ADOLFITO LA FEA

En esta sección, en la que hablamos mucho del criptofascismo nacional, nos toca inagurar un nuevo término: el marifascismo. De marifascistas está el patio —el nacional y el europeo— llenito, llenito. Porque para qué nos vamos a engañar: el acontecimiento gay del mes ha sido Adolfo Hitler.

 

Demonios

Octubre entró con la noticia sobre la homosexualidad de Hitler. Uno no gana para sustos en el desayuno, hora en que las familias decentes leen los periódicos. Todo el revuelo mediático se montó a partir de la publicación en España del libro de Lothar Matchan sobre Hitler y tengo que decirlo: me lo creo todo. Sí. Los datos que presenta Matchan son creíbles y la interpretación que les da parece indudable. Para todos salvo para Imperio Argentina. La malagueña de adopción dice que sí, que Hitler sería homosexual, pero que a ella la acosaba lo mismo. Por mí como si me dijeran que el protagonista de In & Out acosaba a Barbra Streisand, me parecería de lo más natural.

Lo gracioso es que ya se sabía. El psicoanálisis lo identificó poco después de los años cuarenta. En la red se habla sobre la sexualidad de Hitler desde hace bastante. Justo sobre eso mismo había una página de Gaizka Martín y Miguel. A. Núñez, de la Universidad del País Vasco, http://www.sc.ehu.es/pswlojaa/gaizka/factor~1.htm

Pero más interesante que la revelación han sido las reacciones. A muchos gays, por ejemplo les cuesta aceptarlo. Si nos damos un paseo por los foros de Internet, las reacciones van desde la ofensa hasta la negación. "Hitler no era gay, era ex.gay", dicen en guiagay.com, valgan la redundancia y la paradoja. Supongo que intentaban negarlo porque se olían la tostada mediática.

Aunque con negar la homosexualidad de Hitler, no vamos a ninguna parte, si no es a alargar una polémica innecesaria. Hitler no es el primer homófobo reprimido ni va a ser, desgraciadamente, el último. La (homo)sexualidad es tan universal como el odio, o como el miedo, como el afecto, y por tanto la homofobia no es una cuestión exclusivamente homosexual, como se ha dejado entrever en bastantes titulares. La homofobia es hetero. Está fundida con los valores de una sociedad heterosexual, que constantemente intenta negarse esa homofobia que la ahoga, que la invalida, que la castra. Así que la noticia de Hitler quería dar a entender que la homofobia es cosa de los maricas, entre ellos. Ha venido muy bien para quitarle el sambenito de homofobia a esta sociedad heterosexista. Las víctimas gays del holocausto han sido despojadas de su condición de víctimas, casi siempre por otras víctimas. Así que casi estamos de enhorabuena, porque creo que ésta es la primera vez que nadie polemiza sobre la participación gay en el holocausto. Claro que nosotros no hablábamos precisamente de esa participación. Ahora parece que no sólo el odio homofóbico es una cuestión de gays, sino el odio sin más. Como en la mala literatura, el malo es el marica. Sólo que esto ya no es literatura sino historiografía.

O más bien prensa. No creo que Lothar Matchan llegue al extremo del ABC y de El Diario Vasco ese primer fin de semana de octubre, que se explican todo el nazismo. No hay titulares inocentes, y el titular del ABC —"Un historiador explica la figura de Hitler por sus tendencias homosexuales"— es una maravillosa joya ideológica donde las haya. Magistral lección sobre cómo manifestar el prejuicio mediante un presente de indicativo, como los rusos de Franco que se comían a los niños crudos.

Porque el verbo también extermina: el verbo explica es mortal. Las tendencias homosexuales explican a Hitler. Ahora lo entiendo todo. Chicos, cuidado con el Zero y demás mariconeces. Ya lo advirtieron Ricardo Llamas y Paco Vidarte en la columnita de ahí al lado del pasado número. Que menos mal que en otras revistas de Chueca se van percatando ya de los nazis que son las militantas. Si es que no se cómo no se ha dado cuenta antes el ABC, que ha tenido que venir ese señor del libro para hacerles ver lo malas que somos todas...

 

Ángeles

Pero de lo que yo quería hablar hoy no era exactamente de eso. Porque lo de Hitler no viene solo. Convertidos los titulares periodísticos en enormes reseñas literarias de la editorial Planeta, viene ahora la causa de mi mosqueo.

A ver. Mediados del 97. ¿A qué nadie recuerda la violenta polémica sobre el libro de Karl Hugo Pruys? ¿Quién es ese señor? Pues es el que enseña que la auténtica estrategia de la prensa no es lo que se dice sino lo que se calla. Pruys es el famoso (y prestigioso fuera de Alemania) biógrafo de Goethe. Johann Wolfang Goethe, poseedor del cociente intelectual más alto de la historia de la humanidad, el gran mito intelectual germánico, el escritor de Fausto, no me voy a poner a explicar ahora a Goethe, porque a lo mejor ya lo explicó Pruys con gran escándalo de la prensa alemana.

Porque desveló la homosexualidad de Goethe, el otro gran mito germánico. Si Hitler es el demonio con cuernos y rabo de la cultura alemana, Goethe es su ángel. El libro de Pruys fue prácticamente silenciado cuando no convertido en maldito. Apenas tuvo repercusión popular más allá de lo morboso. La polémica oscurantista lo difuminó, la critica lo puso verde, era un ultraje, aquello no se podía decir. La condena a su discurso se escuchó muchísimo más que el propio discurso, siendo la documentación aquí mayor que la de Hitler, porque teníamos la voz del investigado, más de 2500 cartas íntimas. Algunas de un íntimo que te caes de culo, aunque un crítico dijera que Pruys no había entendido la naturaleza apasionada de la amistad entre hombres. Vamos, que si el crítico dice por carta a un colega lo mismo que decía Goethe, le desafío a que intente explicarle tal carta a su mujer con esas mismas palabras, a ver qué cara pone su señora y a ver qué cara pone él mientras lo dice.

Por supuesto que el libro sobre Goethe no ha sido traducido aún, mientras que Planeta ha traducido el de Hitler prácticamente a los tres días, con sus titulares en los periódicos, y algunos a doble página (El Mundo, 7-10). No hay que ser un lince para entender que el aparato mediático y el académico considera lo gay y lo lesbiano como algo intrínsecamente perverso, natural en los demonios como Hitler, insufrible en ángeles fundacionales como Goethe.

O como Shakespeare, enamorado ya sabe usted de quién. O como Cervantes. Qué manía la de los mitos nacionales con no dejar bien clarito que eran heteros. La investigadora Rosa Rossi planteó la homosexualidad de Cervantes a finales de los ochenta en un libro todavía contestado a medias. Aún recuerdo la reacción histérica de ese señor que a todo el mundo le cae tan bien, llamado Francisco Ayala, , en un artículo ofensivo desde el título: Cada loco con su tema, en El País, el 7 de septiembre del 88, un periódico que le dio más cobertura a su colérica respuesta que a la investigadora. Lo mismas reacciones ocurrieron cuando Villena habló de la homosexualidad de Aleixandre...

Para el que no lo haya pillado, éste es el pensamiento de la prensa y de gran parte de la intelectualidad y del mundo académico europeo:

Los maricas y las bollos son malos.

Los heteros son buenos.

Ya sé que es un poco complicado de pillar, pero ya saben: las humanidades son muy sutiles, y los discursos son muy difíciles y muy complicados. Al fin y al cabo por eso estudian tanto y se leen unos libros tan gordos, ¿no?

 

 

BETTY LA GUAY

Cuánto me gusta esta mujer, de verdad. La segunda señora con bigotito carácterístico de la página de hoy. Y la saco aquí con una columnaza para ella sola, porque si ellos tienen a Hitler, nosotros tenemos a Betty la fea, que a ver quién puede más y quién tiene más bigote, y porque el mundo seguirá siendo hermoso mientras haya culebrones despampanantes y mujeres como Betty y su equipo de guionistas excesivas.

Primero hay que sacarla porque está muy bien ella, siendo la buena en un culebrón donde las malas son las guapas. A todo el mundo le gusta que se destrocen los topiquillos divinísimos del Telva sobre el aspecto femenino y esas cosas. Abajo Paloma O’Shea y arriba Betty la fea, que son las dos igual de feas y solo Betty tiene la dignidad de la clase trabajadora. ¡Hala! Y segundo porque las guionistas se han planteado por fin reflexionar sobre el descrédito del macho en un culebrón latino. El amado de Betty, su algo malvado jefe, don Armando, macho, prepotente, ligón, y joven patrón patriarca donde los haya, se ha visto en la obligación de tener que salir de la empresa vestido de absoluta Drag Queen, capítulos del 7, 8 y 9 de noviembre, por asuntos de esas tramas tan demoledoras que no les voy a explicar ahora. Su cacareada masculinidad se pone en entredicho de la forma más divertida posible.

Ante la amenaza de Hitler, yo les haría tomar clases ahora mismo de la propia Betty a las chicas del PP y a las homófobas del PSOE, esas de las comunidades autónomas socialistas hipócritamente sin ley de parejas. De Rajoy a Rita, por empezar por la R. A estas alturas no cabe ya el silencio, ni el despiste, ni mirar hacia otro lado. O Betty o Hitler, o el pelucón o el Mein Kampf, o el armario o la democracia, o Chueca (por decir algo) o Nuremberg.

Porque con la valentía de las guionistas de Betty la fea hemos descubierto la clave. Que la noticia de la homosexualidad de Hitler es realmente un ejemplo. Un aviso de adónde se llega si se intenta vivir la propia sexualidad en un entorno de odio y de prejuicio. Véase Hitler y entiéndase la noticia. La propia represión lleva a un ataque brutal contra el otro que se nos parece. Y en ese sentido los gays del PP tal vez son bombas de relojería. Hitleritos gays atacando al resto de los gays. Primero, como ahora, negando derechos elementales, o con el no sabe no contesta valenciano, o con la petición de excluir la discriminación por orientación sexual de la Carta Europea de Derechos. Y luego qué. ¿Estamos asistiendo a un proceso de ultraderechización, como en la Francia de Le Pen? ¿Después de la mayoría absoluta, viene la metamorfosis? No quiero pensar en lo que harán los gays ejecutivos del PP siguiendo tan eminente ejemplo histórico.

Si esos momentos llegan, que nos cojan preparados. Mientras tanto, consolémonos. Siempre nos quedará Betty la fea.