EL ESPIRITU DE LA LETRA

Este mes va de caramelos envenenados. Ponzoña mediática en el kiosko de las chuches: silencios, comillas, palabrejas, dobles lecturas, homofobias, fascismos. La kioskera recoge nuestras moneditas con aparente solidaridad, pero nosotros la hemos descubierto. El espiritu de su golosina es tóxico.

Metalenguajes múltiples

Hay que empezar por la más dulce de las noticias. Un sobresaliente para Carmen Serna, de El Mundo, por la noticia de primera página del suplemento de Madrid (11 Julio). En principio estamos de enhorabuena porque era hora ya de darle al comportamiento homófobo una noticia de ese rango. Las siete columnas, las dos páginas, el recuadro y los titulares se reservan no para hablar de gays/lesbianas sino para hablar del profesor homófobo. Hernáiz Blázquez —otro pelmazo fascistocatólico, paradójico profesor de (in)Comunicación Audiovisual y Social, y de una asignatura muy aclaratoria: El cristianismo en el cine— se descuelga con el discurso nazi del Opus y aledaños: gays y lesbianas qué asco, pervertidos, ni hombres ni mujeres, corruptores de la juventud, y pide desde su cátedra que eliminen las referencias a maricas, bolleras y marimachos (los llama así) de los medios. No es por ser el pelmazo nazi de turno, sino porque escribe eso en un manual y nos lo exige para aprobar a ti y a mí y a cualquiera que se matricule en periodismo en la Complutense. Que se supone laica. Los docentes, desde el jefe del departamento al decano, se enfadan un poquito pero parecen querer salvar la libertad de opinión. Lo que les parece muy mal es que se imponga a los alumnos un texto obligatorio. Así que yo ahora mismo voy a dar un curso en la Complutense para decir que qué asco de judíos, y de mujeres, y de andaluces que son unos fulleros, y de burgaleses que fomentan el colesterol con sus morcillas, y que por dios que aparten de los medios de comunicación las imágenes de esos putos heteros de mierda, que corrompen a la juventud con su puterío. Claro que lo daré por apuntes en la clase y los profesores tan felices de que todo sea tan correcto en la Facultad de Ciencias (sic) de la Información (sic) y de que yo no mande ningún libro obligatorio y de que cumpla el horario y esté en el departamento a mis horas. El pequeño problema de que la homofobia ya sea ilegal en este país no debe ser muy grave para el decanato. Esto la noticia no lo resalta.

De todos modos bien para los chicos de El Mundo pese a las toxinas del caramelo. Da gusto pensar en lo que se habrán divertido sacando la portada del libro del pelmazo (Historia de la Comunicación Social: de Altamira a Parque Jurásico) que como podrán ver arriba lleva en portada la metafórica foto del autor.

Lenguajes varios

Que sí, tía, que la homofobia se demuestra hablando. Algo dificil de decir en la misma sociedad que quería convencernos de que lo del Matarile al maricon era sólo una forma de hablar. Porque a ver, ¿a qué vienen las comillas constantes cada vez que se habla de lo gay? ¿Y por qué la palabra gay no tiene plural? Esto no es gramática, esto es una metáfora ¿Que lo manda El Libro de Estilo de El País? Pues mira, yo me cago en El Libro de Estilo de El País y a ver si empiezan a hacerlo también sus periodistas, los que están fijos por lo menos. A la palabra que eligieron los gays para denominarse a sí mismos se le pone comillas, pero a la patologizante homosexual, que eligieron los médicos del XIX, no. Y como "gay" no tiene plural queda una cosa rarísima cuando la usan como adjetivo, ahí, con el nombre en plural y el adjetivo en singular, para que quede todo muy marciano. El País del 2 de agosto, por ejemplo, con la noticia del matrimonio gay en Alemania. Los chicos de la redacción escriben literalmente: ...las parejas "gay"... O tambien dicen eso tan raro de: "...la ley que permite a "gay"y lesbianas..." Que hay que ver lo raro que queda una cosa en singular y la otra en plural, será para que se vea que somos raritos, porque es que ya no sé si hablan de mí o de R2D2. Aunque no debe de ser R2D2 porque hasta los robots ya tienen plural. No lo tiene ni los "gay" ni el monstruo de Alien. Que lo dice el libro de estilo. Pondrán ejemplos de la corrección lingüística de los titulares. "¿Es sano que las parejas alien adopten niños?" O "Unos alien devoran a tres familias numerosas a la salida de misa."

Si no basta con eso, está lo de las comillas, que también se las trae y con abalorios. No sólo la palabra gay se encursiva y electrocomilla, sino también todo lo que tiene que ver con ella. Los homosexuales alemanes estrenan su derecho a "casarse" dice el titular. Vamos, no me jodas. Digo yo ahora mismo que el señor Polanco está "casado" con su mujer, así con el retíntín del electrocomillado, y el señor Polanco se agarra un cabreo que, sabiendo como las gasta, coge a su tribunal supremo y me manda con el juez Liaño al planeta prisión para que me tiren al horno de fundir metales embarazado de un alien, igualito que a la teniente Ripley en Alien III.

El espiritu de la letra nos envenena. Javier Sáez denuncia en la revista electronica Hartza.com el uso de titulares aparentemente inocuos, donde una denuncia puede tener varias vueltas y dobles sentidos. Titulares en los que queda implícita una culpabilidad que no existe, donde se acusa a la vez que se defiende. En El País del 1 de agosto, suplemento Madrid, la noticia de una agresión homófoba se agradece y se rechaza a la vez. El titular es: Un policia de Alpedrete agrede a un vecino por ser homosexual. Implicitamente, la culpa del crimen recae en la homosexualidad del agredido, no en la homofobia del agresor. Según eso la causa es que es gay: "...por ser homosexual." Eso lo vemos porque atendemos a la letra y no al espíritu, evidentemente positivo, del tratamiento de la noticia, pero la letra también tiene espíritu. ¿Nadie de El País ofrece un titular como: Un policia heterosexual y homófobo agrede a un vecino de Alpedrete? ¿Es muy largo? O tal vez no lo hacemos porque en este inexistente titular las cosas están más claras, porque aislamos al agresor y lo dejamos solo con su culpa y su odio, porque despojamos al agredido del pecado original de su sexualidad, y le quitamos las comillas y le ofrecemos el deseado uso del plural que el libro de estio le niega.

Silencios diversos

Tóxico es también lo que no se dice. Lo que se oculta. Por ejemplo, los gays y las lesbianas de la gran noticia del mes: que es la manifestación antiglobalización de Génova. Ese silencio aclara bastante. Los que han ido a Génova nos hablan del destacado papel de las lesbianas italianas en las reacciones contra el G8. No están en ningun sitio. Queda en pie nuestra conclusión del mes pasado. Que la gran prensa es la voz de su amo. Y por tanto, como siempre, las víctimas del amo no tienen voz. Porque no es que no hayan salido las lesbianas, es que de la antigloblizacion no ha salido casi nadie. La noticia no eran las decisiones del G8, ni los motivos de los manifestantes, sino que habían quemado un cajero. O lo sucia que han dejado la Castellana los trabajadores de Sintel. Sintel incumple sus promesas, dice La (sin)Razón. Luego, cuando lees te enteras que la promesa era dejar limpito el campamento cuando se marcharan. Si es que ya se ve, son los obreros los que incumplen...

Así que lo que es por mí me hago maruja diezminutera y propongo dar al Diez Minutos, que se atreve a romper el silencio y el oscurantismo de la prensa rosa sobre lo gay, nuestro porcentaje del IRPF. Por su titular en la entrevista con Jesús Vázquez del 15-J: Me declaré homosexual porque no podía seguir engañándome.Por fa, que alarguen el Diez Minutos, que le den media hora. Como nos descuidemos se nos pone más social que la prensa seria. Paradojas de la letra, vamos.

 

MEJOR QUE NO LO DIGAN

"Dígame..." es lo que dice uno cuando coge el teléfono. Claro que uno nunca sabe lo que le van a decir Ahí está la pobre de Drew Barrymore, que la mataban en Scream: Vigila quién te llama por contestar. Porque si no lo vigilas igual dices "Dígame" y te sale Rodríguez Menéndez, editor de la cutre revista Dígame, homófoba publicación que se ha encargado de demostrar ampliamente que el asesino de Scream era él, el susodicho. Para que te mataran en Scream tenías que seguir las normas de las películas de terror adolescente. La primera era ser casto y virgen. Claro que si estás casado y cumples todas las normas cristianas y decentes, puedes follar un poquito, porque el asesino no te matará. El pobre Boris Izaguirre, no las cumple, no está casado, ha dicho públicamente que es gay, y no es cristiana y decente como la Carmen de España (eso puede tener que ver porque hay un artículo sobre inmigrantes en el mismo número que quita el hipo), así que aquí viene el Menéndez y se lo cepilla.

Dígame entrevista a un chico que dice haberse acostado con Boris a cambio de ayuda para triunfar en el mundo de la música. Firma el equipo de investigación, que investiga muchísimo y llena estas nueve páginas de enorme interés social. Por ejemplo, cómo la tiene Boris, qué le gusta a Boris en la cama, qué postura adopta Boris en la cama, qué videos porno ve Boris en la cama, de quién está pillado Boris, a quién se la ha chupado Boris. Claro que dice el editorial que respeta a los gays, pero como Boris es guarro y perverso y un poquito sádico, pues que a él no, ea.

Pero en la entrevista, el sadismo no se ve mucho. Lo dice el entrevistado, pero no sé. Alguien todavía tan ingenuo que propone sexo a cambio de que se le ayude a triunfar me recuerda al oso Mimosín y, la verdad, debe estimularle la vena sádico-bromista hasta a la Madre Teresa. Y lo guarro de Boris tampoco lo veo. Si alguien ha entrado digamos dos veces en su vida en un cuarto oscuro, probablemente supere lo que se cuenta de él. El Menéndez no debe saber que los heteros también chupan, penetran, son penetrados o penetradas, a algunos les gusta un poquito de caña, el vocabulario un poquito subido, hasta puede que la lluvia dorada y no sé quién se resistiría a una medio orgía con los bellezones que nombra el chaval este.

No cuenta mucho más. Bueno sí, la coca, que seguro que ni Menéndez ni sus amigos la prueban. Lo gracioso es que todo lo tachan de anormal y de raro. No hay que recordar los normales rollos del Menéndez, que todos conocemos. No hace falta. El que sea normal que tire la primera piedra. Lo nazi es que nada de lo que denuncia de Boris es ilegal. Nada sale del teriritorio del deseo, común a todos. Nada de lo que cuenta de él dejaría de hacerlo un hetero. Probablemente, nada sea verdad. Sólo una cosa no concuerda entre lo contado de Boris y el mundo heterosexual del Menéndez: El género. Y justamente eso es la homofobia.