(Madrid, Siglo XXI, 1998)
MÓNICA REDONDO VERGARA
En los últimos años en el mundo occidental, en España aún de forma incipiente, vienen tomando fuerza los estudios de gays y lesbianas, y más concretamente los llamados estudios queer (término ingles que significa extraño, raro, excéntrico). En Teoría Torcida Ricardo Llamas realiza una de las primeras y más completas aportaciones de la teoría queer en España. Se trata de una teoría crítica que amplía el campo de estudio gay y lésbico abarcando todas las sexualidades denominadas “periféricas” (bisexuales, transexuales, y conductas transgénero).
El
libro se abre con una (dis)torsión en
la que el autor se desmarca de las expectativas académicas acerca de un trabajo
relativo a la "homosexualidad”. Se distancia asimismo de cualquier tipo de
rectitud (haciendo un juego de palabras con el término inglés straight y su acepción,
heterosexual). Llamas propone el término
teoría torcida como posible
traducción del término inglés queer (y
su etimología latina: torquere). En los Puntos
de partida, el autor presenta los discursos, conceptos e ideas a analizar,
los debates que van a ser resituados y las herramientas de análisis que usará
el autor. En primer lugar, en La inflación discursiva del secreto muestra
como las distintas instancias de ordenación de la realidad (
Imprescindible para entender el libro es el recurso a la idea foucaultiana de la ubicuidad del poder, que: “genera lo que después controla y reprime y de este modo autoriza también su liberación; una relación dinámica que nos lleva a un proceso único de “sexualización” de la persona” (p.5). La represión y la liberación no son dos vectores (negativo y positivo, respectivamente) opuestos sino que ambos “poderes” intervienen en la construcción de la idea de sexualidad. Sugerente es la consideración que hace Llamas del papel contradictorio que pasa a jugar “el sexo” como nueva entidad simbólica; no tiene ningún protagonismo en términos de colectividad social pero resulta esencial para la existencia individual (p.6).
En El régimen de la sexualidad, Ricardo
Llamas define este concepto clave de su teoría y sus funciones como modelo abstracto que se
establece en Occidente ligado a las formas de organización social. A continuación plantea un desarrollo clave de
la teoría queer: “El régimen de la sexualidad establece dos cuerpos, dos tipos
de roles y dos identidades que conjuntamente y de manera simultánea constituyen
“la diferencia sexual”…Pero tal
dicotomía no puede dar cuenta de la multiplicidad de posibilidades en función
de las cuales se puede estructurar la vida afectiva y sexual de las personas…de
ellas sólo un número ínfimo tiene una existencia reconocida, aún como no ortodoxa. El modelo legítimo es sólo uno” (p.15). Por
otra parte plantea existencia de múltiples oposiciones jerarquizadas por un
cierto maniqueísmo que se constituyen en forma de pares ordenados entre los que
destaca el paradigma (“homosexualidad”, “heterosexualidad”). Acerca del debate sobre “lo privado” y “lo
público”, Llamas deja entrever un doble
proceso: la “puesta en discurso de la sexualidad” (la “implantación perversa”
foucaultiana), hace que ésta se universalice y su significación “verdadera”
pase a ser controlada por ciertas instancias del saber. Por otro lado, sus manifestaciones “correctas” o
“desviadas” son relegadas a la esfera privada (p.7). “La
"homosexualidad" será la sexualidad secreta por excelencia...
clandestina y prohibida... objeto de todas las ansiedades; el terreno en el que
se localizan los fantasmas colectivos... estereotipo de una hipersexualidad
desbordante y sofisticada como fantasma del “orden heterosexual” (p.19). Y a continuación otra idea
fundamental: “el “sexo erróneo” será
psicología y no sociología, economía y política; es naturaleza o biología pero
no cultura o historia. El sexo
disidente, como quintaesencia de lo privado se construye como “femenino” y como
“homosexual”; se asocia con el consumo y no con la producción” (p.20). Importante destacar aquí una adjetivación
típica de Llamas y de su entorno militante, la idea de sexo disidente que aparece de forma recurrente en textos y acciones
de
El título del tercer punto de
partida: Construcción social o esencia,
los límites de una dicotomía, es clarificador en sí mismo. Llamas empieza hablándonos de lo que
considera como paradoja fundamental del régimen de la sexualidad, la
contradicción entre la idea del sexo como esencia en el individuo y su
construcción histórica.
La incertidumbre en el debate sobre el origen de la atracción afectiva o sexual provoca la dicotomización entre preferencia u opción sexual y orientación o tendencia sexual. Ambas posibilidades son origen de estrategias de represión, la elección supondría un vicio susceptible de castigo (Cap.4) y la tendencia, una enfermedad susceptible de ser curada (Cap.5). Las asociaciones triviales: construccionismo - opción sexual – igualdad, y por otra parte: esencialismo - orientación sexual – diferencia, no dejan espacio a otras posibilidades de combinación de variables y limitan el discurso y las prácticas reivindicativas. Aquí Llamas recurre a otra de sus grandes musas, Judith Butler, para introducir la deconstrucción como alternativa a la estrechez del debate (p.29). Dicho esto, nos ubica su análisis de los discursos (segunda parte del libro) en el marco de los postulados construccionistas.
Por último, en Las realidades gays y lésbicas y el acceso a estas (y a otras) subjetividades, el autor nos describe cómo la epistemología de la homosexualidad establece las formas legítimas de conocimiento y reconocimiento de aquellos que no se ajustan a la norma heterosexual, norma que se define por negación del modelo denostado. Se impone la problematización colectiva de unas desviaciones de carácter individual. La imposición del secreto (el consabido “armario”) por parte del régimen de la sexualidad impide cualquier viso de colectivización con lo cual estas realidades permanecen atomizadas. Llamas apunta a un supuesto de coherencia del régimen de la sexualidad en el que estaría basada la construcción de una "realidad homosexual" problematizada y estereotipada frente a la idea de unas “realidades gays y lésbicas” que tendrían un carácter autoreferencial El entrecomillado de la palabra "homosexualidad" a lo largo de todo el libro, y en el título del mismo, es fruto de estas reflexiones. La consideración de las “realidades gays y lésbicas” señala para Llamas los “límites de una perspectiva construccionista pura” (p.39). Por otra parte dicho supuesto de coherencia actúa reduciendo el espectro de realidades diversas a un estatuto único; la consideración preferente o exclusiva de una homosexualidad masculina supondrá la negación del lesbianismo como realidad y como posibilidad para muchas mujeres. Llamas introduce la idea de alienación para quienes no aman según la norma (heterosexual) y en consecuencia les es negada la posibilidad de subjetividad y de existencia autónoma (p. 38).
El
resto del libro está compuesto de dos partes que incluyen cada una tres capítulos: en la primera, Las formas espontáneas del prejuicio, desenmascara el prejuicio
presentado como natural y la permeabilidad
de este a través de múltiples ámbitos, su universalidad. En el capítulo primero: Ser o no ser. Profusión
terminológica y censura selectiva, la "homosexualidad" se
constituye como objeto, alienada y designada desde fuera, heterónoma. Nombrada por un exceso de terminología
recargada de sarcasmo e ironía cuya función es deformar y excluir. Llamas establece una arriesgada analogía, el gay va
a ser al poder heterosexual lo que la mujer al patriarcal y más adelante y en
relación con esta, de la opresión del hombre sobre la mujer procede la
feminización de lo excluido (p.60). Las
relaciones lésbicas han sido históricamente ignoradas o trivializadas.
Sugerente es la idea de que la ausencia de consideración de las mujeres como audiencia, como posibles espectadoras,
por el régimen de representación (ambos
conceptos desarrollados por Llamas en Miss
Media, 1997) sea la razón de que el lesbianismo forme parte del imaginario
pornográfico masculino heterosexual y sea ignorado como posibilidad de disfrute
independiente del hombre así como del supuesto antierotismo de las mujeres
deportistas (p.176).
Imposible
construir un presente y un futuro para las realidades gays y lésbicas sin
contar con referentes positivos; de lo que se encarga la censura, la imposición
del secreto, la vergüenza y el miedo (p.78).
El
segundo capítulo, el más extenso de todos, muestra la brillantez intelectual de
Llamas al estructurar la topología del poder heterosexual y cómo sitúa éste,
siempre alejadas de la posición de poder legítimo, a las realidades gays y
lésbicas. El “otro” filosófico aplicado
a las concepciones sobre la "homosexualidad". La construcción del capítulo es magistral y
la superposición de los epígrafes muy clarificadora. En el apartado 2.1, Extranjería superlativa, tenemos: “Nuestra” nación; “Nuestra” ideología; “Nuestra” clase, “nuestra” raza; “Nuestra” fe;
“Nuestra” especie; En resumen:
“nuestro” enemigo. El locus "homosexual" es siempre
extranjero y está siempre en otra parte, nunca con “nosotros”. En el apartado 2.3, Más allá del principio del dolor, se encuentra otra de las grandes
aportaciones de la teoría de Ricardo Llamas, el desarrollo de la construcción del deseo de muerte, la constante asociación de
lo gay y lésbico con el dolor y la celebración y promoción del suicidio.
Llamas, no obstante, acaba el capítulo con un epígrafe militante: La necesidad de superar el victimismo.
El análisis de las simbologías usadas por las comunidades gays y lésbicas
resulta revelador (p.166). Se vislumbra claramente en este epígrafe la especial
preocupación de Llamas por la pandemia del SIDA y la consecuente soltura en los
argumentos ya trabajados por él en su compilación: Construyendo SIDentidades (siglo XXI, 1995).
El
tercer capítulo, Prácticas de
autorrepresión. Sublimación, negación, agresión, nos muestra como el
régimen de la sexualidad promociona y consigue al fin que la función represora
sea, en muchos casos, asumida por los propios sujetos oprimidos, y cómo este
proceso deja vía libre en último extremo a la irracionalidad de la violencia y
la agresión. Varios elementos confluyen
aquí para tal fin: la sublimación del deseo sexual a través del deporte, la
consideración del deseo como pasajero y adolescente (siguiendo las tesis
freudianas), el encubrimiento de las relaciones bajo formas más asimilables por
la sociedad: “amistad especial”, admiración intelectual, relaciones
arquetípicas: maestro-discípulo, protectora-protegida (p. 186), y la
consideración de que el propio afecto o deseo no tenga implicaciones sobre el
resto de la existencia personal. Llamas
finaliza el capítulo describiendo la agresión como fenómeno natural y
comprensible para el régimen de la sexualidad, un salto a la irracionalidad con
la característica principal de que no necesita explicación ni justificación
alguna. El estigma sobre las realidades
gays y lésbicas es ya una invitación a la agresión y al escarnio, el llamado pánico homosexual es digno de ser
comprendido por la sociedad, y la "homosexualidad", por otra parte, lleva incorporada a su
esencia la idea de desgracia. El
linchamiento en todas sus variantes es por tanto perfectamente legítimo. Por último cabe resaltar como, al igual que
sucede en el caso de la violencia patriarcal contra las mujeres, se produce el
fenómeno de la culpabilización de la víctima.
En
la segunda parte del libro, Los discursos articulados y sus
implicaciones, Ricardo Llamas nos conduce al análisis de los discursos
acerca de la "homosexualidad"
de dos de los más importantes ámbitos, el jurídico y el científico. Otras instancias tales como los medios de
comunicación de masas o la medicina han sido ya analizadas por Llamas en sus
libros: Miss Media (una lectura perversa
de los medios de comunicación de masas) (Ediciones la tempestad, 1997) y el
mencionado Construyendo SIDentidades
(siglo XXI, 1995) respectivamente.
Además en el tercer capítulo el autor incluye el análisis de los
discursos autorreferenciales. La estructuración de esta segunda parte coincide
con el recorrido histórico de los discursos, Llamas destaca tres momentos
fundamentales:
preponderancia moral desde la edad media hasta es siglo XIX, una
progresiva importancia de las visiones científicas desde mediados del siglo
XIX, y por último a partir de la década de los setenta del siglo XX, los
discursos en primera persona (p.208).
Los
discursos analizados parten de ámbitos concretos y aspiran a la universalidad
de sus postulados sin excesiva preocupación por la coherencia interna, además
son discursos que se apelan entre sí, se remiten unos a otros pese a ser, en la
mayoría de los casos, incompatibles. La
compatibilidad de las formulaciones se basa más en la coincidencia de efectos
deseados que en su supuesta coherencia (p. 210).
Es interesante la idea de que algunos postulados producidos por una determinada instancia pueden ser rescatados por otra con la misma intencionalidad: la instancia jurídica recupera análisis canónicos o morales, o con la opuesta: recuperación de la terminología despectiva por parte de algunos grupos militantes, especialmente la militancia queer, para autodesignarse, transformando así una práctica de represión en un ejercicio de provocación, autoafirmación, orgullo y autonomía (p. 212).
En
el capítulo cuarto, Los discursos de una
moral excluyente y su trascendencia jurídico-legal, empieza Llamas por dar
una definición de moral y por constatar la asombrosa parquedad terminológica
con que la moral cristiana, frente al lenguaje popular y el científico, nombra
al pecado “nefando” (p.217). El apartado primero sobre La difícil caracterización del sujeto excluido. Contra natura, sodomita
y el epígrafe: el control de sí y la
demonización del abandono del placer es muy interesante, de nuevo Llamas
recurre a Foucault para explicar como las ideas sobre el autocontrol y el
dominio sobre las pasiones son anteriores al Cristianismo. Además, indica Llamas, trascienden a este impregnando
las teorías racionalistas de la ilustración con Descartes a la cabeza (p.
228). Esa demonización va a desembocar
en la consideración de la hipersexualidad sodomita como peligrosa. Aquí Llamas separa el análisis del
lesbianismo ya que las mujeres no son consideradas como interlocutoras válidas
de su propia sexualidad y estar
excluidas de los ámbitos público y político las va a situar fuera del debate
(p. 230). Sobre esta cuestión se echa en falta un análisis que tome en cuenta
la consideración de tipo simbólico hecha por, entre otras, Simone de Beauvoir, en El segundo sexo de cómo la mujer es para el imaginario patriarcal
un ser de una sexualidad desbordante y peligrosa (pensemos, por ejemplo, en el
mito acerca de la mantis religiosa). En este sentido el prejuicio sobre el
sodomita puede de nuevo no ser más que otra consecuencia de su
feminización. Ricardo Llamas demuestra a
lo largo de todo el libro ser un gran conocedor de muchos de los debates de
Llamas
sitúa el desarrollo de la terminología científica en el siglo XIX como consecuencia de la necesidad por parte
de los sistemas jurídicos de hacer razonable el castigo desde una perspectiva
legítima de tipo laico (p. 237). La
aplicación de la condena no se lleva a cabo de manera exhaustiva sino más bien
ejemplificadora. De ella se salvan desde
las altas jerarquías del Vaticano hasta
algunos miembros de la monarquía. En
la articulación de leyes represivas analiza los casos de las legislaciones
(muy explícitas y precisas) alemana, inglesa y norteamericana así como los casos francés y español.
Es curioso observar como algunas leyes como el conocido párrafo 175 (de
origen prusiano) en el caso alemán sobreviven a lo largo del tiempo (no es
derogada hasta el año 1994) conviviendo con regímenes políticos de corte
ideológico muy diverso.
En
el capítulo quinto, Los efectos
terapéuticos de los discursos científicos, hace Llamas el análisis del
discurso de la ciencia, la medicina, la psiquiatría, y la sexología y de sus
implicaciones de carácter terapéutico.
Aquí sitúa Llamas al "homosexual” del siglo XX, como “manifestación
más acabada de los discursos de
En
el capítulo sexto encontramos el análisis de los discursos autorreferenciales,
desde el tercer sexo uranista (muy cercano a la ciencia sexológica y
especialmente orientado al mundo masculino) y el movimiento homófilo,
anteriores a los enfrentamientos con la policía neoyokinas (Stonewall) del 28 de
Junio de 1969 (origen de la actual celebración del Día del orgullo), hasta el movimiento gay y lésbico y el
pensamiento y activismo queer. Nuevos
discursos que nacen a partir de la contestación a los discursos de orden
represivo pero que acaban trascendiendo el espacio de lo contestatario y
ejerciendo a su vez ese control desde nuevas perspectivas (p. 350). Los discursos homófilos que surgen de la
militancia semiclandestina europea y norteamericana de las décadas 50 y 60
persiguen la integración, cierto grado de respetabilidad, y la tolerancia
(asimilacionismo) y renuncian a cualquier tipo de especificidad. Han sido objeto de duras críticas por su
connivencia con un régimen de la sexualidad represivo (p. 363). El discurso gay y lésbico, radicalmente construccionista,
mantiene la idea de igualdad como postulado básico. Por otra parte genera un
movimiento de autoafirmación colectivo de importante dimensión social que acaba
derivando hacia una progresiva institucionalización (p. 370). La exclusión de otras minorías sexuales, el
papel secundario de las lesbianas en los grupos mixtos y los conflictos dentro
del lesbianismo separatista, otros factores de exclusión (de clase y de raza) y
la incapacidad del discurso gay y lésbico de hacer frente a la crisis que
plantea la pandemia del SIDA son las principales causas del surgimiento a
partir de mediados de los ochenta del movimiento queer. Estrategia discursiva que parte de una
determinada práctica militante y defiende la libre opción y el carácter
político de esa elección. Postulados de
la diferencia que rechazan la igualdad por ficticia e indeseable y buscan
desarrollar espacios de autonomía (p. 372).
Reniega de cualquier viso de respetabilidad y defiende la pluralidad de
identidades, afectos y placeres. Llamas
acaba el epígrafe apuntando a un discurso post-queer que vendría representado
por el movimiento anti-Gay inglés.
En
definitiva, estamos ante un libro de estudio indispensable para los interesados
en temas de sexualidad y
“homosexualidad”. Denso y difícil, con un tipo de exposición argumental
enrevesada para el que es imprescindible hacerse con un determinado vocabulario
y marco conceptual de cara a ser entendido en profundidad. Comentario aparte
merecen las citas que Llamas incluye al comienzo de
cada capítulo, sección o epígrafe.
Escogidas con un muy buen criterio, ilustran a la perfección cada
argumento que preceden. Por otra parte, es importante destacar el enfoque
interdisciplinar del libro y lo exhaustivamente documentado que está. Basta dar
un breve paseo por su impresionante y variada bibliografía.