RODAJE Y CORTE DE UN CORDÓN UMBILICAL

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JAVIER MEMBA

GOODBYE SEÑORITA JULIA

En su última novela Julio Memba realiza un ejercicio de triple reflexión: autobiográfica, literaria y cinematográfica. El pretexto del cine servirá de hilo conductor, o mejor dicho, de hilo para romper, el que le ha unido a su madre. La muerte real de la madre ha de verse sancionada también con una muerte simbólica, rodada en celuloide por el protagonista de la novela.

En la recreación por medio del cine el autor busca una catarsis de su propia vida, un intento de pagar esa deuda impagable que es la relación afectiva con su madre. Uno de los recursos narrativos más notables de la novela es el de alternar el estilo directo, el estilo indirecto y el guión de la película, que reproduce lo que ha sido ya narrado literariamente. Este efecto de duplicación permite al lector jugar con las versiones de la historia que se está contando, con la construcción de ese personaje esencial que es la señorita Julia, la madre. El resultado es un bucle que anuda el recuerdo, la lucha por separarse de la madre, la creación cinematográfica y la literaria.

Se puede describir esta novela como un proyecto de meta-creación; en esta obra se muestra a la vez el proceso (el rodaje de la película, los avatares del pasado de madre e hijo) y el producto (la película, la relación adulta de la madre y del hijo). A su vez, hay otro proceso creativo tácito, que es la propia escritura de la novela. Lo más atractivo de ella, en nuestra opinión, es esa estrategia global, más que el estilo narrativo del autor, que es bastante convencional.

El personaje de la madre, la señorita Julia, permite a Memba mostrar distintos periodos históricos de la sociedad española, desde las dificultades que tenía una mujer para ser independiente en los años cincuenta, hasta la crisis económica de los noventa, pasando por la metamorfosis de los rebeldes de los setenta, convertidos hoy en yupis resentidos o en cínicos escépticos y acomodados.

A pesar de ser una novela con contenido autobiográfico, el autor no cede a los señuelos de la idealización, aparece como una persona egoísta, y no oculta su lucha interior para cortar ese cordón umbilical que algunos a los 40 años todavía llevan unido a su madre. El cine aparece como una especie de rito que constata la existencia de la muerte; del mismo modo que en la sociedad la ceremonia del entierro cumple esa función de verificación de la muerte, aquí es el hecho cinematográfico el encargado de ello.

No falta el recurso, a veces demasiado fácil, a las citas cinéfilas, que evitan la dificultad de crear una situación ("besándola como George Peppard a Carlor Baker en La conquista del Oeste", etc), y el alarde de un profundo conocimiento de la técnica del rodaje cinematográfico; a pesar de ello el resultado es coherente, y hace verosímil el contexto en que se mueven los protagonistas. Pocas veces se habrá visto a un director de cine intentar cortar su cordón umbilical con la claqueta. Si lo ha conseguido o no lo juzgarán los lectores.