EL OLOR DE LA MEMORIA

 

MANUEL VICENT.

CONTRA PARAISO.

Ediciones Destino. Colección Ancora y Delfín.

232 páginas.

 

Manuel Vicent emprende en su última novela un arriesgado viaje, el viaje de la memoria, la reconstrucción siempre imaginaria de la infancia, en este caso de la suya. En esos primeros años el olfato va a ser el sentido privilegiado del acceso al mundo, o al menos de su rememoración. Hay adjetivos para los sabores, pero no para los olores. Quizá ello sea porque la potencia y la diversidad de éstos es tal que no pueden quedar ceñidos por la palabra, nos abren a múltiples matices, asociaciones, imágenes, recuerdos. Gracias a las vivencias de este niño accedemos poco a poco al mundo rural castellonés: a la infinita variedad de su naturaleza y a la complejidad de sus relaciones sociales, marcadas por la guerra civil. Este acceso es caótico, el olor de los naranjos se mezcla con los odios enquistados tras la guerra, las hortalizas crecen ante la admiración del niño mientras un ahorcado escribe un testamento de sardinas, el sexo palpita escondido en un huerto perfumado por el aroma de las paellas...

Uno de los logros de la novela es el distanciamiento de la dramatización, la naturalidad con que conviven escenas humorísticas con situaciones casi atroces. La sintaxis, basada principalmente en la coordinación, da a la narración un ritmo ágil que nos conduce cómodamente por los divertidos laberintos de la memoria del autor. En alguna de sus esquinas espera también la magia cotidiana, que calza los dos zapatos de un mismo pie.

Se podría decir que se trata de un libro de anécdotas a condición de recuperar el sentido etimológico de esa palabra: lo inédito. En efecto, Manuel Vicent nos abre las entrañas del recuerdo para sacar de ellas lo nunca visto, historias azarosas (y azaharosas) que se irán anudando a lo largo de la infancia: las imágenes muestran la morbosidad de la religión, el duro trabajo de los campesinos valencianos, la miseria de la posguerra española, la brutalidad en la escuela, la alegría de escaparse al campo abierto, las peripecias de la seducción amorosa...

Una autobiografía, aunque sea de la infancia, siempre corre el peligro de caer en el narcisismo; afortunadamente éste no es el caso. Vicent agita con una mano irónica las aguas de su propio reflejo, y nos da la oportunidad de reconocernos en esos destellos.