LA RELACION DE OBJETO. EL SEMINARIO DE JACQUES LACAN, LIBRO 4.

Ed. Paidós, Barcelona, 1994.

La publicación de un seminario de Lacan es siempre un acontecimiento que hay que celebrar, una fiesta para el espíritu crítico.

A pesar de tratarse de un seminario impartido por Lacan hace casi treinta años (en 1956-1957), su discurso no ha perdido vigencia, todo lo contrario, viene a poner encima de la mesa cuestiones cruciales: ¿es la falta de objeto una noción negativa?, ¿hay una relación armónica sujeto-objeto?, ¿hay un sujeto autónomo que encuentra su objeto en la relación sexual? Lacan nos muestra que esto no es así, y desarrolla una fundamentación extraordinaria de algunos conceptos básicos del psicoanálisis.

La vigencia de este seminario es especialmente destacable en estos tiempos que vivimos, donde el médico farsante que llegaba al pueblo con su elixir de la eterna juventud ha sido reemplazado por una cohorte de sexólogos que desde la televisión, la radio, la prensa y hasta en cartelitos pegados en las paredes del metro nos prometen el advenimiento de la armonía de los sexos, el yo fuerte, la solución para la angustia, y todo un extenso recetario de soluciones para el sufrimiento humano. Para ello se han valido, entre otras cosas, de una banalización atroz de la fina obra de Freud: en la actualidad se ha generalizado la opinión (incluso en el ámbito de los docentes universitarios) de que la castración es un padre con un cuchillo que va a cortar la colita al hijo, que el objeto del deseo son las tetas de las mamachichos o el paquete de Brad Pitt, que la noción de falta es negativa (cuando es el motor de la relación del sujeto con el mundo), y que Freud fue una especie de obseso sexual, machista y burgués, preocupado por integrar a los individuos en la normalidad e indiferente a lo social.

Este séptimo volumen de los seminarios de Lacan pone las cosas en su sitio, cuestionando a todos estos administradores de la esperanza.

La noción de relación de objeto no forma parte de la obra de Freud, fue introducida por los post-freudianos para analizar los estereotipos de las relaciones de los sujetos, en un desarrollo orientado hacia un supuesto estadio genital que sería la culminación de un progreso que prepara las pulsiones para lazos sociales pacíficos. El idealismo psicológico sigue creyendo que el yo es transparente a sí mismo y que puede orientarse lúcidamente para saber lo que es bueno y malo para él y sus semejantes. Una de las prioridades de Lacan ha sido siempre polemizar con estos pastores espirituales, y este seminario es precisamente un análisis crítico de la noción de objeto.

Lacan parte de una noción central, que es la de falta de objeto. El punto de partida de Lacan en este seminario es freudiano, como siempre en él. Para Freud los objetos en juego en el deseo del hombre siempre se inscriben como un plus que vela un menos fundamental, que vela una pérdida original que colmaría el ser, que proporcionaría una satisfacción completa. Pero el reencuentro con este objeto imaginario es siempre -para Freud- un reencuentro fallido. Por eso el deseo es siempre deseo de otra cosa. Lo real de la necesidad está atravesado por el significante, y por ello la falta de objeto se va a estructurar por medio de tres mecanismos: la frustración, la privación y la castración.

Este punto de partida contradice toda la tradición metafísica de la filosofía, y su corolario, la esperanza científica. El objeto falta, no hay reencuentro, ni sujeto autónomo, ni relación armónica sujeto-objeto. El esfuerzo de Lacan por pensar espacialmente estas imposibilidades es uno de los motores del seminario.

Lacan se apoya en la experiencia clínica para estudiar la cuestión de las relaciones de objeto, en concreto por medio de la clínica en lo referente al objeto fóbico. A lo largo de diversos capítulos analiza conocidos casos clínicos de Freud, como el del pequeño Hans. La puesta de manifiesto de la relación entre el objeto fóbico y el objeto fetiche es uno de los logros del seminario.

Cuando uno lee este seminario, o simplemente cuando uno va por la calle y ve a dos personas que se quieren, se sorprende de lo indiferente que es para el mundo del pensamiento una cuestión tan crucial como la del amor (y su contrapunto necesario, el odio). No estamos proponiendo esa incitación al discurso sobre el sexo contra la que nos previene Foucault, sino reflexionar sobre el origen del sentimiento amoroso, de sus contradicciones, de sus paradojas. Lacan descubre que en toda relación de objeto hay una ambivalencia básica de amor y odio que encontramos también en los lazos sociales. A partir de aquí, la puerta está abierta para el diálogo entre los sociólogos y los psicoanalistas, puerta que ya atravesaron algunos viajeros arriesgados como Jesús Ibáñez, para quien era imposible entender los lazos sociales sin tener en cuenta la dimensión del sujeto del inconsciente.

Dejemos a los académicos en su espera para ver el rostro de Dios. Mientras tanto, este libro avanza provocando el eclipse.

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