ENTREVISTA CON SARAH SCHULMAN

 

 

Por Javier Sáez.

 

 

Su novela Buscando a Delores (Ed. Huerga y Fierro) acaba de publicarse en España. Catorce años tras su aparición en Estados Unidos ¿Cuál es tu opinión sobre las novelas escritas por lesbianas fuera del armario, o sobre novelas que muestran los sentimientos y las vidas de las lesbianas? ¿Es más fácil publicar ahora o siguen siendo rechazadas por los editores?

 

En los EEUU ahora es más difícil publicar novelas sobre gays y lesbianas que hace diez años. Se publica pensando en los importadores ingleses, pero para el público y el mercado americano es insignificante. Hace diez años en EEUU. la sociedad vivía un momento más vibrante, más agitado. En el caso de España, tengo la impresión de que cuando publiqué las otras dos novelas (Gente en apuros, y Empatía, Ed. Alfaguara) había aquí una mejor recepción de los libros que mencionaban el SIDA, había más lugares donde hablar de ello. En cambio ahora creo que ambas sociedades, la americana y la española se han cerrado ante este problema; por ello, quizá Buscando a Delores aparece en España demasiado tarde.

 

Empatía trata sobre todo de psicoanálisis y Gente en apuros muestra la gran crisis del SIDA, mientras que Buscando a Delores es más una novela policiaca de lesbianas, más clásica y más fácil para el público. ¡Sin embargo se ha publicado en España después de las otras dos!

 

 

En Buscando a Delores, como en casi todos tus libros, muestras una visión muy real de la vida en Estados Unidos, especialmente en New York: gente sin hogar, drogadicción, racismo, homofobia, paro, carencia de un sistema de seguridad social... ¿Cómo valoran los lectores esta versión de los Estados Unidos, tan diferente de la imagen idílica que dan los medios de comunicación?

 

 

Tengo una relación bastante buena con mis lectores, porque habitualmente no encuentran libros donde se vea representada su propia vida,. Recibo muchas cartas de gente que me dice “es la primera vez que he visto mi sufrimiento, mi vida, mi mundo representados en una ficción”. Mis libros se han publicado en griego, japonés, portugués, en muchas lenguas, y la respuesta es parecida, la gente aprecia ver un componente humano que a la vez sea psicológicamente complejo, y no esos personajes totalmente positivos que solemos ver en las novelas, que no tienen nada que ver con los seres humanos. Creo que la gente está interesada en ver cosas reales, quiere poder reconocer sus problemas y su complejidad interior.

 

 

 

En tus novelas aparecen personas marginadas, alcoholismo, violencia, sexo explícito entre mujeres; estos temas no son muy frecuentes, ni siquiera en la literatura escrita por gays y lesbianas. Tú sueles decir que existe actualmente una tendencia a hacer una literatura gay más digerible para el publico hetero. ¿Por qué? 

 

 

A los heteros les gusta leer libros en los que los gays hagan alguna de estas tres cosas: salir del armario (esto les resulta muy interesante), morir de sida, y ser el mejor amigo de un hetero muy famoso e importante. Y esto es lo que ves en las series de televisión, en los anuncios, en las películas... siempre esos tópicos. Y esto tampoco ha cambiado respecto a las mujeres, la situación es dramática. En los Estados Unidos hay ahora un movimiento cultural muy conservador, todo está retrocediendo, hay mucha represión social y cultural que no favorece otros tipos de representaciones de gays y lesbianas más diversas o realistas. Incluso gran parte de los creadores gays se han adaptado a esta dinámica, con el fin de integrarse en el mercado y ofrecer lo que el público hetero quiere escuchar.

 

 

La tragedia del 11 de septiembre está siendo utilizada por el gobierno de los Estados Unidos para eliminar muchos derechos civiles y potenciar el patriotismo. ¿Cuál es tu opinión sobre esta nueva situación?

 

New York y los Estados Unidos siempre han sido dos cosas muy diferentes, pero ahora están convirtiéndose en lo mismo, esa es la principal consecuencia del atentado. Es algo muy complicado de explicar. Las personas que murieron en el World Trade Center eran en su mayoría gente de blanca de clase trabajadora: policías, bomberos... gente muy conservadora, o bien gente de clase alta: ejecutivos, empresarios. Las familias de estas personas tan conservadoras de pronto vieron a sus seres queridos torturados, asesinados, y la reacción que se impuso fue la del patriotismo, una actitud a favor de la guerra, y un racismo generalizado. El resto de los americanos, que siempre ha odiado New York porque es una ciudad interracial, donde hay muchos judíos, homosexuales, etc, vieron imágenes del sufrimiento de personas que eran exactamente como ellos, gente blanca de clase trabajadora, de modo que se identificaron con esa misma reacción patriótica.

 

Los americanos están tan poco informados sobre lo que pasa en el mundo, que no lo comprenden. No tienen ni idea de por qué ocurrió aquello, no saben nada del daño y el sufrimiento que nosotros hemos hecho a otros países, de modo que han aceptado fácilmente esa idea del Imperio del Mal que les ofrece el presidente Bush y la televisión: “nosotros nunca hemos hecho nada equivocado, ellos nos odian porque defendemos la libertad, ellos están todos locos, no creen en la vida como nosotros, etc, etc”. Ahora teníamos la oportunidad de comprender que cuando bombardeamos Irak fue esto mismo lo que las víctimas vivieron, ese dolor y ese sufrimiento. Hemos perdido esa oportunidad. En New York encuentras banderas por todas partes, la gente está a favor de la guerra, y no hay ningún espacio público para discutir qué está pasando y por qué. Es verdad que a pensadores críticos como Chomsky nunca les han dejado expresarse en los medios mayoritarios, pero ahora es aún peor.

 

 

En tu ensayo My American History analizas la crisis del sida y sus consecuencias políticas y sociales en la época de Reagan y Bush (padre) desde tu perspectiva, la de una activista de ACT UP. ¿Cómo está la situación ahora respecto al sida?

 

Bueno, hubo un gran debate en el activismo sobre la cuestión del acceso mundial a los medicamentos, porque en EEUU se podía acceder a la medicación pero no en el resto del mundo. El tema del acceso a los medicamentos produjo una división radical dentro de ACT UP hará unos 10 años. Al principio de la crisis casi todo el mundo en EEUU podía acceder a los medicamentos, éramos todos iguales. Aunque luego se vio que muchos de esos medicamentos eran muy peligrosos y que incluso a veces mataban a los enfermos en vez de curarlos. Después aparecieron nuevas terapias combinadas, nuevos medicamentos más eficaces, pero muy caros y difíciles de conseguir, y se produjo esa división dentro de movimiento, entre los que podían permitirse acceder a estos medicamentos y los que no. El debate nos dividió entre los que queríamos promover el acceso de todos a estos nuevos medicamentos, y los que preferían sólo potenciar la investigación en nuevos medicamentos más eficaces. Esto disolvió el movimiento, y las consecuencias las vemos ahora especialmente en la gente más pobre, que ni siquiera tiene acceso a los medicamentos más convencionales.

 

 

 

El famoso musical Rent se representó en España el año pasado. Rent es un plagio de tu novela Gente en apuros. ¿Cuál es la situación actual ante este plagio, recibiste alguna compensación?

 

 

 

Yo nunca busqué una compensación económica, como ya expliqué en mi libro Stagestruck. Apareció un artículo en el New York Times reseñando este libro, en él el abogado de los acusados comentaba que el autor de Rent (que murió justo antes del estreno de la obra) había reconocido públicamente haber leído mi libro; el abogado también reconocía que había muchas similitudes entre ambas obras y que se copiaron muchas ideas directamente. Ahora todo el mundo lo sabe. Eso es lo que yo quería, que se reconociera, y así ha sido. Nunca reclamé dinero. Obviamente, no les caigo bien a las personas que están enriqueciéndose con Rent, a veces me amenazan, son personas muy poderosas, pero sobre todo temían que les acusara por la vía penal, lo cual supone un proceso muy largo y costoso, pero no lo hice.

 

Lo que pasó con mi novela forma parte de una estrategia muy habitual: obras que surgen de culturas marginales, como Gente en apuros, son aprovechadas por el sistema para su comercialización a gran escala, eliminando toda su crítica y sus elementos más originales. Esto ocurre muy a menudo, mi caso no fue un caso aislado.

 

 

 

Has mencionado Stagestruck, en este libro haces una brillante crítica de la cultura gay como un grupo objetivado para el consumo y el mercado, y denuncias cómo los propios gays se han visto fascinados por ese mercado. ¿Crees que los gays y lesbianas podrían crear otras formas de vida, diferentes a ese modelo estandarizado por el mercado?  

 

 

Esto tiene que ver con el capital Ahora formamos parte del sistema capitalista, hay un mercado gay y sólo mercado y mercado. Al principio, los gays estaban encantados con beber una cerveza que reconociera a los gays y que quisiera su dinero, porque nadie lo hacía, pero ahora todo el mercado quiere tener a los gays como consumidores, de modo que toda la cultura gay está incluida dentro del capital. De todas formas, siguen surgiendo movimientos interesantes, como el movimiento anti-globalización, hay mucha gente organizándose y haciendo propuestas críticas y originales, y por supuesto hay gays y lesbianas que viven de otra manera y que se implican en otros movimientos sociales.

 

 

Tu fuiste  una de las fundadoras del grupo de activistas lesbianas “Lesbian Avengers” (Lesbianas Vengadoras*), en 1992, un grupo muy original de acción directa. ¿Cuál es tu balance de estos 10 años de actividad?

 

Creo que fue una experiencia muy interesante. Era un movimiento básicamente anarquista y de artistas, llegamos a tener 22 grupos en cuatro continentes. ¡Hicimos una manifestación en Washington donde participaron 40.000 lesbianas! Es difícil organizar a personas sin ningún poder, ninguna autoestima, hay muchas barreras psicológicas entre las lesbianas para crear un movimiento crítico, en eso nos diferenciábamos mucho de ACT UP, donde los hombres tenían más iniciativa. Organizar a las mujeres es más difícil, no saben cómo usar el poder, le tienen miedo, había muchas tendencias autodestructivas. Fue muy interesante, pero es algo que no volvería a hacer.

 

¿Por qué no?

 

Porque es muy duro trabajar con personas que a las que toda su vida les han dicho que no valen nada, cuyas vidas nunca han importado a nadie Se ven con el poder para decir no, pero no con el poder para decir sí, para crear, y por eso nuestra organización fue tan difícil, pero a la vez importante, porque conseguimos llegar a muchas pequeñas ciudades del país y motivar a otras lesbianas para organizarse, y llevar adelante ideas y actividades.

 

 

Se acaba de estrenar en New York tu obra de teatro Carson McCullers, donde las relaciones afectivas entre lesbianas juegan un papel central. ¿Cómo ha sido recibida la obra?

 

 

¡La han clausurado! Ha sido una experiencia muy interesante. El director es el director negro de teatro más importante de los Estados Unidos. Ha sido curioso trabajar juntos, porque Carson McCullers estuvo implicada en temas de racismo, y además ella tenía una sexualidad bastante rarita (queer). No suele haber teatro en EEUU que aborde el racismo, y menos aún el deseo de las lesbianas, y aquí nos tenías a nosotros tratando en esta obra sobre asuntos de racismo y sexualidad. El New York Times nos hizo una entrevista y nosotros expresamos nuestras ideas de forma totalmente abierta, por ejemplo yo comenté de pasada “en New York cada día de la semana puedes ver una mala obra de teatro escrita por un hombre blanco”. El periódico aisló esa frase y la puso como titular, bien grande, de modo que luego recibimos unas críticas de teatro horribles, nos llamaron comunistas... de todo. Todos los críticos de teatro de New York son hombre blancos, ni siquiera hay mujeres, así que no querían oír de ningún modo ese tipo de cosas, ello sabían que el director era negro y que yo soy lesbiana, así que dijeron “no queremos esto, no queremos este tipo de representaciones” y tuvimos que cerrar. Pero fue interesante en el sentido de que hicimos algo nuevo, conseguimos estrenar una obra con contenidos que nunca aparecen en el teatro de New York.

 

 

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Otras novelas de Sarah Schulman:

 

·         Shimmer

·         Girls, visions and everything

·         The Sophie Horowitz Show

·         Rat Bohemia

 

 

 

* Web de las Lesbianas Vengadoras::  http://home.earthlink.net/~achace/avenger.html