DESNUDAS FRENTE AL MUNDO

Coincidiendo con los Reyes Magos, Zero —esta revista gay que no saca nunca chicos desnudos— nos da el regalito de estos tiarrones en bolas, que salen tanto en el número que tienen ustedes en una de sus manos. Así que como hay que seguir la línea editorial, pues venga: la revista de prensa de este mes la vamos a dedicar a lo mismo. Chicos sin ropa. Veamos qué se cuece entre tanta carne y tanto pelo.

 

PECAMINOSOS

Sepan que me hacía mucha ilusión, porque servidor de ustedes no frecuentaba la prensa erótica desde la adolescencia. Bueno, quizás un poquito después, pero vamos la verdad es que andaba un tanto desconectado de todo lo que no fuese el Bear Magazine. Así que me fui a Berkana y pedí asesoramiento, que para algo están las librerías. Y de pronto me vi aguantando la mirada del dependiente mientras decía "Miren, vengo a que me recomienden revistas de hombres desnudos, porque es que, estooo, tengo que escribir un artículo para Zero, ¿eh? que es para el trabajo, ya les digo, que me lo han encargado..." Y no seguí excusándome porque de repente me vi como la perfecta casada del siglo de oro, elevando los ojos al cielo justo antes del acto sexual y diciéndo: "Señor, no es por vicio ni por fornicio, sino por dar un hijo a tu servicio."

Lo que quiero decir es que nuestro quiosquero se parece mucho al confesor de cuando éramos católicos, y creo que ése es un control mediático del pensamiento que a lo mejor se le escapó a Chomsky, señor al que nunca se le escapa nada que tenga que ver con la forma en la que los medios nos manipulan. El quiosquero que me vendió la última revista erótica que compré, antes de engancharme al Bear Magazine, en 1989, la ocultó en un ejemplar doblado de El País, hizo un rollo con todo ello, lo aseguró con una goma y luego me dijo, mirándome a los ojos y agachando la cabeza: "¿Quiere una bolsa?" Que es lo que yo llamo una manera absolutamente profesional de hacerte sentir culpable.

De todos modos, esa sensación de pecado ante la mirada confesional del quiosquero no es sólo gay. Los amigos heteros me dicen que ellos también lo pasaban fatal, aunque yo sigo viendo a los del farias pedir el Playboy a voz en pecho y pasear su mirada john wayne alrededor del quiosco para ver quien les admira. Porque cuánto se parece un quiosco a un armario. Aún así mis amigos heteros juran y perjuran sobre su miedo ancestral a la quiosquera. Y uno acaba pensando que el armario es en el fondo una institución universal y compartida.

GLOBALIZADOS

Pero en fin, aquí estamos con las revistas en la mano. Y así a primera vista parece que hay de todo. Me he traído una revista de cachas (Torso) otra de osos peludos (el Bear Magazine), otra de lo mismo (American Bear), y otra de bollicaos cuasi adolescentes (Freshmen, que por lo visto se vende muchísimo), y otra de tiarrones (Men), y otra de señores bastante mayores (Daddy), y otra de tíos desnudos para señoras bien vestidas (Playgirl). En apariencia son muy diversas, pero ya digo sólo en apariencia. Porque me pregunto qué tendrá el idioma inglés para que le suene tan sexy a todos los editores. El mariespañolito debe de parecerles la versión sajona de Jamie Lee Curtis en Un Pez llamado Wanda, que le excitaba el italiano y se corría como una perra sólo con decirle spaghetti, firenze, maccheroni. Igual, pero en inglés. No hay ninguna revista que se llame Machos de Villaconejos, o no sé, Cazurros Boys, si hay que hacer una concesión, porque la portada de Torso, con el titular Dallas Michaels, ranchero gay, acompañando a un chico que nos enseña un españolísimo culo es cuando menos excesivo. No sé qué será del pobre gay que se llame Paco y sea de Chipiona.

Y las pollas también son american style total, que uno ha acabado reconociéndolas con la práctica: todas peladitas, cut, que dicen por allí. Hasta tienen una revista de pollitas sin pelar, Uncut. Lo del idioma y la fimosis significa que nos han americanizado la fantasía erótica y sin que nos demos cuenta nos han globalizado hasta la paja. Penes, cuerpos, rostros y tipos. La (en este caso) deliciosa neurosis de la cultura americana nos ha exportado el tipo culturista tan habitual por allí, que por estos pagos ha creado un híbrido espanglish llamado maribuilding y que es un poco como de plástico fino. A mí me gusta mucho la neurosis y no me quejo nada de las maribuilding, que me han dado muy buenos momentos, pero hay que reconocer que aquí eso es menos cotidiano que allí, y lo de follar con un culturista acaba siendo un poco como cantarle de repente Hello Dolly a la señora del puesto de verduras en medio de la cola de la vez, sin que venga a cuento. Es como un musical de Broadway, cuando a nosotros lo que nos sale es la novela de la berza, decir "Buenos días, señora María" y como mucho el coro de lagarteranas de La Rosa del Azafrán. No niego que una Julie Andrews de vez en cuando suba mucho la moral, y si alguien se me apunta, yo me comprometo a buscarle un piso en multipropiedad al chico de portada del Men, y durante una semana al año me hago de la familia Von Trapp y le canto lo que haga falta. Pero una semanita al año, no más. Y un puentecito largo, si caen las fechas.

Porque por contratar que no quede. Uno va por ejemplo al Bear de este mes buscando sus gorditos barbudos, y encuentra que no es una fantasía erótica, sino el catálogo de Simago. 26 páginas de desnudos y 64 de productos de venta por correspondencia para osos. Ya es primavera en el parque de Yellowstone. Si uno mira bien, es como una invasión. La venta por correo invade todas las revistas. Hasta en la primera página del Freshmen, con eso de que va de postadolescentes y que ya van llegando los Reyes, se anuncia un juego de alfarería precioso: el kit "Construye tu propio pene. Todo lo necesario para fabricar tus propios consoladores", que es igualito que el cheminova. Que estamos siendo abducidos por el Banco Mundial ya lo sabíamos. ¡Pero, por dios, en plena sesión voyeur...!

MARGINALES

A uno le gustan todos los tipos de hombres a estas alturas de la vida, y la verdad me hace mucha gracia ese prodigio neurótico de las clasificaciones y las estructuras del deseo: por aquí jóvenes que no sean cachas, por allí cachas que no sean peludos, por allá peludos que no sean jóvenes... O los tíos de las revistas para señoras ricas, que hay que ver lo limpios que son y lo ordenaditos que parecen. Estilizadas hasta el final, llevadas a lo delirante, tales estructuras acaban produciendo esa construcción novelística que es el hombre desnudo de la revista erótica, esa interrupción de lo cotidiano tan excesiva, ya digo, como una coreografía en el mercado de abastos.

Es maravilloso, por supuesto, pero tiene sus dobleces. Aunque el resultado de ese doblez también me gusta, qué coño. El hombre de a pie, el de todos los días, el que está en la parada del autobús, se ha salido tanto del cuadro mágico de los cuerpos danone que en el mercado de lo erótico ha acabado por convertirse en marginal. Del centro al margen sin pasar por la casilla de salida. Ese baño de marginalidad, aunque sea en el imaginario del deseo y su representación, nos viene bien a todos. Daddy, la revista donde los respetables señores mayores se desnudan, es un fanzine de aspecto libertario y como de multicopista mao; los cotidianísimos contactos de la más digna de las publicaciones eróticas nacionales, MENsual, tienen un tono canalla y sado provocador, como sucio, que siempre me acaba haciendo reir, y de los osos se ha dicho bastante (www.hartza.com/osos.html), de su reivindicación de un cuerpo gordito, serrano y campero, con la estética del lambert jack y de tío de monte, y lo que eso supuso frente a la dictadura vigoréxica e irreal de los danone.

Vamos, que al final no está mal, y nuestra colección de desnudos se acaba pareciendo a la exposición de las Edades del Hombre. Uno cubre su cuerpo con esa boa de plumas que son los músculos de gimnasio para los que hay tanto público; luego se pone el visón peludo de las barrigas cuarentonas, de moda en estos días, y acaba desnudito y feliz, jubilado, canoso y sesentón, que sabemos todos el éxito que tienen entre los freshmen. Y tan felices. Porque de todo da la viña del señor y como decía mi abuela, siempre hay un roto para un descosido.

HOMOFOBIA ORGANIZADA

Probablemente no hay homofobia en el español y la española medios sino en los grupos de poder religiosos y polítocos que se mueven en el entorno social de esos ciudadanos. Parece una verdad de perogrullo pero creo que hace falta decirlo.

Dos acontecimientos me han hecho pensar eso. Uno ha sido la reacción al revolcón de los jugadores de fútbol del 26 de noviembre. La bomba estalló porque en uno de esos magreos posteriores al gol, en pleno éxtasis, uno pegó un pequeño, suave, casi imperceptible mordisquillo en la polla del otro. El Marca del martes 28, abre portada con la foto y una palabra que ocupa la pagina entera: INTOLERABLE condenándolo en primera página con más inquina e indignación que los actos nazis (o la propia existencia) de los grupos ultras directamente finaciados por los clubes. El mismo diario Marca, del grupo Recoletos, al que no le pareció tan intolerable lo de Heysel, en Bruselas, esos 100 muertos entre las hinchas del liverpool y la juventus, los prefiere muertos antes que maricas. Es el periódico que las instituciones eligen como principal cliente en las campañas contra los malos tratos.

El otro acontecimiento es el debate carnaza Dímelo Todo, primeros de de diciembre, sobre la aceptación de lo lesbigay en la sociedad en Telemadrid, con Alicia Senovilla, una chica que me cae mejor de lo que yo quisiera, incluso después de esto. Presentes Carlos Alberto Biendicho, de esa plataforma gay fantasma del PP, pero con un aplomo y una serenidad inigualables, y una señora homófoba del público rubita y gordita llamada Mari. Momento histórico: la hija de dos madres lesbianas, una de ellas en plató, llamó y tomó la voz. Yo no había escuchado a los tan traídos y tan llevados hijos de parejas lesbigays tomar la palabra nunca en los medios, y eran ya como los trabajadores en huelga: todo el mundo habla de ellos pero extrañamente nadie les da el micrófono. Momento inigualable y arruinado, por la presteza con la que se cedió la palabra a la homófoba. Biendicho desenmascaró su papel de especialista en reventar debates, pero ella estalló por otra cosa. "De todo lo que has dicho, lo que no perdono ni creo es que hayas insinuado que un sacerdote del Opus ha roto el secreto de confesión, eso no puede ser verdad, es mentira, etc., etc." Fue la única vez que Mari perdió los papeles. Por supuesto monopolizó el debate y lo reventó con la connivencia de la Senovilla.

Otro medio homófobo, La Razón, dedicaba el cinco de diciembre columnas hagiográficas a Escrivá de Balaguer con estampita incluida. Quiero decir, que tal vez dos y dos sean cuatro ¿Alguien conoce a alguien de a pie que no sea ni madridista o similares, ni nazi o similares, ni opusino o similares y que sea militante antigay como la tal Mari, o el tal Ansón , o el tal Marca? Pues eso. Tal vez haya más ruido que pólvora. Tal vez no.