

Tomar el poder desde la necesidad que tenemos del otro y de nosotros mismos.

No estoy enfermo de sida ni de ninguna otra cosa. Tampoco vivo con sida.

Sé si estoy sano o enfermo cuando cierro mis ojos, respiro y chequeo mi corazón independientemente de porcentajes, cifras y logaritmos.

Me concedo la capacidad de estar sano, fuerte, libre, tal como lo estoy AHORA.

Os deseo salud en todos los días de vuestra vida.

Gracias.

Paco Nogales

 

 

DE LA BUCHERÍA AL ANDROGINISMO (1)

"Reconstruyendo al sujeto femenino desde una perspectiva lésbica"

Por Mariluz Gotan García.

"Lo Drag no es revelar que un sexo pertenece propiamente a otro grupo. Es un acto de expropiación o apropiación que niega que el género sea la característica propia del sexo. Que masculino pertenece a varón o femenino a mujer. No hay un género verdadero. No hay un género que sea propiamente mas de un sexo que del otro, que es de lo que de alguna manera significa esta cultura nuestra de la propiedad del sexo".

Judith Butler

 

INTRODUCCIÓN:

Justificación/Definiciones/ Métodos de estudio

Para muchas mujeres la femineidad, la cual se constituye por estéticas y éticas con carácter esencialista, es una tradición de limitaciones impuestas. En puerto Rico, la estética aceptable incluye cuerpo esbelto (no muy huesudo), busto y nalgas abundantes, piel suave, cabello largo, uñas largas y pintadas, voz suave y dulce, trajes, faldas, mahones ajustados, zapatos de tacón alto, maquillaje y prendas. En cuento a la ética: manierismos, movimientos delicados y sensuales, emocionalismos, sentimientos y expectativas maternales, dependencia, y ambiciones que no oscurezcan la figura del varón acompañante (entre otras muchas características).

¿Quién establece estas estéticas y éticas? Los hombres. Los hombres han definido los conceptos que construyen nuestra identidad desde lo más fundamental de nuestros procesos interpretativos: la semántica de los códigos, los referentes. Y nosotras, las mujeres, pensamos en esas categorías masculinas.

Al adquirir conciencia de esta realidad me di a la tarea de buscar nuevos significados de femineidad que surgen de las mismas mujeres y sus propias experiencias. Entonces fijé mi atención e los ensayos de Sue Ellen Case, quien propone que el sujeto femenino que las feministas intentan construir podría tomar como modelo los roles de buchas y femmes (Butch/Femme) de las subculturas lésbicas.

"En la actividad de recuperar el espacio de la seducción la pareja butch/femme puede, a través de un campo de símbolos, ocupar alegremente el espacio de ironía y el ingenio, libres del determinismo biológico, el esencialismo elitista y la heterosexista escisión de la diferencia sexual. Seguramente esta es una pareja en la que el sujeto feminista puede estar interesado en participar"

Ante esta propuesta me confronté con mis prejuicios feministas de que los roles de buchas y femmes (b/f) son copia del binomio masculino/femenino de las relaciones heterosexuales. Pero interesada en la sugerencia de Case, me documenté con literatura disponible sobre el tema con la sospecha de que, a pesar de que en la subcultura gay-lésbica en Puerto Rico los roles de b/f están muy presentes, estos no se asumen tan radicalmente como en EEUU, y más aún, entre las nuevas generaciones, las lesbianas juegan estos roles en contraste con la experiencia de compañeras lesbianas radicadas en Estados Unidos. En esta etapa obtuve mayor evidencia de que en nuestro ambiente gay está surgiendo una identidad lésbica andrógina que se aleja del tradicional b/f, aunque sin emular al movimiento "queer" de Norteamérica y Europa.

Con el propósito de trazar un perfil de esta generación de lesbianas recién salidas del armario, me introduje en lo que se conoce como "el ambiente", lugares donde ser reúnen los gays (barras, pubs, discotecas y playas), y observé por nueve meses como se desenvuelven los diversos grupos de lesbianas teniendo en consideración niveles socioeconómicos y de escolaridad, edades y adopción de roles (si parecen buchas, femmes o indefinidas). Además de este período de observación, escogí seis parejas de lesbianas (lo que se podría llamar el tipo pareja que se ve con regularidad en el ambiente) para estudiar de cerca distintas dinámicas de su vida cotidiana. Recopilé la información por observación en convivencia con ellas y por entrevistas individuales y grupales por un período de seis meses. Finalmente, en un intento por documentar estadísticamente como las lesbianas del ambiente perciben los roles b/f (cómo los definen, si los juegan, cómo se juegan y qué piensan sobre ellos), realicé un cuestionario que les facilité por medio de entrevistas personales.

Lamentablemente la muestra que he logrado entrevistar es muy pequeña (treinta) como para llegar a conclusiones finales, pero al menos he podido notar tendencias consistentes hasta el momento.

Después de nueve meses de este proceso de entender otras maneras de ser mujer (fuera de la norma de la heterosexualidad) acepté la posibilidad de que Teresa de Lauretis tenga algo de razón cuando afirma que el sujeto femenino que las feministas han intentado construir está atrapado en un contexto heterosexual cuyos términos son percibidos en categorías masculinas, por tanto no es un sujeto capaz de un cambio ideológico. Sumergida un poco en esta línea de pensamiento, intento presentar algunos aspectos de las identidad femeninas de estas jóvenes lesbianas de nuestro ambiente que, a mi parecer, ofrecen nuevas posibilidades para futuras construcciones teóricas del sujeto femenino.

Butch/Femme en los Estados Unidos

El origen de lo que hoy llamamos bucha podría trazarse con las mujeres que se vestían de hombres para sobrevivir. Esto les permitía trabajar para ganarse la vida ellas mismas, cuando decidían no casarse. Durante el siglo XIX, las mujeres que deseaban tener relaciones sexuales con otras mujeres usaban vestimenta masculina para demostrar su interés. Ya en las décadas de los cuarenta y cincuenta del presente siglo, las mujeres de las clases trabajadoras y jóvenes de clase media institucionalizaron las identidades b/f con toda una serie de reglas, códigos sexuales, estilos de vestimenta, manierismos y cultura de barra. Ante la ausencia de modelos a imitar para establecer su identidad social, no es de extrañar que las lesbianas de la época, acostumbradas a la dicotomía masculino/femenino tanto entre heterosexuales como entre homosexuales de las barras gay, adoptarán ese patrón para dar visibilidad y sentido de pertenencia a su grupo.

Esta subcultura se mantuvo fuertemente articulada hasta los años setenta, cuando la ola del feminismo arropó el lesbianismo. En un esfuerzo por confrontar el sistema patriarcal políticamente, muchas lesbianas contagiadas por la aversión a la cultura dominante y sus relaciones de poder se unieron a las feministas heterosexuales y arrojaron a un lado sus roles tradicionales.

En los años ochenta, con el surgimiento de las Sex War (Guerras de Sexo) - debates feministas versus lesbianas por asuntos como el sadomasoquismo y la pornografía- muchas lesbianas se distanciaron de los movimientos feministas y rescataron la herencia de las subculturas de los cincuenta. Resurgieron las identidades b/f y todo un movimiento de neobuchas y neofemmes con trasfondo feminista, que no sólo se componía de mujeres trabajadoras, sino de intelectuales de clase media con deseos de confrontar a las feministas liberales y a las lesbianas conservadoras.

Ahora en los noventa, el debate de b/f y las políticas de identidad ocupan las primera plana entre las lesbianas académicas. El tema está de moda en la comunidad lésbica norteamericana: vídeos, revistas, libros, conferencias y hasta asociaciones para buchas y para femmes. Si bien estas buchas y femmes son mas flexibles en sus juegos de roles que sus antepasadas de los cincuenta, podríamos decir que sus identidades aún reproducen fuertemente los estereotipos de masculinidad y feminidad de la sociedad heterosexual:

 

 

 

(Continúa en el próximo número)

 

VA DE LIBROS...

 

 

ANOTACIONES A LA "EPISTEMOLOGÍA DEL ARMARIO"

 

"Epistemología del armario" el denso, importante y valiente ensayo "queer" de Eve Kosofsky Sedgwick es un libro abierto. Como todas las grandes obras del pensamiento moderno vale mas por sus desafíos y sus interrogantes que por sus conclusiones. Por lo que cuestiona mas que por lo que enuncia. La propia autora invita a otros autores a hacer lo mismo que ella hace con algunos de los textos fundamentales de la literatura gay inglesa del siglo pasado y principios de este, empleando otros textos. Es un libro creativo, indagante, que invita a la reflexión y al debate a pesar de sus episodios de gran densidad y su a ratos excesivo rigor académico.

Sus dos primeros capítulos son la base teórica del desafío de Sedgwick y los de mayor relevancia como teoría queer aplicable a la práctica sociopolítica. El resto son audaces aproximaciones a textos que han estado despojados de su innegable carga homosexual por casi un siglo de práctica académica y crítica mayoritariamente conservadora, cegata y homofóbica.

Uno de los grandes desafíos de Sedgwick está en su planteamiento de cómo se reinterpreta un texto desde una mirada desprejuiciada y no heterosexista. Libros clásicos de la literatura inglesa como "El retrato de Dorian Gray" o "Billy Budd" no han sido leídos como obras de importante significado en el desarrollo cultural de la identidad gay moderna y los estudiosos se han acercado a ellos eludiendo su carácter político "gay" o considerando que era sencillamente irrelevante de cara a la crítica literaria o social.

Echamos de menos después de leer sus incisivos, inteligentes y desafiantes comentarios sobre estos textos que no haya extendido su labor a otras obras y otros autores. Deja el campo abierto a otros ensayistas y otras miradas. Sus análisis nos invitan a revisar algunos de estos textos y a acercarnos primera vez los que desconocemos. Arrojan luz sobre los aspectos mas oscuros de algunos clásicos de la literatura y la filosofías europea y al mismo tiempo nos restan seguridad sobre algunos puntos que creíamos claros o concluyentes en su interpretación de lo leído. Autores tan diferentes como Wilde, Melville, James, Nietzche o Proust le sirven a la autora para desvelar algunos de los aspectos clave de la construcción de la identidad gay moderna y de las relaciones sociales, psicológicas y políticas del varón moderno con el armario homosexual.

Algunas de las ideas expresadas en la primera parte del texto y otras que se desprenden de una lectura atenta del resto del libro son, además sin duda, provocadoras. Algunas aparecen explícitamente formuladas, otras son simplemente insinuadas o se desprenden de lo leído. Entre las primeras se encuentra su rechazo a continuar el debate permanente entre el constructivismo y el esencialismo por considerarlo políticamente poco productivo. Sin dejar de reconocer su importancia de cara a las formulaciones del moderno feminismo el debate de lo social frente a lo biológico muestra sus limitaciones en el terreno práctico. El saber que algo esta culturalmente construido no implica que sea de fácil desmantelamiento. Esta es una de las ideas más perturbadoras y pesimistas del libro aunque su lucidez no invita a la parálisis sino a la reformulación. Otra de las ideas, que aparece claramente enunciada, y que además se demuestra a lo largo de la lectura de todo el libro, es la de que nadie puede salir de manera total ni continúa del armario ni liberarse del todo de su recurrente hermetismo ni de su perversa influencia. Todos/as estamos en el armario con respecto a alguien, por la sencilla

razón de que todos los día podemos conocer gente nueva frente a la que se levantan nuevos muros de silencio, sobreentendidos y heterosexualidad obligatoria. Y es que estar en el armario, y esta es otra de las conclusiones que pueden extraerse del libro, no es solamente una cuestión de decisión personal sino que puede contar con la colaboración o con la no-colaboración y hasta el impedimento de los integrantes del entorno. Es particularmente difícil hacer ver a quien sencillamente no quiere ver ni saber, y sobre todo eso sabemos muchos todos los gays y lesbianas cuando nos desenvolvemos en el entorno familiar, social o laboral más próximo. El armario se nos revela así como una construcción de gran resistencia a la deconstrucción total y extraordinaria flexibilidad incluso frente a la práctica política.

Aunque Segdwick en su libro hace referencia a Wilde, Proust, Melville o a James como ejemplo de autores que "no han querido ser leídos" desde una perspectiva gay y antihomofóbica no es menos cierto que en todos los países de Europa ha ocurrido algo similar con otros autores. ¿Cuántas veces se ha enseñado "La sinfonía pastoral", "La puerta estrecha" o incluso una obra tan gay como "El inmoralista" sin aludir a la homosexualidad de Gide y sin considerarlas relevantes en la formación de un discurso cultural homosexual? ¿Cuántas veces aquí se ha enseñado a Lorca a Aleixandre e incluso a Gil de Biedma sin referirse a ellos como autores en los que la sensibilidad gay condiciona toda su obra y visión poética del mundo?. ¿Cuántos han leído a Virginia Woolf, a Julien Green o incluso a Tennesse Williams sin considerar relevante su vivencia de la opresión homofóbica y lesbofóbica y su reflejo en su literatura?

La autora señala la fecha de los disturbios de Stonwell en 1969 y la consiguiente creación del moderno movimiento de liberación homosexual como un antes y un después en la creación literaria y en la práctica política. Pero reconoce que esto no ha supuesto una salida masiva del armario sino que ha hecho todavía más complejas las relaciones con la institución del secreto.

Los que hemos estudiado literatura en el instituto o en la universidad reconocemos en el libro de Segdwick la denuncia de la crítica literaria pacata y de la práctica histórica elusiva. Así, tal y como ella comenta, no es sólo preocupante el que no se reconozca la homosexualidad de autores clásicos sino el que además se considere que esta es irrelevante a la hora de estudiar su vida y su obra. La estulticia y el prejucio del ámbito académico español tienen mucho que aprender del enfoque y el análisis a la vez inteligente e incisivo de la autora.

Otro de los puntos de interés para un posible debate a partir de la lectura del libro de Segdwick es el de la situación de subdesarrollo de la teoría gay frente al notable desarrollo epistemológico y crítico del discurso feminista. Como afirma Gayle Rubin "En comparación con las políticas de clase, raza o género las políticas del sexo se encuentran relativamente subdesarrolladas. Los liberales del sexo están a la defensiva y los radicales del sexo casi no existen". La teoría queer, de la que Sedgwick forma parte, es todavía joven, y a pesar de su innegable desarrollo, todavía no ha alcanzado la suficiente fuerza como para desvincularse del todo y caminar de manera paralela, y no subordinada, frente a otros discursos políticos, particularmente en lo que se refiere al discurso feminista, de la que ha tomado muchos de sus postulados.

Sedgwick ve la necesidad de un desarrollo particular de la crítica gay y antihomofóbica desde su propia especificidad teórica y encontrando sus propios puntos de apoyo y sus particulares líneas de desarrollo. Sin dejar de estar vinculada, inevitablemente, a las cuestiones más amplias sobre el género y la política antipatriarcal, la cuestión de los homosexuales masculinos, al igual que, en otra esfera, la de las mujeres lesbianas, ha de encontrar su propio desarrollo y profundizar en sus especificidades. La teoría queer ha supuesto un importante avance en este terreno frente a una cierta esclerosis de la teoría y la práctica de la izquierda tradicional que nunca ha abordado las luchas de género, y menos las cuestiones referidas a maricas y bolleras, con la suficiente profundidad. Esto se aprecia claramente al observar el escaso espacio ocupado por la práctica feminista y gay dentro del discurso general y globalizante de la lucha izquierdista y al mismo tiempo por la sólo relativa importancia concedida a la lucha antihomofóbica y antilesbofóbica dentro del conjunto del discurso feminista (radical o no). Muchos de los postulados que tan buenos resultados han dado en la práctica política feminista se muestran a todas luces insuficientes o incompletos en la práctica política antihomofóbica, mucho más joven en su base teórica y en su tradición activista.

Otro punto interesante sobre el que la autora cree necesario el posicionarse y justificarse es el de la subjetividad de los estudiosos queer frente al material que abordan. La autora dice adentrarse con "Epistemología del armario" en un terreno que, a priori, no es el suyo, el de la política gay masculina y la crítica literaria y cultural antihomofóbica. Ella se define como soltera, mujer gorda, heterosexual, feminista y sexualmente incorrecta. Una definición que la incluye por derecho propio dentro del ámbito de lo "queer" y de la práctica política del género. Pero además se ve obligada a justificar su intervención en el terreno de la historia social de los homosexuales masculinos como lo haría sin duda un crítico o un activista gay que se adentrara de lleno en los estudios feministas. Su contribución teórica es indiscutible, aunque su visión no pueda, indudablemente, ser la misma que la de un Leo Bersani o un Jeffrey Weeks al referirse a la experiencia personal con la homofobia.

Por último es ineludible destacar el interesante, provocativo y a la vez discutible análisis que hace la autora de las relaciones entre la homofobia y la homosexualidad latente en su aproximaciones a la construcción y desmantelamiento del armario homosexual. Hace suya una figura de raices freudianas sin dejar de denunciar el uso homofóbico que se ha hecho en ocasiones de ella por parte de la moderna legislación: "el pánico homosexual", que vendría a ser la reacción de hostilidad que suscita lo gay en los hombres heterosexuales que ven surgir en sí sentimientos homoeróticos. Sedgwick denuncia como por parte de los tribunales de algunos estados norteamericanos se sigue aceptando la figura del "pánico homosexual" como disculpa para la violencia que los hombres heterosexuales ejercen sobre los gays cuando a nadie se le ocurriría justificar un crimen racista o una agresión machista bajo la excusa del "pánico racial" o el "pánico de género". La autora explica como el pánico homosexual aparece latente en los textos literarios que desmenuza. Como la masculinidad y la homofobia aparecen ligados por su relación con respecto al otro, entendido como una entidad amenazante para la seguridad del orden heterosexual. Como el descubrimiento de la homosexualidad y las actitudes homofóbicas pueden aparecer ligados en un sujeto que se ve reflejado en aquello que teme y desea.

 

Eduardo Nabal

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CORREO - DEBATES

 

A partir del relato-artículo "Sobre una Mariescena de Darkcity" de Marcelo Soto, publicado en el pasado número de "La Kampeadora" (Febrero 1999) se inició en el ciberespacio un interesante debate sobre el sadomasoquismo y su significado en nuestras vidas. Reproducimos aquí algunas de las repuestas y réplicas que se intercambiaron por correo electrónico entre diferentes personas.

Ekis, de origen burgalés, firma la primera respuesta al artículo de Marcelo que generará el debate internaútico.

 

Si hay algo que se aleja del sadomasoquismo es, precisamente, la idea de poder. La sumisión sadomasoquista está ligada al amor, más concretamente a la persona o personas a las que se ama. Tratar de asimilar ese deseo de sumisión a las relaciones laborales o de cualquier otra índole me parece, como poco, una barbaridad.

El mundo está cambiando. El entorno en el que nos movemos está cambiando. Hace algunos años la explotación del hombre por el hombre era algo infausto y deplorable. El neoliberalismo está tratando de convencer a la sociedad de que eso no es así. Y de momento parece ser que lo están consiguiendo (si nos atenemos a los datos; virajes hacia la derecha de los partidos de izquierda y asunción del poder por parte de 'centristas' en nuestro entorno más próximo). Se extiende la cultura del trabajo-basura, la vivienda-basura, la seguridad social-basura, las pensiones-basura, los servicios públicos-basura y, en general, el descenso del nivel de vida (en el Estado español p.ej.) es un hecho que las estadísticas podrán maquillar, pero que las personas sienten en su carne.

Pero no nos engañemos. Los hijoputas que nos cantan las maravillas de este sistema ni son sadomasocas ni lo hacen guiados por oscuros impulsos de su subconsciente. Lo hacen por dinero. Para mantener un status. Porque saben que los recursos del mundo son limitados y, como ellos aspiran a mucho, se encargan de desplumarnos a los demás de la parte que nos toca. Así de simple.

Y digo esto como sadomasoquista convencido y practicante habitual. No voy a tratar de decir que seamos mejores que el resto, nada de eso, pero por experiencia puedo decir que la mayoría de mis amigos (sadomasocas) son personas comprometidas, que creen en la libertad, la mayoría de ellos anarquistas. y es sencillo comprender por qué esto es así. si nacer gay ya supone una excelente oportunidad para comprender lo injusto que es este sistema, nacer gay y sadomasoca significa tener una base de partida excelente para replantearse todas las injusticias posibles; porque la incomprensión de la sociedad se ceba con nosotros y, una de dos, o sucumbes a la presión o sobrevives con tu orgullo gay leather más fuerte y más concienciado de lo que ellos querrían.

Y nada más (no sé a cuento de qué me ha dado por soltar estas parídicas reflexiones, creo que era algo que me ha dado vueltas en el coco al leer una crítica cinematográfica en la Kampeadora, bueno, pues no sé, lo dicho, dicho está y ahí queda).

Por cierto, Hartza, gracias por enviarme el ejemplar. Es que yo nací en Burgos ¿ Sabes? y aunque he tenido la fortuna de criarme en otros lares conozco bien el lugar y me alegro de que surjan iniciativas ALTERnativas. Por supuesto que te avisaré, tengo que ir a Madrid para hablar con Alberto (del Eagle) sobre asuntos del msc, es posible que me pase en marzo (no puedo asegurarlo, también tengo que ir a Barcelona y mis medios son limitados). Nos vemos.

El cruce de mensajes por Internet llega hasta el ordenador de Paco Nogales que firma las respuestas a Ekis.


Recibo las consideraciones de Ekis sobre el sadomasoquismo y no puedo quedarme sin responder.

Creo que ni el sadomasoquismo ni ninguna otra práctica están ligados a nada, ni al amor ni a ninguna otra cosa, Son las personas que las practican quienes, si las ligan, las ligan a algo: al amor, al placer, a la necesaria vivencia para algunos de tener todas las riendas, a la necesidad de sentirse victimizado, a la religión, a la espiritualidad...

Sacarme un moco en público y comérmelo, puedo hacer que sea una guarrería o una performance poética, un acto de libertad o una agresión para los presentes. Pero el acto de sacarse un moco (y comérselo) no tiene más carga que la que yo le quiera poner. Tu, como espectador de mi acto harás tus propias producciones de significado y para ti puede que sea una cochinada lo que para mi es una reflexión sobre el circulo de la transformación de la materia, la representación simbólica del movimiento circular que rige el universo y mi sentimiento de integración en la armonía cósmica en la que todo vuelve al todo.

Cómo vivimos la práctica y qué significado tiene para nosotros, y quizá no para otros, creo que es más acertado.

Para escenificar el amor, para disfrutar, yo elijo la caricia suave, el beso leve, acariciar con mi aliento, rozar imperceptible pero largamente con la punta de mis dedos, el abrazo, la caricia decidida y firme, cómplice, exploradora de huecos jamás tocados que presiono, pellizco y cosquilleo.

No puedo (y esto no lo siento como una minusvalía) representar amor aplicando descargas eléctricas ascendentes a otro inmovilizado en un potro y con un espéculo abierto al máximo en el culo mientras le aplico un dildo de 50 cm y le quemo las pelotas con una vela (dios mío creo que está apareciendo el sádico que todos llevamos dentro¡), no me niego a pensar que haya otros que si lo puedan hacer.

Yo también podría teorizar sobre cómo mi elección de la práctica es "revolucionaria" y cómo cuestiona el machismo y las tradicionales relaciones de pugna y "camaradería" que se establecen entre hombres. Pero prefiero dejar las cosas en: Yo soy quien cuestiona y quien afirma, no mi práctica. Simplemente me gusta follar así.

¿Por qué elegimos una práctica u otra? Eso es otro cantar.

En un "de un plumazo" de la radikal gay, dedicado al cuerpo homosexual y subtitulado "ligados al placer", un practicante de s/m testimoniaba que no había otra práctica en la que la que la entrega y la preocupación por el disfrute del otro fuera tan total como en el s/m. Más de lo mismo.

Mi cuestionamiento del mundo, mis afirmaciones, mis negaciones, mi lucha política, mis etiquetas políticas no tienen que ver con si muerdo o beso, si acaricio o lacero, si abrazo o ato, si acompaño al cielo o hago vislumbrar la muerte.

Saludos y ¡salud!

Paco.

 

 

"Si hay algo que se aleja del sadomasoquismo es, precisamente, la idea de poder. La sumisión sadomasoquista está ligada al amor, más concretamente a la persona o personas a las que se ama"    

 

 

Hola Javi:

 

EL párrafo de arriba,  de un texto firmado por "equis" es el que he contestado. No he querido con ello comentar la globalidad del texto.

No critico el sadomasoquismo que como tu bien sabes no entiendo. Más bien lo único que intento aclarar es que "la práctica (sea sadomasoquista o no, sea sexual o no) no está intrínsecamente ligada a nada. Que es el individuo quien crea la ligazón y que por ello no se puede asegurar que todos los individuos que coinciden en una misma práctica hayan hecho una ligazón a un mismo sentimiento.

Lo que intento, por decirlo de alguna manera. defender es que no hay prácticas amorosas sino sujetos que expresan su amor a través de prácticas, sean estas las que sean. Que no hay prácticas que contesten lo establecido sino sujetos que deciden hacerlo y vehiculan esta decisión en la práctica o no (sea esta la que sea) Que somos nosotros a través de nuestros pensamientos y decisiones los que contestamos, cuestionamos, cambiamos, transformamos. Y que estos pensamientos los reflejamos en nuestras prácticas sean del orden que sean, de la orientación que sean.

 

Cuando yo era joven se hablaba del "mensaje revolucionario" que los delincuentes comunes daban al atentar contra la propiedad. Del cuestionamiento social que estaban haciendo.

 

Por supuesto detrás de un robo no tiene porque haber un cuestionamiento de nada, o sí, eso depende de la voluntad de quien lo lleva a termino. Pero también de quien lo interpreta.

El acto en sí es un vehículo vacío que el individuo carga de significado y esta carga no tiene por qué coincidir con la que hagan otros individuos coincidentes en una misma práctica.

Me parece tan falso decir que la sumisión sadomasoquista está ligada al amor como que el sexo está ligado al amor.

 

No he hecho (aunque parece que no lo he hecho de manera entendible) ninguna crítica a la práctica s/m ni a sus practicantes, al contrario, en un momento del texto reconozco mi pulsión sádica. Pero cuando lo hago, que hay veces que si lo hago mi línea ahora está en diferenciar a la persona de sus practicas. Es decir, no caer en: los practicantes de s/m son: ...

Porque la práctica no hace a la persona sino al contrario.

 

¿Cómo se come un jamón y luego se lo dirige? Este tipo de frases que parecen un koan hace que me salten chispas en el cerebro, a lo mejor es una buena manera de alcanzar la iluminación.

 

Espero que esta explicación sea satisfactoria y mengüe la "mala uva" que me parece advertir en tu mensaje.

 

Besos, Javi y hasta siempre, siempre estoy aquí detrás de esta pantalla, como Alicia a lo mejor un día salto al otro lado.

Paco

 

 

JORNADAS EN EL CENTRO SOCIAL AUTOGESTIONADO "GACELA"

 

Dentro de la semana cultural celebrada en el Centro Social Gacela donde se reúne el K.G.L.B. hubo varias conferencias, actividades y talleres. Malabares, debates feministas, diapositivas, charla sobre la represión en Chile, cena vegetariana... Desde el K.G.L.B. se organizaron dos talleres. Uno sobre masculinidad y otro sobre sexo "mas seguro"

Ambos talleres tuvieron buena acogida y a pesar de nuestra inexperiencia que se notó en algún momento podemos decir que estamos satisfechos/as con el resultado, ya que se intercambiaron puntos de vista, se profundizaron en cuestiones nuevas y se abrieron interesantes debates y llamadas a la acción y la movilización. A partir de los materiales empleados y de las conclusiones recopiladas pensamos elaborar dos dossieres, cada uno referido a uno de los dos talleres, que podéis pedirnos si lo deseáis al Local "Gacela" en el Barrio de la Inmaculada Bloque J. 2-3. Bajos 09007 Burgos.

El taller de masculinidad estaba pensado en principio sólo para chicos ya que a veces nos resulta difícil hablar con sinceridad de cómo nos afectan los roles y las pautas de comportamiento masculino. Es un taller inspirado en el surgimiento de grupos de hombres en todo el mundo que se reúnen para combatir el machismo de forma cotidiana y para mejorar las relaciones de género. También trabajan la lucha contra la homofobia y lesbofobia y la búsqueda de formas de como cambiar los modelos de masculinidad dominante, competitiva y patriarcal que existen todavía. Al final hubo también mujeres y eso enriqueció el posterior debate.

El taller de sexo seguro estaba destinado a todas y todos y la idea era profundizar en las formas de vivir la sexualidad de una forma placentera y sin riesgos haciendo frente, desde la prevención y la imaginación, a las enfermedades de transmisión sexual que siguen siendo todavía un tema semitabú en la sociedad actual. Se hablo de látex, prácticas sexuales de todo tipo, responsabilidad, lucha contra la sexualidad penetrativa y genital, nuevas formas de entender el placer y la comunicación y se denunció la hipocresía de la Iglesia y la de las farmacias que todavía no venden preservativos. Se habló también de algo poco conocido y poco desarrollado en el Estado español: el sexo seguro entre lesbianas. Hubo dinámicas y un interesante debate donde se trataron temas como la política de exterminio de las autoridades penitenciarias y la intención criminalizadora de la posible creación de un registro nominal de infectados/as por VIH.

 

 

 

"PSIQUIATRA MIRANDO LOS SECRETOS DEL MUNDO HOMOSEXUAL".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LUGARES DE DISTRIBUCIÓN

 

 

 

- En Burgos:

Bar "La Mina" (C/Arco del Pilar)

Bar Patadón (C/San Francisco)

Bar del Pity (C/ Hospital Militar)

Bar Zurich (C/ Petronila Casado)

Bar PCE (C/ Fernán González)

Café Mármedi (C/ La Puebla)

 

 

 

- En Salamanca:

Asamblea de Mujeres de Salamanca. Apartado de Correos 2011 37080 SALAMANCA

 

- En Madrid:

Bar "El Mosquito" (C/ Torrecilla del Leal)

También puedes encontrar "La Kampeadora" en la página social de Hartza. http:// www.geocities.com/WestHollywood/6742

 

 

 

El Kolectivo de Gais y Lesbianas de Burgos (K.G.L.B.) se reúne todos los Miércoles a las 20.30 horas en el Centro Social Autogestionado GACELA.C/ Barrio de la Inmaculada J. 2-3. Bajos 09007 BURGOS.