Pueblo Rroma, el trato de la diversidad desde una perspectiva intercultural e intracultural 

Demetrio Gómez.



Mayoría, minoría y diversidad

Las relaciones que se establecen entre dos culturas que comparten un mismo espacio y, por tanto se hayan en una situación de coexistencia, se suelen desarrollar con dificultad, no tanto por la incompatibilidad que pudiera existir en si mismas en cuanto a estilos de vida y valores, sino mas bien por factores que están ligados a los contextos políticos, las relaciones de poder y como se percibe al otro y su diferencia.

Cuando nos referimos al término minoría es importante también que entendamos el significado y en que sentido aplicamos esta terminología, los conceptos mayoría y minoría no se refieren tanto al número de personas que conforman un grupo sino mas bien a la posición que ocupa de poder y dominación de uno con respecto al otro. En este caso concreto, la población Rroma se haya en una clara situación de desventaja no solo numérica sino también de acceso a los medios e instrumentos de poder, instrucción, subsistencia, comunicación, sanitarios… etc. A todo esto debemos añadir, además, la influencia de fuertes estereotipos y de un arraigado rechazo histórico que crea un espeso muro de incomprensión que añade más dificultades, si cabe, no solo al diálogo intercultural sino también al campo de los relaciones interindividuales e intergrupales.

Estas cuestiones obstaculizan gravemente la inserción y la aspiración a mejores condiciones de vida de la población Rroma que se ve afectada en su totalidad, en mayor o menor medida, con consecuencias que dependerán de su nivel cultural y socio-económico. Determinados sectores no son capaces de superar esta barrera, aún a pesar de los grandes sacrificios que hacen por intentar salir adelante y no caer en las garras de la exclusión.

En estos sectores más desprotegidos, con menor instrucción y recursos, estas circunstancias acaban convirtiéndose en insostenibles y se ven condenados inexorablemente a soportar situaciones de “ghettización”, violación de los Derechos Humanos y a subsistir en los grandes nichos de pobreza donde, en compañía de otros desheredados, comparten situación lumpen y de competencia por los escasos recursos que existen. De esta manera llegamos al concepto de “cultura de la pobreza” donde el primer objetivo es la supervivencia. La paupérrima situación que se vive en estos guetos genera desestructuración, enfermedades sociales y violencia que afectan a todos los que se hayan ahí, sin distinción alguna por cuestión de origen, edad, sexo, religión… pero que desde la mayoría se tienden a identificar como exponencial de la “cultura gitana”, un concepto erróneo creado sobre la base de una observación superficial, plana y prejuiciosa.

Pero claro, el problema no es económico, es político, señala directa y certeramente a las diferentes Administraciones y sus prioridades, más orientadas al control social y al enriquecimiento de unos cuantos sobre la pobreza de otros muchos. Esta falta de solidaridad, el mal reparto de la riqueza y del erario público recogido a través de nuestros impuestos así como la falta de interés por crear estrategias efectivas introduce a estas personas, gitanas o no, en un bucle sin final donde marginación, pobreza y exclusión se perpetúan como una herencia maldita hacia todos sus descendientes.

Las políticas dirigidas hacia los Rroma están, en su gran mayoría plagadas de visiones estereotipadas y prejuiciosas, donde los verdaderos protagonistas se ven relegados a la categoría de usuarios sin voz ni voto y con nula capacidad de intervención. Resulta contradictorio en su propia esencia el tratar de crear estrategias de intervención intercultural cuando al grupo al que se dirigen las acciones se le reduce al rol único de usuario y los equipos de trabajo son monoculturales o/y las acciones catalogadas como interculturales se limitan a meras muestras folclóricas o gastronómicas.

Siento mucho decir que, por desgracia, muchas organizaciones Rroma han recogido este testigo del “folclorismo” y no avanzan en reivindicaciones, propuestas y proyectos, se han limitado obtusamente, ayudando en esa directriz que consciente o inconscientemente nos han marcado desde la sociedad mayoritaria de crear un prototipo de “gitanito de diseño” que genere pocos problemas, que sea sumiso y que “divierta”, que además sea conservador y exótico y que acepte las migajas que le caen cuando se sacude el mantel de las subvenciones y las celebre con sumo agradecimiento y algarabía como si fuera un premio al buen cordero en lugar de un derecho ciudadano.

Los estereotipos y su influencia en las estrategias de integración.

Según los principales estereotipos que se tienen sobre los Rroma podríamos catalogar unas tantas estrategias de intervención dirigidas hacia su integración-asimilación y que generan un amplio abanico de posibilidades.

Existen los que piensan que el proceso de inserción es una clara y absoluta responsabilidad de los Rroma y que opinan que, por tanto, deben dejarnos hacer nuestra propia promoción sin más. Esta posición tiene en su base la indiferencia y la insolidaridad y por supuesto no conduce sino a situaciones de mayor marginalidad.

Otras opciones plantean que la inserción dependerá de los recursos que se pongan a nuestra disposición, por supuesto, esa distribución de recursos la llevan a cabo de dos maneras: la paternalista y la autoritaria.

Según la primera procuraremos una integración blanda que refuerce los estereotipos denominados románticos que tienen que ver con la catalogación de los Rroma como folclóricos, amantes de la familia… lo que antes en este mismo texto denominábamos como “gitanitos de diseño”.

Según la forma autoritaria, los recursos se dirigen de forma coercitiva, estableciendo un complejo sistema de presiones y castigos, asimilación dura, que se refleja en la concesión de las ayudas, como si nos halláramos ante las bases de un neo-conductismo aplicado a lo social, jugando en definitiva con un derecho y una necesidad esencial de estas personas, el pan. El canciller alemán Willy Brandt se expreso con mucha sapiencia y claridad cuando dijo: “Los derechos humanos empiezan con el desayuno”. En la base de esta estrategia tenemos el llamado estereotipo conservador que nos cataloga como ladrones, sucios…en definitiva, como bárbaros en lo cultural y delincuentes o competidores en lo social.

De un tiempo a esta parte en algunos grupos, a los que se supone más radicales y alternativos, lo que yo llamaría “pseudo-progres”, ha surgido un interés bastante grande por los Rroma, nos ven como oprimidos, como unas victimas del sistema. Hasta ahí podemos estar de acuerdo, el problema viene después cuando piensan que los propios Rroma no somos capaces de organizarnos y que ellos deben guiarnos hacia la revolución, introduciendo sus propias ideas y modelos de liberación, sin tener en cuenta las variantes culturales, el contexto y la idiosincrasia Rroma, eso nos lleva al adoctrinamiento ideológico. En la base hay también un estereotipo, que se sustenta y enraíza en las concepciones más marxistas, las mas “hippies” o “new age” aderezadas con unos toques de estereotipos románticos. Una buena ensalada propia de la “nouvelle cuisine”.

Discriminación: la romafobia y el antigitanismo

Como hemos podido observar en estas estrategias de intervención nunca se tienen en cuenta a los propios Rroma como actores ni tampoco hay un interés por saber quiénes somos sino quienes creen que somos o como creen que debemos comportarnos, algo muy lejos de la única posibilidad para un crecimiento conjunto, en armonía y respeto, la interculturalidad.

Ya hemos visto como nos tratan en líneas generales los estados y como desarrollan sus estrategias de intervención pero ahora vamos a ver que sucede en el terreno ya no de lo político y de las estrategias sino del trato diario, las relaciones intergrupales e interpersonales.

En general, podemos decir que la sociedad mayoritaria posee tres mecanismos claros de exclusión:

Estas situaciones que deberían ser penadas por ley y en las que deberíamos poder contar con los instrumentos legales adecuados para tener una protección frente a estas injusticias, a la hora de la verdad están cometiéndose con total impunidad por varias razones, la primera por el propio desconocimiento de las victimas sobre cuales son los derechos que les asisten en caso de hallarnos ante una situación de discriminación, la segunda es la pasividad social ante los actos de racismo cometidos contra los Rroma o, en el peor de los casos, una clara justificación y un fuerte activismo anti-Rroma que da lugar a situaciones concretas de racismo y xenofobia que pasaremos a denominar a partir de ahora antigitanismo y romafobia por la forma concreta y especialmente exacerbada que toma en el caso de la discriminación dirigida hacia los Rroma. Ya por último, la gran dificultad que entraña a veces poder demostrar que hemos sido objeto de una acción discriminatoria en la que en muchas ocasiones tampoco ayudan mucho desde las instancias de las fuerzas de seguridad del estado.

Tampoco los gobiernos hacen los deberes al no establecer leyes concretas de protección ni seguir los plazos para las transposiciones de las directivas europeas que nos protegen ante situaciones así como es el caso de la Directiva Europea 2000/43/CE, de 29 de junio de 2000, relativa a la aplicación del principio de igualdad de trato de las personas independientemente de su origen racial o étnico, que tenía que haber estado en pleno funcionamiento desde el año 2003 como plazo máximo y que aún hoy, 7 años después, en España no se haya adaptada y desarrollada en su totalidad. Esta Directiva representa uno de los instrumentos más poderosos de los que disponemos en la lucha contra la discriminación racial y una vez más parece quedar en papel mojado por negligencia.

Los “Rroma invisibles”

Para la sociedad mayoritaria, todos los Rroma son iguales. Este pensamiento homogeneizador que rehúye al detalle y a la complejidad se debe principalmente a la concepción de que los Rroma son sobretodo y antes que nada un problema social que afecta a la mayoría y al que se debe poner freno y el interés que se profesa por la cultura no deja tampoco de ser superficial y ligado, como dije con anterioridad, a visiones folclóricas, coloreadas al gusto del observador. Como vemos seguimos moviéndonos en esa delgada franja que nos dejan para caminar y que se haya justo entre la fascinación y el odio, entre el estereotipo romántico y el conservador, blanco o negro, sin matices. Como la mayor parte de acciones y estudios que se realizan responden a las necesidades de la población mayoritaria las visiones suelen ser muy sesgadas, identificando determinados sectores de la población Rroma como los únicos existentes y se toman como referencia de todo el Pueblo. Los sectores sobre los que se centran suelen ser, como no, aquellos más necesitados ya que son a la vez los más visibles y también los más problemáticos.

La motivación para estos estudios no parte de la voluntad por mejorar la calidad de vida de un grupo humano posibilitando su progreso sino más bien de la de establecer métodos para camuflar la “basura” debajo de la alfombra, manteniendo altos niveles de control para que la comunidad no cree problemas.

Si bien es cierto que una parte considerable del Pueblo Rroma se halla en esta situación, existe también un cada vez mayor número de Rroma que han sido capaces, con mucho esfuerzo, de salir adelante, o bien, nunca se han tenido que ver en esas circunstancias.

No dependen o no han dependido nunca de las ayudas sociales, llevan una vida que transcurre con similares complicaciones a las de cualquier otra familia media, tienen un trabajo asalariado, los hijos/as han estudiado y tienen un nivel medio, en muchos casos con estudios superiores, en ese caso concreto hablamos principalmente de mujeres universitarias, y sus relaciones con el entorno son, en general, positivas o muy positivas. A este grupo que acabamos de describir lo denominamos “gitanos invisibles”.

Este sector de población no se haya representado en los estudios y tampoco resulta visible a ojos de la sociedad mayoritaria porque, sobretodo, no crean problemas. Como la sociedad mayoritaria se ha tomado el derecho de decidir quién es o quien no es Rroma en virtud de sus intereses, han decidido que estos no cuentan y en las relaciones intergrupales e interpersonales se expresa este sentimiento con una frase bastante desafortunada que hemos escuchado en más de una ocasión “No parece gitano, ¡fíjate!”. Como si ser Rroma fuera el sinónimo de todo lo que ellos consideran negativo. Queriendo halagarnos consiguen precisamente el efecto contrario.

En las próximas semanas aparecerá la segunda parte de este artículo donde se analizará como se percibe la endodiversidad Rroma desde una perspectiva intracultural, o lo que es lo mismo desde el propio Pueblo Rroma.



El siglo XXI: La Era de la Información

Pensar que los Rroma viven en burbuja espacio-temporal, anclados en un tiempo que no pasa ni cambia, como una especie insólita que se reduce a un lugar aséptico donde no reciben influencias externas, donde se reproducen ausentes del mundo que les circunda, siguiendo un plan divino trazado en sus genes que les conduce de manera irremediable a convertirse en clones de sus padres y sus abuelos, sería el argumento de un guión para una serie de ciencia-ficción pero tiene poco que ver con la realidad.

La sociedad actual, en pleno siglo XXI, es una sociedad repleta de cambios. La información y todas las formas de comunicación han sufrido una transformación radical que solo podría ser comparable a lo acontecido hace unos siglos con la revolución industrial, o la aparición de la electricidad, y no olvidemos lo que supuso aquella revolución a todos los niveles, no solo en los métodos de producción, aparecen nuevos pensamientos filosóficos e ideologías políticas, nuevas transformaciones y órdenes sociales, nuevos estilos artísticos, en definitiva, la rueda de la humanidad dio un giro completo.

La llegada de la Era Digital ha traído consigo vertiginosos cambios, nunca antes había habido tantas opciones a nuestro alcance ni tantas posibilidades de desperdiciarlas, el mundo que nosotros hemos creado se haya en continua transformación, ahora los conceptos mutan porque los objetos mutan, y porque las prácticas sociales mutan, el acceso a la información se ha convertido en algo muy sencillo, ya no ocupa espacio y las relaciones humanas se hayan fuertemente influenciadas por las redes sociales donde las ideas se propagan, las personas comercian, se comunican, se agrupan virtualmente y se recuperan contactos perdidos porque la distancia física ha dejado de ser una barrera. Los niños nacidos a partir del año 1995 no conciben la vida sin internet o móvil y tienen una habilidad superior para manejarse en un mundo dominado por los avances de la electrónica y el poder de los medios. Esta irrupción acelerada en el mundo moderno ha transformado, sin duda, tanto las nociones de comunicación como de cultura en todo el mundo, la consecuencia de este fenómeno se llama Globalización.

Los Rroma no escapan al ritmo del mundo y también bailan al son de los cambios acontecidos, a pesar de que desde fuera se tenga la sensación de que todo sigue igual. Este movimiento de envergadura planetaria, como es obvio, nos afecta a todos y nadie escapa a esta nueva realidad, ni siquiera los Rroma. Resistirse a esta avalancha no es solo inútil sino además poco deseable, son las nuevas armas e instrumentos del milenio, puesto que mantenerse al margen es condenarse al aislamiento y la extinción.

Las nuevas generaciones gitanas también se han subido al carro de la Era de la Información y prueba de ellos es la profusión de la presencia Rroma en chats, páginas, perfiles en redes sociales… etc. que se utilizan como medio de contacto alternativo a los tradicionales ya que permiten una forma más relajada y flexible de relación e intercambio. Ya a otro nivel, también nos ha permitido entrar en contacto con otros Rroma dispersos por el mundo e incluso descubrir la existencia de otros grupos con los que raramente se había podido establecer cualquier tipo de contacto.

Esto ha posibilitado que podamos estar al tanto de las actividades de otros grupos Rroma y dar un sentido más fundamentado a la “Romipen”, sentimiento de identidad Rroma, en este sentido, la conservación o recuperación de lengua Rromaní, en aquellos países como España que por circunstancias históricas la han perdido, ha recuperado vigencia. Multitud de web’s, Blogs, radios y televisiones on line en “Rromaní Chib” están viendo la luz.

Los cambios sociales también han venido sucediéndose y el discurso sobre las libertades del individuo toma fuerza en las sociedades “democráticas”, poco a poco se han logrado grandes conquistas en este terreno y así hemos podido observar grandes progresos en las cuestiones relacionadas con el trato igualitario, las cuestiones de género, los movimientos de liberación femenina, los derechos de la comunidad LGBT (Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales) así como de otros grupos que hace no demasiado tiempo eran ignorados o despreciados, o al menos así parece de cara a la galería porque paralelamente a estos avances también ha habido un sensible aumento de los movimientos de ultraderecha, los discursos xenófobos y la violencia racial y se siguen vulnerado repetidamente los Derechos Humanos en muchos lugares del planeta incluida nuestra civilizada Europa.

La influencia de la sociedad mayoritaria en la percepción de la endo-diversidad

Nos enfrentamos ahora a lo que será el bloque más difícil de abordar, no tanto por su complejidad, que la tiene, sino por la falta de estudios, datos y ensayos al respecto. La diversidad en la diversidad o lo que técnicamente hemos denominado aquí como endo-diversidad.

La cultura Rroma tiene en su base un arraigado sentido de la colectividad y todo se haya encaminado al mantenimiento y perennidad de esta característica, desde la propia estructura familiar, por linajes, a la vivencia diaria no solo con los propios miembros de la familia sino con el resto de Rroma. Si bien no está de más explicar que a pesar de la imagen de unión férrea de todo el colectivo que se percibe del exterior, al mismo tiempo, las familias viven con bastante independencia unas de otras cuidando de sus propios intereses y solo se unen todas haciendo frente común ante un ataque externo al grupo, el ataque “gadje”.

Los problemas internos, problemas entre familias, se resuelven también de manera interna utilizando los propios recursos y sistemas tradicionales, la puesta en conocimiento a las autoridades, la intervención de la justicia “no-Rroma”, constituye una ofensa y una grave falta a las costumbres. Aunque estos conceptos tan rígidos también están variando, en base a todo lo que hemos venido explicando a lo largo de este artículo, aún son práctica bastante más que habitual para muchas cuestiones que no admiten discusión.

La estructura y organización interna Rroma parte de una jerarquía muy clara según género, edad y estatus (casado/a o soltero/a) con funciones bien definidas. Nos hayamos frente a una sociedad tradicional, patriarcal y patrilineal.

Además, no debemos olvidar que estamos hablando de una cultura de origen oriental que divide el mundo en dos, lo puro y lo impuro, entendido este concepto como algo no solo de trascendencia espiritual sino también física de los objetos, las personas, los lugares…a todo aquello que se considere impuro se lo mantiene lejos por miedo a que “contaminen” a quien tome contacto con ello.

Como todas las culturas del mundo se tiene tendencia hacia el etnocentrismo y, por supuesto, puro será todo aquello que se considere Rroma e impuro todo aquello que provenga de fuera, lo “gadje” ¿Pero cómo se decide lo que es puro o impuro, lo que es o no es Rroma?

Hasta hace relativamente poco la cultura Rroma ha sido ágrafa, no existe un manual del “buen Rroma”, las tradiciones, costumbres y usos sociales se transmitían, y así se sigue haciendo, de manera oral y por imitación, en el seno familiar, y se aceptan arbitrariamente por los miembros de la comunidad que reside en ese lugar concreto, ya que si bien existen unos rasgos generales comunes en todos los Rroma también tenemos usos y tradiciones específicos que pueden establecer algunas diferencias no solo entre países y regiones sino, incluso, hasta entre barrios y familias.

Al no existir una ley por escrito, la forma de certificar que estos usos sociales y costumbres se cumplen a la perfección es por medio del control social. Como todos nos conocemos hay que procurar dar un “buen testimonio” que todos puedan percibir y aprobar públicamente. Claro que no siempre se está del todo de acuerdo porque como hemos argumentado con anterioridad determinados usos o costumbres varían según ciertos factores y, por supuesto, la guía que voy a usar para “medir” será en base a las que practique mi comunidad, mi grupo y sobretodo mi familia.

Al ser la familia el eje sobre el que todo se construye y dado que todo está planteado desde esa base de la colectividad, las acciones del sujeto implican a toda la familia y las acciones de la familia también definen al individuo por lo que recobra fuerza la idea del “buen ejemplo” no solo por ti sino también por el resto de miembros del linaje.

Ahora ya podemos unir los componentes y ver el “cocotal” que resulta de este choque. Por un lado tenemos una sociedad mayoritaria, poderosa, imperialista, dueña de los instrumentos tecnológicos y que marca el ritmo y, por otro, una sociedad minoritaria, perseguida, excluida, a la que se le niega su identidad y sus derechos y que se defiende con todos los medios que tiene a su alcance por mantener su identidad y también por subsistir contra todos los elementos.

El resultado de esta lucha sin cuartel contra la asimilación y la extinción provoca un proceso que no tiene nada de excepcional y que se estudia en sociología. El ataque continuado y denigrante al que nos somete la sociedad mayoritaria provoca una reacción de defensa del grupo que se cierra sobre sí mismo, reafirmándose, y una ruptura del diálogo entre ambas culturas. Eso se traduce en endogamia, matrimonios solo con miembros del grupo, y en una esencialización de los valores que nos definen o que creemos nos definen, y aquí hago mención de nuevo a la Teoría de la Profecía Cumplida.

Los grandes cambios que se producen en el exterior del grupo se perciben como un absoluto desenfreno y provoca desconcierto sobre como afrontar esos cambios y la actitud para recibirlos que en la mayoría de los casos es con recelo, miedo e inseguridad. Las actitudes frente al cambio al que se nos induce de manera obligatoria provocan una serie de reacciones que se podrían catalogar en siete puntos, lo que llamo las 7 dinámicas del cambio.

  1. Los individuos se cierran sobre sí mismos. El miedo provoca el retraimiento.

  2. Se piensa más en lo que se pierde que en lo que se puede ganar.

  3. No todos los sujetos se encuentran con la misma predisposición hacia el cambio. En esa escala habrá desde quien se entrega sin reservas hasta quien rechaza de manera rotunda esa nueva situación.

  4. Las personas tienen miedo de no disponer de los recursos suficientes para afrontar con éxito los cambios. No hablamos solo de recursos económicos sino también a nivel de instrucción, competencias…etc.

  5. Quienes se hayan en esta situación se hayan tan preocupados por lo que está sucediendo que se pierde la perspectiva de que TODOS se encuentran en el mismo caso.

  6. Cuando estos cambios se producen de manera rápida y continua, sin tiempo para adaptarse, se provoca rebelión y rechazo por parte del grupo afectado.

  7. Si se eliminara esta presión todo el grupo volvería a su posición inicial, lo que que quiere decir que esta inducción obligatoria al cambio y proveniente del exterior no influye de manera esencial al grupo ya que no se ha producido por autodeterminación comunitaria libre.

La esencialización y sus consecuencias

Hemos visto como este valor de vida en colectivo entra en contradicción con el sistema mayoritario que centra su idea en el individuo y los derechos que como tal le corresponden. Hemos analizado también como influyen las políticas asimilacionistas impuestas a los Rroma y además la fuerte Romafobia y antigitanismo existente en las diferentes sociedades. El conjunto e interacción de estos elementos crea el caldo de cultivo idóneo para que se produzca este fenómeno de esencialización cultural.

El proceso, para explicarlo en pocas palabras, sería este; me reafirmo en mi diferencia, real y en otros muchos casos “inventada”, o creada a partir de los estereotipos que los “no-Rroma” nos han repetido hasta la saciedad, para no parecerme a ti, que eres el enemigo y al que identifico como responsable de mi situación.

La cerrazón creada por siglos de rechazo y exclusión continuada refuerza el sentido de pertenencia al grupo y provoca que todo lo que provenga del exterior sea contemplado como un peligro.

Como decía con anterioridad no estamos ante un fenómeno desconocido, en cierta forma es muy similar, salvando las distancias, a otros procesos que las minorías han vivido y siguen viviendo en Europa, sin ir más lejos en nuestra vecina Francia y su actitud cara a los magrebíes de segunda generación y en especial hacia los que viven sobretodo en las periferias.

Las consecuencias de esta esencialización son muy claras y se deducen de manera lógica a partir de la propia estructura cultural:

Como vemos, en resumidas cuentas, la intolerancia y exclusión al que nos somete la sociedad mayoritaria provoca impermeabilidad hacia nuevas formas de “gitaneidad” y rigidez extrema en la aplicación de la normativa social tradicional.

Los mecanismos de control y de exclusión específicos de los Rroma

Ya hemos visto cuales son las características de la esencialización y la importancia que tiene el ser y el parecer en la sociedad Rroma.

Podemos hacernos una idea bastante aproximada de lo difícil que puede resultar la vida en el grupo para alguien que ose disentir y no seguir las normas, esa insumisión puede costar muy cara al que las infringe y también por extensión a su familia, por ello todo el mundo se cuida de expresar determinadas opiniones o adoptar determinadas posturas de manera pública. La hipocresía social es una forma de supervivencia y de adaptación en el grupo para aquellos que aún a pesar de no tener esta mentalidad e incluso no cumplir, a nivel privado, con el modelo impuesto quieren seguir siendo bien considerados por la mayor parte del grupo. Esto hace que los cambios se produzcan y acepten con mucha lentitud.

Los mecanismos de control y exclusión propios de la cultura Rroma se podrían catalogar en:

  1. El honor, que representa la pureza del cumplimiento de las normas. Por tanto el incumplimiento de las mismas atenta de manera directa contra este principio que rige todo.

  2. El ostracismo. A aquellos que no siguen las normas se les van cerrando y cortando las relaciones sociales que puedan tener. El miedo a encontrarse en esta situación hace que se produzca un discurso de “hipocresía social”.

  3. La rumorología. es una forma de control social, no provoca un enfrentamiento directo. La finalidad del rumor es la de hacer sentir al interesado que está infringiendo las normas para que establezca algún tipo de auto-censura y de auto-control de sus acciones empujado por el miedo al qué dirán y por la incomodidad de sentirse siempre cuestionado. Hacer evidente el rumor, verbalizarlo en forma de acusación directa, sería el paso definitivo para la exclusión del individuo del grupo.

Veamos como se plasma esto en la vida real.

Dado que el honor es el principio que lo regula todo y que la mujer es la depositaría familiar del mismo en base a su honra, cualquier “desviación” al modelo impuesto supone tocar los cimientos que sustentan este equilibrio. Así mujeres que optan por un trato igualitario, que luchan por su libertad para tomar decisiones o que deciden llevar un estilo de vida diferente a la del resto se hayan ante enormes obstáculos que les provocan continuos enfrentamientos fuera y dentro de sus familias. El control social que se ejerce no es solo por parte de los hombres, las mujeres, en general, sirven para difundir la “fama” de la susodicha y en ocasiones con mayor crueldad y dureza para que la propagadora demuestre ser y se sienta a sí misma como “más gitana” y más “honrosa” en comparación con la otra. Como esto afecta también al resto de la familia, estas mujeres se hayan ante tremendas dudas existenciales sobre lo que deben o no deben hacer, acerca de su identidad, luchando no solo contra los factores externos sino también con su propia psicología y auto-estima ante posiciones tan contradictorias entre la modernidad y la tradición. El proceso de auto-afirmación no es en absoluto sencillo y se paga con mucho sufrimiento interno y, en según que casos, hasta físico.

En el caso de los Rroma LGBT, si hablamos de los gays, se “acepta” mejor si el varón adopta un rol de inferioridad y se presta como recurrente recurso cómico. Ser gay se asume como un acercamiento al rol femenino por lo tanto se entiende que ha trascendido la línea prohibida del otro bando, una ofensa a la virilidad y, claro está, al honor. Cuando es evidente, muy “afeminado”, se espera que suprima su sexualidad y se mantenga viviendo con sus padres cultivando los estereotipos que se tienen sobre el comportamiento o el rol femenino. Eso si, siempre y cuando no se haga un “apaño” para salvar la imagen de la familia. En el caso de que su orientación no sea evidente se le considera peligroso, es un infiltrado o un “vicioso”. Las lesbianas son invisibles. En el caso de la transexualidad el sujeto abandona el grupo y se retira para vivir su situación fuera del lugar evitando su identificación con el clan familiar.

El proceso psicológico al que se enfrentan los Rroma pertenecientes a este colectivo es, en la gran mayoría de los casos, traumático y, como cuando nos referíamos a las mujeres, también surgen dudas existenciales y de identidad. Es tanto el peso de la educación y la presión social que se acaba interiorizando un dispositivo de control interno que provoca un continuo sentimiento de culpabilidad y de soledad difícil de erradicar, que en muchos casos continua de por vida, y que afectan en las relaciones sentimentales y puede llegar a bloquear una práctica desinhibida de su sexualidad. Evidentemente esto trae problemas agudos de aceptación, inestabilidad emocional e inmadurez afectiva, al mismo tiempo una que una continuada lucha interna que algunas veces puede derivar en tendencias suicidas, depresión o adicciones.

Si hablamos de aquellos que viven con represión su sexualidad nos encontramos con matrimonios pactados, en el mejor de los casos, o Rroma que llevan dobles vidas con la angustia que ello conlleva y que en ocasiones puede derivar no solo en fuertes adicciones sino también generar situaciones de maltrato doméstico.

Como hemos ido explicando a lo largo del artículo, las generalizaciones pueden servirnos para organizar nuestros pensamientos, es una simplificación a veces necesaria para poder analizar la raíz de algunos problemas, pero tomarlas como verdades absolutas nos haría caer también en visiones estereotipadas, y si bien lo que acabo de explicar es moneda corriente no podría ser aplicado en todos los casos, hay siempre excepciones que, como dice el refrán, confirman la regla.

El cumplimiento en mayor o menor medida de este análisis general tendrá mucho que ver con la familia, el lugar de procedencia, el contexto, el nivel económico y sociocultural… en fin, un gran número de factores difíciles de enumerar, lo que si es un hecho es que nunca es un camino de rosas.

El objeto de este artículo no ha sido el de hacer un ejercicio intelectual sino el de procurar que se pueda comprender y visibilizar a esos Rroma diversos/as que a causa de esta múltiple marginación interna y externa viven situaciones de terrible incomprensión y soledad y al mismo tiempo intentar concienciar y provocar la reacción de aquellos Rroma que, sin ser objeto de este artículo, si pretenden optar a nuevas formas de gitaneidad.

Desde el Pueblo Rroma y a través de nuestras asociaciones, el tema del asociacionismo Rroma nos daría para otro extenso artículo, se reivindica cara hacia la sociedad mayoritaria un mayor respeto a la diferencia, reivindicación muy lícita y necesaria, pero este valor no puede ser aplicado a conveniencia del interesado.

Ser respetuoso con la diferencia y hacer de esta un caballo de batalla implica ser coherente con la que se pide y ser capaz de aplicarlo efectivamente, eso significa que la lucha del pueblo Rroma no puede ir separada de otros grupos que también se hayan en situación de minoría y que son vulnerados en sus derechos. Aún más justificado cuando nos referimos a nuestra propia diversidad interna, ¿Cómo podemos condenar a otros Rroma a sufrir la exclusión, la soledad, el maltrato y la tortura de la culpabilidad por el hecho de ser diferentes?, ¿No nos damos cuenta de que esa forma de actuar y ese rechazo es el que nuestro Pueblo ha vivido durante siglos? ¿Como podemos erigirnos en verdugos de nuestros hermanos/as cuando sabemos, por haberlo vivido en nuestras carnes, lo que es el sufrimiento y el apartheid?

Recordemos que nuestras acciones tienen consecuencias que impactan sobre otras personas, Rroma o gadje, reales, con nombres y apellidos, quizás en alguien cercano y querido, más próximo de lo que puedes imaginar, por eso, porque todos y todas somos personas, un respeto.






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