BLANCO, ESPAÑOL, EUROPEO, CATOLICO, HETEROSEXUAL Y ANTIRRACISTA.

Desde hace unos meses se está llevando a cabo una campaña publicitaria "contra el racismo". En la televisión, en la prensa, en el metro, un anuncio nos presenta a personas notables de la historia que pertenecen a grupos sociales o étnicos tradicionalmente segregados: negros, judíos, inválidos, homosexuales, etc. Luego nos piden que nos comparemos con esas figuras excepcionales a ver si nosotros somos mejores, es decir, si somos premios Nobel, campeones del mundo, o genios de las artes. Y para finalizar, el imperativo: un respeto. Después se puede leer que la campaña es apoyada por diversas instituciones, sindicatos, grupos sociales y, en pequeñito, por el Ministerio de Asuntos Sociales. Los efectos de esta campaña van mucho más allá de lo que parece:

1º) El argumento de lo excepcional: mire usted, hay que respetar a ese negro porque es Premio Nobel, es un triunfador, un héroe, un genio. Consecuencia que se puede deducir: excepcionalmente, hay personas de estas razas que son admirables (es decir, a pesar de ser negro, ha llegado a Premio Nobel).

2º) El reforzamiento del estigma: cada uno en su casilla, con el letrero. En vez de cuestionar o disolver las categorías (de raza, de identidad sexual, de nacionalidad), se refuerzan. El criterio de normalidad sale victorioso: el que ve el cartel y no es ni judío ni homosexual ni negro ni argentino, pensará: qué suerte ser normal (euroespañol, blanco, heterosexual y católico), no como esos pobres.

3º) El respeto es una forma del miedo: esta frase es de Sócrates, y da en el clavo. Lo que se entiende por "respetar" traduce tácitamente un miedo a la diferencia, un distanciamiento. Respeto, tomado del latín respectus (de spectare, contemplar, mirar) significa "acción de mirar atrás, miramiento", es decir, contemplar a distancia. El miedo al otro subyace en el respeto. De ahí expresiones como "sí, yo a los maricones les respeto mucho, mientras no se metan conmigo", o "esta persona me impone respeto" (o sea, me da miedo pero dicho a lo fino).

4º) Otro efecto muy sutil de este anuncio es el de separar el racismo del Estado. En los últimos años los gobernantes se esfuerzan en señalar que el racismo es un lamentable fenómeno social, local, marginal, propio de individuos sin valores, agresivos, incultos, etc (el cabeza rapada como coartada). Así se distancian del asunto, por negatividad (eso es malo, como yo no soy eso, yo soy bueno) ocultando la vertiente estructural del racismo de Estado . El mismo gobierno que ha creado los GAL, que ha aprobado las leyes de inmigración, que expulsa a los africanos antes de que lleguen a la costa de Europa, que criminaliza la insumisión encarcelando a jóvenes por motivos de conciencia, que vota en contra de todas las propuestas parlamentarias para que los homosexuales tengan los mismos derechos que los heterosexuales, que permite a sabiendas el lento exterminio de la mitad de los presos del Estado, infectados del virus del sida, que favorece la especulación inmobiliaria y el desalojo de familias gitanas, ese mismo gobierno, por medio del Ministerio de Asuntos Sociales, hace una campaña pública contra el racismo y la segregación.

Realmente es una campaña excelente.

NOTAS:

Para la cuestión del racismo de Estado, ver el excelente libro de Michel Foucault Genealogía del racismo, en Ediciones La Piqueta, Madrid, 1992. Por otra parte, la reciente denuncia de Amnistía Internacional sobre la tortura en España no es una excepción de la conducta habitual de los cuerpos y fuerzas de seguridad de este Estado. Aquí se tortura habitual e impunemente. Antes de dar lecciones de Derechos Humanos en el extranjero, habría que pedir al presidente del Gobierno explicaciones sobre un cuerpo tan funesto como la Guardia Civil.

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