TODO, MENOS ORGULLO

 

En los finales de junio y los principios de julio se acumulan las referencias a lo gay en los medios, tanto que uno tiene la impresión de que esto es como Sevilla cuando llega la feria, y toca hablar sin parar de lo bonita que es la Giralda. Pero lo bueno de esto es que también sale el mal rollo. Y no vea usted cómo, señora.

LO PEOR ES EL "PERO..."

Empezamos con Shere Hite, la más radical de los sesenta que se ha recauchatadao y puesto collares, como podemos ver en la fotito del dominical de El País (10-J), con una propuesta que parece simpática: una tercera vía entre mujeres, ni amistad ni lesbianismo. ¿Por qué no compartir tu vida con otra mujer y pedir una hipoteca juntas? ¿Por qué no te tiras con ella en el sofá a ver la tele y le pegas besos y abracitos y luego duermes con ella, acariciándola, pero eso sí, sin sexo, porque vamos de otra cosa? Este es el regalo envenenado de la Hite. Que le toques todo menos las partes tabú, y besos los que quieras, pero sin lengua, porque no somos lesbianas. Lo malo de la proposición de la Hite es que tiene más formulaciones: "Si eres una tía, cásate con tu amiga pero no te la folles, porque eso es de bolleras." Recomienda la mujer que hizo entender a las sesenteras que la diferencia hetero/lesbiana es cultural, absurda. Y la verdad es que lo absurdo es esta eterna propuesta de "todo menos lesbianas". Llegadas a todo, menos a tocarnos las tetas, lo que estamos haciendo no es sólo castrarnos, sino lanzar el inequívoco mensaje de que lo lesbiano es lo peor. El "pero", lo de siempre: Amigas, pero no lesbianas. Gay, pero sin que se note. Nos tocamos, nos besamos, nos morreamos, nos queremos, pero no somos maricones. ¿Y qué es ser maricón? ¿Qué es ser gay? ¿Qué es ser bollera? Que alguien me lo diga, por fa, que si no no voy a poder pararme.

Con eso vamos hacia el 28-J en los medios. Por ejemplo, con el difundidísimo "pero" de Kaiet en Gran Hermano: "Ser gay no es insulto" dice, pero añade que él se besa con Ángel pero porque es muy del mismo Bilbao, y claro allí lo de las cuadrillas de amigos es muy típico, incluso su hermano le recomendó antes de empezar, que no se besara mucho con ningún tío, que tuviera cuidado (Ya se sabe: la recomendación que dan los hermanos a todos los heteros antes de salir en la tele). O por ejemplo, con Sara Montiel y sus cinco minutos de pregón de las fiestas de Chueca en los cuales le da tiempo de decir cinco veces que ella está alli pero no es homosexual. Y así la tira. Menos mal que está el dominical de El Mundo (24-j) con un espectacular reportaje, a propósito del fotolibro de David Deitcher sobre los sospechosos álbumes de nuestros bisabuelos, que por cierto es lo mejor del mes. De lujo. Retratos de hombres juntos, tomados en la América de Walt Whitman, entre 1840 y 1918, donde afortunadamente nadie aduce peros para reclinarse en el hombro de su amigo o tomarle de la mano o tenderse junto a él cabecita con cabecita. Con el desprejuiciado par de cojones que debían de tener en el salvaje Oeste y que por lo visto debe de faltar en las cuadrillas vascas.

Y MENOS MAL QUE ES 28-J

Pero El Mundo sabe lucirse. El artículo anual de Antonio Gala contra la mani del orgullo (El Mundo, 30-J) se está convirtiendo en una tradición periodística tan entrañable como el de las castañeras en otoño. Me parece muy bien que Gala mantenga su arma en su armario y que cuando se le pregunte públicamente por su sexualidad se cabree y manifieste que las personas bien educadas no hablan de sexo, ni de dinero ni de religión. Realmente creo que tiene derecho a callarse y a no salir de su corsé, que le hace tan delgadito. Y lo creo, incluso aceptando su incoherencia simultánea de hacer de Doctor Amor en alguna revista femenina. Pero la fijación de Gala contra la mani es curiosa, tan ritual y obsesiva que no parece una opinión sino una manera de resolver el pánico. Porque su tronera del 30-j no hay quien la entienda. Se pasa de vaporoso, no sigo su lógica. Los gays tienen que ser y no estar, ser naturales, erguidos, y por supuesto no exhibirse. No entiende lo del orgullo, manifestarse qué ordinariez, para qué. Él debe pensar que la solución es individual. El mismo autor de Samarkanda y de Séneca, el mismo que le mostraba la fuerza del deseo bisexual a los burgueses que fueron a ver Los Bellos Durmientes, ese mismo se convierte en un señor pregay con peluquín de posguerra, aparentemente atemorizado y obligando al silencio y a la discrección, condenando lo que él llama un íntimo espectáculo, del que puede convertirse sin incoveniente en maestro de ceremonias (Doctor Amor) si el espectáculo es heterosexual. Con su arma en su armario, ya digo, que sólo parece usar para disparar a los que salen, se toma el trabajo de "detestar el outing ese" que, sabrá, se le hace a los que atacan. No al autor de Samarkanda, aunque diga tantas pamplinas de vez en cuando, así que más que insultarle, que se lo merecería, lo único que le recomiendo es mucha calma, que no se altere que no le conviene, y menos dosis de ese miedo que históricamente nunca ha tenido. Porque también me he cabreado yo, como creo que las doscientas mil personas de la mani.

Y el artículo de José María Marco en El Mundo, a seis columnas, el mismo 28-J. El hombre no debe enterarse de lo que frecuentan los heteros las casas de putas ( más que los gays en una proporción de quince a uno, y eso manteniendo lo relativo del 10% gay ), porque según él, el sexo irresponsable y los contactos y los bares y las sex-shop y la prostitución no son una constante del mundo heterosexual, sino del homosexual (lesbianas: si ha visto una alguna vez en su vida no lo menciona) y dice que debajo de tanta irresponsabilidad lo que corre es un abultado caudal de soledad, frustración y tristeza. No es el médico de Hitler, el artículo tiene fecha de 2001. Además añade que las parejas homosexuales son muy inestables, y que muchos gays incluso han tenido más de una pareja a lo largo de su vida, hasta cita un estudio para demostrar que los gays han tenido más de una pareja a lo largo de su vida (sobre los heteros no debe haber estudio de eso, claro, ¿para qué?). Y dice que esa inestabilidad nuestra tiene encima consecuencias en la salud y en el gasto público. ¿Qué más...? Ahora toca pedir el exterminio ¿no? Pues no. Pide el matrimonio, aunque para garantizar la igualdad de tratamiento del estado. Muy divertida la inocentada del 28-J y muy divertido este señor y sus creencias. Pero lo realmente gracioso es que un periódico serio de seis columnas de voz a alguien con esa visión superficial, prejuiciada, miope y sectaria de lo gay, con esa tendencia prefreudiana y posfascista, la misma del Opus, de poner todo lo deseante y lo sexual, todo lo que les inquieta en el lado gay, que para ellos es el lado oscuro. Pero yo ya estoy harto, mira. Harto de que en los debates sobre ley de parejas los telediarios den siempre más tiempo a los obispos que a los afectados. De que haya seis columnas de El Mundo para este pelmazo en el mismo 28-j y nada sobre el propio 28-j. ¿Porqué que tienen qué decir sobre lo gay tanto los obispos como este plomo de tío? Sobre todo cuando no hay ni una referencia más sobre eso en El Mundo de ese día, el de la conmemoración de Stonewall. La voz la tiene el verdugo, nunca la víctima, y hay que decir que en estos casos la gran prensa está todavía obligada a demostrar que no es en el fondo la voz de su amo. Porque lo que nos queda de su discurso en el 28-j es su consonancia con el verdugo: Gala, y este JM Marco, casualmente en la misma onda que los falangistas del orgullo gay de Barcelona o los agresores de los manifestantes gays de Bosnia, ignorantes de esa lógica aplastante y tan simple que clama Haro Tecglen desde su columna (El País, 27-j): el orgullo —enteraros— no es más que la respuesta a la humillación.