ANOTACIONES A LA "EPISTEMOLOGÍA DEL ARMARIO"

"Epistemología del armario" el denso, importante y valiente ensayo "queer" de Eve Kosofsky Sedgwick es un libro abierto. Como todas las grandes obras del pensamiento moderno vale mas por sus desafíos y sus interrogantes que por sus conclusiones. Por lo que cuestiona mas que por lo que enuncia. La propia autora invita a otros autores a hacer lo mismo que ella hace con algunos de los textos fundamentales de la literatura gay inglesa del siglo pasado y principios de este, empleando otros textos. Es un libro creativo, indagante, que invita a la reflexión y al debate a pesar de sus episodios de gran densidad y su a ratos excesivo rigor académico.

Sus dos primeros capítulos son la base teórica del desafío de Sedgwick y los de mayor relevancia como teoría queer aplicable a la práctica sociopolítica. El resto son audaces aproximaciones a textos que han estado despojados de su innegable carga homosexual por casi un siglo de práctica académica y crítica mayoritariamente conservadora, cegata y homofóbica.

Uno de los grandes desafíos de Sedgwick está en su planteamiento de cómo se reinterpreta un texto desde una mirada desprejuiciada y no heterosexista. Libros clásicos de la literatura inglesa como "El retrato de Dorian Gray" o "Billy Budd" no han sido leídos como obras de importante significado en el desarrollo cultural de la identidad gay moderna y los estudiosos se han acercado a ellos eludiendo su carácter político "gay" o considerando que era sencillamente irrelevante de cara a la crítica literaria o social.

Echamos de menos después de leer sus incisivos, inteligentes y desafiantes comentarios sobre estos textos que no haya extendido su labor a otras obras y otros autores. Deja el campo abierto a otros ensayistas y otras miradas. Sus análisis nos invitan a revisar algunos de estos textos y a acercarnos primera vez los que desconocemos. Arrojan luz sobre los aspectos mas oscuros de algunos clásicos de la literatura y la filosofías europea y al mismo tiempo nos restan seguridad sobre algunos puntos que creíamos claros o concluyentes en su interpretación de lo leído. Autores tan diferentes como Wilde, Melville, James, Nietzche o Proust le sirven a la autora para desvelar algunos de los aspectos clave de la construcción de la identidad gay moderna y de las relaciones sociales, psicológicas y políticas del varón moderno con el armario homosexual.

Algunas de las ideas expresadas en la primera parte del texto y otras que se desprenden de una lectura atenta del resto del libro son, además sin duda, provocadoras. Algunas aparecen explícitamente formuladas, otras son simplemente insinuadas o se desprenden de lo leído. Entre las primeras se encuentra su rechazo a continuar el debate permanente entre el constructivismo y el esencialismo por considerarlo políticamente poco productivo. Sin dejar de reconocer su importancia de cara a las formulaciones del moderno feminismo el debate de lo social frente a lo biológico muestra sus limitaciones en el terreno práctico. El saber que algo esta culturalmente construido no implica que sea de fácil desmantelamiento. Esta es una de las ideas más perturbadoras y pesimistas del libro aunque su lucidez no invita a la parálisis sino a la reformulación. Otra de las ideas, que aparece claramente enunciada, y que además se demuestra a lo largo de la lectura de todo el libro, es la de que nadie puede salir de manera total ni continúa del armario ni liberarse del todo de su recurrente hermetismo ni de su perversa influencia. Todos/as estamos en el armario con respecto a alguien, por la sencilla razón de que todos los día podemos conocer gente nueva frente a la que se levantan nuevos muros de silencio, sobreentendidos y heterosexualidad obligatoria. Y es que estar en el armario, y esta es otra de las conclusiones que pueden extraerse del libro, no es solamente una cuestión de decisión personal sino que puede contar con la colaboración o con la no-colaboración y hasta el impedimento de los integrantes del entorno. Es particularmente difícil hacer ver a quien sencillamente no quiere ver ni saber, y sobre todo eso sabemos muchos todos los gays y lesbianas cuando nos desenvolvemos en el entorno familiar, social o laboral más próximo. El armario se nos revela así como una construcción de gran resistencia a la deconstrucción total y extraordinaria flexibilidad incluso frente a la práctica política.

Aunque Segdwick en su libro hace referencia a Wilde, Proust, Melville o a James como ejemplo de autores que "no han querido ser leídos" desde una perspectiva gay y antihomofóbica no es menos cierto que en todos los países de Europa ha ocurrido algo similar con otros autores. ¿Cuántas veces se ha enseñado "La sinfonía pastoral", "La puerta estrecha" o incluso una obra tan gay como "El inmoralista" sin aludir a la homosexualidad de Gide y sin considerarlas relevantes en la formación de un discurso cultural homosexual? ¿Cuántas veces aquí se ha enseñado a Lorca a Aleixandre e incluso a Gil de Biedma sin referirse a ellos como autores en los que la sensibilidad gay condiciona toda su obra y visión poética del mundo?. ¿Cuántos han leído a Virginia Woolf, a Julien Green o incluso a Tennesse Williams sin considerar relevante su vivencia de la opresión homofóbica y lesbofóbica y su reflejo en su literatura?

La autora señala la fecha de los disturbios de Stonwell en 1969 y la consiguiente creación del moderno movimiento de liberación homosexual como un antes y un después en la creación literaria y en la práctica política. Pero reconoce que esto no ha supuesto una salida masiva del armario sino que ha hecho todavía más complejas las relaciones con la institución del secreto.

Los que hemos estudiado literatura en el instituto o en la universidad reconocemos en el libro de Segdwick la denuncia de la crítica literaria pacata y de la práctica histórica elusiva. Así, tal y como ella comenta, no es sólo preocupante el que no se reconozca la homosexualidad de autores clásicos sino el que además se considere que esta es irrelevante a la hora de estudiar su vida y su obra. La estulticia y el prejucio del ámbito académico español tienen mucho que aprender del enfoque y el análisis a la vez inteligente e incisivo de la autora.

Otro de los puntos de interés para un posible debate a partir de la lectura del libro de Segdwick es el de la situación de subdesarrollo de la teoría gay frente al notable desarrollo epistemológico y crítico del discurso feminista. Como afirma Gayle Rubin "En comparación con las políticas de clase, raza o género las políticas del sexo se encuentran relativamente subdesarrolladas. Los liberales del sexo están a la defensiva y los radicales del sexo casi no existen". La teoría queer, de la que Sedgwick forma parte, es todavía joven, y a pesar de su innegable desarrollo, todavía no ha alcanzado la suficiente fuerza como para desvincularse del todo y caminar de manera paralela, y no subordinada, frente a otros discursos políticos, particularmente en lo que se refiere al discurso feminista, de la que ha tomado muchos de sus postulados.

Sedgwick ve la necesidad de un desarrollo particular de la crítica gay y antihomofóbica desde su propia especificidad teórica y encontrando sus propios puntos de apoyo y sus particulares líneas de desarrollo. Sin dejar de estar vinculada, inevitablemente, a las cuestiones más amplias sobre el género y la política antipatriarcal, la cuestión de los homosexuales masculinos, al igual que, en otra esfera, la de las mujeres lesbianas, ha de encontrar su propio desarrollo y profundizar en sus especificidades. La teoría queer ha supuesto un importante avance en este terreno frente a una cierta esclerosis de la teoría y la práctica de la izquierda tradicional que nunca ha abordado las luchas de género, y menos las cuestiones referidas a maricas y bolleras, con la suficiente profundidad. Esto se aprecia claramente al observar el escaso espacio ocupado por la práctica feminista y gay dentro del discurso general y globalizante de la lucha izquierdista y al mismo tiempo por la sólo relativa importancia concedida a la lucha antihomofóbica y antilesbofóbica dentro del conjunto del discurso feminista (radical o no). Muchos de los postulados que tan buenos resultados han dado en la práctica política feminista se muestran a todas luces insuficientes o incompletos en la práctica política antihomofóbica, mucho más joven en su base teórica y en su tradición activista.

 

Otro punto interesante sobre el que la autora cree necesario el posicionarse y justificarse es el de la subjetividad de los estudiosos queer frente al material que abordan. La autora dice adentrarse con "Epistemología del armario" en un terreno que, a priori, no es el suyo, el de la política gay masculina y la crítica literaria y cultural antihomofóbica. Ella se define como soltera, mujer gorda, heterosexual, feminista y sexualmente incorrecta. Una definición que la incluye por derecho propio dentro del ámbito de lo "queer" y de la práctica política del género. Pero además se ve obligada a justificar su intervención en el terreno de la historia social de los homosexuales masculinos como lo haría sin duda un crítico o un activista gay que se adentrara de lleno en los estudios feministas. Su contribución teórica es indiscutible, aunque su visión no pueda, indudablemente, ser la misma que la de un Leo Bersani o un Jeffrey Weeks al referirse a la experiencia personal con la homofobia.

Por último es ineludible destacar el interesante, provocativo y a la vez discutible análisis que hace la autora de las relaciones entre la homofobia y la homosexualidad latente en su aproximaciones a la construcción y desmantelamiento del armario homosexual. Hace suya una figura de raices freudianas sin dejar de denunciar el uso homofóbico que se ha hecho en ocasiones de ella por parte de la moderna legislación: "el pánico homosexual", que vendría a ser la reacción de hostilidad que suscita lo gay en los hombres heterosexuales que ven surgir en sí sentimientos homoeróticos. Sedgwick denuncia como por parte de los tribunales de algunos estados norteamericanos se sigue aceptando la figura del "pánico homosexual" como disculpa para la violencia que los hombres heterosexuales ejercen sobre los gays cuando a nadie se le ocurriría justificar un crimen racista o una agresión machista bajo la excusa del "pánico racial" o el "pánico de género". La autora explica como el pánico homosexual aparece latente en los textos literarios que desmenuza. Como la masculinidad y la homofobia aparecen ligados por su relación con respecto al otro, entendido como una entidad amenazante para la seguridad del orden heterosexual. Como el descubrimiento de la homosexualidad y las actitudes homofóbicas pueden aparecer ligados en un sujeto que se ve reflejado en aquello que teme y desea.

Eduardo Nabal