EL SUJETO EXCLUIDO

 

Cuando hablamos de ciencia, ¿a qué nos referimos? ¿Hay sólo una, en singular? ¿Todos coinciden en lo que es La ciencia? ¿Hay ciencias duras (física, biología) y ciencias blandas (sociología, historia)? Preguntas parecidas podemos hacernos del psicoanálisis: ¿hay uno verdadero?, ¿hay consenso sobre sus objetivos y sus métodos?, ¿ha sufrido transformaciones?, ¿es una ciencia?

Para entrar en el debate, vamos a recorrer algunos tópicos sobra cada uno de estos dos campos (iba a decir: estas dos "disciplinas", pero la palabra produce escalofríos).

Dado que no hay un acuerdo sobre lo que es "la ciencia", pongamos algunos ejemplos (no exhaustivos):

- ciencia sería lo que hace en un laboratorio un señor con el pelo blanco y revuelto, gafas, una bata blanca y una probeta en la mano de la que sale un humillo grisáceo, es decir, una práctica experimental, que estudia "la realidad" mediante la observación rigurosa y objetiva, y por ensayos sucesivos hasta que descubre la verdad de los fenómenos para manipularlos a voluntad: es el sabio, ante el cual sólo cabe admiración y silencio, lo que dice es la verdad (¡oh, está científicamente probado, es cierto!);

- la ciencia es lo que hace un señor delante de una pizarra, escribiendo fórmulas kilométricas con su tiza hasta lograr el algoritmo del universo, la teoría global y unificada que da cuenta de las leyes de la naturaleza, naturaleza que, por supuesto, está escrita en caracteres matemáticos y que es racional, ordenada, y predecible: Galileo, Newton1, Laplace;

- no habría una ciencia, sino muchas, con diversos procedimientos, teorías, hipótesis, comunicaciones entre ellas, con historia, diversos orígenes, luchas internas y externas, caminos inexplorados, pasajes hacia las artes y las pasiones, calles sin salida, ciencias humanas y necesariamente inexactas, ciencias físicas, químicas, morales, corruptibles, interesadas, múltiples: es el hermoso atlas diseñado por Serres en sus Hermes2;

- la ciencia sería un intento complejo de modelizar lo real, pero sin conseguirlo nunca del todo, porque lo real participa del azar, del caos, de lo impredecible, de lo irracional, de lo paradójico, es infinitamente complejo y está atravesado por múltiples temporalidades, con órdenes que emergen del desorden, con saltos discontinuos y no derivables: catástrofes, fractales, estructuras disipativas, teoría del caos... es la nueva alianza de Prigogine3, Thom, Mandelbrot, Brillouin;

- la ciencia intenta conocer el mundo, pero sus métodos tienen límites, la herramienta teórica, formal, matemática se resquebraja por el teorema de Gödel4, la herramienta empírica hace aguas por el principio de indeterminación de Heisenberg, el objeto influye en el sujeto (relatividad), el sujeto en el objeto (cuántica), luego hay que crear un nuevo paradigma de reflexividad; es la cibernética de segundo orden5 (Pask, Von Foerster), la de los sistemas reflexivos (Jesús Ibáñez);

- la ciencia es la nueva religión, se presenta a sí misma de manera totalitaria como el único saber verdadero en el mundo actual, excluyendo otras formas de conocimiento (Feyerabend)6.

Algunos tópicos acerca del psicoanálisis:

- el psicoanalista sería una especie de confesor moderno, en el que el paciente se aliena pidiendo auxilio y consejo espiritual; el psicoanalista le seduce, y le dice lo que debe hacer para ser feliz, la manipula y le moraliza, se aprovecha de los débiles para sacarles el dinero;

- el psicoanálisis sería una teoría que da cuenta de la realidad psíquica del sujeto, un sujeto psicológico, individual, sin vínculo social; por fin tendríamos una hermenéutica definitiva del deseo, de la sexualidad, de los sueños, con un sentido final y un método para descifrar el inconsciente (la caja de víboras) y traducirlo en términos claritos a la consciencia;

- el psicoanálisis buscaría la integración de los anormales en el orden social, la salud mental, el equilibrio del sujeto, que tenga un "yo" fuerte para triunfar en la vida y vencer los complejos, y que se reencuentre con esa armonía entre los sexos que caracteriza a los seres humanos;

- el psicoanálisis sería un dispositivo más de confesión del sujeto dentro del dispositivo poder-saber-sexualidad, vinculado al desarrollo de las ciencias humanas; además estaría atravesado de categorías negativas (la falta, la castración, el sujeto vacío) de las que hay que librarse (Foucault);

- el psicoanálisis reduciría la multiplicidad de los deseos, las sexualidades, las prácticas y los cuerpos al triángulo edípico, metáfora de la familia tradicional burguesa y falocrática; este reduccionismo negaría la diversidad subjetiva y la integraría en categorías clínicas represivas (neurosis obsesiva, histeria, psicosis).

Hay más puntos de vista de lo que es el psicoanálisis, y todos ellos tienen su razón de ser. No encontramos estos tópicos en una lectura atenta de la obra de Freud, pero sí en la gestión de la institución analítica posterior a su muerte. Pero, ¿es posible que exista hoy un psicoanálisis que cuestione estos tópicos, que trabaje de otra manera, que no esté vinculado a estrategias de hermenéutica, de completitud, de saber sobre la sexualidad, de salud mental, de ciencia del individuo?

Lacan ha realizado una profunda crítica de las ciencias humanas, y del lugar que entre ellas ocupa la psicología. En 1965, Lacan declaraba: "Es bien conocida mi repugnancia por la apelación de ciencias humanas, que me parecen ser el llamado mismo de la servidumbre. La psicología ha descubierto los medios de sobrevivirse en los servicios que ofrece a la tecnocracia"7. En efecto, gracias a la obra de Lacan disponemos hoy de un psicoanálisis diferente, crítico con la psiquiatría y con la psicología, abierto a la problemática del sujeto, que propone inventar un vínculo social que no responda a los ideales sociales, que desorienta al sujeto de sus identificaciones.

Desde esta perspectiva aborda Lacan el análisis de las relaciones entre ciencia y psicoanálisis. Su concepción del psicoanálisis es, como veremos, más subversiva de lo que se supone, y comienza con un cuestionamiento del tipo de racionalidad que introduce la ciencia, y de la concepción del sujeto que ésta esconde, un sujeto autónomo, consciente de sí mismo, completo, individual (literalmente, no dividido), donde la razón y el ser coinciden. También ha destrozado la tentación del psicoanálisis de convertirse en una herramienta de adaptación a la realidad, de procurar una armonía entre el sujeto y los objetos, de promover una esperanza en la relación entre los sexos8.

Para Lacan, el descubrimiento freudiano supone un giro radical en la tradición racionalista, una verdadera subversión del sujeto. "Mi prometida nunca falta a la cita porque cuando no viene a la cita, ya no la llamo mi prometida". Esta frase de Lacan es un buen ejemplo del modo de actuar de las ciencias: lo real debe acudir siempre a la cita del símbolo; si no acude, ya no es real. El psicoanálisis, por el contrario, confronta lo simbólico, las cadenas significantes, a un real que no acude a la cita, este real es la relación sexual. Por ello, Jorge Alemán9 llama al científico "el purificador de símbolos", es decir, el que censura todo lo que la realidad tiene de imposible, todo lo que no es formalizable.

Las paradojas del sujeto, su goce imposible, su división, su imbricación en el vínculo social por el lenguaje, la hipótesis del inconsciente, todo ello resulta inaceptable para la ciencia, y es lógico. ¿Cómo aceptar la perturbación que supone que no hay una armonía entre los sexos, que no hay hombres ni mujeres, sino sólo sujetos, perdidos en infinitos caminos, embutidos en fantasmas que nos den una significación, precisamente porque la significación absoluta es imposible? ¿De qué vivirían los sexólogos, los funcionarios de la salud mental, y la alianza psiquiátrica-farmacológica que intenta hacernos olvidar esa división envenenándonos a golpe de valium10?

Pero en contra de lo que parece, hay un vínculo muy especial entre la ciencia y el psicoanálisis. En palabras de Lacan: "Decir que el sujeto sobre el que operamos en psicoanálisis no puede ser sino el sujeto de la ciencia puede parecer paradoja.[...] La ciencia se muestra definida por el no-éxito del esfuerzo para suturarlo [al sujeto]"11. En efecto, es de esta labor de sutura, de cerramiento del sujeto de lo que el psicoanálisis se ocupa, o dicho de otro modo, se ocupa del sujeto que la ciencia excluye.

Es significativo el borramiento de la enunciación, de la subjetividad, que se da en el discurso científico: "se ha descubierto..., se sabe que..., los cuerpos caen..., la realidad se comporta..., las leyes naturales muestran..., dos y dos son cuatro12". Esto produce un efecto de verosimilitud, parece que se trata de una verdad inapelable. Pero además de esto, ¿qué hay de los sujetos? La ciencia anula a los sujetos en tres direcciones: primero, como acabamos de ver, lo borra de la enunciación; segundo, borra las diferencias entre los sujetos, considera los rasgos que los vuelven idénticos (El Sujeto, en singular, la famosa abstracción) y, tercero, lo condena a un plegamiento sobre sí mismo al concebirlo como una unidad indivisible, separado del exterior13, complemento funcional de un partenaire sexual ideal, completo y racional, sin fisuras, conocedor de sí mismo, y exclusivamente consciente.

En este sentido, la ciencia desempeña un papel similar al del Estado; en palabras de Francisco Pereña: "El Estado viene a encarnar el discurso del Amo, proyecto de unidad de sentido que supla su condición metafórica (no hay poética del Estado) por una homogeneidad de la significación, eso es la muerte del sujeto, del sujeto de la enunciación"14.

Esto nos remite a la cuestión del principio. Es cierto que hay muchas concepciones de la ciencia, algunas antiguas, otras contemporáneas, más sofisticadas, más complejas. Pero todas ellas tienen un punto en común, y es compartir una concepción similar del sujeto, un sujeto asimilado al individuo, un sujeto del que no se nos dice nada. Esta confusión sujeto-individuo es muy común, y no es indiferente. Por ejemplo, veamos cómo se expresa un paradigma actual bastante reputado, el de la nueva cibernética: "un sistema, en lugar de ser una estructura definible como una realidad separada del sujeto que la considera, es una entidad definible justamente en su relación con ese sujeto"15. Muy bien, ahora somos más cuidadosos y nuestro sistema incluye al sujeto y al objeto. Pero ese sujeto ¿es el mismo que los sujetos con que se las ve el psicoanálisis? Para empezar, es uno, en singular (El sujeto, ya empezamos), y por otra parte se le supone las mismas cualidades del sujeto cartesiano. Este discurso, en realidad, consolida ese sujeto completo de la tradición ilustrada, participa en su sutura.

El psicoanálisis, por el contrario, extrae de su práctica cotidiana otras conclusiones. Los sujetos están inmersos en los símbolos, el hecho de ser parlantes produce en nosotros efectos, interfiere de manera decisiva en nuestro deseo, y nos separa del terreno de los instintos (y de la famosa determinación biológica o natural). Este precio que pagamos por hablar es la división subjetiva, un cuerpo que no podemos espiritualizar, una sexualidad que no puede ser codificada o calculada, sin garantías de ningún tipo.

Otro aspecto que diferencia al discurso de la ciencia y al discurso del psicoanálisis es la forma de abordar la cuestión de la ética. Para Lacan no puede haber una ética universal16, pues ello precisamente prepara las condiciones de la segregación y del sacrificio. A ello contribuye de manera decisiva el discurso de la ciencia, sobre todo en la medida en que se ha universalizado excluyendo la división subjetiva. En estas condiciones, es inaceptable que exista un goce diferente, que haya sujetos que vienen de otro lugar, que buscan una casa en otra parte, no en sí mismos. Este odio al goce del otro es el racismo, y eso Lacan lo comprendió muy bien cuando en Radiofonía y Televisión17 comentó que tanto Mercado Común y tanta europeización iban a ser correlativos al ascenso del racismo.

Por tanto, el psicoanálisis plantea una transformación del sujeto a partir de la transformación de sus condiciones de satisfacción. El discurso de la ciencia, y su correlato, el capitalismo, nos ofrecen una esperanza de satisfacción basada en el objeto tecnológico18. La inercia de goce que produce en nosotros este dispositivo es difícil de combatir. Jorge Alemán ha planteado la cuestión de los sedimentos de goce en las formaciones sociales19 como una posibilidad de renovación del materialismo. ¿Cómo entender si no la seducción de los países del Este por esta promesa capitalista de escaparates repletos de máquinas y objetos de consumo? De esta misma seducción en Occidente no es necesario hablar.

Además del ámbito de la ciencia, hay otra institución que también es refractaria por su estructura al psicoanálisis: la Universidad. Esto es fácilmente comprensible. La universidad está fundada desde una posición de saber absoluto, un saber que se transmite literalmente del profesor al alumno. El discurso de los alumnos, su lugar como sujetos, está borrado a priori. ¿Cómo vérselas con un discurso que niega el saber sobre el sexo, que asume la incertidumbre y que escucha las singularidades? Que el psicoanálisis esté excluído de la universidad es, a fin de cuentas, una buena señal (para el psicoanálisis, claro).

Por otra parte, la universidad se dedica a la separación de los saberes, los compartimenta para que no haya comunicación entre ellos, para que no haya reflexión. Esto, como vemos hoy en día, lleva a la muerte del pensamiento y de la crítica (la función de la universidad). La universidad, por otra parte, está incorporada en gran medida a la alianza existente entre la ciencia y el militarismo20. A lo largo del siglo XX esta alianza mortífera se ha reforzado: alianza gobierno-militares-ciencia, secreto de investigación, planificación de las líneas de investigación prioritarias, fichaje internacional de científicos militares, y financiación de la ciencia aplicada a la industria militar.

En contraste con esta máquina de anular el pensamiento, la obra de Lacan es un desafío crítico que se vale de la lingüística, la filosofía, la lógica, la mitología, las matemáticas, la antropología, la literatura..., de todas aquellas herramientas del pensamiento y de la creación que pueden abrirnos a una subversión del sujeto. Un síntoma de su carácter radical es el incomodo que provoca Lacan entre la mayoría de los intelectuales españoles21, y su exclusión de los foros de debate y de las publicaciones especializadas. Por el contrario, la fascinación por la ciencia envuelve al mundo con su manto de esperanza.

NOTAS:

1. Newton, Isaac: Principios matemáticos de la filosofía natural y su sistema del mundo, Editora Nacional, Madrid, 1982.

2. Serres, Michel: Hèrmes (cinco volúmenes), Minuit, París. Se ha traducido al castellano el quinto volumen (?), El pasaje del noroeste, Debate, Madrid, 1991. También de Serres, Atlas, Julliard, París, 1994. Más bibliografía en Archipiélago nº 13, Caos, pág. 34.

3. Prigogine, I., y Stengers, J., La nueva alianza, Madrid, Alianza Editorial, 1983. Ver también el número 13 de Archipiélago, dedicado al Caos.

4. Para las implicaciones del teorema de Gödel y el sujeto de la ciencia, ver: Lacan, J. Escritos 2, Siglo XXI, Madrid, 1985, p. 840 ("La ciencia y la verdad", texto de 1965).

5. Ver el artículo de Pablo Navarro "Sistemas reflexivos", en Terminología Científico-Social (Anexo), Román Reyes comp., Anthropos, Barcelona, 1991, pp. 418-424. También, Ibáñez, Jesús, El regreso del sujeto, Siglo XXI, Madrid, 1994. Como veremos, esta teoría cibernética siguen teniendo una concepción del sujeto bastante tradicional (su innovación radica en la nueva relación sujeto-objeto).

6. Feyerabend, P.K., Contra el método, Ariel, Barcelona, 1974.

7. Lacan, J. Escritos 2, Siglo XXI, Madrid, 1985, pag. 838.

8. Es interesante señalar que Foucault desconocía el axioma de Lacan "No hay relación sexual". Ver Michel Foucault, Saber y verdad, La Piqueta, Madrid, 1985, pág. 147. Este axioma hay que entenderlo en su sentido lógico, es decir, la relación sexual es lo imposible de escribir, no hay en lo real ningún saber que indique qué es lo que tiene que hacer el hombre como hombre y la mujer como mujer (no se refiere al acto sexual). Como veremos, la hipótesis de que no hay un saber sobre el sexo es insoportable para la ciencia.

9. Jorge Alemán, Lacan: el campo del goce, Ediciones CTP, Madrid, 1985, p. 18.

10. El fabuloso negocio de las benzodiacepinas y sus efectos sobre el organismo han sido expuestos con claridad por Antonio Escohotado, Historia de las drogas, volumen III, Alianza Editorial, Madrid, 1989, pp. 258-263, y también en el volumen II, pp. 400-402.

11. Lacan, Escritos 2, "La ciencia y la verdad", Siglo XXI, Madrid, 1985, pp. 837-840.

12. Sobre los condicionantes culturales de las matemáticas y su diversidad, ver el libro de Emmánuel Lizcano, Imaginario colectivo y creación matemática, Gedisa, Barcelona, 1994.

13. Sobre la cuestión del interior y el exterior, la aportación de Lacan es trascendental. Su cuestionamiento de estos dos conceptos por medio de la topología tiene consecuencias muy interesantes para otros campos, como la sociología. La banda de Moebius tiene una sola cara; ¿por qué sorprendernos de que la ambivalencia amor-odio tenga la misma estructura? Ver Joël Dor, Introducción a la lectura de Jacques Lacan II, Gedisa, Barcelona, 1994, y Lacan, J., "L'étourdit", en Scilicet, nº 4, p. 32.

14. Francisco Pereña: "Discurso y vínculo social: discurso perverso y excepción psicótica", en Crítica del lenguaje ordinario, edición de Román Reyes, Ediciones Libertarias, Madrid, 1993, pág. 112. Para los que aún piensan que el psicoanálisis se desentiende del vínculo social, es recomendable la lectura de este excelente artículo.

15. Pablo Navarro, op. cit. p. 418.

16. Lacan, J., La ética del psicoanálisis (El Seminario de Jacques Lacan, Libro VII), Paidós, Barcelona, 1991.

17. Lacan, J.: Radiofonía y televisión, Ed. Anagrama, Barcelona, 1977.

18. Para la cuestión del objeto técnico en Lacan y en Heidegger, ver Larriera, Sergio y Alemán, Jorge Lacan:Heidegger, un decir menos tonto, Ediciones CTP, Madrid, 1989, así como Archipiélago nº 15, pág. 70, y Archipiélago nº 16, pp. 136-137.

19. Jorge Alemán, "Psicoanálisis, revolución y deseo", en Archipiélago, nº 4, p. 43.

20. Michel Serres, "Trahison: la thanatocratie", en Hèrmes III, La Traduction, Minuit, París, 1974. Ver también Sáez, J., "El lenguaje del amo y el lenguaje del esclavo. La insumisión", en Crítica del lenguaje ordinario, op. cit., pp. 708-711.

21. Jesús Ibáñez ha sido uno de los pocos pensadores españoles que ha sabido valorar el trabajo de Lacan. Es de suponer que la academia acabará enterrando los aspectos más subversivos de la obra de Ibáñez. Esta purificación, que ya ha empezado, pasa por considerar el interés de Ibáñez por el psicoanálisis como un coqueteo sin importancia.

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