EDITORIAL


LSD NON GRATA 0, Madrid, 1994.

Ya hace más de un año que las lesbianas de LSD venimos mostrando nuestros cuerpos y voces disidentes entre, pero también a través de, los edificios, los bares, las gentes... que forman y deforman esta ciudad, que alguien que no era lesbiana llamó Madrid.
Ha sido necesario todo este tiempo para que el nž 0 de Non – Grata nos ayude a esparcir y compartir con todas vosotras nuestros sentires más sediciosos y deliciosos. Deseamos, sin embargo, que no sea necesario esperar tanto tiempo para escuchar y ver a las que ahora estáis a ese otro lado de las palabras.
De LSD nos consta que se puede hablar largo y tendido, con el riesgo, incluso, de perder el “sex appeal”, pero a nosotras no nos preocupa demasiado quienes somos, de donde venimos y adonde vamos, aunque no cesamos de curiosear sobre nuestra identidad y sus representaciones. Así, por ejemplo, sabemos que LSD no es producto de cualquier casualidad, que nuestra aparición en la escena del activismo bollero fue algo casualmente premeditado; que tampoco somos el resultado del aburrimiento o de la escisión bio-ideológica del “Movimiento”; que somos Lesbianas Sobre todo Diferentes, somos cosa non grata. Somos lesbianas, lesbianas feministas, lesbianas y “queer” , lesbianas de aquí y de allá , gordas perversas, delgadas inmensas, bajitas rebeldes, altas sureñas ... que luchamos por transformar un mundo heterosexista , racista, patriarcal, lesbofóbico y capitalista, y, convertirlo en una Tierra Bollera donde seguir practicando Sexo D/ R/ SM/ GT/ SV/ SA/ SL/ SS ... GGGGG! .


Coincidimos en organizarnos en torno a un grupo de acción, creativo y subversivo, que hiciese visible a las lesbianas en Madrid. Nuestra definición como grupo ha estado al margen de discusiones teóricas en abstracto, las cuales suelen crear debates interminables y enfrentamientos carentes de soportes reales y concretos. Así que nos vamos definiendo a través de nuestras acciones y propuestas, y las discusiones políticas surgen en función de ellas. Estamos cada vez más convencidas que cada lesbi de LSD es única, y sólo desde esta individualidad creemos en el crecimiento y la articulación de estrategias conjuntas.


Como queer, y a diferencia del lesbianismo feminista que introdujo aportaciones esenciales acerca de las diferencias de género, vemos el género como un juego, jugamos con los signos y los símbolos cuyos significados son constantemente redefinidos y negociables; elige y cambia, es la propuesta. De aquí que LSD tenga casi siempre significados diferentes, lo único que se mantiene es: lesbianas. Por otra parte, nuestra identidad sexual no la entendemos como una aséptica preferencia sexual, sino como una opción política tal como las queer la definen: “Yo soy queer. Yo no soy heterosexual y no quiero que mis relaciones estén legitimadas por el mundo heterosexual. Yo soy queer, yo soy diferente”. A partir de aquí podemos entender determinadas alianzas con determinados gais, y es lo que nos ha llevado puntualmente, a unirnos en luchas concretas con La Radical Gai. Sin embargo, y a diferencia de los gais, la cultura erótico-sexual lesbiana no es como la de los hombres gais, porque las lesbianas (como mujeres) hemos sido socializadas y culturizadas bajo la opresión de un sistema patriarcal. Nosotras reivindicamos y reinventamos una sexualidad lesbiana, trabajamos para producir representaciones propias, y desde ellas queremos expandir, como uno de los más sublimes actos subversivos, los placeres y las posibilidades de nuestros cuerpos. Hablamos de juguetes sexuales, de S/M, de juegos de roles, de sexo seguro, de fantasías e intentamos hacerlas nuestras en versión original. Nuestra sabia experiencia nos cuenta que, desde luego, no somos una versión femenina de la heterosexualidad masculina o de la homosexualidad masculina. ¿Qué somos entonces?, pues simplemente creemos que somos “otra cosa”. Resulta casi imposible identificarse con una concepción simple de lo que es una lesbiana. Lo que queremos decir con esto es que, al referirnos a la identidad lésbica, no sólo nos estamos refiriendo a una multiplicidad de expresiones sexuales, si no también a que esta identidad está muy definida por el origen de clase, de raza, de etnia, por la edad, entre otras, donde la sexualidad, insistimos, es un elemento más, quizás el que más nos ha hecho hablar, y quizás, paradójicamente, el que más nos ha silenciado. En este sentido, difícilmente se puede hablar de una identidad lesbiana consistente e inmutable; se trata más bien de redefinirnos día a día en nuestros espacios, con todas nuestras contradicciones heredadas de este mundo inmerso en paradojas.


Pero, aunque somos diversidades lésbicas en continua metamorfosis, sí puede haber un punto en el cual podamos coincidir todas las lesbianas; en la utopía de soñar un mundo sin identidad sexual, donde no exista la homosexualidad porque la heterosexualidad, tal como la conocemos hoy, tampoco existe. Mientras tanto, nos podemos mover entre la maximización y minimización de nuestras identidades. Entre una identidad visible que nos permita proclamar nuestros deseos y necesidades y transformar el mundo, y una identidad que pueda llegar a ser incluso invisible, que nos permita deconstruir antes de que “el poder” nos nombre, nos señale, nos identifique, nos prohiba, nos sujete y, por ende, nos impida ser de cualquier otra manera posible. Entonces, ¿por qué no jugar a ser nómadas y tránsfugas desde la presencia de nuestra non grata Gen.eros-idad?.

 

 

 

 

DESDE NUESTRA RABIA ACTIVISTA Y VISIBLE, DESDE NUESTRO ORGULLO BOLLERO Y MARICA: RESPUESTA A LA LESBOFOBIA DE “EL MATEOS”.Non-Grata 0, Madrid 1994

Manifiesto firmado por:
LSD: Lesbianas Saliendo Domingos

La Radical Gai

Este no es nuestro mundo. Reconocernos en él nos es costoso, duro pero imprescindible. Desatarnos de “la norma” nos avoca a Un grito como una única forma de ser o de llegar a ser, a través de Un tiempo y de Un espacio que nos silencia. Aunque también somos cuerpo, presencia, dolor deseo... sólo es a través de este GRITO, lleno de rabia, utopía y acción cuando realmente somos.
Ser lesbianas o gais para nosotras no es una cuestión moral ni una aséptica opción sexual. Es una realidad deseable, una experiencia de liberación personal y social irreversible, vivida y sentida en proyección cotidiana.
Ser lesbiana o gai en Madrid significa un ir y venir desde sus tabernas y sus bares, un beber y un decir en sus tabernas y bares. Significa el espacio público más concreto donde mostrarnos, desearnos, reinventarnos y reconocernos. Eso creímos, por lo menos de unos cuantos lugares, de unas cuantas personas. Ser lesbiana o gai en Madrid era pasar a menudo por la taberna “El Mat
eos”, no porque fuese, exactamente, el templo de la homofilia, pero sí porque pensábamos que nadie nos iba a obligar a como ser y a como estar, a como NOMBRARNOS y DESEARNOS. No se trataba, ¡ni tan si quiera!, de compartir complicidades o identidades con aquell+s que tristemente se autorreprimían y se negaban, pero sí tener esa puerta abierta para las que orgullosas nos sabemos, nos olemos, nos vemos, nos decimos, nos sentimos bolleras y maricones.
Así, cuando nos hicimos visibles activamente y nos identificamos afectadas por el SIDA, ¡saltó la liebre homófoba!. Y los saltos se multiplicaron y se diversificaron en las geografías más cercanas, y lo que fue una agresión se transformó en una charla tabernaria, tratados de fisonomía, disertaciones publicitarias etc., eso sí, dentro del discurso de la “sagrada tolerancia”, y sin que ello contradijera algunas sesudas contribuciones sobre vicio y depravación.
Ante la saturación de hechos, situaciones, aforismos en circulación y en clave heterosexista-homófobica, no hubo la respuesta, digamos típicamente esperada, sino un continuo seguir siendo lesbiana y gai, un seguir siendo activamente visibles.
Mostrarse abiertamente sin temor a la represión es una forma de combatir la homofobia en la cotidianidad, y no puede convertirse en un corpus teórico o en un conjunto de directrices generales que señalen el lucus y data oportunos para mostrar la urgencia de nuestra realidad, de nuestras vidas aquí y ahora. La resistencia callada es más un cajón de nuestro armario, buscado más en el silencio cómplice de risitas nerviosas que una simple apología de los derechos de l+s consumidor+s, que una arenga sobre las buenas costumbres en el medio familiar. Quienes nos plantean nuestra visibilidad como una acción impuesta se convierten en invisibles y tratan de arrastrarnos a su triste, inmóvil y doloroso silencio. La contra-acción sólo puede significar inercia, aspereza, empequeñecimiento, soledad; la regresión como su única posibilidad de movimiento, supuesto de vida.Quienes interiorizan el sentir normalizado adoctrinándolo en sus relaciones se convierten en censores de sentires liberadores como son los nuestros, los de lesbianas y gais. Quien niega nuestra visibilidad con los mecanismos más abyectos del desprecio en nuestro espacio y en nuestro tiempo se convierten en la parte más activa del autoritarismo reaccionario heteropatriarcal, y más que otros por su cercanía corporal.

 

 

 

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