"MISS MEDIA: UNA LECTURA PERVERSA
DE LA COMUNICACIÓN DE MASAS"

portada libro

LA MEDIA ES EL MENSAJE

MISS MEDIA: UNA LECTURA PERVERSA DE LA COMUNICACIÓN DE MASAS

RICARDO LLAMAS

EDICIONES DE LA TEMPESTAD - LLIBRES DE L'INDEX

Barcelona. 1997. 287 páginas

Dado el pobre panorama editorial español en estudios sobre las formas sociales de representación de lesbianas y gais, hay que celebrar la aparición del segundo libro de Ricardo Llamas1, Miss Media.

Este trabajo se entiende en un marco social y cultural concreto que se articula doblemente: por una parte, en el contexto de las sociedades capitalistas de finales del siglo XX, donde pervive un modelo de identidad sexual dominante basado en la heterosexualidad; por otra parte, desde la promoción, a partir de ese lugar heterosexual, de un dispositivo de representación de las sexualidades periféricas o "desviadas", agrupadas y simplificadas bajo el epígrafe de "la homosexualidad".

La idea central del libro es mostrar cómo esas representaciones de las "otras" sexualidades en la televisión, en la prensa, en la radio, en el cine, están plagadas de prejuicios homófobos, y lo que es quizá más importante, analizar cómo se instaura tácitamente un orden de representación dominante ("la audiencia") que excluye cualquier otra mirada, cualquier otra forma de posición subjetiva que no coincida con los valores de la identidad heterosexual.

Para ello el autor desarrolla un minucioso análisis de numerosos casos aparecidos en los distintos medios de comunicación españoles durante las últimas décadas, desvelando con profundidad e ironía (y a veces con gran sentido del humor) las asociaciones implícitas de esos mensajes: las lesbianas y los gais siempre vinculados a la tragedia, al sexo compulsivo, a la enfermedad (al sida), a lo pintoresco, a la agresividad, al misterio, a la frivolidad..., todo un rosario de manipulaciones que van conformando una imagen tópica y cerrada, un paradigma de conducta individual y social que será percibida por la ciudadanía "normal" como "la homosexualidad".

Llamas apela a la responsabilidad de los profesionales de la información y de la comunicación, recordando las implicaciones sociales y políticas de esos mensajes de homofobia. La colaboración activa o pasiva en la difusión de estos mensajes no es inocente. En un contexto como la España de los 90, donde muchos gais son apaleados (y algunos asesinados) impunemente por bandas de neonazis, donde se siguen sin reconocer los derechos de las parejas de gais y de lesbianas, donde "los chistes de mariquitas" siguen siendo una práctica habitual en espacios públicos y privados, donde millones de personas viven aún en un armario atroz, es fundamental enfrentar a los responsables de los medios de comunicación con sus prácticas homofóbicas. El objetivo de esta crítica no es crear una especie de consenso políticamente correcto (una tolerancia distante e hipócrita, como en la campaña del Ministerio de Asuntos Sociales), sino desmontar un dispositivo que reduce la diversidad y multiplicidad de cuerpos, placeres y prácticas a una categoría cerrada de identidad sexual, cultural y social.

El libro de Llamas constituye, por otra parte, un excelente estudio de los mecanismos de sujección a una identidad. Este ámbito de representación que el autor denuncia, no sólo es manipulador y excluyente, sino que además proporciona elementos estereotipados de identidad donde lo excluido podría reconocerse. Se plantea así un nuevo debate de gran interés: el peligro que supondría -para los que se apartan del "modelo heterosexual"- construir una identidad abrazando ese dispositivo de "homosexualidad" que nos ofrecen los media. Por ello el libro es una llamada de atención lúcida que reivindica la pluralidad de actitudes y subjetividades que se dan tanto entre los gais como entre las lesbianas.

Resistir a ese dispositivo no es sólo denunciar su composición y sus mecanismos, sino también que los gais y las lesbianas seamos capaces, como sujetos deseantes y sujetos de placer, de generar nuevas formas de relación, de convivencia, de actuación, de solidaridad, de usos del cuerpo, lejos, muy lejos, de ese "hablar de sexo" que nos pide la televisión, y teniendo presente, como diría Mendicutti, que "la media es el mensaje".

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