LE FALTAN TANATES AL PUTO

Parece ser que en Berlín le van a poner el nombre de Magnus Hirschfeld a una avenida en las inmediaciones del nuevo Reichstag o Parlamento. El gordito, bigotudo, judío, izquierdoso y homosexual alemán (1868-1935), fundó la primera asociación gay y lesbiana, y la llamó Comité Científico y Humanitario. Con el ascenso del nazismo tuvo que exiliarse en Francia -acumulaba demasiados inconvenientes en aquel contexto-, y murió en París poco después de que las SS entraran a saco en sus oficinas berlinesas y montaran una pira con toda la documentación y los libros que había tardado años en recopilar. Aquella particular Kristalnacht de la homofobia era la señal de que las cosas, que parecían ir tan bien, podían torcerse y acabar muy, pero que muy mal.

El Berlín de los años 20 era alegre y liberal. El Comité de Hirschfeld insistía recurrentemente en la derogación de un artículo del Código Penal (conocido como párrafo 175) que penalizaba la homosexualidad. En su campaña contaba con el apoyo casi decidido de la socialdemocracia alemana. Se realizaron, de hecho, llamamientos públicos para que el "tercer sexo" votara al partido socialista; el que más asumía esa reivindicación. Había locales de ambiente y espectáculos de travestis y, en suma, una visibilidad que no volvería a manifestarse hasta los años 70. Más de medio siglo de silencio, de miedo y de violencia impuestos a hierro y fuego por el terror de las deportaciones a los campos de concentración y exterminio.

Aquel ambiente de risas y noches locas quedó magníficamente retratado en la adaptación cinematográfica que en 1972 realizó Bob Fosse de una novela de Christopher Isherwood. Cabaret muestra la decadencia hasta la aniquilación de ese espíritu optimista y vital, y de aquella precaria libertad conquistada a una sociedad básicamente homofóbica. Muy pocas eran las personas que en la Alemania de los años 20 podían siquiera imaginar que las cosas llegarían hasta el extremo adonde las condujo el régimen nazi. El propio Hirschfeld, ya fuera de su país, no daba crédito a las noticias que le llegaban de Berlín. Hoy, muchos años después, aún andan por allí tratando de devolver la dignidad que la orgía colectiva de racismo y homofobia que sacudió Alemania les arrancó a gentes como Hirschfeld.

Aún hoy, también anidan en casi cualquier intersticio de nuestras sociedades, espíritus que defienden las tesis de la homofobia más descarnada. Cuando puedo, dedico mis colaboraciones a reflexionar sobre el (ho)movimiento, sobre las manifestaciones de la cultura gay y lesbiana, sobre pequeñas bobadas de la Comunidad Contenta Pero llevo ya (con éste) tres meses seguidos denunciando desde estas páginas manifestaciones de homofobia que me parecen cada vez más virulentas. Desde el tufillo reaccionario de Cela, hasta la sutil defensa de la pena de muerte por parte de un diario extremeño. Hoy, cuando todavía no me parece que esas manifestaciones constitutivas de delito estén recibiendo la respuesta adecuada, me asalta otra barbaridad.

Ya no es un cometario jocoso, ni un artículo en prensa. Ahora es una canción del grupo Molotov (Randy, Miki, Paco Ayala y Tito Fuentes), conocida por la campaña de promoción del CD de Pepsi (GeneratioNEXT), y por su reiterada difusión en la radiofórmula más importante del Estado: los 40 principales. La web de los 40 dice que "Han conseguido crear un cóctel alternativo llamado '¿Dónde jugarán las niñas?', un álbum valiente y distinto que está creando todo tipo de polémicas en su país, México." Sus canciones "son historias del subterráneo, amargas, felices, de derrotas y victorias, injurias y alabanzas, historias de lucha y permanencia..." ¿Cuál es esa valentía y contra quiénes luchan -cargados de coraje y de cojones- estos muchachos?

"Matarile al maricón" es quizás la frase más explícita de una canción que, en su conjunto, constituye la más descarada recopilación de expresiones injuriosas y delictivas que he visto en mucho tiempo. En un ejercicio de incultura o de cinismo insufrible y sin excusa posible, nos dicen en los 40 que "para evitar cualquier tipo de suspicacia con este tema, hay que aclarar que 'maricón' en Mexico, el país natal del grupo, significa 'cobarde', con lo que nadie ha de sentirse herido." Es decir, que somos unos susceptibles y que en cuanto sale la palabra "maricón" nos atacamos. O sea, que no hay por qué sacar de quicio las cosas. ¿Quiénes serán entonces esos cobardes a los que hay que matar? (¿Y por qué hay gente de México que me cuenta que desconocen esa acepción de la palabra "maricón", que ellos interpretan exactamente igual que aquí?).

El término "puto" (que la comedida -y española- María Moliner define como: "(grosero) Hombre invertido", de uso corriente en mexicano, y equivalente pues de "maricón", se repite insistentemente a lo largo de toda la canción. No menos de quince veces. Es ésta una palabra que proviene de un contexto donde sólo se pronuncia con incuestionable vocación ofensiva y amenazadora. México es, por si hace falta recordarlo, uno de los países del mundo donde se producen más asesinatos de gays y lesbianas. Las incitaciones al odio, a la humillación y al asesinato de los maricones-cobardes (de los "putos-maricones") son la columna vertebral de la canción. Y los 40 ignoran u ocultan lo que significa "puto", y nos toman por imbéciles diciéndonos, encima, que "nadie ha de sentirse herido." Tiene tanates, la cosa.

Los muchachos de Molotov, nos dicen los 40, han sufrido censura. Y claro, censurar el llamamiento al asesinato de los maricones está mal. Está tan mal que la radiocadena promociona y difunde tales llamamientos. A fin de cuentas, ellos "nos brindan otro panorama real de lo que significa vivir en las calles y de la calle." No hace falta ser un experto en semántica para saber de qué trompiates habla la canción. Ni hace falta hacer un máster para comprender cuáles son las implicaciones de canciones de este tipo. Y si hiciera falta, tampoco eso sería una excusa válida. En la defensa de los derechos y las libertades no podemos andarnos con miramientos, ni aceptar cohartadas del tipo " es que yo no lo sabía".

La canción acaba con un reto que me voy a permitir traducir, a ver si así alguien recoge el guante. "Puto, le faltan tanates al puto, le faltan trompiates al puto, le faltan tanates..." O, por decirlo en términos que podemos comprender mejor, "Maricón, le faltan cojones al maricon, le faltan huevos al maricón, le faltan cojones". Sigue informando la emisora: "en octubre se recorrerán todo el país con la gira 'Fuck You Puto Baboso Tour' que, por supuesto, recomiendan Los 40." De nuevo, traducción para quienes se escudan en la ignorancia. La gira lleva el bonito nombre de "Que te jodan, maricón baboso". Puede que los promotores de la gira de Molotov quieran salpimentar las actuaciones del grupo con agresiones y muertes.

Y, retomando el reto lanzado por Molotov, y traduciéndolo (porque hay mucha gente que hace como que "no sabe"), ¿Podemos, por favor, pedir a las asociaciones de defensa de los derechos humanos que tengan los cojones de ponerle una querella criminal a Molotov, a Pepsi, a la casa discográfica, a los 40 Principales -o a quien sea menester-, y de instar a la fiscalía a la adopción de las medidas pertinentes? ¿O vamos a esperar otro medio siglo a que le pongan una estatua a los héroes de la Comunidad Contenta, aunque en ese plazo hayan desaparecido -ellos y los que todavía creen que las cosas no pueden ir a peor- de la faz de la tierra?

(Hago esta petición el 7 de septiembre, y paso desde ya a difundirla por los cauces a mi alcance, confiando en que cuando salga esta revista a la calle se hayan dado los pasos necesarios para acabar, de una vez por todas, con esa idea de que la "libertad de expresión" ampara los llamamientos al asesinato).

Ricardo Llamas caray@mx3.redestb.es


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