EL DISCURSO DOMESTICADO

Observando el desangelado panorama del activismo gay-lésbico en el Estado español podríamos decir sin equivocarnos demasiado que el movimiento reformista y asistencial campa por su hegemonía. Los grupos radicales menguan o desaparecen, se desintegran pero también se reorganizan y la imagen del espectro gay-político se debilita frente a un maremagnum de grupos culturales escasamente reevindicativos (decir revolucionarios sería situarnos en otra galaxia) que escasamente pueden provocar inquietud a la heterocracia o el heterosexismo dominantes

El K.G.L.B. surge en este panorama convencido de que hay un espacio por llenar dentro del universo militante que nos corresponde a los que creemos en que las luchas no solo no han acabado sino que no han hecho casi ni empezar. La derogación de la Ley de Peligrosidad Social con la llegada de la democracia provocó que se buscaran otros frentes donde diagnosticar la homofobia que seguía vivita y colendo tras las imágenes engañosas de la tolerancia y la vista gorda institucionales.

Sin el referente del primer grupo "queer" del Estado español, recién disuelto, pero animados por el mismo espiritu inconformista que ha llevado a ocupar un planeta marica en la capital del Estado el K.G.L.B. surge en una ciudad pequeña y devastada por el militarismo-eclesiático para seguir dando guerra en un montón de frentes abiertos por las voces discrepantes del movimiento gay que se niegan a reducir su espacio activista a una reguladora ley de parejas o a una proyección festivo-cultural cada 28 de Junio animados por los que más partida económica le sacan al evento reevindicativo.

El K.G.L.B esta más cerca de los grupos que siguen articulando discursos de lucha, los que nos han hecho ver el lado marica de la insumisión o han puesto en cuestión la inviolabilidad de los armarios personales de grandes personalidades de la homofobia. Estamos más cerca de la denuncia de las agresiones que nos quieren hacer desaparecer del espacio público o de los ataques de los frentes derechistas y católicos que nos siguen considerando los enemigos de "la familia". Estamos por tanto, aquí, dispuestos a dar guerra y retomar la lucha en espacios a priori ya definidos como "imposibles" y "conflictivos" como puede ser el suelo burgalés y su invisibilidad marica-bollo. Esperamos empezar a dar respuestas a tanto silencio complice y desarticular desde nuestra lucha diaria el discurso domesticado de las reformas formales o la clonación ideológica.