Si el final de junio es la época con más presencia gay en prensa, ésta que nos ocupa (finales de diciembre, principios de enero) es el momento de la tradicional sequía lesbigay. Eso sí, mucha familia tradicional reunida, y todo el mundo sonríe alrededor del tradicional pavo, bandeando su tradicional angustia. Como siempre, ese tradicional mal rollo se reflejó en los medios. Y esta es su crónica.

 

 

ENTREVISTA CON EVA BRAUN

Papá Noel

Hasta el gay y la lesbiana integrados, bien peinados y con pareja tienen que pensar alguna vez qué hace con el novio o con la novia en las cenas familiares de Navidad. Ya sé que suena muy burgués, pero de eso se trata ahora: de la familia burguesa tradicional, que ha llenado la prensa el mes pasado. A mucha gente le va estupendamente y a otra no, es cierto, pero el hecho de tener que pensar en el asunto ya es un engorro y parece que alguien ha decidido que eso de la navidad no es para los gays. Hace años que me di cuenta. En Navidad, lo gay es sutilmente apartado de las redacciones y de las mesas de edición. Así que yo estaba deseando que llegara este número de Zero para dejar constancia de ello. La navidad se convierte de pronto en algo parecido a la Irlanda de los noventa, cuando el gobierno católico declaró que en su país no exixtía la homosexualidad y tuvo que salir del armario un parlamentario de izquierdas para que al menos hubiera oficialmente uno. En esas fechas pasa lo mismo. No se existe sino es junto al árbol y con cara de Eleanor Roosevelt.

Pero para mi desgracia, este año las cosas han cambiado. Si antes pasaban gays por delante de las cámaras, se desenfocaba, o se les preguntaba por la lotería. Ahora ya no. Quizás, acordes con el signo opusino de los tiempos, se ha cambiado el silencio por la agresión, con lo cual parece que hay como un ligero deseo de que el 24-d se parezca al 20-n. Felices, ligeros y amorales, nuestros medios no se quedan en la glorificación de la familia. Tres días después de que El Almendro vuelva a casa por navidad, se van corriendo a oir a la Conferencia Episcopal repetir sus burradas (ABC del 29-d y otros diarios). Para los obispos la defensa de la familia no consiste en exigir las vitales e inexistentes guarderias públicas, o las ayudas económicas a las madres, que son uno de los tres grupos con más nivel pobreza del país, sino en atacar a las parejas de hecho. Pero al menos me alumbran el sentido de la navidad. Los benditos obispos dicen a los periódicos en su enésima declaración idéntica que "la familia sana es el fundamento de una sociedad libre y justa; en cambio, la familia enferma descompone el tejido humano de la sociedad." Así que de inmediato entiendo la causa por la cual la sociedad no es libre ni justa, y su tejido humano está tan descompuesto: la familia tradicional que ni está sana, ni funciona. Así que gracias, eminencia.

Y hay gente hetero que también pide socorro. La familia tampoco funciona del todo para ellos, aunque haya cosas (las ayudas gubernamentales, sin ir más lejos) que todavía funcionan peor. Me encantó ver por ejemplo el mismo día de navidad, el episodio de Matrimonio con Hijos que parodiaba Qué bello es vivir, la peli de Frank Capra, que de tanto repetirla en nochebuena se ha acabado convirtiendo en un discurso a favor de la familia tradicional, cuando es posible que sea todo lo contrario. Todos, en el capítulo de la serie, desprecian la familia que les ha tocado y el ángel decide mostrarle al padre, a punto de suicidarse, lo que sería la vida de esa familia si él no hubiera estado nunca. Todo parece funcionar tan bien que el padre decide volver a la familia simplemente para joderlos a todos más todavía. Les aplaudí por ser tan coherentes con el discurso episcopal.

Los Reyes Magos

La familia vive tiempos de cambio, y gays y lesbianas tambien. Como el fin de la Edad Media y el principio del renacimiento, por ponernos un poco optimistas. Lo terrible convive con lo correcto, y por ejemplo, el día de reyes, en el mismo número del Magazine de El Mundo, lo éticamente asqueroso de la entrevista con Ana Botella convive con un bonito reportaje sobre gente fuera del armario. Salen Jerónimo Saavedra y Moncho Borrajo, estupendos, pero también sale gente de todos los días, una maestra con cara de buena persona o una periodista graciosa con un rollo muy lúcido. El artículo (¡milagro en los medios!) habla incluso de la discriminación dentro de la discriminación de las lesbianas. Supongo que este es un regalo para los heteros. Los intentos de integración sirven realmente para integrar a los normalitos. Al resto quizá le venga un poquito tarde, pero se aplaude. Cal y arena, ya digo, tiempos de cambios, que suma y sigue. En el mismo diario, al digno artículo sobre la homosexualidad de Dirk Bogarde que llama especialmente la atención por la forma tan pacífica de retratar su sexualidad, le acompaña uno de un redactor, Pedro Calleja, que tal vez no haya podido resistir tanta normalización y justo encima del artículo se empeña en recordar lo rarito que es ser gay. En poco más de media columna sobre otros gays usa las palabras: supercherías, mentiras, chapero, orgías, sinvergüenzas, asesinos, despiadados, caprichoso, desprecio, alcohol, drogas, culpabilidad, crisis, muertos, complejos, sida, sadomasoquismo, suicida, esclavo sexual y vampiro. Ya digo en poco más de media columna, y junto a lo de Bogarde, que uno siempre ha sabido lo poco inocentes que son el vocabulario y la sintaxis, para que nos acordemos de lo malo que es ser gay y de lo repetitivo que es ser homófobo.

Y por fin, ella, nuestro carbón de niños malos: la entrevista con Ana Botella. Nunca sabremos si Eva Braun, la mujer de Hitler, era algo más que un florero, si compartía la ideología de odio de su marido. El titular de la entrevista a Ana Botella nos dice que ella no es un florero. De hecho nunca pensé que lo fuera. Amigos de la izquierda más combativa me habían hablado de que Botella era una mujer bastante comprometida, a años luz de la típica dama de la beneficencia. Y les oigo, por supuesto, pero oigo también las violentas, irrespetuosas, ofensivas declaraciones contra los cuatro millones de gays y lesbianas españoles que Ana Botella ha ido soltando en alguna ocasión. Aquello por ejemplo de que "Con los gays hay que ser tolerantes, pero tolerantes y punto." O esta entrevista del día de reyes, en las que se muestra, pese a todo algo más comedida. Y algo incoherente. Por ejemplo sobre los gays piensa que todo el mundo tiene derecho a ser diferente, pero que en cuanto a la adopción no podemos diferenciar al niño del resto, que todos sabemos que a los niños no les gusta ser diferentes, que a su hijo Alonso le gusta coger el autobús y el metro porque quiere ser igual que todo el mundo y que los niños sufrirían mucho si tuvieran por padres a dos mujeres o dos hombres porque sentirse diferentes les hace sufrir, y que no es partidaria de la adopción por parte de gays y lesbianas.

Pero a mí, a estas alturas, después de escucharla me da igual lo de la adopción gay, a mí me da mucha pena de su hijo Alonso y de sus demás hijos, porque seguro que se sienten un montón de diferentes siendo padres de presidentes del gobierno, y como dice ella eso debe de ser un trauma terrible, fíjense la pobre mujer, que le han preguntado por los gays y ha terminado hablando de los traumas del pobre Alonso, yo de verdad, miren , no quiero hablar del tema gay, eso no es nada, qué diferentes deben sentirse esos pobres niños de presidentes cogiendo todos los días el Rolls, en vez de hacer como yo y coger la línea uno en Puente de Vallecas, porque a cuántos presidentes del gobierno, aparte de a ellos dos, conocerán esos niños, no se dan cuenta de lo diferente que es ser otro, y más si tu madre no es un florero, sino que también es presidenta, vamos, que todavía más, tus padres no son dos hombres, ni dos mujeres, ni dos gallinas, son dos presidentes del gobierno, miren qué drama, y esos niños irán al colegio y todo el mundo los señalará. Seamos compasivos y arrebatemósle por ley la patria potestad a José María Aznar y a Ana Botella con la alegría y la bondad con la que ellos se la arrebatan a las madres lesbianas que conozco, que no son presidentas, sino médicos, profesoras, curritas, y no piensan que el diferente es siempre el otro.

Claro que Ana Botella no es un florero. Porque para ellas los floreros son los gays y las lesbianas. Sin voz, sin voto, sin opinión, sin patria potestad, sin humanidad, sin hijos, convertidos en objetos, convertidos en el diferente. Muy bien por Ana Botella y viva el espirítu navideño, que debe de ser eso que se decía de "aquí yo, con mi gente, y a los demás que les zurzan" ¿Será ese su modelo de familia? .

 

AMNESIAS Y DENUNCIAS

Lo decían hasta en aquella película, Los chicos de la banda, esa cosa que nos gustaba tanto en los setenta, porque al fin y al cabo era de las pocas pelis que hablaba de gays, por muy patética y terrorífica que fuera. Lo llamaban el síndrome del "¡Qué borracho estaba anoche!" y era lo que decían los heterogays a la mañana siguiente de haberse acostado con el gay.. Hubo un tiempo en que yo coleccioné testimonios de amigos gays y lesbianas sobre esos amantes amnésicos armarizados pero perdí la cuenta en el testimonio número setenta y tantos. En fin. Era eso. Todos iguales. El choque de caer en el deseo era tan fuerte que al día siguiente no recordaban nada. O la hipocresía era tan grande que al día siguiente hacían como que no recordaban nada. Y siempre había otro responsable. El alcohol, o la presión, o el cansancio, o los intentos de seducción del perverso gay o la perversa lesbiana, pero nunca su deseo. Sin embargo ahora me encuentro con que hay un capítulo más y que no es tan cutre.

Me lo encuentro otra vez, pero en El País del 27 de diciembre, en la sección de deportes. Paco Gallardo, jugador del Sevilla, protagonista de aquella mamadilla tan divertida a otro jugador, durante la celebración de un gol, actúa por un lado como un armario de los de entonces. No se acordaba. Vio la celebración, es decir, la mamadilla, por la tele , y no se creía que pudiera ser él. Una vez recordado, dice que no tiene tanta importancia, de que no es para tanto, que era una tontería. Luego nos cuenta el divertidísimo calvario de las reacciones de su madre, de su novia y de los vecinos, que es involuntariamente hilarante.

En fin. Armarios aparte, y pasando por la necesaria exigencia de que espabile y asuma y le eche algo más de valentía a la reflexión sobre esos actos insconcientes, creo que a partir de aquí hay que aplaudirle. "Es una tontería que nadie vio, pero lo resaltó un medio que se lee en toda España y ya le siguieron las televisiones. Al final se abrió un debate nacionel y ha acabado teniendo una repercusión que ni yo me esperaba," dice Paco Gallardo. Casi sin darse cuenta, Gallardo ha vuelto a delatar la actuación homófoba del Marca, el diario deportivo del grupo Recoletos, del Opus Dei, y su manipulación de un hecho que es realmente intrascendente, y ha hablado sobre esa astuta estratregia editorial para crear artificialmente un acontecimiento homófobo que fuese directo a la primera página, e incluso denuncia la papanatez con que esa estrategia ha calado en el resto de los medios. El Marca ha acabado produciendo una actuación homófobica real, que tal vez es lo que pretendía. Los rivales le cosen a patadas desde entonces según El País, y Gallardo tiene que escuchar en cada partido los típicos cánticos insultantes referidos al tema. Aún así le queda la capacidad de situar al enemigo real: el medio homofóbico. Ayer nos reíamos un poco a su salud, hoy le aplaudimos.