SANTO WILLY

"Tío Willy" es el primer gay televisivo de la tolerancia democrática. Es decir un gay normalizado, aséptico y para todos los públicos. "Tío Willy" se ve envuelto en amables enredos, ayuda a sus parientes y cocina para todos. "Tío Willy" apenas cuestiona nada, no práctica el sexo, ni guarda ningún resentimiento hacia el país que un día le llevó a la cárcel y el exilio por su opción sexual. Al final, imagino, y a pesar de las reservas iniciales, todos acabarán queriendo a "Tío Willy" porque "aún siendo gay", es un chico encantador. Las trampas de este presupuesto en el que se basan los guionistas y promotores de la por otro lado mediocre y mal realizada serie española protagonizada por Andrés Pajares, son trampas que encontramos gays y lesbianas en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana.

Los grupos gays que hacen suyas las demandas de una ley de parejas con derecho a herencia o que piden ser asimilados en instituciones radicalmente homofóbicas y sexistas como la Iglesia o el Ejército son los mismos grupos gays que sin duda seguirán con alborozo la candidez pastoral de "Tío Willy" y su actitud paciente, pasiva y estoica ante la homofobia. Gays a la espera de subvención millonaria y palmadita en el hombro.

En un panorama donde los ejemplos de homofobia sangrante y sangrienta se multiplican (agresiones en parques, despidos laborales, condenas de los curas y psiquiatras más carcas, artículos insultantes en prensa) se nos dice que debemos ser resignados y como "Tío Willy", una suerte de Jesucristo gay para toda la familia, poner siempre la otra mejilla.

Así cuando el grupo mexicano y ¿radical? "Molotov" saca una canción donde se invita alegremente a matar a los maricas (cuando sabemos que en Méjico los asesinatos de gays, lesbianas y transexuales son una realidad casi cotidiana) debemos hacernos los tontos y creernos que en realidad no se refieren a nosotros sino a "cobardes y soplones" según un dialecto regional. Aunque eso fuera así, el incluir términos (como "puto" o "maricón", seguidos de machistas apelaciones a la violencia), que tienen un sentido inequívoco en castellano, y se prestan a confusión, nos muestra una vez mas la escasa sensibilidad que esa izquierda, la izquierda que alegremente se autoproclama revolucionaria, muestra hacia las realidades peor reconocidas.

Mientras tanto la derecha en el poder, feliz por haber echado atrás (con el apoyo incondicional de los obispos) el derecho de las mujeres a abortar libremente , se dispone ahora a aprobar unas leyes homofóbicas e inquisitoriales donde se condena al ostracismo casi sin distinciones ni matices la pedofilia, la pornografía y la prostitución.

Vamos, sin duda, hacía atrás. Y ese "Tío Willy" tan entrañable y solidario, tan compenetrado con una España que se dice democrática y liberal, aparecerá cualquier día con el cráneo roto en la esquina de cualquiera de nuestras modernas capitales, a manos de un grupo de skins fascistas, mientras las familias "comme il faut" celebran frente al televisor su renovada condescendencia, los bares de ambiente siguen siendo ese guetto frívolo e insolidario donde rara vez encontramos apoyos y la izquierda eterna sigue sin decidirse a lavar de una vez por todas los trapos sucios de su homofobia y machismo históricos.

Eduardo Nabal Aragón.