PRESENTE SALVAJE

Aquí yo, de vacaciones pelín retrasadas, que me voy al pueblo y digo "a ver qué me encuentro de movida bollo-gay en los medios locales" y me pongo a mirar en teles por cable y en periódicos de la zona y en las radios... Vamos, que la idea era asaltar un trozo de la Españita de verdad, no la de la urbe, así la de a pie, a ver qué había, y me he encontrado nada menos que con lo que cuento aquí abajo.

Nada de nada

Absolutamente nada. Ni una noticia, ni un comentario. Sanlúcar de Barrameda, 65.000 habitantes, 6.500 gays y lesbianas según el viejito 10% de Alfred Kinsey, muchos más en verano, y además yo estaba pendiente de los medios de los alrededores: el Diario de Jérez y Onda Jerez TV, la radio de Chipiona, la tele del Puerto, Onda Giralda... Vamos, que sumando las poblaciones y la avalancha tardoveraniega, tales medios cubren a más de un millón de personas. Cubrirlas en el sentido de joderlas vivas, supongo, porque no encontré una sola mención digna a gays, lesbianas, bi o trans en ninguna de ellas.

Aunque la tele local era mi gran esperanza. Eduardo Mendicutti también es del pueblo y lo sacan mucho cuando pueden, aunque eso sí, sin mariconear nada, le filman las conferencias, diciendo las salvajadas radicalonas que dice, y luego le preguntan por todo menos por lo que ha dicho. Todavía no sé si algún medio del pueblo le ha preguntado a Eduardo en el pueblo por el aspecto homófobo del pueblo, pero yo desde luego no lo he oído. Así que me enchufé a la tele semana tras semana, al fin y al cabo hasta yo salí del armario en esa cadena, pero nada. Agosto/septiembre y sin embargo sólo ponían procesiones de Semana Santa. Fijo que me pasaba algo a mí, tanta virgen y con ese calor, eso no era normal. Hasta que, después de más de un mes viendo procesiones, lo encontré. La primera, única y ansiada referencia local a lo gay fue del responsable de la Peña Flamenca de Sanlúcar, diciendo que él con el flamenco disfrutaba más que un maricón cuesta abajo. Ha dicho "maricón", me dije, por fin un discurso gay de calidad. Así que salí corriendo a la Cuesta de Belén y, en efecto, me puse a andar cuesta abajo, pensando que era una práctica aborígen del ligue callejero. Ligar, no ligué nada, pero eso sí, hice mucho ejercicio.

Y fuera de la tele, ni eso. El Jerez Información, por ejemplo, me presenta a dos señorones divinísmos vestidos de bailarina y el pie de foto habla de otra cosa, como si la foto no estuviera allí. Así que decidí llamar al periódico local: Sanlúcar Información. A ver qué cosa lesbigay habían sacado en el año último. Pero tampoco. Ni en el último año, ni desde que se fundó el periódico. Sólo unas semanas antes, un grupo político había presentado una propuesta para las parejas de hecho (así, en general) y el comunicado tal cual, sin desarrollar ni una coma, ocupaba un cachito de periódico. Pero era mentira cochina. El periódico había hablado de lo gay. En una entrevista antigua de un tal José Siroco, poeta, montador de un espectáculo, paradójicamente de García Lorca, el diario resaltaba su discurso de odio sobre la consabida mafia rosa, con eso de que, en España, si no eres maricón, no publicas poesía. (Yo publicaría la lista de poetas gays, despublicados y puteadísimos, pero para qué: la paranoia del discurso hitleriano no admite fisuras) Y también ante los medios locales se presentó una interesante novela negra, muy recomendable por cierto, de un autor de allí, Juan Carlos Palma, en la que uno de los temas fundamentales es la fragilidad de las fronteras hetero y homosexuales. Ninguna entrevista, informe, noticia, reseña, reportaje, crítica —que se le hicieron— de ningún medio hablaba de eso, ni lo mencionaba. Nada. Y creo que esto último es lo más violento de todo.

Malas malísimas

Hay que preguntarse qué está pasando en la España real, la de fuera de las grandes capitales. Ese silencio completo, ese no decir que llega a ser elocuentemente significativo, roto de vez en cuando por los insultos, lo que hace es hablarnos por los codos. La escuela local de patriarcado y machismo no se toma vacaciones de verano, y lo peor es que quizás esos medios locales no sean más que la punta políticamente correcta de un iceberg de homofobia. La España interior parece criptofascista, según esos medios. No sabemos si aún es como era antes: grandes armarios para los que se quedan, y si no una lucha constante contra el criptofascismo ambiental, o la obligación de estar continuamente defendiéndose. Lo gay para estos medios no es ilegal, claro, pero tal vez sea todavía asocial, y es posible que a ellos no les importe mucho mover la frontera entre esos adjetivos.

El caso de Rocío Wanninkhof, por ejemplo, ese juicio que parece un segundo Arny. El periódico El País, por ejemplo, duda razonablemente de que el público de la sala sepa que no se está juzgando el lebianismo de Dolores Vázquez sino su implicación en el crimen, sobre la que todavía no hay prueba alguna. Gabriel Albiac, una de las mentes más lúcidas del diario El Mundo, no duda de que un jurado popular ya la habría condenado. Lo cierto es que ésta es la primera vez que las televisiones locales de la zona de los hechos, Mijas y Fuengirola, hablan de lesbianismo. Aunque parezca ser de pronto la única lesbiana de la nación, el mismo Paco Umbral no tuvo reparos en usar esa cosa tan interesante que es el plural hace unos meses, cuando la detuvieron: "...las lesbianas, que ahora van matando por los pueblos de España..." decía. Es lo malo de tener tantas dioptrías, que la única lesbiana a la que había visto era Marlene Dietrich. Por lo demás, no se ha tenido en cuenta a las lesbianas hasta que hacen eso tan pedagógico para ellos de relacionarlas con el crimen, y la infelicidad, y la muerte. Que no salga una bollo feliz, cosas de Conchita Martínez cuantas menos mejor, no sea que los tomen por lo que no son. Lo de Terenci Moix y el artículo antológico de La tortillera de Assuán —lo mejor de Agosto— no pertenece a ese mundo. Tardará mucho tiempo en volver a hablarse de gays y lesbianas en los medios locales. Por supuesto que la terrible avalancha de heterosexuales crímenes domésticos de este verano no figurará en esa primera línea local del morbo informativo. Aunque sufran en el mismo barco, porque se le llamen domésticos por ejemplo, adjetivo cruel que los condena al territorio de lo privado, como si no fuera un problema político, probablemente el mayor problema político que tiene este país.

Cuerda de presos

No hay tanto morbo cuando la violencia sobre un gay viene del mundo heterosexual. Frente al del caso Wanninkhof, es curiosísimo el tratamiento que El Diario de Cádiz y El Diario de León hacen de una de las agresiones homófobas, que se han recrudecido también en este verano. Se le da el lugar que los manuales de periodismo consideran el menos importante de la página: un pequeñísimo párrafo en el ángulo inferior izquierdo. Desde luego nada que ver con la expectación del crimen de Mijas. Pedagogía contra pedagogía, la España de los pueblos necesita desesperadamente de los fanzines bollos y maricas. Hay que repartir La Kampeadora en misa de doce, que tiren el Bollus Vivendi en la cabalgata de reyes, poner el De un plumazo entre los clásicos de la biblioteca municipal, el Planeta Marica en el Hogar del Pensionista. Es cuestión de supervivencia.

Y no tengo otro remedio que terminar con la gran foto del mes. Metro Direct, el periódico que se regala en el Metro de Madrid, tiene la valentía de llevar a la primera página la noticia del terrorífico juicio a los 52 gays egipcios, hecho que ningún otro periódico se ha atrevido a sacar de sus paginitas de Sociedad. La foto es estremecedora: la larga procesión, esta no retransmitida por las teles locales, de los encausados por el simple hecho de su orientación sexual. Vestidos de un blanco luctuoso, tapandose las caras, algunos con burdas máscaras hechas con hilo y papeles mal cortados, caminan entre una multitud apelotonada y morbosa de militares, de cuya irracionalidad y de cuyo orden es imposible huir, ni esconderse. Aquí en España es todo es más civilizado, se te encausa sin pruebas por otras cosas y la que expresa con mucho glamour su repugnancia por los gays es la Gunilla Von Bismarck de los cojones, desde el Diez Minutos, pero como siempre, es el vecino árabe quien nos devuelve amplificado nuestro propio retrato.

 

 

PASADO SALVAJE

A la Metemari (ya saben, escrito Mette-Marit y pronunciado metmaguí) hay que hacerla santa, como a la Judy Garland, aunque simplemente sea porque nos está diciendo dónde está el enemigo y por dónde van los tiros. Porque, a ver, lo del pasado salvaje es la cosa más moñas, más violenta y más caradura que he oído difundirse tan a mansalva desde hace mucho. Primero por algo muy elemental, y es que la lucha de clases también traspasa las bodas reales y a la misma Sissí de las narices. Y sí, tía, que no lo digo de coña, porque a ver: ¿por qué no se acuerda nadie del pasado salvaje, por no decir presente, de por ejemplo Alfonso XIII? Y no me vengo más cerca. Ahora resulta que el único pasado salvaje que la prensa destaca está en la parte nuestra de los matrimonios morganáticos. En la otra parte, en la monárquica, parece que nunca pasa nada, y que el único libertinaje que te puedes permitir como reina es tardar un rato en decir "alzaos, alzaos" y creerte qué estás en una movida masoca de arrodillamiento y sumisión, tú, allí, que eres la Reina Madre, fantaseándote a tí misma con arneses de cuero en medio del Eagle.

Pero yo no iba por ahí. Que cada rey haga lo que quiera con su moto y cada príncipe con su barquito, que a mí no me gobiernan (o reinan, o representan) por su polla. Lo gracioso es que todo esto del pasado salvaje de la Metemari tendría que hacernos reflexionar como gays sobre la alquimia de la monarquía, y las sangres azules, y el sentido de las dinastías y de sus normas. Los nórdicos, tradicionalmente progres, se han dado cuenta pronto de que esto no rula, de que falla algo, para todo el mundo menos para Jaime Peñafiel, imagino, y para esos monárquicos integristas de la Susi. No digo ya lo que decía Mendicutti, que con un rubio como el Oleg ese cualquiera tendría un pasado salvaje. Es peor. Porque a ver: ¿en que consiste realmente ese pasado salvaje de la Metemari? Primero, en tener un hijo soltera, esto es, follar sin estar casada; segundo, en drogas en el tiempo de la universidad, estos son, imagino, porros o algo parecido; tercero, en un fiestorro cuando estudiaba en Australia, de esos que tembló el misterio; cuarto, en salir por la tele buscando un novio, que es como escribir a un contacto, pero viéndole el careto allí mismo. Salen muchos fantasmas. Pero no. Ni puta, ni drogadicta, ni salida, ni boracha. Todo es algo más cotidiano de lo que nos hacen creer, parte de ese territorio del deseo que nadie deja de transitar, e incluyo los porros, y la cita a ciegas, y el sexo fuera del vínculo, y por supuesto la maternidad y la juerga de estudiantes, secretos cotidianos de la mayoría de la gente.

Lo que me parece de una caradura espeluznante es que en una monarquía que se supone parlamentaria y en el que el monarca desempeña (esperemos) un papel meramente representativo haya algo que está condenado a no ser nunca representado ni representante. Lo que está fuera de esa rígida moral sexual católica está también fuera del juego político. Si se dice esto de la Metemari, ¿qué se diría de un gay o una lesbiana herederos? Aunque la primera pregunta es: ¿se diría? Y ahí está la crispación cuando se bromea sobre la homosexualidad de Alberto de Mónaco o de otros príncipes. La conclusión es triste. ¿Tal vez están los cuatro millones de gays y lesbianas españoles condenados a no ser representados por una monarquía que se dice parlamentaria? No cabe duda de que por ahí va el astuto aggiornamiento de la casa real noruega. No se trata de democratizar la monarquía, algo bastante peregrino por sí mismo, sino de pasarla por Freud y por Foucault. Identificados con la sexualidad temblorosa de la reina, el panóptico del poder puede vigilarnos más cómodamente, porque su temblor es el nuestro.

Vamos que la Metemari y el Haakon Magnus ya me caen bien hasta a mí. Él, con esa carita de bueno, y ella que hay que ver cómo lo quiere y cómo llora...