Editorial.Non Grata 1
1995
Tal
vez cuando termines de leer este editorial opines que es muy poco serio, ácido
en sensaciones y parco en ideas,
y por ello dirás que carece de cierto afán, necesario para introducir
un fanzine de tan serio contenido, que por supuesto a penas dice nada de un
grupo de lesbianas que cambia al nombrarse, y que, sobre todo, lo aquí
(sub)-vertido no es merecedor de ocupar un espacio donde miles y miles de
ojos van a depositar, una vez más, sus miradas.
Desde luego, ¡cómo son estas de LSD!. Disculpen las molestias
derivadas de nuestro empeño en disfrutar nuestro ser siendo lesbianas
y en desear obsesivamente seguir viéndoooos, lesbianas.
Desde luego que la noche madrileña está poblada de monstruas.
A igual que Medusa son seres peligrosos, con extraños poderes: te ven,
te miran y te hechizan; a mí ¡me encantan!. Son criaturas tan
hermosas que van dejando a su paso esplendorosos halos de bestialidad. A igual
que Medusa con su mirada, ¡terriblemente fija!, tienen el poder no sólo
de matar y devorar sino también de cegar ; pero esta amenaza casualmente,
y aunque Edipo y Perseo no estarían nunca de acuerdo con esto, se dirige
exclusivamente contra la visión del hombre. Podríamos decir
de estas bollo-especímenes, forzando la comparación aunque no
la metáfora, que son camufladas chirimbolas con las que tropieza, sin
querer, el hombre a su paso por la vida: en su camino hacia la masculinidad,
la sabiduría y el poder. De aquí ese especial empeño
diurno en que sean arrancadas, retiradas, degolladas, trasladadas, negociadas
y finalmente vencidas. ¿Hacia dónde?, ¿por qué?,
¿por quién?. Pareciera que tienen que ser invisibilizadas para
que él pueda ver, para que con la llegada del día, él,
al menos, pueda ver y orientarse fácilmente en su ciudad. Y en este
afán de ver, de verlo todo a corto y a largo alcance, él hasta
es capaz de hacer la guerra.. y así tras estos visibles rituales, el
será, una vez más, fiel cumplidor de su historia, cumplida en
cualquier soleada mañana de domingo.
Medusa fue decapitada antes de que se despertara a cualquier soleada mañana
de domingo; aún así hay quien afirma que todavía se está
riendo. Escuchar atentas su risa.
Algunas lesbianas aprendieron de Medusa al menos dos cosas: una que es peligrosa
estar dormida, más aun por la noche, porque podemos ser degolladas,
lo que significa: prohibidas, nombradas, señaladas y raptadas por él,
el hombre; ese ser humano aparentemente conciliador y aglutinador. De ahí
la inmediata presencia gozosa de nuestro insomnio nocturno. Lo segundo que
nos recuerda Medusa es que nos sienta bien reír; de ahí la necesidad,
siempre inmediata, de una carcajada compartida, y no sólo en días
de guardar o fechas señaladas.
Y ni esto es un cuento, ni yo una paradoja (¿o sí?). Es una
contradicción real, las lesbianas se llegan a ser lesbianas, de noche,
de noche y de día. Estaba hablando de la necesidad, siempre inmediata,
de una o múltiples visibilidades lesbianas, de una o varias visibilidades
lesbianas que incluso puedan ser invisibles.
Desde luego que queda mucho, mucho por hacer en este intento, pero esta vez
vamos a jugar, porque el tablero es nuestro, y además lo estamos pintando
con nuestros lápices nosotras.
De
la necesidad de una
acción lesbiana
En este mundo
definido por una economía desarraigada, capitalista, de consumo, y,
más allá de ello, por la intenacionalización e interconexión
múltiple del fenómeno hetropatriarcal, donde todo es susceptible
de ser convertido en mercancía y, por consiguiente, de entrar a formar
parte del entramado de relaciones sociales determinado por la jerarquía,
la apropiación y la subordinación de los unos por los otros,
cabe y debe preguntarse desde una mirada lesbiana cuáles
están siendo las producciones simbólicas que del cuerpo femenino
se ofrecen; dicho de otro modo, cuáles están siendo las representaciones
sexuales definidas como explotación, y cuáles, en contraposición
a éstas, pueden contribuir a la deconstrucción y, en definitiva,
pueden posibilitar nuestra liberación y libertad.
En una cultura, la nuestra, donde la predominancia de la mirada sobre el olfato,
el tacto, el gusto, el oído, dominan al cuerpo femenino, expropiándolo
de su materialidad (física) y convirtiéndolo en un conjunto
de leyes, deseos, relaciones normalizadas y objetualizadas por la acción
y los deseos de los hombres; en una cultura, la del Estado español,
donde estos mismos hombres miran a las mujeres y, las mujeres se ven a ellas
mismas siendo miradas una mirada que siempre implica Un sistema de
control -, cabe preguntarse - desde nuestro ser lesbiano si los roles
sociales que son construidos en la representación pueden también
ser revisados y reestructurados en el discurso, y si desde este ser lesbiano
inexistente, ignorado o prohibido bajo el dominio de este sistema de producciones
de regulación heterosexual, se puede cegar a este mismo poder que nos
mira, aunque nunca logre vernos.
Ser lesbiana, en este contexto, supone para nosotras decir, nombrar desde
un cuerpo mirado y construido desde otro deseo, un deseo que mira
vulvas, sangre, boca, lágrimas, ciprina, linfa, flujo, oxígeno,
heces, pechos, pulmones... no con Un afán de colonización y
apropiación, sino desde una mirada que nunca empieza ni nunca acaba,
que se articula como un continuo; como un continuo revulsivo y gozoso proceso
de encuentro y reconocimiento, un deseo, el nuestro, que condena al exilio
material al suyo, heterodepredador.
Hablar, tocar, mirar desde Un cuerpo lesbiano es autoidentificarse desde la
perversidad y la disidencia que conlleva el hacer visibles nuestros cuerpos,
el mostrarnos excitadas, mojadas, frotadas, jadeantes... porque sólo
desde nuestro cuerpo podemos existir, podemos ser ñlesbianas.
Desde estos nuestros cuerpos y voces disidentes, las lesbianas de LSD subrayamos,
reiteramos y saboreamos nuestro orgullo lesbiano. Lo saboreamos hasta erizarnos
de placer. Un placer que está al margen de cualquier norma y ley (incluidas
las que nos ofrece la Ministra Alberdi), que pretenden re(in)formarnos de
dos en dos para alcanzar y disfrutar del tan grato estatus que
les es propio a los heterosexuales. Frente a sus deseos normalizadores
, las lesbianas de LSD seguimos luchando por otro mundo, un mundo que sea
nuestro, hecho a través de nuestras miradas y sobre los placeres de
nuestros cuerpos. Nuestra lucha es la disidencia a través del goce.
Desde la subversión, la perversidad, la transgresión que les
produce nuestra carcajada y mirada bollera.
Liliana Couso y Fefa Vila.
Anotaciones para la exposición fotográfica Es-Cultura
Lesbiana.
Madrid, 1995
De
la necesidad de
un imaginario lesbiano
Acércate
y mira, mira despacio, y ahora respóndenos: ¿qué estás
mirando?
No es tu mirada la que ha cambiado; es el objeto de la representación
que aprecias quien se transforma
en
sujeto en tu conciencia. La tan codiciada (codiciada por los autores heterosexuales
prolijos en miradas desinteresadamente morbosas) representación lesbiana
se levanta y habla, y, a pesar de tener el camino de la representación
abierto,
resulta sorprendente la escasez de zambullidas en él, sobre todo en
nuestro pater amantísimo Estado español.
¿Por qué carecemos de representaciones?. ¿Por qué,
parafraseando a Gertrud Koch, van las lesbianas a ver las fotografías
de los hombres?. La respuesta es sencilla: porque no se exhiben otras. Las
más mayores recordarán
la censura franquista; las menores recordamos la imposibilidad de mostrarnos
por motivos burocráticos y de mercado. Por lo visto es culpa nuestra:
hay que ajustarse a la norma, o eres una pornógrafa irremediable.
Quienes hayan tenido el privilegio de asistir a esta muestra fotográfica,
sabrán de qué estamos hablando. Como también sabrán,
imaginamos, que no se pueden aplicar los mismos criterios patriarcales para
aproximarse a fotografías de lesbianas hechas por lesbianas que los
empleados para valorar o apreciar las fotografías realizadas desde
y para la cultura dominante. Por esta razón, para mirar mirar,
no contemplar estas fotografías debes cuestionar el orden simbólico
insertado en tu cerebro; puedes considerar que ésta y otras manifestaciones
similares te ayudarán a decodificar las imágenes desde parámetros
menos convencionales.
Sólo desde dentro se puede ironizar con lo propio. Lo demás
responde a Un intrusismo voyeurista inserto en una mirada connotada, mirada
que cansa y agota por su exceso de manifestaciones, mirada muy alejada de
esa franqueza tan necesaria en el panorama representacional y,
por supuesto, en el panorama político. Hartas de ser utilizadas, mejor
utilizarnos y contribuir así a la conformación de un imaginario
inexistente y necesario.
La crítica fotográfica de los últimos tiempos se ha dejado
llevar por el análisis exclusivamente formal de la imagen. Es precisamente
a partir de ese momento cuando surge, consciente de la posibilidad de veracidad
del juego con una realidad intransmisible a través de una mirada
fundamentalmente occidental y, por lo tanto, básicamente patriarcal,
como es la de la cámara fotográfica (mirada estructurada desde
las leyes renacentistas de la representación), un juego diferente;
el juego del significado sobre el significante. La diferencia de este juego
de lenguaje se manifiesta en la consciencia por parte de las jugadoras
del significante empleado y de por qué se emplea a pesar de todos sus
inconvenientes. Evidentemente, es preferible una acción inmediata a
perder los papeles en la trampa de la mediación representacional, trampa
que llevada a sus últimas consecuencias nos llevaría al silencio
y sinceramente, a nosotras ya no hay quien nos calle.
Ana y Helena.
Apuntes para la exposición fotográfica Es-Cultura Lesbiana.
Madrid, 1995.