AHORA PUEDO LLEVAR TACONES

 

 

 

            Preguntada por las posibles ventajas de la reciente separación de su marido, el actor Tom Cruise, la actriz australiana Nicole Kidman contestó: “Ahora puedo llevar tacones”. Una frase humorística de gran calado que merece figurar por derecho propio junto a otras evasivas “campy”, como aquella, ya mítica, de Marilyn Monroe que interrogada sobre lo que se ponía para dormir replicó: “Chanel nº 5”. Pero la frase de Kidman puede ser leída, y tal vez fue consciente o inconscientemente dicha, de un modo mucho más perverso que el de un simple chiste sobre el hecho de que la actriz, alta y esbelta, no llevaba tacones para no dejar en feo a su bajito marido. Pero vayamos por partes.

            Cruise y Kidman han sido una de las parejas favoritas de la rumorología profesional del mundo del espectáculo. La prensa amarilla o rosa, o de  ambos colores a la vez, de su país y de fuera de él ha alimentado los rumores con respecto a la (homo)sexualidad de Cruise y a las desavenencias internas del matrimonio. La actriz Mimi Rogers, ex del actor de “Top Gunn” y “Entrevista con el vampiro”, declaró en una ocasión a los media “El único problema de Tom es el sexo”. ¿Es Cruise gay? ¿Tiene problemas de impotencia? ¿Es su matrimonio un simple paripé?. Las reacciones del matrimonio ante estas insinuaciones siempre han sido de indignación y  rotunda negativa. El empeño de Cruise en demandar y llevar a los juzgados (consiguiendo millonarias indemnizaciones) a los que hablaban de su supuesta homosexualidad, algo parecido a lo que ha ocurrido aquí con el cantante Alejandro Sanz, no ha hecho más que alimentar los rumores. Poco antes de la ruptura matrimonial con Kidman, Cruise demandó una estrella porno que presuntamente sostuvo en una revista haber mantenido relaciones sexuales con el actor. El  star en cuestión está especializado en la modalidad de la lucha (homo)erótica y según lo publicado por dicha revista “Cruise le había pedido una pelea a dos y sexo cuerpo a cuerpo”.

 

            “Ahora  puedo llevar tacones” es seguramente sólo un chiste para la audiencia, hecho por la actriz australiana, evadiendo otras cuestiones de mayor (o menor) calado. Pero es también la frase que podría pronunciar un gay, mejor dicho “una marica” que hubiera conquistado, de alguna forma, la libertad de manifestarse como tal. Imaginemos que Cruise, haciendo gala de un sentido del humor del que parece carecer, pronunciara esa misma frase en lugar de deshacerse en elogios hacia su exmujer, demandar culturistas y hacerse fotos melosas con Penélope Cruz a la salida de una proyección privada. Los rumoreadores se verían desarmados por el poder performativo de la frase. El poder performativo no sólo residiría en lanzar a la audiencia ávida de morbo una frase que resume una parodia exagerada del género característica de, además de mujeres como Kidman, “maricas, transgenéricas o transexuales” sino en dar a entender (y al mismo tiempo hacer un chiste sobre ello) , al igual que Kidman, que su matrimonio había sido, como pretende cierta prensa amari-rosa,  una mascarada en la que llevar tacones es lo auténtico y “no llevarlos” es puro teatro, calculado simulacro.

 

La pareja Cruise-Kidman ha protagonizado “Eyes wide shut” que no sólo es el sorprendente testamento cinematográfico de Stanley Kubrick sino como dice Marie Helene Boucier un canto a las miserias y perversiones (en el armario) de la pareja heterosexual de fin de milenio. La película resulta en ocasiones aburrida, pretenciosa y desfasada por situar como perversiones postmodernas obviedades que harían enrojecer al doctor Freud. Y es que el cuento en que se basa, “Relato soñado” de Schintzler era un reflejo literario de las ideas del médico vienés y sus colegas sobre la pareja, las fantasías, la represión, los sueños y las “perversiones del deseo”.

 

Más perversa y autoirónica que “Eyes wide shut” se nos antoja la actuación de Cruise en “Entrevista con el vampiro” donde con su perverso, mariquita y seductor Lestat “se come” literalmente a un glacial Brad Pitt, convirtiéndose en la primera pareja gay de hecho (con derecho a adopción incluido) del mundo cinematográfico vampírico.

 

La declaración de Kidman se sitúa más que en la onda erótico-light crisis de pareja de la película de Kubrick en la onda de memorables máximas camp de su personaje de Suzane Mareto que la actriz encarnó con maestría en la infravalorada “Todo por un sueño” donde Gus Van Sant logra hacer de Kidman un icono de la femineidad como teatro y de la teatralidad como prolongación de la vida. No sería exagerado decir que “Todo por un sueño” es la película más gay de Van Sant gracias a su dimensión drag de la femineidad como teatro y a las connotaciones camp de un personaje que vive entre la fantasía, la realidad y la representación.

 

Las conexiones entre los tacones de Kidman y el imaginario de un armario sobresaturado de significados en el que puede o no habitar Cruise se van descubriendo infinitas, repeticiones hasta la naturalización de un código del género en el  que los tacones son, hoy por hoy, un atrezzo imprescindible.