Los anales de la historia

 

 

Desde el inicio de la pandemia hace 25 años y, tras el surgimiento de la lamentable categoría de los “grupos de riesgo”, los gays se han revelado como uno de los sectores más activos en el campo de la prevención del VIH y otras ITS. No en vano, la ecuación Maricones=Sida supuso una nueva oleada de homofobia, esta vez cargada con el mayor de los grados de sufrimiento: la enfermedad buscada, el castigo de la agonía y la muerte.

 

Pero los gays no sólo fueron los primeros en exigir campañas de información, sino que se convirtieron en verdaderos adalides de la forma en que ésta había de hacerse. Se planteó la intervención sobre las prácticas y no sobre las identidades, sin entrar en falsas moralinas que, ajenas a las realidades de las personas, sólo servían para crear más ansiedad y sufrimiento. Ellos plantearon que no se podía intervenir en prevención si no se tenían en cuenta las condiciones de desigualdad y exclusión en que se encontraban las poblaciones diana a quienes iba dirigida.

 

Poco a poco se han ido erosionando algunos de los presupuestos heterocentrados y clasistas de la epidemiología, sobre todo por intentar hacer de la prevención un arma más certera y concreta, y como tal con un mejor resultado. La creación de nuevos tropos, como el de los HsH (hombres que tienen sexo con hombres), sirve para situar la transmisión más cerca de conceptos físicos que de los ideológicos. Hablamos, por fin de varones con pene y ano que se dan por el culo; que es la práctica que produce mas transmisiones del VIH-SIDA, y no hablamos de varones homo o bisexuales, clasificaciones éstas incluidas en una identidad binaria, homo vs.  hetero que olvida otras variables transversales: edad, cultura, raza, clase social, lugar de nacimiento..., que desdibujan el mismo sujeto al que se le dirige la prevención. Sin embargo, los diferentes sectores que intervienen en esta prevención -estamentos políticos, clínicos, ongs, activistas-, parecen empeñados en seguir utilizando como sinónimos los HsH con el colectivo homosexual o los gays. Esta asimilación no es gratuita y corresponde a varios intereses, desde el desconocimiento de la realidad homosexual, de su historia y de sus reivindicaciones, hasta la asepsia del rigor científico tan necesario en epidemiología, pasando por los que desde la homofobia mas rancia tienen interés en criminalizar la práctica del coito anal entre hombres.

 

¿Cuales son los intereses de criminalizar a un sector de la población?

¿Es un logro en la lucha contra la homofobia, este nuevo tropo de los HSH? O, por el contrario, asistimos a un nuevo intento de situar la sodomía en el lugar del pecado, del castigo, de la muerte.

¿A quien le interesa hablar de que los gays han bajado la guardia, sin preguntarse qué son y en qué condiciones se encuentran los emigrantes que tienen relaciones con hombres?

¿A quién le interesa hablar del barebacking entre gays, cuando se obvia su generalización entre los heterosexuales?

¿Desde que rigor, postcolonialista, se puede afirmar que el SIDA en África subsahariana es de transmisión heterosexual, por que en esa parte del planeta no hay relaciones homosexuales?

¿Quién se cree que un folleto va a llegar a los hombres que por el día hacen gala de su heterosexualidad y por la noche frecuentan parques y zonas de cruising?

¿Quién cree que ese mismo folleto va a cambiar las prácticas de un asiduo de las sex parties que todas las semanas se realizan en nuestras grandes ciudades?

¿Cuándo se van a dar cuenta los empresarios, que organizan esas sex parties en sus locales, que la distribución de condones y crema lubricantes es tan necesaria como la lejía que echan en el inodoro?

¿Cuándo se van a dar cuenta los epidemiólogos y las autoridades sanitarias que darse por culo no te crea un status, una identidad ni una cultura?

Son muchas las preguntas, y tenemos que seguir buscando respuestas, porque mientras el SIDA y la Homofobia siguen matando.

 

Sejo Carrascosa, Técnico de prevención en VIH, SIDÁLAVA.